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AGRADECIMIENTO

Hace unos sesenta años fui consciente de que los futbolistas son mercenarios que no "defienden los colores" de una ciudad ni de una nación sino que se ganan un sueldo, ya que, siendo un crío, vi a escasos metros de mí cómo el que más admiraba yo, cuando la muchachada le daba gritos de ánimo, con cara de cabreo dijo: "a mí, que me paguen lo que me deben".

Desde entonces, aún gustándome, vi el fútbol de otra manera. Incluso algunas veces disfruté viéndolo (un mundial en Méjico, con Pelé, Garrincha y otros por el estilo), pero cuando se impuso lo del cerrojo el aburrimiento devino cósmico, hasta el punto de que, viendo en la tele un partido del equipo de mi ciudad, me dormí.

No sé exactamente las fechas y no merece la pena tirar de hemerotecas, pero conservo imágenes y sonidos de la falsedad del concepto llamado "espíritu deportivo", por ejemplo: Di Stéfano echando al suelo el botellín de agua cuando otro de su equipo -creo que Miguel Muñoz, aunque no podría jurarlo ahora- se lo pide y éste, sumiso, recogiéndolo para refrescarse él; entrevista radiofónica a un seleccionador nacional ante un partido en el que tenían que ganar por 13 goles de diferencia para clasificarse en no se qué: "si hay que dar leña, daremos leña"; regalos de partidos al R. Madrid, especialmente por un árbitro llamado Ortíz de Mandíbil: en Los Cármenes, uno, que vi con mi pandilla (el mismo partido del botellín citado arriba); en el trofeo colombino, frente al Sao Paulo, un escándalo jocoso para los asistentes.

A modo de coña, y por hacer pensar e incordiar un poco, adopté la costumbre de invitar a los cafés de cada lunes a colegas y clientes para celebrar las derrotas del Madrid, hasta que casi me asesinan los camareros de una cafetería. Y morir por eso ...

En el ámbito doméstico celebraba esas derrotas llevando a casa una docena de pasteles por cada gol encajado por los merengues** en sus derrotas. Tuve que dejarlo por aquéllo de los engordes, pero mi prole me lo reprochó.

Creo que desde entonces no he visto ningún partido hasta el otro día porque siempre hay situaciones inesperadas y caí en una encerrona. Y unos días después "me tocó" ver la segunda parte del Uruguay-Holanda. Y pude constatar una vez más las chorradas que pueden decir, y dicen, los verborreicos comentaristas. Cuando no había tele, los de la radio podían decir lo que se les antojase que nadie les podía contradecir (salvo que al día siguiente el Marca lo contara de otro modo), existiendo situaciones verdaderamente chuscas como la acaecida a un locutor malagueño (repito lo de las hemerotecas citado ut supra), inexperto en deportes que hubo de desplazarse, creo que a Salamanca, para retransmitir un Salamanca-Málaga, por enfermedad del locutor deportivo; pues bien, la retransmisión fue magnífica con un gran resultado a favor del Málaga: el problema fue que se equivocó de portería y el que había ganado era el Salamanca. La rechifla boquerona, memorable.

Pero con la tele no entiendo que tenga que haber "retransmisores", generalmente analfabetos funcionales. ¿Cuando alguien va a un campo de fútbol lleva a cuestas a otro que le cuente al oído lo que está viendo con sus ojitos de miel? Hay veces en que si separas lo que ves de lo que oyes, parece que estás en lugares distintos. Además, ¿no nos dicen a cada momento que "una imagen vale más que mil palabras"? Pues parece que no, que hacen falta miles de palabras mal enjaretadas, atropelladas y pisándose las de los dos o tres cotillos, para que el teleespectador se entere de lo que le dice la imagen.

En los años que no he visto fútbol, algunas veces he soportado las pijadas de los del baloncesto ("lanza un reverso", dice uno que se las da angloparlante y no tiene ni idea de inglés ni de español, ni sabe que el reverso es lo opuesto al anverso. ¿Cómo demonios explicaría el lanzamiento de un concepto espacial?, y la superpijadas de los del tenis. Pero lo del otro día era ya de tipo antropológico y "supermánico": "CUARENTA millones de españoles están pendientes del resultado": ¿cómo lo sabía el tipo -o era una tipa-?, "lloran de emoción" afirmaba con sus ojos saltones el "conducator" de la retransmisión, etc...

Y lo sublime, el día del Uruguay-Holanda: "Holanda, sin que se note y poco a poco se mete en la final, cuando todo lo que ha cosechado, incluso en la fase clasificatoria han sido ... victorias, sin ni siquiera un empate" (más o menos textual, que no lo grabé). ¿Un lapsus? No, lo repitió al menos dos veces más. A mí me gustaría saber cómo se llega a la final cosechando derrotas y no victorias, pero creo que tal concepto es demasiado para un filósofo deportivo de tal jaez.

En definitiva, que gracias a esas cotorras manipuladoras, gritonas (¡¡gol, gol, gol, goooooooooooooooool!!) aborrecí las retransmisiones deportivas y, por ende, todos los antivalores que dichos "EVENTOS" transmiten a la sociedad. Gracias a mi abandono de dicha actividad he ganado mucho tiempo para tareas enriquecedoras del espíritu y de la carne.

Gracias, gracias, gracias mil veces. Os venero por ello y os lo digo hoy, siete de julio de 2010 a las 19 hs., poco antes de que el éxtasis o el suicidio os envuelvan. Quede constancia.

Y a mí, si los mercenarios de la federación empresarial fultbolera de ámbito hispánico pierden, me importa un soberano silbato, es más, me alegraría porque el silencio volvería y el patrioterismo barato y soez se arrugaría.

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**) Esto ha salido espontáneamente, que conste.

archivado en:
MANUEL RUBIALES REQUEJO
MANUEL RUBIALES REQUEJO dice:
08/07/2010 01:55

silbato es igual a pito...? ah, entonces vale, que sea pito, pues.

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