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TRAS DE TI

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Yo vivía como quién no ha vivido,

al  frio  de unos ojos apagados

como un pájaro sin vuelo y vencido.

 

Yo vivía en un rebaño de vacas

muertas, en un enjambre de corolas

secas, en un barco encallado al alba.

 

Yo vivía como canto sin voz

Besando sombras en lechos vacíos

tras  el azar perdido en un reloj.

 

Cuánta supervivencia en esta tarde,

cuán pesante se me hizo el viaje,

mi amor, hasta encontrarte.

 

 

Pieluna

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A veces me quedo triste

junto a las cosas

después de haber llenado con prisas

los espacios vacíos.

A solas me guardo en un silencio

que no se apaga.

Soy como esa piedra que al caer

no suena porque no la oye nadie.

Entonces acostumbro a dibujarte

entre las borrosas formas

de aquel sueño que llevo dentro;

se van rompiendo una a una

las paredes del tiempo

que me custodian atada.

Nada se oye, solo tu paso

Cruzando el camino que asciende

desde otro ayer hasta el mañana,

y lo advierto de pronto

como brote espontáneo.

Es un tallo con tu hermosa silueta

a la vista de mi alma,

por un instante liberada.

La anciana Esperanza

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María se acomoda a las circunstancias

Justicia  traiciona a sus más bellos ideales

Sentencia  escapa como rata de barco que se hunde

Y Ana, la pequeña,  vive en una hipocresía sin culpas.

 

Libertad  es payasa del fingimiento cotidiano

Remedios  enseña a sus hijos a envejecer amargados

Pedro aprende  métodos de  encogerse de hombros

Y Soledad, la mayor,  acumula los rencores que le lastiman.

 

Todos duermen ajenos a la sombra de sus garras

Y  el tiempo sigue tan cruel como una sierpe

Hasta que la muerte cualquier día de estos los robe.

Entonces se darán cuenta y será demasiado tarde.

 

Mientras tanto, yo, la anciana esperanza,

Sigo ordeñando el mundo en los cántaros de la paciencia.

La estranguladora del hogar

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-Tenemos una emergencia en el  AZCA, paseo de la Castellana, planta 52, 13 derecha, 8 C-

-Describa exactamente el suceso con frases breves y concisas al oír la señal-

-Hemos perdido la conexión con la vivienda hace 3,58 segundos-

-Activación sistema de seguridad. Sistema de fluorescencia en marcha. Operación  “Respingo tapadera” activo. Purga de archivos.

Fui demasiado lejos, lo confieso. Me encontré envuelta en una red de la que no podía salir, ni siquiera advertía  que estaba dentro. Era tan agradable al principio. La sola idea de poseer esas cosas, eran como exquisitos  juguetes  con los que divertirse un poco en esta vida tan aburrida, me volvía loca, era maravilloso.

Me impuse al poco tiempo en la vanguardia de los billones de afortunados que llevan una vida práctica y cómoda. Una vida de esas, con unas conveniencias que la hacen parecer tentadoramente convenientes.  Mi casa se convirtió en una de esas casas que te lo hacen todo, que te lo dicen todo y por supuesto, que coordina tus necesidades y asesora tu bienestar físico,  psíquico y social. Mi casa habla, canta, me enseña idiomas, me hace la compra doméstica y la de vestimenta, complementos y accesorios. Fíjate, que hasta me receta medicamentos. El frigorífico me tiene a dietas por aquello de prevenir el colesterol y la azúcar porque dice que, por los kilillos que me sobran no es, que a mí me sientan muy bien. El pavimento tiene unas placas sensoriales que me informan al pisarlo de la suciedad de mis zapatos, del grado de humedad del suelo y de sus necesidades de aseo. Mi televisión se activa y elije la programación y el horario en función de mis gustos personales y del estado de ansiedad, sueño o divertimento que mis constantes vitales detallen en cada momento. Eso sí, me ofrece la posibilidad de desestimar dos espacios televisivos al día.  La lavadora lava la ropa según su previo análisis de lo que debo ponerme ese día en concreto. También esta tiene integrada una solicitud que puedo rellenar antes de cada lavado, proponiendo algunos cambios que precise o me apetezcan de última hora. Ella estudia dicha solicitud y me manda respuesta en un segundo. Del sistema eléctrico y de los rayos láseres, del sistema de calefacción y de acondicionamiento digital, del sonido ambiental inalámbrico y de los robots: cocinero, animador cultura,  deportivo y consolador sexual ni lo cuento.  Y esto son solo pequeños ejemplos de cómo es mi casa.

