Últimos artículos


Promotoras minombre.es


Fundación Utopía Verde: Internet, Ecología, Paz, Derechos Humanos, Defensa de los Animales, Cultura, Software y Conocimiento Libre,... Sociedad Civil de Huelva: ciudadanos, asociaciones, fundaciones, plataformas ciudadanas y otras organizaciones onubenses sin ánimo de lucro (ONG). Diseño web Huelva: dominios de internet, alojamiento web, diseño de sitios web, CMS, blogs, tiendas electrónicas, listas de correo, ERP, CRM, SSL, LSSI, LOPD, SEO (posicionamiento web natural), etc.

-->

Señor Presidente

Foto: elpais.com

Foto: elpais.com


Desde que oí hablar de usted y posteriormente pude fijar en mi retina el porte intolerante con los demás que le acompaña como una segunda piel, y esa actitud como perdonavidas que forma parte tanto de su ser como de su estar, me dije, mal vamos.
Mal vamos como este señor se aúpe a la cúspide del poder en uno de los países que aún fiscaliza gran parte de los resortes de gobierno y control de las cosas que han de realizarse en el mundo. Es decir, del país por el que han de pasar, o con el que han de consensuarse, sí o sí, las decisiones en todas las materias que afectan a la ciudadanía del orbe.
Procede usted de ese lugar invisible en donde un grupo de siniestros inversores se reparten el control del dinero: ese que circula a mansalva por el mundo y que sólo unos pocos de privilegiados saben manejar.
No hay duda de que se ha ganado a pulso la situación de supremacía que sus múltiples cargos privados -ahora también públicos- hacen de usted un fuera de serie, un luchador nato, un caballo ganador capaz de atraer las apuestas más fuertes y sólidas para centuplicar las ganancias en cualquier tipo de negocio, no importa el sector siempre que deje dinero a corto plazo, que es lo que importa.
Pero su incontinencia le delata, muestra a las claras la madera que lo conforma y, de sus modales, mejor ni hablar. En el poco tiempo que lleva usted en el poder, señor Trump, y a pesar de que debiera ser el primer garante de la legalidad, del estricto cumplimiento de la separación de poderes propia de una democracia, sus múltiples roces con la magistratura, con otros legítimos representantes del pueblo, con los propios servicios de inteligencia e incluso con la prensa, a la que debiera cuidar mucho más, hablan mal, muy mal, del presidente de un país de la envergadura de los Estados Unidos de Norteamérica; un país que por su solidez y la hegemónica posición en el mundo que posee dirige usted ahora -legítimamente, eso sí- como comandante en jefe.
Con respeto, con mucho respeto para la ciudadanía que le ha colocado la corona de laurel que le convierte en un César, debo decirle que siento vergüenza al mirarle y que, además -lo diré- vivo en un estado como de pánico porque no me fío nada de ese absolutismo que nos muestra en cada acto que realiza, cada decisión que toma o cada Twitter que cuelga en la red. No sé por qué extraña razón pienso que no está capacitado para ejercer el liderazgo que las urnas le han otorgado.

Bookmark and Share

Visiones

Foto: anael.org

Foto: anael.org


Un conocido madrigal de Gutierre de Cetina sobre la visión amorosa: Ojos claros, serenos,/ si de dulce mirar sois alabados,/ ¿por qué si me miráis miráis airados?/ Si cuanto más piadosos/ más bellos parecéis a quien os mira,/ ¿por qué a mí sólo me miráis con ira?…-, nos introduce hoy en la afectación individual y colectiva que las diferentes visiones de la realidad tienen sobre las personas y los pueblos.
Podríamos definir la visión como la facultad para percibir algo a través de diferentes órganos receptores. En Cuentos alrededor de la lumbre de Rodríguez Almodóvar, éste dice que el pueblo se da a sí mismo esas visiones fantásticas del mundo, para no perder, por contraste, la conciencia del mundo real. Desde el punto de vista literario, muchos escritores han utilizado las visiones como herramienta para realizar sus obras artísticas. En el libro Ficciones de Borges, hay un cuento llamado Las ruinas circulares donde el maestro dice: Quiso explorar la selva, extenuarse, apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteada fugazmente de visiones…
Nietzsche en Ecce Homo confiesa que Así habló Zaratustra nació de dos visiones que tuvo en 1881 y 1883 respectivamente. El filósofo y místico sufí Ibn Arabi utilizó sus visiones como materia prima para sus escritos. Podrían ponerse miles de ejemplos (Blake, el profeta Zacarías, Santa Brígida -que por eso se peregrina a Lourdes-, los Escritos Apocalípticos, Ingeborg Bachmann, el conde de Lautremont, Faulkner…) de cómo la literatura, la filosofía, el teatro, las artes plásticas y cualquier otra manifestación creativa -incluyendo, claro está, la política- han utilizado las visiones como una forma de entender el mundo e imponerse a los demás. No olvidemos que la política en una de sus acepciones es el arte de lo posible.
Pero, mientras Borges, por ejemplo, utilizaba sus visiones -tigres, espejos, laberintos, el tiempo, la identidad o la inmortalidad- para hacer literatura, otros, en cambio, utilizan las mismas para imponer un sistema de gobierno fundamentado en una visión místico-comercial de la vida.
El escritor judío Amos Oz dice en Contra el fanatismo que la guerra entre Oriente y Occidente no es una guerra religiosa ni de culturas, tampoco es una guerra entre tradiciones, sólo es una disputa para saber quién es el dueño de la casa, quién parte el bacalao -por decirlo en plan cheli-.
Lo malo de todo esto es saber que estamos en manos de visionarios.

