“Muchísimo”, en el inglés de Eva: A lot of very very.
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Si existe un idioma gatuno yo lo hablo. O al menos lo entiendo. Sé distinguir perfectamente el maullido de mi gata Nana cuando me dice “Hola” o “Cuánto habéis tardado” o “Quiero comer” o “Vamos a jugar a algo”. No es lenguaje articulado pero no es menos complejo ni menos emocional. No tengo que añadir que Nana es en mi vida una presencia indispensable y alguien a quien profeso verdadero amor.
Hace poco me preguntaron en una entrevista si prefería los animales a las personas. No llego a tanto. Pero si me preguntan si la vida de Nana vale más que la de algún ser humano, mi respuesta, sin duda, es sí. Ante un asesino despiadado, alguien que sólo ha venido al mundo a causar dolor, ¿no vale más la vida de un animal que sólo ha venido al mundo a procurar y procurarse placer, a ser feliz y hacer felices a cuantos le rodean?
Ya sé cómo suena esto. Yo mismo me he escandalizado cuando he escuchado a un antitaurino radical alegrarse de que el toro ganara la partida y se cargase al torero. Pero también sé que algunos animales son capaces de entregar más humanidad que muchos humanos. Y que hay demasiados humanos que simplemente son unos animales que carecen de humanidad. Llamamos “animal” a la persona cruel y agresiva. Qué arrogancia la nuestra. Los únicos animales que conozco –en el sentido feo y malo y chungo de la palabra- andan a dos patas y hasta llevan traje.
(Columna publicada en El Independiente)
Una gran canción, bastante desconocida, del gran Serrat. La protagonista de la canción era una mujer hermosa y culta, militante del movimiento Montoneros, que fue muy amiga de Serrat y de Paco de Lucía y otros artistas. La dictadura argentina la hizo desaparecer, como a tantos. Y la Iglesia inclinaba la testuz y decía: sí, sí, sí…
Pienses como pienses, disfruta la canción. “Con esas manos de quererte tanto..”.
Vaya con los franceses. La nación más liberal de la tierra, la que alumbró los derechos del hombre, la que acogía a los refugiados de medio mundo. Y llega la ley del matrimonio homosexual y adiós a todo su prestigio. No sólo le lleva diez años de retraso a la retrograda España (y a Argentina y a Portugal y a Sudáfrica…) sino que le está costando más que a nadie: las manifestaciones en contra son multitudinarias, se han producido agresiones, ha habido amenazas de muerte a diputados… En España, en su día, Facheti también salió a la calle pero con menos humos. Y hasta nos echamos unas risas oyendo las quejas de las madres de familias numerosas. Bueno, bromeaba: lo cierto es que nuestros obispos y nuestra derecha también dieron la tabarra cosa fina.
En cualquier caso, no sé por qué se esfuerzan tanto Brijite Bargot y sus secuaces. Sólo tienen que mirar a su vecino del sur para ver que el mundo no va a desaparecer y que lo único que van a conseguir es que sus nietos se avergüencen de lo carcas que eran sus abuelos. Mientras tanto yo me quedo con la famosa foto de las dos chicas besándose ante los manifestantes anti-gay en Marsella, rodeadas de rostros congestionados de indignación. No eran lesbianas, sólo dos amigas que quisieron protestar a su modo, espontáneamente, contra la intolerancia. Chapeau! Esa es la Francia que yo admiro.
Durante varios años, a mediados de los 90, salir la noche de los viernes, y en otras muchas ocasiones, con Carmen Vilar y Francisco Alba (y con Silvia Ugidos y Xuan Bello y Pelayo Fueyo) fue una grata rutina amical que sucedía después de las implacables e iluminadoras sesiones de la tertulia Óliver. En esas noches hablábamos de todo, discutíamos de todo (a veces hasta enfadarnos) y disfrutábamos de todo. Surgieron poemas, hubo fotos hermosas y, en definitiva, fuimos creciendo juntos. Tengo esos poemas y esas fotos en la retina.
Hoy me entero de la muerte de Carmen en un accidente terrible, y vuelvo a examinar esos recuerdos y sólo puedo verla sonriendo. No la veo nunca enfadada o innecesariamente seria. Y recuerdo que tenía una de las voces más bonitas que he escuchado, y que ella era físicamente muy hermosa. Y que era tolerante (a mí me perdonó muchas impertinencias), muy inteligente y una gran artista (retrató magistralmente a todos los miembros de Óliver alineados en un friso, con atuendo romano y sosteniendo objetos alegóricos). Luego pasaron los años, los cambios, la distancia, todo eso… Y ya nos vimos muy poco. Con Paco hablaba a veces en su blog y, naturalmente, leía sus libros. Con Carmen hacía ahora algún tiempo que no coincidía.
