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Visiones (2017)

Foto: anael.org
Un conocido madrigal de Gutierre de Cetina sobre la visión amorosa: Ojos claros, serenos,/ si de dulce mirar sois alabados,/ ¿por qué si me miráis miráis airados?/ Si cuanto más piadosos/ más bellos parecéis a quien os mira,/ ¿por qué a mí sólo me miráis con ira?...-, nos introduce hoy en la afectación individual y colectiva que las diferentes visiones de la realidad tienen sobre las personas y los pueblos.
Podríamos definir la visión como la facultad para percibir algo a través de diferentes órganos receptores. En Cuentos alrededor de la lumbre de Rodríguez Almodóvar, éste dice que el pueblo se da a sí mismo esas visiones fantásticas del mundo, para no perder, por contraste, la conciencia del mundo real. Desde el punto de vista literario, muchos escritores han utilizado las visiones como herramienta para realizar sus obras artísticas. En el libro Ficciones de Borges, hay un cuento llamado Las ruinas circulares donde el maestro dice: Quiso explorar la selva, extenuarse, apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteada fugazmente de visiones...
Nietzsche en Ecce Homo confiesa que Así habló Zaratustra nació de dos visiones que tuvo en 1881 y 1883 respectivamente. El filósofo y místico sufí Ibn Arabi utilizó sus visiones como materia prima para sus escritos. Podrían ponerse miles de ejemplos (Blake, el profeta Zacarías, Santa Brígida -que por eso se peregrina a Lourdes-, los Escritos Apocalípticos, Ingeborg Bachmann, el conde de Lautremont, Faulkner...) de cómo la literatura, la filosofía, el teatro, las artes plásticas y cualquier otra manifestación creativa -incluyendo, claro está, la política- han utilizado las visiones como una forma de entender el mundo e imponerse a los demás. No olvidemos que la política en una de sus acepciones es el arte de lo posible.
Pero, mientras Borges, por ejemplo, utilizaba sus visiones -tigres, espejos, laberintos, el tiempo, la identidad o la inmortalidad- para hacer literatura, otros, en cambio, utilizan las mismas para imponer un sistema de gobierno fundamentado en una visión místico-comercial de la vida.
El escritor judío Amos Oz dice en Contra el fanatismo que la guerra entre Oriente y Occidente no es una guerra religiosa ni de culturas, tampoco es una guerra entre tradiciones, sólo es una disputa para saber quién es el dueño de la casa, quién parte el bacalao -por decirlo en plan cheli-.
Lo malo de todo esto es saber que estamos en manos de visionarios.