Bookmark and Share

Relato por desarrollar

Foto: definicionabc.com

Foto: definicionabc.com


Venía cabizbajo por la calle. Daba patadas a un vaso de plástico oriundo de un botellón realizado por algunos chavales la madrugada anterior; una noche que, de seguro, habría sido dedicada a mercar algún porro, beber cubatas de saldo y meter mano a quien se dejara, hasta la llegada del amanecer que los obligase a recluirse en el interior de esos cubículos ajenos que son las viviendas de sus padres, y dormir la resaca para volver a principiar cuando el ocaso se hiciera presente.
La figura se acercó siguiendo con la vista los aconteceres del plástico rodante que iba golpeando, y, hasta que no la tuvo bien cerca, no vislumbró en ella al hombre prudente que era D. Antonio; calificativo éste -el de prudente-, del que se había hecho merecedor con el paso del tiempo. Cuando llegó a su altura, le dijo: ¡Pensativo le veo hoy, D. Antonio!
Miró de nuevo al accidentado recipiente y, con saña desmedida, lo aplastó en medio de la calle como si fuera una cucaracha que ha salido correteando entre nuestros pies por el baldosado de la cocina.
¡Es que estoy hasta los cojones, D. Francisco!, dijo, mientras se sentaba en una silla cercana y dejaba vagar la mirada por algún lugar de su cerebro, de esos que no se visualizan, pero, no se sabe por qué razones, atormentan la vida de quienes los padecen.
¡Mire, D. Francisco, esta situación que vivimos me tiene agobiado! ¿Qué situación?, preguntó. ¿Cómo que qué situación, hombre de dios?, dijo con cara de sorpresa. ¡Pues qué situación va a ser! ¡La de los descarados robos de algunos políticos españoles, coño! -dijo, mientras se alisaba el tupé, que se le había descompuesto con los gestos-.
Esta entrada, o cualquiera otra por el estilo, podría ser el introito para un relato de la España actual y que debiera tener indignada a la ciudadanía.
Si seguimos el relato un poco más, Don Antonio podría decir: ¿Pero, para qué narices sirven la fiscalía y la judicatura después de lo que vemos un día sí y otro también que ocurre en el PP, en la familia Pujol o…? ¿Para qué? ¿Para que los que tienen poder sigan amasando dinero y los que poco o nada tienen vivan en la miseria?, ¿para eso sirve, D. Francisco?
Yo no sabría contestar a esas preguntas si fuera el personaje que se infiere del texto. Me dedicaría a mirar su airada cara y, en silencio, asentiría a lo que D. Antonio tuviera a bien decir. Solo eso. De ahí que deje abierto este relato para que usted lo finalice como le parezca.