Y me acabo de enterar y estoy en ese momento de incredulidad, porque aún puedo oir su voz musical y siento el desperdicio de habernos alejado. Ojalá pudiera volver a los días de una foto que recuerdo especialmente en la que estamos en la barra de un bar, jóvenes y resueltos y bellos y sonrientes e ignorantes de que la Mala ya nos estaba mirando. Pero nadie desaparece del todo. No mientras tengamos memoria.
Ahora mi sentimiento está con Paco y ojalá te llegue en algún momento el significado de estas palabras. Os he querido a los dos, mucho más de lo que he demostrado con mi torpeza, y os seguiré queriendo. Ojalá os haya merecido alguna vez. Ojalá estés bien.
Manuel Rico
Fugitiva ciudad
Hiperión. 96 páginas.
José Luis Piquero
La ciudad del título de este nuevo poemario de Manuel Rico (Madrid, 1952) no es una sino varias (Barcelona, Madrid, Roma, Viena, Varsovia…), o quizá una ciudad múltiple e imaginaria, creada mediante la superposición de todas ellas. Es también, quizá por eso, la ciudad de la memoria –una ciudad a un tiempo real y simbólica-, en donde transcurren los noviazgos de juventud, las primeras impresiones, la preparación para la orfandad. Y es, finalmente, la ciudad actual del amor consolidado, del compromiso cívico, de las lecturas, de las hipotecas, de la definitiva partida de los amigos.
En este escenario urbano, que abarca los barrios, los polígonos industriales, los trenes y los hipermercados, se proyecta una experiencia que es tanto personal como colectiva, a la vez pretérita y presente: las manifestaciones contra la guerra de Irak traen el recuerdo de Vietnam; los McDonald’s son la prolongación de los “bares del miedo” de antaño, que olían a humo y a coñac Veterano; los seres perdidos que hoy viajan en autobús antes lo hacían en tranvía; los novios se olvidan la bufanda en el cine, y no se sabe si fue entonces o es ahora.
Esa experiencia también es la de la literatura y el arte. Recorren estas páginas los nombres de Eliot, Munch, Pavese, Machado, Rimbaud, Sharon Olds…, sin que el resultado sea un alarde culturalista; antes bien, la natural apropiación de una herencia de cultura que se funde más adelante con el legado amical en varios homenajes a escritores cercanos (Vázquez Montalbán, Dulce Chacón, Diego Jesús Jiménez, Juan Gelman) y que desemboca en la nostalgia de hitos no vividos personalmente (los encuentros de Formentor, en 1959) pero asimilados también como propios en virtud de los derechos del lector, del hombre de literatura.
Este aire de gran puzle de la memoria sentimental, geográfica, social y libresca constituye el gran encanto y la fuerza esencial del libro, que yuxtapone épocas, usos y personajes y encuentra que la zozobra y las inquietudes y la plenitud son siempre las mismas para todos los seres humanos. Sabedor de ello, “el muchacho ya viejo que amó las periferias / urbanas y mortales, intentando atrapar / la sombra de un poema” tiene para todos una mirada tolerante, una palabra compasiva, sin que en ningún momento los poemas abandonen su fondo intimista y casi confidencial. No son estos poemas sociales: son poemas humanistas.
En la suma del autorretrato confesional, la crónica colectiva y el ejercicio memorialístico, lo reflexivo se impone en Fugitiva ciudad a lo elegíaco, pues el pasado es un punto de partida y no sólo la patria de la melancolía y la nostalgia (“Decir que hemos amado en el origen [...] es decir que amaremos en el tránsito / del siglo XXI”). José Manuel Caballero Bonald ha resaltado en la obra de Rico su “manifiesta proximidad con la historia vivida o que estamos viviendo”. Hablamos, por tanto, del presente inmediato, y los poemas de Fugitiva ciudad se esfuerzan en esclarecerlo mirando lúcidamente hacia atrás para seguir mirando hacia adelante. Una poesía atenta a las vibraciones interiores y sensible al ruido del mundo, y que consigue ser emocionante sin incurrir en énfasis innecesarios.
(Reseña publicada en El Cuaderno)
Esta entrada en el blog de Enrique García-Máiquez me ha hecho recordar un poema que apareció en mi libro El fin de semana perdido y que creo que en su momento algunos lectores no entendieron. Es el lamento de un niño que nunca fue concebido y que ya no lo será, pues la pareja se ha separado. Este tema, “el hijo que no tuvimos”, casi es un subgénero poético. Y a los ejemplos que cita Enrique yo añadiría uno excepcional: “Prayer before birth”, de Louis McNeice. De momento os dejo el mío (y más adelante quizá me decida a hacer una versión española del poema de McNeice).
