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Destrucción de la mañana, de José María Fonollosa

Mi biblioteca es una selva de libros en la que soy incapaz de encontrar nada. Hoy, buscando un texto he localizado dos ejemplares del libro de Medardo Fraile La letra con sangre.
¿Por qué tengo dos ejemplares de este libro editado en 2001 en Ediciones ALMAR? ¿Por qué no lo he leído?
A veces pienso que es el azar el que dispone lo que leo y por tanto lo que escribo (aunque esto no sea entendible para muchos). Cuento esto porque dentro de uno de los libros, he localizado lo que sigue a continuación, escrito por mí en la fecha que se cita al final, y que he vuelto a copiar porque el archivo he debido de extraviarlo también, y que no recuerdo haber publicado ¿o sí?

El siete de octubre de 2011 se cumplió el vigésimo aniversario de la muerte de José María Fonollosa (Barcelona, 1922-1991). Hace diez años que Ediciones DVD publicó "Destrucción de la mañana" con un goloso prólogo de José Ángel Cilleruelo. El libro, que fuera finalizado por su autor el 2 de abril de 1988, aunque llevaba gestándolo más de cuarenta años, fue enviado a Pere Gimferrer el 20 de mayo con una dedicatoria: "...si algún día se imprime, cargues con el estigma de la dedicatoria pública, caso de que la obra te parezca aceptable."
En la contraportada de esta edición se dice: "...es uno de los ejemplos más sorprendentes de poeta secreto, de obra oculta, que ofrece la literatura española de posguerra. Entre 1948 y 1985, ideó y desarrolló cuidadosamente la que sería su obra fundamental: "Ciudad del hombre", 236 poemas en los que se encarnan las múltiples personalidades que pueblan la ciudad moderna. La mayor parte de estos poemas se ha publicado en dos volúmenes: "Ciudad del hombre: Barcelona" (1996) y "Ciudad del hombre: New York" (1990). El libro "Destrucción de la mañana" pertenece al otro gran proyecto de Fonollosa, finalmente sin concluir: "Soledad del Hombre".
"Destrucción de la mañana" fue concebido inicialmente por Fonollosa como la primera parte de una trilogía de 117 poemas que se llamaría como se ha citado: "Soledad del hombre", compuesta por "Destrucción de la mañana" (42 poemas), "Los rezagados" (36) y "Tú, cotidiana" (39).
Al final el propio autor desistió del proyecto de trilogía y "Destrucción de la mañana" se editó tal como aparece en esta publicación de DVD.
Antes de entrar en la "obra" deseo resaltar una circunstancia. No sé cómo este libro ha aparecido en el extenso apartado de textos que tengo en mi biblioteca por leer, compuesto por libros que compro, casi de forma impulsiva, y un buen número que me prestan o regalan. Creo no haberlo comprado por lo que la opción de la dádiva se asienta con más fuerza; pero, ¿quién me prestó o regaló esta golosina que no he descubierto hasta ahora? Exprimiendo la memoria llego a la conclusión de que sólo han podido ser o José Luis Piquero o Manuel Moya, pero la duda persiste, persiste...
Gracias de todos modos al que fuere por darme la oportunidad de descubrir a semejante autor.
"Destrucción de la mañana" no es un paseo por la "vida" de la ciudad -cualquier ciudad-, lo es por la vida hecha jirones del poeta... en donde los sueños, las amarras, la imposibilidad del triunfo como literato, la incomprensión, la soledad que se transporta -inabarcable para otras pieles, ajenas al roce que reconforte, al guiño que estimule...- se hace verbo candente clavándose como certero dardo. "No soy más que un estorbo para algunos /y un estorbo también para mí mismo. /Y así somos los más. Unos objetos /molestos arrojados a la vida /que aparta alguna gente cuando avanza. /Todo ha salido mal. Todo mal sale."
Estamos ante un libro que contiene un extenso poema, o ante un relato "poemado" de 42 capítulos o subpoemas del Poema, que finaliza con tres cartas que el autor dirige a María Isern (6 de agosto de 1959), a José Luis Cano (9 de agosto de 1962) y a Pere Gimferrer (20 de mayo de 1988) como se ha citado.
El cierre del relato-poema es impresionante, deslumbra:

"Dejo correr la sangre de las manos.
Acostado en la cama la examino.
Las sábanas la sorben dulcemente
con la quieta avidez de su blancura.

Brota incesantemente. A borbotones.
Tibia y curiosa asoma a mis muñecas
y escapa presurosa de mis manos.

Son manos de vencido. No eran hábiles.
O el empeño excedió su exigua fuerza.
Pobres manos humildes y vacías.

Tiemblan un poco. Tiemblan asustadas.
Asustadas y débiles parecen
pedir excusas porque son mediocres.

Les sonrío a mis manos. Las levanto
y las uno. Las siento desvalidas.
Y atisbo como repta sigiloso
ese zumo tan rojo de la vida."

Paco Huelva
Diciembre de 2011

Jose Luis Piquero
Jose Luis Piquero dice:
15/09/2013 01:12

Ha sido Manolo Moya, sin duda. Mis libros de Fonollosa los atesoro con codicia.Inmenso. Toda mi complicidad.