Bookmark and Share

Babel

Foto: plataformaprofiles.wordpress.com

Foto: plataformaprofiles.wordpress.com


Río tumultuoso surcado por barcos que izan banderas de todas las naciones y en cuyas encarnaduras se reflejan la soledad, el miedo y la utilización del sexo como negocio.
Torre de Babel donde la política de gestos ha reemplazado a las palabras y a los hechos. Lugar olvidado por los gobernantes de todo signo que permiten este atropello cometido contra seres humanos que llegaron allí, a aquel rincón, a aquel árbol, a aquella puerta… después de infinitos y negros lamentos.
Por ella, por esa Calle de la Montera, baja incesante una masa abigarrada de congéneres -de origen diverso- entre las cinco de la tarde y las tres de la mañana.
Desde la Gran Vía hasta la Puerta del Sol, van mirando el escaparate… la continua exposición de cuerpos en venta que son vigilados de cerca por los chulos de turno atentos al movimiento del dinero.
Adosadas a las paredes, decenas de personas ofertan sus cuerpos a los viandantes. Ligeras de ropa, dirigen miradas perdidas a los ojos de los potenciales clientes. Cuando descubren un gesto, un brillo, un no sé qué que sólo ellas conocen, acuden a cerrar el trato y si hay suerte enderezan el paso hacia un lugar oscuro y fétido en donde consumar lo pactado.
Calle de La Montera: Arca de Noé de todos los tiempos; memoria viva del proxenetismo español del que tanto jugo sacó la literatura. Nicho incipiente donde se dibujan caras que pronto acabarán en el tanatorio o en una desdichada vejez anticipada; espacio donde una dosis de heroína pone una sonrisa en los labios de alguien que se asoma algo más al precipicio que absorberá su vida, que diría Cioran; ventanal abierto a las miserias de la humanidad; pintura costumbrista de los deseos no tan ocultos que nos habitan; esperanza de vida de unos pocos; vergüenza pública de lo que somos; rabo del diablo; fuente de inspiración y de rechazo para dogmáticos, meapilas y otros especímenes que la usan como argumento degenerativo en las conversaciones sociales, pero que, siempre, ayudaron con su aquiescencia y su concurso al mantenimiento de dicha actividad en el tiempo.
En todas las ciudades existen calles como ésta. En ellas se comercia y se trafica con personas como usted y como yo, o como nuestra madre o nuestra hija.
¡Sí! No sea remilgado, no le asuste la realidad.
Si las cosas les vienen mal dadas su hija o su madre pueden ser una de las figuras de cera que, a pesar del frío o del calor reinante expondrán sus prietas tersuras para el consumo libidinoso y como de extraperlo de los otros.
Puede parecerle duro pero es así. No se mienta a sí mismo. De nada sirve engañarse.
Y hay que legislar. Hay que ordenar normativamente el ejercicio de la prostitución, como en muchos países, como en muchos Estados occidentales. Hay que arrinconar a la figura del proxeneta, acosarla, eliminarla, quitarla de la circulación.
La ceguera, querido lector, no es privativa de los ciegos.

Bookmark and Share

Es necesario pensar

Foto: es.slidesharp.net

Foto: es.slidesharp.net


La pérdida en valores es una de las peores enfermedades que puede padecer la sociedad. Si encima el virus se generaliza, estamos ante una pandemia global de difícil solución, a menos que los llamados a resolverla, los Gobiernos, se pongan de acuerdo para elaborar tantas vacunas como fueran menester para este mal tan viejo como el mundo. Pero no seamos ilusos, eso no ocurrirá. El dinero, el negocio, el capital en definitiva no permitirá tal cosa por muchas personas que mueran a diario en este orbe cruel e insolidario.
Pero si pensamos un poco, no debemos quedarnos exclusivamente en el ámbito de los gobiernos. Todos los países están tamizados en sus comportamientos por una educación dada, que incluye -aunque fueran laicos como es el caso de España- un llamado derecho consuetudinario, que no es otra cosa que la costumbre, aquello que tradicionalmente se ha venido arrastrando desde un tiempo hasta nuestros días.
Entre estas cuestiones hay que incluir a las religiones. Elementos morales que nos encorsetan las conductas por aquello del qué dirán, que a veces nada tienen que ver con la ética ni mucho menos, y que suponen una carga sobre los hombres y mujeres que habitan un territorio dado, que les obliga a realizar actos no por convencimiento, no por conocimiento de sus consecuencias, no por capacidad intelectiva las más de las veces, sino porque “como las hace todo el mundo, yo por qué me voy a señalar entre la vecindad”, que es lo que les pasa por el magín a la mayoría de la ciudadanía.
Las religiones monoteístas (cristianismo, islamismo, judaísmo, sijismo y zorotraismo) son todas excluyentes. Es decir, o estás conmigo o estás contra mí. Si estás conmigo y obedeces a tu Dios vas al cielo; y si no es así, vas al infierno, ese lugar que fue tan bien descrito por Dante, entre otros.
Y este comportamiento es grave. En primer lugar porque supone una especie de idiocia compartida, porque obliga a creer, a tener fe, a olvidarte de la razón y de todo aquello que suponga un atisbo de conocimiento. Para ser sincrético, o crees en el libro sagrado escrito por quienes están en posesión de la Verdad o eres un infiel. Punto.
Y este posicionamiento ha traído, luchas intestinas e infinidad de desgracias en aquellos lugares en los que la intolerancia, la sinrazón, la incultura y una pizca de otras cuestiones de las que hoy no toca hablar: el absolutismo en el poder.
Por desgracia, lo de Mánchester es un ejemplo de ello.