Mi poema, el-ausente1 (Si no se puede descargar, pero creo que sí, podéis encontrarlo en la pestaña de Poemas).
“Sueño de barrilete”, un tango de Susana Rinaldi
Publicado el 24/Abril/2013 en Música. 0 comentarios(Un par de apreciaciones lingüísticas para que se entienda la canción: un “barrilete” es una cometa, el ”piolín” es el hilo de la cometa y un ”purrete” es un niño).
Dicho esto, tenía yo quizá 13 años cuando escuché a la inmensa y desaforada Susana Rinaldi cantando “Sueño de barrilete”, y ya no pude olvidarla. Tal vez ella estaba aún en el exilio, expulsada de su país por los enemigos de la felicidad. Y yo puede que empezara entonces a rumiar mi eterno malestar, esa desazón que aún no sabía que no terminaría nunca. Ya sospechaba que la vida era algo más que “un simple plato de comida”.
Aquí os dejo este envenenado regalo, con esas palabras de aflicción que no me queda más remedio que aplicarme y vosotros aplicaros: “Hice versos olvidando / que la vida es sólo prosa dolorida / que va ahogando lo mejor / y abriendo herida. ¡Ay, la vida!”.
Handle with care, my friends:
“Cuaderno Ático”, nueva revista de poesía
Publicado el 23/Abril/2013 en General y Lecturas. 3 comentariosYa está disponible el primer número de la revista en la red Cuaderno Ático, que ha puesto en marcha Juan Manuel Macías. Creo que os va a gustar mucho. Gran nómina de colaboradores, con una excepción. Podéis descargarla gratuitamente en PDF y por otros medios aquí.
Después de un día extraño, una pequeña aventura. Me encontré a mi amigo Dominic, el excéntrico escocés que regenta un rancho de caballos entre Lepe y La Antilla. Uno de los caballos se había escapado, lo tenía recogido un hombre en su finca y había que ir a por él. Pero Dominic había perdido su agenda del móvil y no podía localizar a ninguno de sus trabajadores. Así que, como es lógico, me ofrecí a ayudarle, entre otras cosas como traductor, pues Dominic sigue sin hablar español. Dejé mi coche en el rancho y nos fuimos ambos en su Jaguar (que no es el de la foto, naturalmente) a la finca del hombre.
Este, lo primero que preguntó, para asegurarse de que el caballo era de Dominic, era si se trataba de un alazán. Menos mal que uno tiene lecturas. Sí, ese, un alazán. Ahora el problema era que alguien tenía que llevar el Jaguar mientras el otro se hacía cargo del caballo, que además había perdido una herradura. Y como se vio enseguida que el caballo no me tenía mucho respeto, Dominic llevó el caballo y yo el Jaguar. En mi vida había conducido un deportivo automático y con el volante a la derecha, y menos por un camino de cabras, entre los arbustos, monte a través. Ya sé lo que estáis pensando, lo mismo que comentó el hombre: “Es un coche muy bonito pero no para el campo”. Aunque todo es ponerse, y tanto el caballo como el coche llegaron sanos y salvos. Y yo me volví a casa a escribir mi columna para El Independiente. Esto es lo que llama “aventura” un maldito poeta de ciudad.
Peor hubiera sido tener que hacerlo con el otro coche de Dominic, que podéis ver en la foto. Por cierto, lo creáis o no, funciona.
Detesto los linchamientos, me da pavor la masa enforvorizada pidiendo sangre (o tirándole del pelo a la Pantoja, pongamos por caso). Ahora bien, no es eso lo que veo en los escraches. Veo un movimiento de protesta pacífico que lanza sus consignas y señala a los responsables de que ciertas cosas ocurran. Lo que no entiendo es que no extiendan esas protestas a los directivos de los bancos.
No se ejerce violencia ni coacción. Y si en algún momento se produce violencia física seré el primero en desdecirme y denunciarlo. De momento, la verdadera violencia es la que se ejerce contra los ciudadanos cuando se les recortan sus derechos, se les echa de sus casas y se les empobrece hasta más allá del límite de lo soportable. Eso sí es coacción y violencia. Y así las cosas, ¿qué se esperaban? ¿Que la gente dijera amén y se callara la boca y se fueran a su casa (cuando la tienen) y aquí no ha pasado nada? Bastante pacífico y sereno es el movimiento. Si a mí me quita la casa el banco que yo he ayudado a rescatar creo que directamente quemaría la sede. Así que los políticos que han colaborado en esa trapisonda que se aguanten. Sólo tienen que oir los gritos de los justamente indignados. Va con el cargo.
