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Ruido de venenos, de Eva Vaz


"...Soy lo que sobra,


lo que no se recicla, lo que se amontona,


la basura:


una mujer, no joven.


Nadie.


El despojo de este país,


otro olvido,


un tumor social..."



El infierno como la gloria están dentro de nosotros y, por complicadas razones neurológicas que no vienen al caso, se sitúan en el cerebro, esa masa imprecisa y desconocida que nos gobierna. Pero, antes de que el goce o la desdicha puedan ser padecidos o deleitados, o ambas cosas a la vez, pasan por la mirada, por las asaduras, por las glándulas más extrañas, por los erizados vellos, por abiertos poros, por el paladar, por el tacto, por el sueño, por... todo, por todo lo que somos sin saberlo, y, de esa artera manera, esa inquietante oscuridad (incluso para la ciencia) que nos conforma, nos esclaviza y nos somete con terribles disquisiciones que evidencian la levedad del ser y su desconocimiento de lo que le circunda.


Presas de la duda somos, solo eso.


Los poemas de Eva Vaz son cristales afilados que se hincan con saña en el tuétano de la conciencia.


PRESENTE CONTINUO


"He aprendido a vivir


con una maleta de piedras,


arrastrando una carga de escombros


de los otros y de los otros de los otros.



Alguien herido me dice cosas


y yo corro a adelantarme a esas sombras


pero muero en el intento:


siempre me acuesto con todas las derrotas


y no puedo dormir.



Tengo la espalda


como un vaso roto.



Y no duermo,


llevo años sin dormir.


¿No ves mis ojos abiertos


como muñecos de cera?



Parad, por favor,


me circundan las fieras


que me atrapan si corro


con tantos restos.



El futuro:


química; tengo un lindo


bazar de psicotrópicos


merodeando por mi cuerpo.


Sssshhh, no despertéis a los monstruos...



Mi futuro


mis drogas y el sueño autoinducido


una muerte lenta y elegante.



Mi futuro cabe en una cápsula.




Del tiempo.



¿Qué hay en la poética de Eva? Integridad, sobre todo franqueza. Nada de leves y retocados rasguños, no, la hondura profunda y lacerante de la pena cuando de verdad es pena, cuando el camino parece no conducir a lado alguno y los grajos de la desesperación sobrevuelan nuestros despojos buscando la esencia de nuestra miasma.


ELECTRA


"Padre, dime que has escuchado alguna vez


el grito agonizante de los pájaros.



Necesito saber que mi debilidad


es un gen dormido,


que es por eso que sólo escribo elegías


que a todos emocionan


porque la muerte es algo corriente.



Papá, no sé darte un abrazo.


Tengo algunos gestos mutilados.


Y estoy tan perdida como un animal recién destetado,


tan fuera de este cuerpo


y de este nombre.



No me preguntes,


no pasó nada,


sólo los años.



Alúmbrame un camino a casa.


Qué camino, qué casa, qué yo.



Esta noche quiero dormir


sin susto.



Dime que todavía es posible.



Sin pastillas."



Eva Vaz sigue en Ruido de venenos la consigna poética que iniciara con Ahora que los monos se comen a las palomas (2001) y continuara con La otra mujer (2003), Leña (2004), Metástasis (2006) o Frágil (2010).


Sus versos nacen de una suerte de sustancia que atraviesa su ser, como el río de Heráclito camina hacia el averno oscuro y putrefacto donde se finiquita el tiempo, nuestro tiempo, el de cada cual: el único existente; pero, a pesar de todo, confirma Eva que, de ese caos... de ese caos es de donde (re)nace la vida.


CEMENTO


"Somos la placenta de la tierra


el rumor del útero primigenio,


somos la sangre del sistema límbico


y un ruido de heroínas en los tiempos.



Somos el silencio de los libros,


la página en blanco de la historia,


la costilla de menos,


el rostro escondido,


las costureras silentes de la historia.


Somos un grito que no se oye


y una nana de seda para los niños.



Somos el alimento del mundo,


la mano derecha y la mano izquierda,


el corazón abierto


y los ojos saturados tantas veces.



Somos el estiércol,


pero del estiérol también nace


la vida.



Los poemas de Eva Vaz siempre perturban. Tal vez porque contienen lo que somos y no lo que aparentamos. Y eso nos asusta, nos desnuda, y nos da miedo el rubor que observamos al enfrentarnos al espejo; nos puede el pudor (esa túnica impuesta por las religiones, las filosofías y las normas de urbanidad que nos encorsetan). Estamos acostumbrados a mentir y a mentirnos. Por eso su lectura a veces no es liberadora, porque nos acusa, nos señala con el dedo, nos llama simuladores: clonados clones.


El poemario Ruido de venenos ha sido editado por la Editorial Crecida. Cómprelo y disfrute, o sufra.


NARCOLEPSIA


"No es una desdicha:


es solamente un sueño inducido.


Está bueno este sueño,


me gusta el viaje


hasta que caigo donde sea.



Mi mente se ahoga


como en un limbo de morfina.


No siento. Mi cuerpo es de otra.



Al día siguiente, el bebé gigante


se despierta y encuentra marcas


del viaje al país de los niños muertos.


No hay drama, soy un pájaro comiendo


migas de pan en el suelo de la casa,


tan fuera de mí como un cliente.



Yo sé, sí, claro, que no puedo


drogarme tanto,


comer tan poco


y beber así.


Nada me exime de este trastorno.


Pero es un trastorno de juguete.



Si mi narcolepsia empieza temprano,


mis recuerdos terminan temprano.


Nunca sé cómo me voy


a la cama ni con quién..."



Paco Huelva


Octubre de 2013


http://iberarte.com/index.php/artes-plasticas/literatura/7288-ruido-de-venenos-de-eva-vaz


manuel moya
manuel moya dice:
31/10/2013 11:22

ME HAN GUSTADO UN HUEVO LOS POEMAS QUE ACABO DE LEER DE EVA. Me ha traicionado el subconsciente: he puesto esto en mayúsculas. Bien. Por una vez inconsciente y consciente se ponen de acuerdo. Mayúsculas para Eva.

Francisco Morales Lomas
Francisco Morales Lomas dice:
01/11/2013 19:46

Muy duros y tiernos estos poemas, muy evidentes. Enhorabuena Eva.F. Morales Lomas

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