Bookmark and Share

Veo

Foto: parapensarenti2.blogspot.com

Foto: parapensarenti2.blogspot.com


A mi alrededor se están acumulando los muertos en una gigantesca pila funeraria. De un tiempo a esta parte tengo la maléfica impresión, con tal de que mire las noticias internacionales de la prensa digital o en el formato clásico, de que estoy rodeado por cadáveres. Algunos están aún vivos pero se van a morir pronto, lo sé.
Veo los cuerpos destrozados de las personas que fenecen en todos los atentados, en todas las guerras, en todas las hambrunas… Las que son noticias por su cercanía en el tiempo y las olvidadas por la prensa porque ya no interesan a público alguno -enredado como está en tragarse los programas basura de las miles de televisiones existentes y que reciben a través de gigantescas antenas parabólicas o por cable el pan y el circo que alimenta sus atrofiadas mentes-, que son muchas.
Veo y escucho la agonía de los que no tienen salvación alguna y, aunque siguen vivos, yo sé que están muertos porque están encuadrados en las miras de las armas -de un tipo o de otro-, que, en breve, escupirán la expiración en forma de metralla o de pura indigencia. Tanto monta.
Veo a multitud de seres almacenados en balsas de plástico, pateras artesanales, cayucos variopintos o barcos descuajaringados de pura chatarra, que los llevará directamente a las puertas del Infierno de Dante donde Cerbero les espera con sus tres cabezas adornadas de infinitas serpientes maliciosas.
Veo por la calle -andando ensimismados, arrastrando un carro de la compra cargado de bolsas cuyo contenido ignoro o sentados en cualquier esquina junto a cuatro enseres que son lo único que poseen en la vida-, los ojos sin brillo de los que están llamados al cadalso donde encontrarán la guillotina del eterno silencio, más pronto que tarde, porque han sido abandonados por todos y especialmente por el Estado, ese Estado que debiera cuidarlos y se olvidó de ellos porque dejaron de ser productivos para el sistema.
Veo la mueca de dolor y los labios agrietados, donde jamás volverá a pintarse una sonrisa, de los que se mueren sin alimento alguno que los redima del eterno tránsito al que fueron condenados por la avaricia de los poderosos.
Veo. Y veo…
Aunque muchos digan que yo también estoy muerto -que puede que sea cierto y no lo pongo en duda, hasta ahí podíamos llegar- todavía veo.
Por ahora y hasta que la locura llegue en forma de bálsamo, o la muerte me sorprenda con una de sus múltiples caras y me arrastre al fondo del abismo, desgraciadamente veo.

Bookmark and Share

Teatro

Foto: fetam.es

Foto: fetam.es


Un guión teatral se mueve por un conjunto de emociones encontradas. La guerra lo hace por ideas inmutables que se estremecen con el tintineo del dinero y se lleva a efecto con beligerancias de por medio en donde los actores hemos de interpretar el hambre, la desolación, la inmigración o la muerte.
Lo que es obvio para cualquier dramaturgo no lo es para la clase política. Si le diésemos la vuelta a los regímenes políticos que gobiernan el mundo y mantuviésemos alimentadas y controladas adecuadamente las emociones y las necesidades de las sociedades existentes, no pasaría nada: todo seguiría funcionando. Si la acción de gobierno diera respuestas -aunque fueran escasas pero explicitadas- a las dudas suscitadas en la ciudadanía, ésta se sentiría si no satisfecha al menos atendida.
Sin embargo, vivimos en una mentira poco argumentada. En esa verdad entremediada, el objetivo de la Política es mantenernos en el suspense, en la inopia permanente; y digámoslo claro, esto es una acción encubridora y asesina donde los que han de ser asaltados, si se resisten, morirán sin remedio. Cuando estas situaciones se hacen manifiestas -tómese como ejemplo el conflicto en Siria-, cuando están a la vista las inocentes vísceras de la ciudadanía, la política culpa de esos errores a los espectadores, tildándolos entonces de asesinos y eludiendo así la responsabilidad contraída con los mismos de gestionar adecuada e impecablemente la res pública.
Como en la obra de Pirandello Seis personajes en busca de autor, la ciudadanía del mundo busca políticos de talla que sean capaces de dirimir el caos en que se encuentran diversas zonas del planeta. Lo de Siria es de vergüenza. Los papeles que interpretan en esta guerra Rusia, EEUU, Irán, la Unión Europea -con o sin Gran Bretaña- y sobre todo el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -con su inoperancia manifiesta- están pidiendo a gritos que esta obra de teatro deje de interpretarse y echen a los guionistas y directores de una puñetera vez al basurero de la Historia.
Pero eso no ocurrirá, para desgracia de la humanidad. Y no pasará porque la guerra es una industria muy rentable y no la solución de problema alguno. Las naciones se están armando hasta los dientes, España incluida, y la amenaza de la guerra late como un corazón joven a punto de desarrollarse en forma plena. Y como el negocio es lo que prima, cuando se cierre el telón, dejará una vez más en el escenario a millones de muertos.