Si la democracia sólo es votar cada cuatro años entonces yo me bajo. Porque no es democrático llegar al poder con un programa electoral y luego incumplirlo y hacer exactamente lo contrario de lo que se prometía. Eso es un fraude de ley. Y encima tenemos que callarnos. Y escuchar a ese ser, Cospedal, decir que somos nazis. Lo mínimo es que escuchen las voces de los ciudadanos, de sus víctimas. Cospedal y otros como ella tendrían que verse expulsados de su casa con sus hijos de la mano, para que comprendieran. Cospedal no es nazi: es una burguesita jugando a remediar. Ojalá remediase algo, para variar.
Escraches violentos, de momento sólo conozco los de la caverna contra las clínicas abortistas.
La ley de vivienda del gobierno andaluz, diseñada plenamente por Izquierda Unida, es una de las leyes más avanzadas socialmente que hayamos visto en este país en años; quizá (o seguro) la más avanzada desde la aprobación del matrimonio homosexual. Por fin un gobierno legisla para el ciudadano de a pie y contra el contubernio mercantil. El PSOE se ha apresurado a apropiarse la idea (bien me parece) y el PP y la caverna mediática a lapidarla. Ladran, luego cabalgamos.
Ahora que es cada vez más plausible un gobierno de Izquierda Unida en España (estamos a unos 7 puntos del PSOE y a muy poco más del PP) conviene tener en cuenta que por ahí van a ir los tiros: leyes sociales, para el ciudadano, pragmáticas, que aportan soluciones. Lo que no soporta la derecha es que la ley, además de justa, es impecable, es inteligente, no hay por donde atacarla. Es lo que hubiera pensado cualquier gobernante que realmente tuviera en la cabeza el bienestar de los ciudadanos. Sólo que hacía falta coraje para hacer política desde la democracia y desde los principios. Yo, que soy tan crítico con mi propio partido (y lo seguiré siendo), estoy hoy más orgulloso que nunca del grupo del que formo parte. Qué grande, Elena Cortés.
……….
Con el sol entrando por la ventana de mi despacho (debo empezar a llamar a mi despacho de otra manera: me suena a bufete de abogados), escucho cosas dispersas: Serrat, Los Piratas, Lori Meyers, la banda sonora de Godspell, Marilyn Manson… Imaginaos el tremendo cacao mental. De Los Piratas me recreo en dos o tres canciones, como “Años 80”, en la que mencionan a Lori Meyers, por cierto. Yo conocí a los integrantes de Lori Meyers, porque les dieron el Premio Ojo Crítico en la categoría de pop/rock el año en que me lo dieron a mí en poesía. No llegaron a tiempo a la comida que nos ofrecieron en Radio Nacional de España pero nos encontramos más tarde. “El aprendiz” o “Castillos de naipes” (“Qué me pueden ofrecer / que mitigue este dolor que llevo dentro”) son piedras de toque. De Los Piratas o de Iván Ferreiro es difícil escoger: “Magia” habla de algunas cosas importantes de nuestra vida. En realidad, todas las canciones hablan de nuestras vidas, por eso las escuchamos. Igual que leemos poemas.
No todas las canciones ni todos los poemas.
……….
Tardíamente, porque era mi espacio natural desde hace mucho, me he hecho miembro del Círculo Escéptico. A nivel práctico no supone nada: pagaré la cuota y ya está. Pero yo necesitaba dar ese paso y mojarme por aquello en lo que creo: una sociedad de ciudadanos libres, racionales, humanistas, pensantes, no sujetos a las hipotecas de la superstición; pero tampoco exentos de sentido poético (y de sentido del humor).
Todo escéptico empieza siendo un creyente. Hasta que descubre que lo más fascinante de los misterios es mirarlos por dentro. Como un niño curioso destripando un juguete.
……….
Los escritores, además de no sonreir nunca en sus fotos, para parecer pensativos y atormentados, suelen posar de lobos solitarios. Compruebo en cambio que yo soy gregario, miembro de diversas cofradías. Bueno, pues ya soy miembro de otra secta más. Y sí, digo secta, porque, como decían Les Luthiers en uno de sus hilarantes espectáculos, antes estuve en otras cinco, así que esta es “la secta”.
Juás!
Quizá lo más indignante de esta crisis en la que hay tantos motivos de indignación sea el hecho de que la venta de artículos de lujo (coches, yates, joyas…) haya aumentado estos últimos años de forma espectacular. Y es que eso significa que alguien se está forrando a nuestra costa, que alguien se frota las manos con cada nuevo dato económico negativo, que alguien ha encontrado la forma de sacar tajada al sufrimiento de tantos. A ver, no me he caído de un guindo: ya lo sabía. Pero el quid de la cuestión son los propios artículos de lujo, que evocan ostentación, exhibición, arrogancia. Es decir: os estoy estafando, me estoy forrando a vuestra costa, pero además quiero que lo sepáis, quiero que se note, quiero que me luzca, quiero humillaros.
