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Agravio

"Así es la retórica nacionalista: héroes y villanos, ofensores y ofendidos. Un discurso donde el nacionalismo ocupa siempre el mismo lugar: el del héroe, el del ofendido, el del mártir. Y donde el enemigo, real o imaginado -qué más da- es siempre el culpable de los males que sufre la gloriosa 'nación' a la que uno pertenece. [...]. Mientras el nacionalista siga siendo una víctima, se verá libre de tener que justificar sus acciones, que serán siempre una compensación por agravios cuidadosamente alimentados y exagerados para que sirvan a sus intereses políticos. [...]. Otra de las características de ese agravio es la incapacidad para satisfacerlo. Aunque quede satisfecho según las demandas nacionalistas, podrá seguir siendo utilizado por los presuntos agraviados gracias a su recuerdo; los años de insatisfacción por ese agravio no resarcido serán utilizados como una ofensa en sí misma irreparable. [...]

'En el caso de 'naciones' desarrolladas pertenecientes a un Estado mayor con menor potencial económico, el nacionalismo se postula, en muchas ocasiones, como garante de esa riqueza, y canaliza y fomenta el rechazo a contribuir fiscalmente al Estado en que está integrada su 'nación' esgrimiendo la bandera del agravio, o considera esa contribución como un expolio de sus recursos, utilizando esto como un argumento más para justificar la independencia"

-Roberto Augusto, "El nacionalismo, ¡vaya timo!" (Ed. Laetoli)-