Usted está aquí: Inicio / Paco Huelva / Blog / Literatura y periodismo (2014)

Literatura y periodismo (2014)


Comenzaremos leyendo a uno de los grandes articulistas y escritores de este país, Mariano José de Larra, hablando sobre sendos temas:
EL HOMBRE PONE Y DIOS DISPONE o LO QUE HA DE SER EL PERIODISTA
Gran cosa dijo el primero que anunció este proverbio, hoy tan trillado. Si hay proverbios que envejecen y caducan, éste toma por el contrario más fuerza cada día. Yo, por mi parte, confieso que, a haber tenido la desgracia de nacer pagano, sería ese proverbio una de las cosas que más me retraerían de adoptar la existencia de muchos dioses; porque soy de mío tan indómito e independiente, que me asustaría la idea de proponer yo, y de que dispusiesen de mis propósitos millares de dioses, ya que desdichadamente ha de ser hombre un periodista, y lo que es peor, hombre débil y quebradizo. Ello no se puede negar que un periodista es un ser bien criado, si se atiende a que no tiene voluntad propia; pues sobre ser bien criado, debe participar también de calidades de los más de los seres existentes: ha menester, si se ha de ser bueno y de dura, la pasta del asno y su seguridad en el pisar, para caminar sin caer en un sendero estrecho, y como de esas veces fofo y mal seguro, y agachar como él las orejas cuando zumba en derredor de ellas el garrote. Necesita saberse pasar sin alimento semanas enteras como el camello, y caminar la frente erguida por medio del desierto. Ha de tener la velocidad del gamo en el huir para un apuro, para un día en que Dios disponga lo que él no haya puesto. Ha de tener del perro el olfato, para oler con tiempo dónde está la fiera, y el ladrar a los pobres; y ha de saber dónde hace presa, y dónde quiere Dios que hinque el diente. Le es indispensable la vista perspicaz del lince, para conocer en la cara del que ha de disponer, lo que él debe poner; el oído del jabalí para barruntar el runrún de la asonada; se ha de hacer, como el topo, el mortecino, mientras pasa la tormenta; ha de saber andar cuando va delante con el paso de la tortuga, tan menudo y lento que nadie se lo note, que no hay cosa que más espante que el ver andar al periodista; ha de saber, como el cangrejo, desandar lo andado, cuando lo ha andado demás, y como esas veces ha de irse sesgando por entre las matas a guisa de serpiente; ha de mudar de camisa en tiempo y lugar como la culebra; ha de tener cabeza fuerte como el buey, y cierta amable inconsecuencia con la mujer; ha de estar en contínua atalaya como el ciervo, y dispuesto como la sanguijuela a recibir el tijeretazo del mismo a quien salva la vida; ha de ser, como el músico, inteligente en las fugas, y no ha de cantar de contralto más que escriba con trabajo; y a todo, en fin, ha de poner cara de risa como la mona. Esto, con respecto al reino animal.
Can respecto al vegetal, parécese el periodista a las plantas en acabar con ellas un huracán sin servirles de mérito el fruto que hayan dado anteriormente: como la caña ha de doblar la cerviz al viento, pero sin murmurar como ella; ha de medrar como el junco y la espadaña en el pantano; ha de dejarse podar como y cuando Dios disponga, y tomar la dirección que le dé el jardinero; ha de pinchar como el espino y la zarza los pies de los caminantes desvalidos, dejándose hollar de la rueda del poderoso; en días obscuros ha de cerrar el cáliz y no dejar coger sus pistilos como la flor del azafrán; ha de tomar color según le den los rayos del sol; ha de hacer sombra, en ocasiones dañina, como el nogal; ha de volver la cara al astro que más calienta como el girasol, y es planta muerta si no; seméjase a las palmas en que mueren las compañeras empezando a morir una; así ha de servir para comer como para quemar, a guisa de piña; ha de oler a rosa para los altos, y a espliego para los bajos; ha de matar halagando como la hiedra.