De acuerdo: los ricos siempre han actuado igual. Pero no me creo que ahora no haya un plus de regodeo, de autoafirmación, de jactancia salvífica: este yate no es sólo un yate; es la prueba tangible de que yo no caeré, de que he sobrevivido al caos, de que soy inmortal.
Y sé que es así porque yo siento lo mismo. Cada vez que abono cumplidamente las exorbitantes cifras que me cuestan los artículos de lujo que consumo, vengo a decirme más o menos las mismas palabras: soy un crack, soy una máquina, me como el mundo. ¿Que qué artículos de lujo son esos? La luz, el agua, el gas, el pan…
(Columna publicada en El Independiente)
“El don de Alba” y la desvergüenza
Publicado el 9/Abril/2013 en Pseudociencias y pensamiento crítico. 13 comentariosLo único que se salva de El don de Alba es la hermosísima Patricia Montero. El resto es mera copia de otra serie americana, Entre fantasmas, con unos cuantos litros más de sensiblería pegajosa. Pero el problema no es la serie. De hecho, me gustan las películas tipo El sexto sentido o Los otros. Y hasta The walking dead. Me gusta el cine de terror. (Si bien El don de Alba entra más bien en el género de la comedia).
El problema es el debate que Tele 5 montó antes y después. Reunió a una buena colección de magufos (entre ellos dos de los reyes del periodismo basura esotérico, Iker Jiménez y Enrique de Vicente) y trató de colar la idea de que los fantasmas existen y son más cotidianos que las ruedas de prensa de Mariano Rajoy (bueno, esto no es difícil). Se contaron todo tipo de historias macabras de a peseta el kilo, se insultó a la inteligencia del ser humano (aunque me imaginé a la horda de ingenuos que lo estarían viendo temblando de miedo y credulidad) y, en definitiva, volvió a ensuciarse la televisión con la patraña, la superchería y la estupidez. Ana Rosa Quintana hizo el más espantoso de los ridículos comandando esa barraca de feria y haciendo preguntas tipo: “Esos fantasmas, ¿saben que están muertos?”, a lo que la médium-estafadora (valga la redundancia) de turno (que se trata con espíritus todos los días) respondió: “Unos sí y otros no”. A partir de ahí hasta mis ganas de echarme unas risas se disiparon y apagué la tele.
Los fantasmas tienen los mismos visos de realidad que los ovnis o el chupacabras; jode decir obviedades. No son creencias muy distintas de aquellas de otros tiempos sobre brujas voladoras, hadas y gnomos. Sólo que ahora se supone que tenemos cultura y educación para discernir. Es mucho suponer. Ahora bien, no me asombra que la gente se trague hasta reventar cualquier memez. Lo veo a diario. Pero me indigna que grandes medios de comunicación jueguen a eso sin ningún escrúpulo, engañando al personal para llenarse los bolsillos. Es muy propio de Tele 5, que jamás ha dejado de hozar en cualquier pocilga que haya tenido a mano. ¿Que todas estas supersticiones son inocentes, puro entretenimiento? Vayan a decírselo a los que se arruinan yendo a que les lean el tarot, los que se dejan atrapar por sectas espiritistas o ufológicas o a los que arriesgan su salud con terapias alternativas y falsas. Porque todo es el mismo tingladillo.
Otra contribución, en fin, al emburrecimiento general, un episodio más de la televisión nefasta que padecemos.
Tras negarme a hacerle las cosquillas a las que es adicta: “Abrigas una jartá de poco”.
Prosiguen mis frívolas crónicas isleñas. Pero no son frívolas: son hedonistas. Después de la maligna Semana Santa, se necesitaban ocasiones de gozo y felicidad.
Teníamos ganas de ir a Las Cañas, el espacio de arte y asociación gastronómica de Isla Cristina que mencionaba hace un par de posts. Y hemos ido por partida doble. Anteayer, Dominic (ya sabéis, mi extraño, extraño, extraño amigo escocés) celebraba su cumpleaños y nos invitó a comer allí a unos cuantos amigos, un pequeño grupo, casi todos ingleses y alemanes (la fauna de residentes habituales de mi isla suele ser bastante internacional), con los cuales quedamos de vez en cuando, gente culta, divertida e interesante. Me gusta enumerar gozosamente los nombres: Andy y Adriana, Werner, Fran y Carlos, Sam y Mariví, la novia de Dominic, preñadísima del futuro… ¿Leonard? ¿David…?
