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Calderilla

Ay! que me va a dar el ataque de risa cínica y luego me tienen que poner la pastillita debajo de la lengua, que de la risa al llanto hay un minipuente de realidad cruda y en estado de descomposición.
La risa comienza con la nueva “medida estrella”para que los emprendedores jóvenes sólo paguen una “tarifa plana” de 50 euros en las cotizaciones de la Seguridad Social (el famoso “autónomo”) durante los primeros 6 meses de actividad de la recién creada empresa. ¿Y luego qué, eh? Luego cerrar el negocio, sentirte frustrado y enfermar por la crisis económica y la mental.
Esta medida la anticipó ayer Súper Fátima Báñez en una reunión de estas de grandes políticos europeos. ¿Pero no es infame que pretendan fomentar el autoempleo con esa calderilla? ¿De verdad alguien piensa que pagar el autónomo a 50 euros durante 6 meses va a sacar de pobre a cualquier joven desesperado? Esto es más triste que el último cohete. Ya les vale vender las limosnas como “medidas estrella”; sólo falta decir “¡Yo no soy tonto!”, como en el anuncio. ¿Y para las empresas ya creadas que no quieren abandonarse al paro haciendo pinos puente y esquilmando a los padres no hay unas moneditas, unas perras chicas? Es que yo, que soy autónoma y no me he puesto mala en mi vida y no he parado de trabajar desde hace 14años, con la calculadora en mano me sale más rentable no trabajar que hacerlo. Por ejemplo, facturo 500 euros, a éstos les resto el 21% de IRPF y he de pagar 255euros del autónomo, ya me veo pidiéndole a Federico (mi padre) los 45€ que me faltan para pagar la seguridad social. Lo que llevo diciendo: trabajar cuesta más caro que no hacerlo y además parada te ahorras unas perrillas de la gasolina. Con situaciones tan ilógicas como éstas ¿creen que podemos aplaudir con los pies las medidas ridículas para tapar los verdaderos problemas, los números que no son números, que son personas que no tienen trabajo ni subsidio de desempleo? No jueguen más con los parados, que somos muchos, muchos, un número lo suficientemente importante para que esto se vaya al…

(Columna publicada hace algún tiempo en “El Periódico de Huelva”)

Imitación de la vida

Hoy en Huelva, mientras pasaba ante los escaparates, se me echaban encima los cuerpos anoréxicos de los maniquíes, magros como piezas oxidadas de un esqueleto inane. Sí, un cuerpo muerto: eso muestran las tiendas tras el cristal. Mujeres con caderas de niñas, con ojos hundidos, sin corazón, con mirada perdida de robot o de clon o de replicante. Mujeres que imitan a las mujeres pero a las que nunca les cabría dentro un minibebé. Plástico corrosivo. Me escandalizan esos huesos. Será que vivo en la playa, sin esos decorados de cartón piedra ni esos cuerpos escuetos, secos, lastimeramente erguidos.
Yo decidí tener mis propios vestidos. Sin visitar los templos de los huesos. Pero la ropa a mano cuesta cara. Y a veces he tenido que acudir a las catedrales de la moda; bueno, más bien capillitas, dado mi presupuesto. Y resulta que de ahí sale mi propio estilo, adecuado a mi cuerpo real, también escueto pero no enfermo. Pero sí, en parte me parezco a ellas, a las de plástico. Pero el plástico está en el interior de la cabeza. Bien, ya he sufrido suficiente por todas esas cosas (ya me entendéis) y lo único que lamento es que tantas chicas sigan sufriendo.
Todos tenemos derecho a la redención y yo reivindico ese derecho mío. Una tiene que vivir con su talla 34, la que buscan las adolescentes, como otras viven con tallas grandes. Ojalá yo pudiera y supiera explicarles a las chicas jóvenes el trasfondo de todo esto, el engaño y el espejismo. Procuro hacer pedagogía, sin saber, con la mejor intención del mundo. Pero reconozco que ese atisbo de los escaparates, esa legión de muñecas que imitan a la vida, me ha descolocado, me ha dejado inerme contra los fantasmas. Qué raro, algo tan cotidiano, tan de toda la vida. Una tienda, unos cuerpos fingiendo vida, como las casas falsas de Ikea con sus notas pegadas al frigorífico, fingiendo una familia.
A veces pienso que mi cuerpo de niña es una regresión. Y entonces me asusto. Y después palpo mi pellejo y pienso que el cuerpo es de otra. Que nunca existí. Que ya no soy esa otra mujer, que ya murió de inanición, que la otra sabe vivir como todo el mundo. Yo.