Por lo que hace al mineral, parécese el periodista a la piedra en que no hay picapedrero que no le quite una esquirla y que no le dé un porrazo; ha de tener tantos colores como el jaspe, si ha de parecer bien a todos; ha de ser frío como el mármol debajo del pie del magnate; ha de ser dúctil como el oro: de plata no ha de tener ni aun el hablar en ella; ha de tener los pies de plomo; ha de servir como el bronce para inmortalizar hasta los dislates de los próceres; lo ha de soldar todo como el estaño; ha de tener más vetas que una mina, y más virtudes que un agua termal. Y después de tanto trabajo y de tantas calidades, ha de saltar, por fin, como el acero en dando en cosa dura.
En una palabra, ha de ser el periodista un imposible: no ha de contar sobre todo jamás con el día de mañana: ¡Dichoso el que puede contar con el de ayer! No debe, por consiguiente, decir nunca como El Universal: «Este periódico sale todos los días excepto los lunes»; sino decir: «De este periódico sólo se sabe de cierto que no sale los lunes». Porque el hombre pone y Dios dispone.

DIFERENCIAS ENTRE PERIODISMO Y LITERATURA:

- El literato tiene todo el tiempo del mundo, el periodista está acuciado por el cierre de edición.
- El escritor se dirige a un público universal, el periodista para un lector de prensa que suele ser fiel al periódico y tiene una línea editorial fijada por el Consejo de Redacción.
- El escritor no tiene límites de espacio y tiempo, el texto periodístico está sometido a la actualidad espacio-temporal.
- El lector de literatura busca conocimiento o entretenimiento, el de prensa busca información sobre acontecimientos.
- El escritor literario puede experimentar cuanto desee con el lenguaje, el periodista debe ceñirse a los hechos, lo que no quita que no pueda experimentar en parte con el lenguaje, tal como luego veremos.
- El autor literario no tiene presiones excepto la del editor en su caso, el periodístico ha de hacerlo en un corto tiempo y en un lugar determinado: la redacción.
Además, el lenguaje periodístico, al contrario que el literario, es hoy un lenguaje mixto que incorpora comunicación verbal y visual.
En una convención de la Asociación de Periodistas Europeos celebrada el año pasado en los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid, se dijo, que el último gran maestro del periodismo fue el polaco Ryszard Kapuscinski. Kapuscinski, fallecido en 2007, era licenciado en Historia y, a partir de 1958, se dedicó al periodismo.
Trabajó 19 años para la Agencia polaca de prensa (PAP) y fue corresponsal de guerra en 12 países de África, Asia y América latina. Además, colaboró de manera asidua con revistas como el Time y con multitud de periódicos, entre ellos, The New York Times, Frankfurter Allgemeine Zeitung y El País.
Alguien puede poner en duda que Kapuscinki, que escribió un buen puñado de novelas, poemas o relatos, traducidos a más de 20 idiomas no era periodista porque no estaba licenciado en Periodismo o en Ciencias de la Información.
Kapuscinski dejó escrita su visión de lo que debe ser un periodista. Para ejercer el periodismo hay que mantener alerta cinco sentidos, a saber: estar, ver, oír, compartir y pensar.
Escritor: Persona que escribe (DRAE).
Periodista (DRAE):
- Persona legalmente autorizada para ejercer el periodismo.
- Persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias de información o de creación de opinión.
Los viejos maestros del periodismo fueron todos literatos.
Hay escritores que son abogados, carpinteros, agricultores, médicos, filólogos, ingenieros, mineros... Las dos referencias que asocian a estas personas procedentes de múltiples campos son: la voluntad de escribir y la afición por la lectura.
Si escritor es quien escribe, tal como hemos dicho que afirma el DRAE, el periodista es un escritor.
Pero tras cada periódico o medio audiovisual, que son los soportes en donde se recoge lo que se escribe cuando se hace periodismo, se esconden dos cosas: una línea editorial y un libro de estilo que fijan el Consejo Editorial y que el periodista no puede saltarse so pena de ser expulsado.
Esa línea editorial no es fija, varía con los intereses del consejo de redacción. Es decir, un periódico tiene una ideología y sustenta un modelo económico y político en función de factores muy variados.
Pondré un ejemplo. En uno de los periódicos en papel en que escribía, primero fue del Grupo PRISA, luego, una empresa de Extremadura, por intereses estratégicos adquirió la mayor parte de las acciones (El Grupo Balboa, para intentar convencer a la ciudadanía de las bondades de un oleoducto que debía pasar por el Paraje Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, además de por el Parque Nacional de Doñana), luego, una vez que el oleoducto fue rechazado por la Junta de Andalucía y por el Gobierno de la Nación, sería vendido al Grupo Zeta y cambiado de nombre. Como puede colegirse los intereses económicos están siempre por encima de la ética y modifican los valores según intereses espurios. Por último, dicho sea de paso, desapareció de la calle y ahora sólo queda la edición digital y con un nombre diferente.