Bookmark and Share

El valor de las cosas

Foto: symbols.com

Foto: symbols.com


Andrés Neuman dice en El equilibrista que “Sería poco inteligente no reconocer que hay virtudes más importantes que la inteligencia”. Si a esta máxima le adicionamos el conocimiento adquirido a través de una formación reglada, de forma autodidacta o a través de la praxis, convengamos que estaríamos ante personas capaces de dilucidar a través del razonamiento cuantos dilemas fueran necesarios afrontar para llegar a conclusiones más o menos cercanas a la realidad.
En nuestra época lo que no faltan son ideas. Vivimos acosados por consignas que nos abruman hasta la saciedad; a veces no podemos identificar la verdad entre lo que nos venden y lo que realmente pasa. Somos adictos a las noticias y no somos capaces de identificar los hechos de los acontecimientos.
Y esto es grave. Muy grave, por no decir catastrófico para la humanidad. Estamos acostumbrados a creernos a “pies juntillas” todo aquello que sale de nuestra emisora de radio, de nuestra cadena de televisión preferida, de nuestro diario, del grupo político en que estemos adscrito o nos sea más agradable, de todo aquello que los líderes de la religión que practiquemos nos digan en sus altares o fuera de ellos, en definitiva, de esa sarta de irrealidades que conforma el cachito de espacio geográfico en que habitamos. De esa forma, hemos perdido no sólo la perspectiva sino también la capacidad de crítica. La posibilidad de poner en correlación diferentes ideas, analizarlas y tomar nuestras propias decisiones cada vez se hace más difícil.
Vivimos en una sociedad orwelliana en donde los grupos de presión que dominan el espectro de las ideas, gastan ingentes cantidades de dinero en diseñar cuáles son nuestros gustos, nuestras necesidades, qué debemos leer, comer, comprar o hasta soñar incluso. Y es triste, es triste vivir en el limbo.
El engaño y la manipulación forman parte del negocio, del comercio de las cosas. Sean éstas patatas, ideas, acciones bursátiles, pensamientos, códigos, filosofías o religiones. El ostracismo no es bueno, pero, creerse aquello que oímos y vemos tampoco. No queda más camino que el que proporciona esa duda permanente que es el escepticismo y el estudio, la lectura y la formación por libre.
El ser humano es, casi desde sus orígenes, un objeto que se manipula. Las últimas técnicas para conseguir de nosotros la máxima rentabilidad dejan poco margen para disentir, y eso, querido lector, es fundamental.

