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LA IRA DE LOS DIOSES - (I)

Homan vino a un mundo en el que todas las tetas eran de carne. Conoció el frío y los sabañones cuando era niño y se educaba con maestros que no pensaban en traumas sino en enseñar. Algunos, bastante brutos, pegaban cosquis en la cabeza o con la regla en los nudillos; pero les hablaba de Vd. y con respeto. Podía temerles, ponerles apodos y esquivarles por pasillos y calles, pero reconocía en ellos la autoridad de su saber. Asumía las cocas y reglazos como parte inherente a la escolarización. Reía con los compañeros en los recreos cuando hablaban de las sevicias de los docentes.


Siempre que comía tomate crudo estaba bueno porque era del tiempo y veía a los mayores beber mosto sin química, sólo cuando era el tiempo del mosto. A los niños les daban vino quinado para abrir el apetito; y si una lata de conservas era comida de pobres y de soldados, el pollo era de corral, sabía a pollo y sus crestas, asadas en ascuas de carbón, eran un delicado manjar que se rifaba la familia. Aunque una vez el pollo supo a pescado porque lo habían criado en la arena de la playa, donde los pescadores sacaban el copo.


La ciudad era un hervidero los domingos porque nadie la abandonaba.


La gente cantaba villancicos de su país y no los que venían del cine. Hubo uno muy famoso que no figuraba en los cancioneros, pero sí en la memoria popular:


He comido pavo,

he comido pavo,

y to las vecinas

me chupan el nabo
.


Porque el pavo era un lujo que sólo se podía comer en determinadas fechas y el subconsciente macho igualaba el placer de su ingestión al del sexo oral. No conoció versión femenina de este villancico.


A principios de noviembre la gente celebraba tosantos y los difuntos, iba a los cementerios y consumía dulces caseros para la ocasión, que la cháchara con los muertos abre mucho el apetito. Nadie se disfrazaba de fantasmón, diablo o cosas parecidas ni iba por ahí con calabazas huecas iluminadas. Las calabazas se empleaban para el cocido, para freirlas con asadura y, cuando estaban huecas, los campesinos, los excursionistas y los peregrinos las usaban como cantimplora ecológica, aunque entonces nadie sabía lo que era la ecología. Los partidos políticos las usaban para hacer las candidaturas.


Desde pequeño supo que la vida y el mundo al que había venido eran duros, poco confortables y llenos de dolor e injusticia, pero nadie le decía lo contrario. Es más, cuando oía a los mayores, el concepto se le presentaba claro y en todo su esplendor: esto es una mierda y a ver cómo se sobrevive.


Como en los colegios no había aulas de sexología, la noche que gozó de su primera polución nocturna, amén de disfrutarla, discurrió la forma de que se repitiese a menudo. Así supo lo que era el método empírico. Y cuando hablaron del asunto en un recreo, todos los de la pandilla supieron lo que significa una puesta en común. Algunas veces experimentaron en grupo y se veían muy gallardos trabajando en equipo.


A partir de entonces su mayor afán era tratar de ver y, a ser posible, palpar aquellas tetas de carne que se intuían bajo los recatados vestidos de las jóvenes. Una vez se turbó mucho cuando la guapa madre de un compañero se inclinó ante él y, teniendo un leve escote de pico el saquito de lana que llevaba puesto, asomó algo del canalillo mientras le tendía un refresco. Y en otra ocasión, aprovechando la siesta de su hermana mayor le tocó los bultos para comprobar si aquello era duro o blando, pero la duda persistió porque lo que más palpó fueron las ballenas del sostén y no se atrevió a insistir, por no despertarla.


Continuará.


archivado en:
MANUEL RUBIALES REQUEJO
MANUEL RUBIALES REQUEJO dice:
14/06/2009 13:49

Estimado Barbonauta, esperamos contar con la presencia de vuestra merced, así como de los ilustres invisibles que decidan acompañarle, para sendos saraos que los impresentables de El Foro tenemos organizados para el presente mes de junio, esposición de Mar Sánchez, dia 18, y II Noche Poética, día 27, donde además agradeceríamos que nos recitara lo que a bien tuviera.

Un abrazísimo