El escritor le da al periodismo a la hora de realizar su columna o artículo, un sello especial, una marca, un posicionamiento ideológico o, debido al reconocimiento que ese escritor tenga socialmente o en el mundo de las letras, un plus de calidad.
Objetivo del periódico, atraer abriendo el abanico de contenidos, al mayor número de lectores posibles o, lo que es lo mismo, aumentar y fidelizar al mayor número de potenciales compradores. Porque en eso radica su negocio. Mientras más periódicos vendan más vale la publicidad que se inserta en los mismos porque llega a más personas.
Dejemos clara una cosa. Un periódico es un negocio. Pero no nos asustemos, todas las grandes editoriales de hoy también lo son.
Los escritores publican porque le son rentables a los editores. En principio, nada tiene que ver con la calidad o no de lo escrito. Si un editor entiende que con una buena campaña de marketing, un/a escritor/a le será beneficioso/a a corto o medio plazo, apostará por él/ella, y, sin duda alguna, esa persona será leída por mucha gente.
Porque, el mundo editorial domina también el negocio de la distribución así cómo a los críticos literarios, a los que o bien mantienen en nómina, o le publican de cuando en cuando, pagando así los favores que les reporta encumbrando los libros que edita y rechazando a los de las editoriales competidoras.
Esto es así de simple, así de mercantilista y tan poco platónico o ideal.
Qué significa esto, pues lo mismo que ocurre con los premios literarios importantes, que están dados de antemano a personas que venderán muchos libros y a quienes se les encarga qué deben escribir, sobre qué materia, qué extensión ha de tener el texto, etc...
¿Es esto triste? Pues sí. Pero hay escritores que no pueden escribir/vivir de otra forma que plegándose a los dictados del editor. Por lo tanto, la independencia de la que goza el escritor frente al periodista y que comentábamos antes también es relativa.
Que hay escritores y periodistas que no se venden, sin duda. Que a pesar de ello los mantienen, también. Pero son casos excepcionales. Son escritores y periodistas consagrados por el gran público, que pueden permitirse opinar lo que estimen conveniente en un periódico o un libro, y la inclusión del mismo en la editorial o la nómina periodística ensalzan al grupo empresarial que los soporta.
Pasando a otra cosa, el escritor y el periodista no son más que lectores de aconteceres, a veces en el campo de la ficción pura o de la no ficción para los escritores, y en el campo de los hechos y de los acontecimientos en el mundo del periodismo.
La literatura y el periodismo hace mucho que se retroalimentan. La narrativa se asemeja al discurso periodístico en cuanto que reproducen realidad (la ficción también es una realidad creada, o alguien puede discutir hoy que Don Quijote de la Mancha no es más conocido que Cervantes, su creador): hay un narrador, un espacio, un tiempo, personas y personajes y una aproximación a lo creíble. Algo que es, como sabemos, esencial en la escritura: el no perder la verosimilitud.
La novela de los siglos XVI y XVII tiene los mismos orígenes que el periodismo a pesar de que éste no apareció hasta mucho después. En esas épocas existían ya multitud de textos de no ficción: Diarios, crónicas, relatos de viajes.
No debemos extrañarnos que, cuando posteriormente, la imprenta se cargue definitivamente a los copistas, como instrumento imprescindible para la transmisión no sólo de conocimientos, sino también de obras de ficción, se empiece a desarrollar el periodismo como un elemento de comunicación necesario para estar informado o entretenido.
Quiero detenerme un momento en dos personas, en Tom Wolfe y en Truman Capote. Ambas llegaron al mismo punto viajando en sentido contrario.
El periodista Tom Wolfe llega a la literatura desarrollando lo que se llamará "El nuevo periodismo", o sea, utilizando el relato y el cuento para introducir las noticias.
En la misma época y en sentido inverso, Truman Capote, utilizando técnicas periodistas crea la "no fiction novel", o sea, la novela de no ficción.