Bookmark and Share

A un niño desconocido

Foto: forosperu.net

Foto: forosperu.net


No te conozco, niño, pero he visto tu cara y tu cuerpo en todas las portadas de prensa y las entradas de los informativos. Te llevan en volandas gente que grita exigiendo venganza; que juran por algún dios que lo que han hecho contigo lo pagarán caro. Lo malo es que los que morirán, no serán los responsables. Serán más niños inocentes, como tú.
No podría explicar por qué ha sido necesario que mueras. Tanto tú, como los cientos de infantes muertos en esta guerra infinita, hace que debamos desconfiar de los gobiernos, de la política, de la diplomacia, de las religiones y, sobre todo, del ser humano y de sus objetivos.
No hay que fiarse de nadie, niño, de nadie. El mundo es un banquete de lobos hambrientos. Es una cuestión de dinero, de propiedades, de puro materialismo. Solo eso. Y debo reconocer que me genera una honda tristeza manifestar esto.
Sé que aún usas chupete; he visto en la foto cómo cuelga de tu cuello muerto un chupete con una cadena de plástico azul -como el color del cielo en un día esplendoroso de luz-.
En ese cielo -dicen- está tu dios y el de los otros. Coexisten allí sin problemas, en lo etéreo; pero, sus diferencias, las dirimen los hombres aquí, en tu tierra o en la mía, matando inocentes.
Si hubieras podido llegar a una edad en la que comprender los libros sagrados de unos y otros comprobarías que esto fue siempre así. Que no hay cielo sin infierno, que son las dos caras de una misma moneda. A los dioses les agradan los sacrificios: los hombres lo hacían y lo hacen en su gloria, en su honor. Una verdadera bestialidad.
Vuestros asesinos tienen nombres y apellidos. Los dirigentes que propician tales injusticias también. Los objetivos militares -tan inocentes en el papel ¿verdad?- se convierten en dagas que siegan la vida de la yerba verde, como la tuya, pero, a los estrategas de este averno les da igual.
Si tuvieras más años te explicaría, niño, que el negocio de la guerra está por encima de la ética, de cualquier ramalazo de moralidad. Los detentadores del poder económico propician los escenarios adecuados y a la ciudadanía nos corresponde poner los muertos. Aunque parezca aberrante, para ellos el fallecimiento de los otros es un juego en el tablero de ajedrez del mundo.
Sé que hay muchos ejemplos como el tuyo. Pero, a ti, te escribí un poema no hace mucho. Hoy me arrepiento de haberlo hecho: “Los dioses te mataron / y los hombres fueron su instrumento…”
¡Hasta siempre, niño!

Bookmark and Share

Los sin nada

menriqlacroix.wordpress.com

menriqlacroix.wordpress.com


Dicen que fueron quince, o cien, o quinientos, pero mienten. Dijeron quince, cien o quinientos -de los que no sé cuántos eran niños- pero, mienten. Eso dicen, dijeron y seguirán diciendo. Pero mienten, reitero. Son miles. Miles de seres humanos muertos alimentando a los peces que luego se comen quienes pueden pagarlo, quienes pueden o podemos pagarlos. Usted también, que me lee ahora.
Y digo que nos engañan porque hay muchos inmigrantes muertos por contabilizar dado que el número de pateras, cayucos, balsas de plástico o cualquier otro elemento que flote, que se va al fondo del mar sin que nos enteremos es incalculable. Nunca podremos saberlo; o quizá sí lo sepan algunos y no lo digan, así, sin más, porque no interesa a determinados gobiernos y punto.
Total, aquello que se esconde y nadie se entera no existe. De estas cuestiones saben mucho los diplomáticos todos y los servicios de inteligencia, por tanto, todos los gobiernos.
Las playas del sur se han convertido en un averno para los sin nada, pero, a ellos, a los desposeídos, a los sin techo, a los que han perdido en el tránsito de la vida hasta la dignidad, arrebatada por los poderosos a golpe de saqueos, de explotaciones faltas de ética alguna en sus lugares de origen, les da igual: el tártaro del que proceden es aún peor, por eso se arriesgan, por eso cruzan inmensidades abisales de agua sabiendo que pueden perder la vida.
Los yates que navegan mientras sus dueños toman el vermut en pelotas y el sol dora sus cuerpos remendados por lujosas clínicas, cortan con su quilla los cuerpos a la deriva y ni se inmutan. Hasta puede que realicen macabras competiciones para distender el ambiente: ¡Mira, allí hay otro, a ver si puedes partirlo! ¡No ves cómo ladra el perro!
Esto último, que es una metáfora, se aleja poco de la realidad. A los países ricos les importa un bledo el hambre de los otros; mientras ellos puedan seguir esquilmando la materia prima de los países empobrecidos a precios de saldo, pues… qué más da. Que hubieran sido previsores o nacidos en otros países, a ser posible en una familia con dinero. El negocio es el negocio, dicen los anglosajones, y es cierto.
¡Qué vergüenza la política de Europa en esta materia! Nadie menciona, exclama, grita, que no hay país sin un tiempo pretérito en el que sus ciudadanos fueran emigrantes.
¡Qué pantomima la de Naciones Unidas ante la perra vida de los sin vida! ¡Qué poca vergüenza! ¡Qué doble moral! ¡Qué ignominia!

Bookmark and Share