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La escalera mecánica sube una balada tranquila
De zapatos de agencia, de paraguas de invierno.
Luego saltan arriba, por donde la lluvia los guarece.
Viajan precipitados por la cadena de calles intrincadas
De sonidos, de nombres, de alteraciones, de ritmo,
De cadencia, de asfaltos, de repetidas
Semejanzas. Todo exacto a cada día.
Todo menos la certeza de esta lluvia placentera
Cayendo en la naturaleza de un urbanismo organizado.
Caminan desmemoriados todos, encadenados
A los reclamos, los teléfonos móviles, las direcciones,
Los aledaños, los peldaños con pedales,
Las llaves… Llegan a casa mojados.
El trayecto pasado queda olvidado
Ante el nuevo trayecto de viejas rutinas,
Apenas ya escuchan golpear en el pavimento
La lluvia que los trajo adentro y se sienten abatidos.
Después llega la soledad, la nostalgia y el llanto
De las fotografías, de su caer en los jardines,
De su deslizarse por los muros, de sus congojas.
Y la sienten hasta en la sombra del sueño
La sueñan triste y bella, la sueñan, la sueñan.

Amenaza la lluvia los rincones estériles,
la soledad de nosotros crece
como crece la gota transparente y devota.
Allí, tan parada como una máscara
la contemplo en su avance voluptuoso,
obstinada y con su vestido de gala,
dispuesta para el día de mañana,
el que ya nunca volverá a ser nuestro

Aún nos queda la noche, mi amor,
La noche y la revolución,
La revolución y nosotros.
Podemos amarnos en el dulce regazo
De una noche sin estrellas
Bajo un manto aromado de naranjos,
Con nuestros perfiles cercanos,
Las voces bajas,
Y los pies acariciados.
Nos queda la revolución
Manifestándose por el cariño,
Armados hasta de paciencia
Por no caer en la trampa
De los Cupidos de punta,
De última generación.
Podemos presentirnos
Hasta en la ausencia,
Queriéndonos nosotros dos,
En la unión callada,
En ese lugar
Que parece hallarse siempre
En otra parte.
Nosotros dos,
Las miradas y los sueños,
Los suspiros y el clamor.
Aún nos queda la noche, mi amor,
La noche y la revolución
La revolución y nosotros.

Dudé bastante antes de convencerme a mi misma
De seguir adelante con aquel cometido.
Pensé, medí opciones y valoré alternativas,
Sabía que la decisión estaba en mis manos:
Elegir entre seguir adelante
O regresar a la normalidad.
Lo segundo, quizá, sería lo más sensato.
Dejarlo todo y volver a la normalidad.
La cosa era que no sabía dónde encontrarla,
¿Dónde estaba, cuándo la perdí, qué fue de ella?
La busqué por todas partes,
En los cajones de una chiquilla idealista
Entre los pliegues de esas personas que se fueron,
A las que tanto amé y tanto me quisieron,
Aquí, junto a la familia, el trabajo, los amigos…
Me pasé noches en vela buscándola
Sin saber, si acaso, que ella existiera
…
Sí, la encontré. Allí estaba la normalidad,
Allí donde yo quería dirigir su rumbo.
Cercana, conmigo, pegada a mi piel estaba.
…
Entonces pude dar con la respuesta.

Podría ser cualquier cosa,
Recuerdos de una muestra de guiñapos
A golpes de un tic tac ido
En la casa del empeño.
Podría ser vanagloria
De una criatura borrosa
Que merodea en las ruinas
De un claustro de delirios y fracasos.
También podría ser nada,
La nostalgia que es inmóvil
La sed que no tiene eco
Los fríos de llorar ciego.
Podría ser un calmante,
Los síntomas de esos modernos fármacos
Que te hacen creer vagabundo
De los más negros suburbios
O una piraña anoréxica
O una persona solitaria.

Vosotros sí podéis entenderme,
Ya sois como mis puntos suspensivos,
El resto simplemente queda abajo
Ajeno como un péndulo sin gestos.
Vosotros sorprendéis mi cerebro,
Me echáis al aire así, desperdigada,
Sin punto de partida o de llegada.
Y sólo cuando una tormenta estalla
En noches de una tristeza azulina
Bajo llorando al mar para mutarme
En pez de los naufragios inconscientes.

Se cruza entre nosotros la médula de un tiempo sin afanes.
Se hace de noche. Se hace de noche en este astro malsano
Donde sólo habitamos el centro del conformismo
Porque la vida ya no tiene sabor, ni tampoco la lucha.
Nos han devorado el alma con tenebrosos sueños
Y es inútil tentar a la suerte de ser libres dentro de esta jaula
Donde hemos canjeado todo el viento por un puñado de raíces.
Nos queda, eso sí, mantenernos unidos, unidos pero de espaldas,
Como el bebedor a la botella, como la prostituta al chulo,
Como la víctima al verdugo, como el gusano a la carroña
En esta maldita esclavitud de último diseño,
con tus ojos en el vacío, con los míos en la sombra.

Pintura de Afredo Sincleir
Ahora sólo quiero este espacio
Contra todo tipo de soledad,
Acurrucarme en esta sombra abierta
Sin ojos para ver tanto mundo ebrio.
Ahora sólo quiero ser cabeza
Sin manos que desprendan mariposas,
Detrás de un marco de madera negra,
Haciendo la guerra mirando rosas.
El título del poema es el que da nombre a esta obra pictórica perteneciente a Basurerodetinta de la web “Mi sonrrisa sangra”.

Siempre esperando
Desde aquella adolescencia temprana
Cuando aún el sentimiento era puro,
Fresco, como la esperanza más verde.
Siempre girando
Entre tantas preguntas sin respuestas,
Con respuestas cubriendo sólo el hambre,
Sin verdad descubierta, sin fe ciega.
Con la falta de suelo,
Con la falta de aire,
Con la sobra de rejas.
Siempre con el amor convaleciente.
Siempre por los besos arrodillada.
Ahora sé que no fui por una senda
Equivocada,
Que esto no es como el mar,
Que no existe otra orilla
Donde yacen los bienes que se pierden.
Ahora ya no busco, sé que no existes.

Estuve junto a un mar que cambió de azul
A negro aceituna,
Que se agitaba y respiraba
Y se volvía a calmar.
No entiendo nada de ondas marítimas
Pero el contexto me insinuaba
Su pretensión de que evocara
Las rastras de la desidia,
Porque también odio mi poesía.
Más mi alma tuvo el deseo de no pensar.
Preferí estarme quieta. Cerré los ojos.
Me dijo de una mujer en mi sitio
De extraños cabellos blancos
Que escribía poemas
Cuando apenas articulaba dos palabras.
Ahora que lo recuerdo, estuvo bien
Que al menos por unos minutos
Ese mar me callara.
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