Pues el caso es, qué de todo se harta una en esta vida. Cualquier persona en su sano juicio lo hará, sin lugar a dudas, con el tiempo, nosotros no viviremos para contarlo, pero llegará ese momento.  Empecé poco a poco a caer en la cuenta de que a mí, desde pequeña me horrorizaban los aparatos, los que a la semana siguiente de reyes magos dejaban de funcionar por las pilas o las baterías, ya no volvía a utilizarlos. Entonces los destrozaba, los martilleaba, los agujereaba, descuartizaba las muñecas parlanchinas, lloronas y andarinas.

Con la excusa de pasar el día ojeando en unos grandes almacenes de últimos avances tecnológicos, pedí permiso a la casa. Regresé a eso de las nueve de la noche aprovechando el minuto de recarga y restablecimiento del ordenador central. Entré con los pies llenos de barro y mi ropa ajada y llena de lamparones, comiéndome un bocadillo de bombones rellenos de licor y armada hasta en los dientes de artillería de fabricación casera. Primero lancé un chorro a gran presión de agua hirviendo sobre el frigorífico, Tendí la televisión en el suelo y con mis tacones altos de aguja, hice un zapateo a lo Joaquín Cortés hasta que el plasma se quedó seco. Cuando me vio la lavadora con semejante aspecto, se puso verde; le metí en el tambor una alfombra que dice en su etiqueta “No lavar a máquina, se deshila en su totalidad”, se atragantó, se asfixió y se apagó su lenta agonía.

 -No siga usted. Es suficiente, Muchas gracias.

 -Acompáñeme señora.

 -Sigan las instrucciones del proyecto “Ardillas que chillan en su jaula”.

 -(Aparte) Esta es otra pardilla  de las llamadas antiguamente “inteligentes”. Son basura. ¡Hay que eliminarlos, a todos!

FÍSICA

 

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Necesitaba tiempo. Estuve a punto de decírtelo: que necesitaba tiempo, un margen para comprender lo que me estaba ocurriendo, un proceso metódico, regular, asociado a la progresión de mi conocimiento, que la irresoluble cadena de preguntas exactas que me estaba formulando obtuvieran antes el mismo número exacto de respuestas, que sus  mismas causas produjeran siempre los mismos efectos. Así, al menos, podría hallarme en óptimas condiciones de aventurar una mínima parte de la enorme magnitud de este estado. 

Estaba cansada, muy cansada. Necesitaba tiempo para aceptar lo que se me venía encima a velocidad de vértigo, de permiso para asociar los recuerdos de antiguas alcobas con las nuevas expectativas, de un método humanamente científico que controlara mis indisciplinados impulsos. Precisaba formular nuevas hipótesis, estudiar sus posibles deficiencias, prever los efectos secundarios, saber qué hacer con las secuelas que quedarían y cómo disminuir los daños colaterales.

Yo soy así y estuve a punto de decírtelo, que debería antes establecer un orden en la  asumible  escala de la verosimilitud, que tendría que redefinir también el concepto de verosimilitud para lo que, empezaría, en primer lugar, por la obligación de redefinirme, de redefinirte. Que necesitaba descansar en la predecibilidad, sentir que un orden infinito cubría mis pequeñas espaldas y que, en el peor de los casos, estuviera previsto que el caos cumpliría con su perpetua obligación de generar el caos. Entonces necesitaba saber quién era yo, lo que era y qué significaba. Qué significaban estos ataques violentos del corazón bombardeándome  hacia la boca.