(Columna publicada en “El Periódico de Huelva”)

Analógica

No consigo hacerme a este presente digital, torpe y ordinario. Y es que yo me autocalifico como más analógica que una paella. Y podría dar mil razones. Heidegger decía que la tecnología era el brazo ejecutor de la posmodernidad. Vale, soy una moderna en el sentido histórico y filosófico del concepto “Modernidad”. El moderno cree en las grandes verdades, el posmoderno en la atrofia absoluta de nociones como la Verdad, la Historia, la Razón, etc. Y yo, entre tanto concepto, me siento pequeñita pero resistente a la vaguedad de la posmodernidad. Diría que soy mitad y mitad, que es como mitad aceite, mitad agua.

Me estoy dando cuenta de que mi ritmo y mi vida no son procesados por ordenadores, tablets, móviles con mil funciones y tanto etc. Soy una resistente. Hoy he preparado un cocido de cuchareo que me ha alimentado como una placenta. Vale, no logré sacar la música que me grabó mi hija en el reproductor del móvil que suena a lata. Me he llevado toda la vida comprando vinilos con sueldos raquíticos y ahora con escuchar la música por el móvil los chavales entran en el limbo. Y el guatsap. Menudo invento. Yo que escribo como si tuviera dos dedos me vuelvo loca porque mis dedos son más gordos que las teclas de la pantalla táctil: le doy a la M y me aparecen los contactos de la L, la M, la N y la O, Y total para qué. Son conversaciones de un minuto de gloria y una vida inexistente. Como las fotos. Me regaló una compañía de telefonía un móvil que te hace el pino puente. Y para qué, para hablar de conversaciones insustanciales o hacer fotos con un montón de megapíxeles que luego no sabré descargar. Para que estén ahí dentro, en esa pantalla enana y engreída. Cuando quería fotografías de momentos bonitos compraba una cámara de usar y álbumes de foto. Ahora no, se mueren dentro del aparatito sin pena ni gloria. Estoy cansada de tanta prisa, de vivir sin recuerdo de lo vivido, de vivir a medias, porque vivir con una maleta de piedras (un pasado) no interesa. Y es que no interesa la vida intensa; lo que interesa es la vida rápida, la vida que se adelanta a tu sombra. La vida en blanco y negro. La vida que pronto se pudre, la vida que dura un instante y que ni siquiera es un instante bonito.

(Columna publicada en El Periódico de Huelva

Mi padre, yo, mi hija

Con mi edad, mi padre y mi madre ya habían vuelto de Suiza. Recién casados emigraron y trabajaron los dos pero mi madre tuvo gemelos y pensaron regresar a España. Ya tenían dos niñosy la niña (yo). Mi madre me decía cosas como “esta semana no hay filetes, que tenemos que pagar la letra” y mi abuela venía a visitarnos los sábados y traía una caja de viscotelas que para nosotros, los hijos, eran una fiesta. Mi madre era un banco doméstico que controlaba todos los ingresos y los gastos. A ella ningún banco se la pegaba porque no se fiaba de ellos como sí de sus sumas y restas. Con dos buenas casas de su propiedad, mi madre falleció en un quirófano dejándo huérfanos a todos; a mi hermana con 10 años. Se había pasado toda la vida pagando intereses brutales a los bancos. Mi padre quedó amputado de por vida.

Yo pude estudiar fuera de casa, Filosfía, y en vez de preparar oposiciones monté mi empresa de gestión cultural cuando mi hija sólo tenía un mes de vida. Y durante años trabajé muy duro y la empresa generó bastante. Compré también una casa en Oviedo (por mi marido y por eso de invertir, ya sabemos). No tuve ningún problema para que un banco me concediera la hipoteca.
Ahora, esos directores me llaman para preguntarme cuándo voy a pagar las dos cuotas del mes. Mi hija cumple 13 años y me tiro de las pestañas cuando pienso en su futuro. No sé si podré pagar sus matrículas ni sus masters. No sé si podré ayudarla con una Erasmus en Lieja o Colonia. No sé, siquiera, si podré pagarle las clases de guitarra eléctrica y la piscina. Ahora mi padre, jubilado, me da dinero cuando lo necesito y me dice que él nunca gasta su pensión y tiene ahorros para sus hijos si les hace falta. Y yo me siento la hija más tonta de los cuatro hermanos porque he fracasado y no sé cuándo empecé a hacerlo tan mal. Soy una víctima más, lo sé, pero me da pavor mirar para adelante. Qué sería de este país sin los abuelos (niñeros y prestamistas). No sé cómo agradecerle a mi padre todo lo que me ha enseñado, lo que me quiere, los reyes de la niña.