El lugar es fantástico, increíble, la comida excelente (una paella preparada por un valenciano, así que no hay que decir más) y el vino insuperable. Y la compañía. Un día feliz. (La exposición del momento, por cierto, fotografías de Alicia Romano, que también suele andar por aquí). En Las Cañas se come por previo encargo, y estábamos solos en el pequeño comedor. Era inmensamente agradable, antes de comer, sentarte en un sofá del patio con tu copa en la mano, el sol cayendo y la piscina emitiendo su resplandor azulado. Una suerte de absolución. Podía uno creer, por un momento, que no moriría, que ese momento duraría para siempre. Y pasó.
No hay nada más efímero que la inmortalidad.
Pero es que al día siguiente, ayer, fuimos con Mariví a Ayamonte para una enojosa tarea. Y como se echó encima la hora de la comida, Dominic se empeñó en volver a comer en Las Cañas, e invitar de paso a una pareja que se quedó descolgada de la celebración del día anterior: Mónica y Nicolai, dos artistas canadienses que viven también en esta comarca y a los que no conocíamos antes de este día. Nos enamoramos perdidamente de Mónica. Total, que llevamos dos días entregados a los placeres, como si fuéramos esclavos huidos de la siniestra plantación de la crisis. Y ahora debería entrar en detalles de todo lo que se habló, para poner nervioso a Sir Dominic. Pero no lo haré.
Bebimos por la juventud, que ya pasó, y por la bonheur, que nunca pasa.
Seguro que hay una estúpida razón por la cual una película excelentemente doblada vuelve a doblarse con mediocridad. Hay varias que yo ya me niego a ver si vienen con el doblaje nuevo. Por ejemplo, Tiburón. Por ejemplo, Dublineses.
La razón yo creo que es muy española: ¿se hizo bien? Vamos a hacerlo peor. Nos molesta lo bien hecho.
He citado dos películas (podía citar más) en las que tenía un papel importante Arsenio Corsellas, seguramente la mayor figura del doblaje español y sin duda la mejor voz. Ambas se han vuelto a doblar y las han estropeado. Es totalmente absurdo intentar oír el monólogo de Quint sobre el Indianápolis, en Tiburón, en el absurdo nuevo doblaje. Simplemente, es mejor no ver la película.
Bien, me gustaría, deseo, necesito, ansío, una copia de Dublineses en su doblaje original. Hace tiempo me la proporcionó mi amigo José Havel en vídeo VHS, y le guardo eterno agradecimiento: casi nadie se toma molestias hoy en día y él lo hizo por simple generosidad.
Pero ya ni eso puedo reproducir: mi vídeo VHS se murió y no sé ni dónde ir a repararlo. Y en internet no aparece.
Ojalá alguien me la proporcione por puro amor al arte. Si no, estoy dispuesto a pagar, y eso que soy más pobre que las ratas de Dublín.
Total: necesito, me va la vida en ello, una copia de Dublineses con el doblaje español original, en un formato digital o DVD.
Se gratificará. (Es en serio, pago por transferencia). Pero ha de ser la versión del primer doblaje.
No obstante, entregamos la bomba (Quint-Corsellas dixit).
En 1997 me embarqué en Asturias en un proyecto periodístico por el que nadie daba un duro. Era un semanario, se llamaba Les Noticies y reunía a un pequeño grupo de profesionales del periodismo que queríamos hacer prensa de una manera diferente. Las previsiones más optimistas (las nuestras) nos daban dos meses. Duró quince años. E hizo historia.
La aventura de Les Noticies y mi experiencia en él (lo dejé voluntariamente en 2005 para venirme a vivir a Andalucía) daría para un libro que algún día se escribirá. Era un periódico de periodistas y de poetas. Funcionó, generó empleo estable, dio origen a grandes debates y cohesionó el proyecto cultural asturianista. Toda una generación de la cultura asturiana (y hasta nacional) se alimentó de Les Noticies y tuvo allí su plataforma.
Ahora me he embarcado en otro proyecto no muy distinto. Esta vez no estaré en plantilla (hace tiempo que me reciclé y tengo otra profesión, aunque una vez que eres periodista es para toda la vida) pero sí participaré como columnista. Se trata de El Independiente de Cádiz y creo que este nuevo medio se va a hacer oir, porque tiene vocación de trascender su ámbito geográfico. Yo apuesto por ello y tengo ilusión. Aquí podréis saber más. En lo que me toca, iré colgando mis columnas en el blog (una vez publicadas en el periódico, claro).
……….