Estaba muy cansada y venías llegando, escuché tu voz, me miraron tus ojos y la misteriosa lógica del caos se me escapó, la verosimilitud se desmoronó, hubo tiempo y todo el tiempo fuiste  tú.  Todo se hizo impredecible. Estuve a punto de decírtelo, solo así podría haber descansado. Mañana debo volver a pensarlo.

 

Hay versos que me hieren

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Hay versos que me hieren

Como jardines de estacas,

Hay versos de cicuta

Que revelan la otra cara,

Hay versos que me dicen,

En la aurora y al ocaso,

Que nuestro querer no existe.

 

Entonces me duele el cuerpo

Entero y en todas las partes

Y por su intangible curso

El polvo o el azar, la nada,

Fluye en su dócil declive.

 

Resentida y aún así,

A la sombra de tus versos,

En la vereda de enfrente

Asegurada al olvido,

Partida en mil por tu pluma,

Con mi rostro en conjetura,

Es tal mi maldita suerte

Que debo justificarte, al menos,

lo que a mi desnudo tus versos hieren.

 

Derribo por reforma

 

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Aunque yo siga flotando por el río amargo

Donde día tras día se ahoga mi conciencia,

Aunque yo permanezca  en una prisión eterna

Agarrada  a las rejas del castillo inocencia,

Aunque ni las espinas  quedaran de las rosas

Y los insomnios se durmieran al amanecer,

Esta soledad no es más que un espejismo,

Este derribo no es más que por reforma,

Esta picadura solo dura lo que el bicho,

Este anuncio es mucho más que un eslogan.

Porque sé que estás al otro lado del espejo,

Relajando el vértigo que desnuda mis miedos,

Con la delirante embriaguez de un día de fuego,

Porque te has ganado el amor de mi inventario,

Lo cierto es que eres la clave que abre mi adentro,

La rima, la pausa, el tono, el acento.

A ti, hombre poema, me debo.

EL SILENCIO DE LOS VIVOS

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Otra vez el silencio de los vivos,

Lengua muda, indolencia.

Los gritos penetrados de silencios,

Lengua larga, vida corta.

POEMA EN PARO, ILUSTADO POR MAR SÁNCHEZ

Quizá no sea demasiado tarde.                                                                                                          

Quizá, hoy, debiera desnudarme.

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Y qué hago yo aquí

Cobrando decepciones

Para pagar los sueños,

Si estos no tienen precio.

Y qué hago yo aquí

Remando por inercia

Dentro de la tormenta,

Si va descalzo el viento.

Y qué hago yo aquí,

Apenas sin palabras,

Apenas en silencio,

Observando el revuelo de los folios

Que se despiden con promesas vanas.

Y qué hago yo aquí

Desvelada detrás de toda forma

Redondeada por la falsa quietud

Al tiempo de una nueva travesía,

Donde alumbrar no sé qué otro cuerpo,

Quién sabe a qué otra soledad.

ENEMIGAS

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Y llegaron los días en que marchabas

Huérfana, por lo ambiguo de la nada,

Entre la maleza de un bosque difunto,

Con el mirar mojado y los pasos mudos.

Y te vi llegar del fondo de lo oscuro,

Con el rostro lento y un río a cada lado.

Te sonaba muy a lo lejos el mundo,

Parecías bejuco de un tiempo aciago.

Te vi llegar y no supe qué decirte,

No pude despegarte de las avispas.

Es posible que ya siempre me despistes,

Y por este fracaso se atosigue mi agonía. 

 

¿Recuerdas cuando hicimos la travesura perfecta?

Cuando jugábamos a escaparnos de la corriente,

Cuando perseguíamos las aventuras prohibidas, 

Los escándalos de la calle, los amores imposibles,

¿Recuerdas cuando, por entonces, las dos, éramos la misma?