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La pluie

Afuera llueve sin parar y el viento parece un fantasma, como si esto fuera Asturias. Uno se siente atrapado en casa, y Nana también. Quiere salir, aunque se moje. Se sube lo más alto que puede y con la patita, inútilmente, les da golpecitos a las llaves puestas en la cerradura, porque ha observado que así es como nosotros abrimos la puerta. Es muy tonta o muy lista, según se mire.
Aprovecho para adelantar trabajo. He hecho las páginas diarias que me he marcado y algunas más. Este oficio tiene algo de adicción obsesiva. Te dices: "Venga, sigo y hago otra". Y la haces. Y luego te dices: "Venga...".
Tiene su gracia: el frío afuera, el calorcito dentro, el café humeante, la pipa en la boca, perfumando mi estudio. En días así uno refrena sus sueños más salvajes, juega al pequeño-burgués, se acurruca y no concibe una orgía o un exceso o escribir un poema brutal. También trabajo con sol, eh, y muchas horas. Ni siquiera necesito el sol para tirarme sobre la arena y cocerme a fuego lento. Me basta con que entre por la ventana, me basta con que me acaricie cuando voy a Correos, me basta con que me haga hervir la sangre, mirar hacia arriba y ver azul, azul, esa calidez que es hermana del deseo.
Para el fin de semana vuelven el sol y el calor. Entre tanto, disfruto de la lluvia, por rara aquí, porque no se enquista semanas enteras. Nos lava y nos absuelve y nos reconcentra en nosotros mismos. Para que el sol después nos disperse de nuevo, gozosamente.
Y ya basta de ponerse estupendo con la lluvia, la lluvia... Me voy a cenar y a ver "Los misterios de Laura".
archivado en:
L.N.J.
L.N.J. dice:
03/04/2014 20:09

Nico abre la puerta de la calle. Lo que empezó como un juego acabó como el gran descubrimiento de él: ¡me voy de juerga!, lo malo es que no sabe volver. Tengo que estar pendiente de que no se vaya y me deje con la puerta abierta o dejarlo que se vaya y hacer como la que no lo sigue. En el fondo es un tontorrón, se pega porrazos con todo, juega a dejarme caer las cosas y le he enseñado que me devuelva las canicas que le echo. Hace un gesto raro con la cabeza y empuja con su pie la canica hasta que se cansa y la eleva como si estuviera en el circo, da piruetas y vuelve a largarse.
Una vez saltó al "pollete" de la ventana creyendo que estaba abierta y se pegó un enorme castañazo con el cristal. Se quedó como sonámbulo, extasiado y finalmente tumbado un buen rato.
Nana y Nico son listos, saben jugar, la finalidad del juego no les importa. Son felices así.

El sol, ese gran astro luminoso, el dios de la radiación natural, la luz más inmensa que haya existido y existirá en la vida con la finitud de la luna y todo lo que alumbra en el cielo. Todo lo natural.

Ya no veo nada en la tele, le di el cerrojazo hace tiempo; un documental que otro y nada más. También veía los misterios de Laura, hasta que me cansé, como de casi todo.

El título en francés es precioso, tiene Julio Cortázar un poema dedicado a la lluvia que dice así:


http://youtu.be/R52iNrFKUSw

... Y hacen ¡plasf!

Perdón por la extensión.

Saludos

L.N.J.
L.N.J. dice:
03/04/2014 20:22

¡uy,uy! con su pata, no con su pie... por eso digo siempre que me corrijan...

Jose Luis Piquero
Jose Luis Piquero dice:
05/04/2014 02:05

Los gatos hacen las mismas cosas que nosotros. Sólo que nosotros fingimos que nuestros gestos tienen un objeto. Bueno, no más que los suyos.