Con la novela de no ficción se descubre algo más, que el texto narrativo, en este caso, ya no sólo debe ser verosímil, además ha de ser verdadero, cierto.
Este tipo de periodismo literario o literatura periodística, que en España tiene como maestros indiscutibles a Manuel Vicent y Juan José Millás, empieza a denominársele en lo época de Wolfe y Capote de muy diversas maneras: "parajournalism", "Factual Fiction", "Faction", "periodismo de vanguardia", "ficción ensayística", "no-ficción creativa" y de otras formas.
Cuando no podemos denominar un objeto nos inventamos cosas hasta acuñarla de una forma determinada. Esto es la Idea platónica, tampoco estamos inventando nada. Necesitamos al decir una palabra o frase, poder imaginar un objeto, una acción o un escenario. Si no es así, la comunicación no es posible, por eso existen las palabras, los símbolos, los gestos, los ideogramas y otra multitud de herramientas sin las cuales estaríamos viviendo de la misma forma que el resto de animales existentes.
El conocimiento no puede existir sin la comunicación. No podría transmitirse.
Los periodistas literarios a diferencia del periodista de redacción, se sumergen en los hechos para narrar posteriormente, usando técnicas literarias, los acontecimientos que produjeron los mismos.
Los artículos para los escritores periodistas o a la inversa, son potenciales embriones que luego se convierten en novelas de ficción o relatos, e, incluso, por qué no, también en materia ensayística.
En España hay grandes escritores a los que se les puede denominar periodistas por el ejercicio de esa profesión: Ortega y Gasset, Azorín, Pérez de Ayala, Unamuno, Larra, Bécquer, Pardo Bazán, Cela, Francisco Umbral, Millás, Manuel Vicent, Pérez Reverte, Manuel Rivas, José Hierro , Antonio Gala, Julio Camba, Ors, Pla, Manuel Alcántara, González Ruano...
Y por quedarnos sólo con unos pocos en el mundo anglófono y latinoamericano, citaremos a: Twain, Crane, Hemingway, Tom Wolfe, Philip Roth, Truman Capote, Valclav Havel, García Márquez, Isabel Allende, Sartre, Dos Pasos...
El ejercicio del periodismo genera un problema grave para el escritor, y es que la relación con el lenguaje es muy distinta en uno y otro caso.
Para el periodista el lenguaje es algo instrumental. Los artículos como norma deben mantenerse en el mundo de la racionalidad.
Además está el problema del espacio. En periodismo el espacio está acotado por las dimensiones de la columna, en torno a 2.000 o 3.000 caracteres con espacio. Eso obliga a un esfuerzo de síntesis que no existe en la novela, sino todo lo contrario, si se me permite.
La revolución telemática también ha traído cambios sustanciales en el ejercicio del periodismo, sobre todo en el digital: el acompañamiento de fotos, de música, de videos, de enlaces con otras noticias similares o anteriores a la que se da que la complementan, es actualmente necesario.
Uno, en un mismo artículo digital, puede pinchar en diversas palabras que sobresalen en otro color, y conseguir el rastro de esa noticia hasta su génesis.
García Márquez y otros autores de renombre reconocen que del periodismo se pueden utilizar ciertos recursos que legitiman la verosimilitud de la historia que narramos.
En 1970 escribe "Relato de un náufrago", en donde narra la supervivencia de un náufrago, del que él mismo escribió la crónica en 1955, en 14 entregas publicadas en el periódico El Espectador. Lo mismo ocurre con "Crónica de una muerte anunciada", hecho que ocurrió en 1951 y que publica como libro 30 años después.
La idea de unir periodismo y literatura no es nueva. Daniel Defoe en 1722, en "Diario del año de la peste" construye un relato utilizando entrevistas que se le hicieron a los supervivientes de la epidemia de peste que asoló Londres en 1665.
En "Historia de la columna infame" de Alessandro Manzini, publicada en 1845, se narra un caso judicial. Tanto en esta como en la anterior no hay invención, se ajustan a hechos reales.
En 1841, Edgar Allan Poe escribe "Los crímenes de la calle Morgue", y en 1845, "El misterio de Marie Roget", ambos sacadas de hechos reales.
En 1885, Zola escribe "Germinal" y construye una intriga novelesca basada en hechos reales.