(Publicado en El Periódico de Huelva)

Diez años de luto en el mar

Por fin, hoy, diez años después de la catástrofe del Prestige comienza un juicio tardío, de andar por casa, ante la mayor catástrofe ecológica de este país. Un desastre que podía haberse evitado si se hubiera gestionado mejor el suceso a manos del partido que gobernaba el país (el PP). Un barco petrolero quedó a la deriva frente a las costas gallegas y, al intentar alejarlo de las mismas, se rompió por la mitad, dejando una fuga de fuel que llegó a las cosas gallegas y cantábricas. Un verdadero atentado ecológico que enlutó de chapapote a muchos españoles.
Para mí fue una de las primeras reacciones del pueblo ante semejante torpeza política y, lo más doliente, hacia esas costas negras de fuel y tristeza. Esta mañana escuchaba en la radio al escritor gallego Manuel Rivas (una de las voces más claras del “Nunca máis”, esa plataforma que salió voluntariamente y vestida de blanco a las playas contaminadas), que se encaminaba al juzgado “de juguete” en el que, después de diez años de expediente para arriba y para abajo, se supone un juicio a la altura de la catástrofe. Rivas, con su acento gallego y esa forma suya de arrancar y tomar velocidad en sus discursos, hablaba de que este juicio era un “segundo desastre”, porque no calmará la sensación de impunidad que aún oscurece en nuestra retina, porque mantiene la misma incredulidad que diez años atrás en la conciencia de los españoles que salieron en masa a “despegar” ese chapapote de la mar del norte. Decía el escritor, con evidente tristeza, que todos esperábamos un juicio ejemplar sobre los delitos medioambientales, una oportunidad única para oir a tantos que deberían sentarse en el banquillo y no van a ser oídos porque no están imputados, porque con los diez años parece que a la Justicia se le ha ido la memoria mar adentro. Y yo recuerdo muy vívidamente aquel desastre y compruebo que aún hoy, después de marear el expediente de luto, volvemos a otro desastre: el del olvido.

(Publicado en El Periódico de Huelva)

Pagar por trabajar

Hace tres años, viendo venir el paro, siendo autónoma sin subsidio de desempleo y con perspectivas más luctuosas sufrí una depresión exógena. Toda mi tristeza, todo mi desamparo fueron un poco prematuros. Todavía no había ocurrido lo que tres años después ha sucedido en este país. Los autónomos somos una especie inferior de trabajadores, somos los que más sufrimos y los que menos prestaciones tenemos, ay qué lastima. Mi depresión se fue instalando en mis costados hasta que un día no quise salir de la habitación. Se me apagó la luz. Ese día llamé a mi psiquiatra y una semana después comencé a ver mi vida más vivible y a mí misma como una mera víctima de un campo de batalla lleno de muertos.

Tres años después observo con tristeza que se han quedado parados amigos ingenieros, profesores, arquitectos, abogados. La metástis de este cáncer se ha extendido como tinta negra sobre una sábana blanca y yo sólo soy una de tantísimas víctimas. Ahora soy una mileurista que con los recortes se queda famélica como una anoréxica  contando calorías. Voy: si gano mil euros al mes por emitir una factura de un trabajo realizado, he de pagar 255 euros de autónomo y un 21% de Impuesto de retención de las persona física (el famoso IRPF que el gobierno ha aumentado de un 15% a un 21%), y como mi actividad laboral está exenta de IVA no lo meto en el saco del robo a mano armada en lo que se ha convertido trabajar. Calculadora en mano: 21% de IRPF y 255 de autónomo igual a 535 euros que además me pagarán dentro de unos 4 meses, más o menos. Si pago 500 euros de hipoteca (quien no tenga hipoteca tendrá que pagar un alquiler). Sumando y restando, la mileurista se queda con 35 euros para todo un mes. Lo que digo, que trabajar no es un derecho, trabajar es una lotería y, si además ganas unas perrillas (35 euros), un regalo divino. Soy una afortunada: ya superé la depresión…

(Columna publicada en El Periódico de Huelva. 3 de octubre de 2012)

Porque vivimos encadenados sin saber que nosotros tenemos la llave

Nos vamos acercando al final del año y nos da por ponernos trascendentes y filosíficos de andar por casa, una filosofía doméstica de todo a cien. Y nos da por hacer el mayor de nuestros ridículos: valorar los momentos importantes del año (y si apuras hasta el final de la majadería, incluso de la vida). Y resulta que sólo valoras esos momentos cuando ya son sólo recuerdos decorados con la peor de nuestras memorias. Y es que el mes de diciembre es el mes de las fiestas hipócritas y las canciones escritas por los demás. Diciembre es el mes de los tontos felices (que, la verdad, son los tontos menos tontos: al menos son felices). Diciembre, con sus sonrisas imperfectas y sus luces, con la buena voluntad malaprendida, con sus chismes en las sobremesas que dan para despellejar a muchos un año entero, diciembre, digo, abre sus cortinas y nos enseña las caries de nuestras vidas. A mí me ha dado por pensar que he vivido mi vida encadenada sin saber que yo misma tenía la llave a la vista, en el interior del estómago, en la tráquea o en el cuello, ahogándome estéticamente, porque la cadena ahoga o adorna. Mi cadena es este falso techo mío, estas paredes del banco, esta vida de regalo por firmar una hipoteca. Y, encima, se atreven a mandarnos un chrisma. Y no, oiga, no, que grito por encima de las sucursales y las obras sociales, que le tiro polvorones a sus cristaleras para decir que la llave de mi vida puede abrir otras puertas y el banco me contesta que no, que no me da crédito para otra vida. Y es diciembre. Y hace mucho frío para estar a la intemperie. Conformémosno con engordar algunos kilos de tristeza y no  abandonar la muerte lenta de un cigarro en plena combustión.Y vamos a olvidarnos de la hipoteca y comamos y bebamos y olvidemos dónde está la llave de la felicidad porque queda muy bien hablar de ella pero no queda nada bien reconocer que la cadena duele, que la cadena humilla, que la cadena mata.