Desde hoy los días crecen. Empieza mi estación favorita, la primavera, aunque hoy se haya puesto de largo con un día más bien gris. Ayer sábado en cambio, pese a las agoreras previsiones, tuvimos un gran día de sol. El telediario se equivoca bastante con esta isla. Y hemos compartido unos vinos con Dominic, mi extraño, extraño, extraño, extraño amigo escocés, y hecho planes para una próxima visita a cierto centro cultural que comandan otros amigos, Miguel Ángel Concepción y Rocío Zarandieta, y que mezcla el arte y la gastronomía.
Me gusta tener amigos extraños. Me gusta tenerlos al sol. Me gusta que se aleje el invierno. Me gusta que los días sean laaaargos. Ya será más larga la oscura muerte.
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Leo que se ha editado en España la poesía completa de Anne Sexton, una de mis poetas favoritas (y de Eva, que encontró en ella, dice, un alma gemela). Casi no puedo esperar a tener un ejemplar entre mis garras pecadoras.
Y lo comento para borrar parte del mensaje en su versión anterior. No valía la pena. Aquellos que han decidido verte desde su prejuicio inicial jamás te verán tal y como eres. No se tomarán la molestia de discernir. Y al final: a mí qué me importa.
Empieza a ser una tradición personal recordar cada año lo que pienso de la Semana Santa, y aquí va: http://minombre.es/joseluispiquero/2008/03/27/adieu-semana-santa/ . Y eso porque si ellos se creen con derecho a invadir mi existencia cotidiana (y lo hacen) con sus sórdidos ritos, yo defiendo mi derecho a quejarme y discrepar, incluso con acritud. Ayer, zapeando, me encontré con la imagen de un Cristo doliente y ensangrentado y el himno nacional de fondo, tocado con horrorosos cornetines. Casi daban ganas de gritar: ¡Arriba España! Y hoy, mientras caminaba por las calles de Huelva, me di de bruces, a la entrada de una tienda, con un ser que se probaba un capirote morado, acompañado por su sastre o similar. Parecía un auto de fe de andar por casa, una cosa siniestra y fea y ligeramente ridícula. Pero, en fin, lo que pienso de estas costumbres ya está dicho en el link. Afortunadamente, la carraca de la Semana Santa llega… y pasa.
……….
Hubo un tiempo en que podía recitar La tierra baldía en inglés y en español. El poema entero. Hoy me han pedido la referencia de un verso (lo citaba en una reseña) y he anotado parte de la estrofa sin consultar el libro. Curioso que lo siga recordando de memoria. Lástima que ya no pueda recitar todo el poema. Pero mejor: así puedo releerlo.
Me fue trabajando el olvido.
……….
Esta mañana di en encontrarme en una terraza de La Antilla con unos de Gijón. Vociferaron su conformidad con el buen tiempo y el pescaíto frito. Yo sentí una punzada de desagrado, como si me ofendiera que se quedaran con lo superficial, que sólo vieran eso de mi patria adoptiva. Me reconocí un prurito de propietario, de aborigen, de enemigo del intruso temporal. A lo mejor el nacionalismo también empieza así, con esa marcación del nosotros, que poseemos las esencias, y el ellos, que invaden y no comprenden y sólo consumen. Que fueran asturianos que no tenían la menor traza del idioma asturiano sólo lo empeoró. Me salía el otro aborigen.
Y como conozco desde dentro algún nacionalismo, sé que empieza así: No has comprendido nada. No sabes lo que yo sé. Yo sé algo muy importante de lo que tú no tienes ni idea. Son claves secretas, sentimentales, esenciales, profundas. Se remontan a mi abuelo y al abuelo de mi abuelo. Yo sé un secreto. Tú no. Yo soy distinto. Yo soy mejor que tú…
Por ese camino hemos llegado a donde hemos llegado: demasiado aborigen.
……….
Como leo la prensa por internet, he perdido la sana costumbre del telediario; ya no lo necesito. Todos los días me leo de pe a pa El País, El Mundo, el ABC, La Razón y La Vanguardia. También Público y La Gaceta. Pero me he hecho adicto al mejor telediario de la televisión española: “El Intermedio”. Ahora que la TDT Party nos invade, “El Intermedio” es el único remanso de agudeza, humor, mordiente, independencia y lucidez que nos queda. Me declaro fan acérrimo del Gran Wyoming y sus colaboradores, los cuales, así como que no quiere la cosa, han tomado el relevo del periodismo crítico y están haciendo el mejor periodismo de investigación de la televisión española, revestido de humor “casual” e incisivamente atrevido. Que no nos falte.
Su parodia de la Semana Santa, paseando a San Luis Barcenas, nos absuelve de la cruda Semana Santa. Gracias también por eso, muy sinceras.