En 1931, Chaves Nogales escribe "Lo que ha quedado del imperio de los zares" (Renacimiento).
Todos ellos subordinan la obra a la exigencia de la verdad, una herencia que luego utilizarán Truman Capote (A sangre fría), Norman Mailer, Lilian Ross, George Orwell (Homenaje a Cataluña) o Hemingway (Por quién doblan las campanas).
El primero que intentó definir este género fue el propio Capote cuando lo llamó "Non Fiction Novel", novela de no ficción, llevando como sabemos con todas las consecuencias las técnicas literarias al reportaje periodístico.
No se trata aquí de simular una realidad mediante la ficción sino todo lo contrario, dar carácter de ficción a la realidad. Es decir, los hechos que ocurren a nuestro alrededor pueden ser contados como ficción.
No obstante, la verdadera simbiosis entre periodismo y literatura en España se encuentra ya en Larra, tal como empezamos hablando.
Pondré ahora un ejemplo, que también lo hay de periodismo y poesía. De cómo una noticia escueta, una esquela en este caso, da paso a un tremendo poema escrito en eneasílabos por José Hierro:

RÉQUIEN (Canto de mí, 1957)
Manuel del Río, natural
de España, ha fallecido el sábado
11 de mayo, a consecuencia
de un accidente. Su cadáver
está tendido en D"™Agostino
Funeral Home. Haskell. New Jersey.
Se dirá una misa cantada
a las 9.30 en St. Francis.
Es una historia que comienza
con sol y piedra, y que termina
sobre una mesa, en D"™Agostino,
con flores y cirios eléctricos.
Es una historia que comienza
en una orilla del Atlántico.
Continúa en un camarote
de tercera, sobre las olas
"”sobre las nubes"” de las tierras
sumergidas ante Platón.
Halla en América su término
con una grúa y una clínica,
con una esquela y una misa
cantada, en la iglesia St. Francis.
Al fin y al cabo, cualquier sitio
da lo mismo para morir:
el que se aroma de romero
el tallado en piedra o en nieve,
el empapado de petróleo.
Da lo mismo que un cuerpo se haga
piedra, petróleo, nieve, aroma.
Lo doloroso no es morir
acá o allá...
Réquiem aetérnam,
Manuel del Río. Sobre el mármol
en D"™Agostino, pastan toros
de España, Manuel, y las flores
(funeral de segunda,
caja que huele a abetos del invierno),
cuarenta dólares. Y han puesto
unas flores artificiales
entre las otras que arrancaron
al jardín... Libérame Dómine
de morte aeterna... Cuando mueran
James o Jacob verán las flores
que pagaron Giulio o Manuel...
Ahora descienden a tus cumbres
garras de águila. Dies irae.
Lo doloroso no es morir
Dies illa acá o allá,
sino sin gloria...
Tus abuelos
fecundaron la tierra toda,
la empapaban de la aventura.
Cuando caía un español
se mutilaba el universo.
Los velaban no en D"™Agostino
Funeral Home, sino entre hogueras,
entre caballos y armas. Héroes
para siempre. Estatuas de rostro
borrado. Vestidos aún
sus colores de papagayo,
de poder y de fantasía.
Él no ha caído así. No ha muerto
por ninguna locura hermosa.
(Hace mucho que el español
muere de anónimo y cordura,
o en locuras desgarradoras
entre hermanos: cuando acuchilla
pellejos de vino derrama
sangre fraterna). Vino un día
porque su tierra es pobre. El mundo
Libérame Dómine es patria.
Y ha muerto. No fundó ciudades.
No dio su nombre a un mar. No hizo
más que morir por diecisiete
dólares (él los pensaría
en pesetas) Réquiem aetérnam.
Y en D"™Agostino lo visitan
los polacos, los irlandeses,
los españoles, los que mueren
en el week-end.
Réquiem aetérnam.
Definitivamente todo
ha terminado. Su cadáver
está tendido en D"™Agostino
Funeral Home. Haskell. New Jersey.
Se dirá una misa cantada
por su alma.
Me he limitado
a reflejar aquí una esquela
de un periódico de New York.
Objetivamente. Sin vuelo
en el verso. Objetivamente.
Un español como millones
de españoles. No he dicho a nadie
que estuve a punto de llorar.


Paco Huelva
3 de febrero de 2014