(Publicado en El Periódico de Huelva)

Amor animal

Yo no sabía que la quería. Ya lo iba sospechando, cuando mi mano buscaba su cuerpo, tres kilos y medio, querible. No sabía que la quería, de verdad. Pero encontré la herida, una dentellada, un agujero de siete cms., la piel rota, la carne, lo que tenemos dentro, a la vista y al tacto. Esa noche no pude dormir. La veterinaria de Islantilla, Mercedes, generosa y precisa, la trató como si fuera un hijo más. Y no sólo trató a Nana. Mercedes nos trató a José Luis y a mí, acongojados, con el corazón en la boca y la mano acariciando la parte de su cuerpo no abierto. He llorado esta mañana viéndola tirada como una alfombrita negra y blanca. Su herida, sus ojos semicerrados, su cuello oprimido por el estrambótico cuello isabelino, su forma de toparse contra el mundo con ese plástico que sale de su misma garganta, su tristeza que me hace sentirla un poco hija. Querer tiene estas cosas: sufrir. Querer no tiene límites, puedes querer a tu familia y también a tu gata. Querer es sumar; amar a los animales no resta amor a las personas. Y ahora sé que ya la amo. La pequeña Nana, blanquinegra, pizpireta, salincona, ahora aquí, convaleciente, reclamando mi mano sobre su cuerpo. Salud, pequeña, nos quedan muchos años por con-sentir, por con-vivir. Ya te quiero.

(Publicado en Odiel Información)

Reseñas

Vuelvo, con un empujoncito, al blog. Cuelgo un link que remite al blog de reseñas de David Pérez Vega, compañero de la editorial “Baile del sol” con su libro “Acantilados de Howth”, poeta y narrador. En realidad ya estaba colgada en los comentarios de Irina Palm, pero, como mínimo, quiero que leáis también otras reseñas que saca en su blog (como la del último libro de Sharon Olds, una de mis debilidades estéticas). ¡¡Conste que cuando David escribió esta reseña, no me conocía!! (es que cuando los amigos te hacen reseñas elogionas siempre son sospechosos, je,je,je).
http://desdelaciudadsincines.blogspot.com/2011/04/fragil-antologia-2001-2009-por-eva-vaz.html

Otra reseña que me hizo mi gran amigo-hermano Josep Carles Laínez (con una interesante perspectiva de género). Lo único criticable: mi cara de dibujo animado al lado de él, tan exótico (je, je).

http://aunquetalvez.blogspot.com/2011/03/mi-otra-eva.html

Y por último, otra reseña que me resulta mejor que mi propio libro, la del poeta Rafael Suárez Plácido, también amigo y una de las personas más sensibles cuando habla de literatura, de música…

http://minombre.es/rafasuarez/archives/1269

Gracias a todos por tomaros ese tiempo y escribir unas reseñas tan excelentes.

IRINA PALM

Voy a intentar imponerme un poco de disciplina y de interés con este blog. Tengo material para colgar (ya no me acuerdo cómo se hacía) pero hoy sólo quiero hablar de una película que no pude ver en el cine pero recupero en la 2 de la mano del director Sam Garbarski.
“Irina Palm”. Marianne Faithfull como protagonista: una señora viuda de más de sesenta años que se mete a “pajillera” en un club erótico. Un agujero previa máquina tragaperras y una mano al otro lado aliviando la testosterona externa. Si mi fascinación por la Señora Faithfull no estaba completa, con esta película ya roza categorías superiores. La caracterización es impresionante y, aunque hay algunos momentos inverosímiles, la película emociona. Mucho. Y emociona por ella. Esta noche he tenido un pequeño regalo. Tengo que colgar más regalos pendientes. Hoy sólo quería contar el placer de compartir una buena película (aunque roce la debilidad en algunos momentos) con una verdadera estrella, en la pantalla y en los escenarios.

Vuelvo enseguida…