No había querido colgar la entrevista hasta ahora porque detesto los blogs yo-yo-yo-yo-qué-guay-soy, y con lo del crucigrama ya había cubierto mi cupo ego-bizarro. Pero, bueno, como es para que os riais un poco de mí, está bien. Obviamente, yo no podía contestar con la misma extensión de Truman Capote porque se nos pedía brevedad. Si no… ¡oh, qué cosas más gloriosas hubiera dicho!
De paso, conocéis el blog del poeta Toni Montesinos, que está más que bien.
http://almaenlaspalabras.blogspot.com.es/2013/02/entrevista-capotiana-jose-luis-piquero.html
Normas de uso del revolucionario producto JLP (al increíble precio que aparece en pantalla)
Publicado el 21/Marzo/2013 en General. 5 comentariosSigo regularmente más de cuarenta blogs, casi todos literarios. No, no me paso las horas en internet: uso el Reader, que me avisa cuándo alguno se actualiza; y ni siquiera tengo que entrar directamente en los blogs, porque los leo en el propio Reader. Y ahora Google amenaza con cerrar Reader, porque “no hay suficientes usuarios”. Me pregunto qué voy a hacer ahora, porque no me veo entrando diariamente en los cuarenta y pico blogs que me interesan a ver si han colgado algo nuevo. Se admiten ideas. No vale lo de suscribirse a los blogs, porque algunos no admiten suscripción.
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Hoy he leído una novela (El adversario, de Emmanuel Carrère, traducido por Jaime Zulaika), he reseñado un libro de poemas (Fugitiva ciudad, de Manuel Rico) y he visto una película (Los niños del coro, de Cristophe Barratier). El adversario era relectura. Hacía años que no la tenía porque se la presté a alguien que no me la devolvió. Eso me recuerda que debo hacer un esfuerzo de información sobre las normas básicas de uso del producto JLP: no presto libros, no leo manuscritos inéditos, no me gusta hablar por teléfono más de dos minutos seguidos, no hago intermediación con editores. Sí, ya sé que las incumplo a menudo, pero es muy a mi pesar y violentándome. Nunca he aprendido a decir la palabra mágica: No.
La consecuencia de lo primero son docenas de libros estupendos que he perdido a lo largo de mi vida, porque la regla de oro del que toma prestado un libro es no devolverlo. A este respecto siempre digo lo que Robert Redford en Memorias de África, cuando afirmaba que no sé quién no le había devuelto un libro y que, por tanto, para él estaba acabado como amigo. Su compadre le decía: “Hombre, no irás a perder un amigo por un libro”. Y Robert contestaba: “Yo no. Él sí”.
De lo segundo no hay que decir nada, si partimos del hecho de que la mayoría de los que te envían su documento de Word creen encima estar haciéndote un gran honor. Suponen que para uno es el súmmum, y te largan su mamotreto de 250 páginas con la inevitable fórmula mágica: “No hay prisa”, la cual traducida significa: “Estoy esperando ¡ya!”. Y tú tienes que dejar lo que estás haciendo (y con lo cual te ganas la vida o bien es tu escaso tiempo libre) para dedicarlo a leer y leer en la pantalla del ordenador. Y luego opinar. Y preferiblemente opinar bien; porque si opinar bien no te será agradecido, no te digo nada de opinar mal.
De lo tercero, soy muy partidario de las ventajas del teléfono. Pero hay gente que encuentra muy agradable charlar por teléfono. Y charlar significa charlar largamente. Yo no. Si hay cosas importantes que decir, para eso está el correo electrónico, donde puede uno explayarse y entrar en detalles. De todos modos, mi capacidad de atención al teléfono empieza a dispersarse a partir del segundo minuto, aunque mi interlocutor sea la persona más interesante del universo, con lo cual es un esfuerzo inútil por su parte.
Y, finalmente, hay gente que piensa que tengo maravillosos contactos en el mundo editorial y que seré su puerta a la publicación aquí o allá. Lo cierto es que no es así y que además detesto ese tufillo a amistad interesada que me obliga cariñosamente a tocar ciertas teclas.
Estas normas, que conforman categorías distintas, las he incumplido sistemáticamente en muchos momentos. Ya es hora de empezar a ser más decisivo, por bien de la amistad, de mi salud mental y del orden de las cosas.
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Por cuestiones laborales de Eva, me he quedado solo un par de días. A uno le gusta a veces estar a sus anchas. Como he dicho, he leído, he escrito, he visto películas, he tomado el sol…
Nada que no haga acompañado. Haciendo abstracción de la pobreza, ya hago siempre lo que me da la gana. No me gusta estar solo.
Me lo perdí por no ser aficionado a los crucigramas (y además ese día no compré el periódico). Mi amigo Juan me avisa de que en el último suplemento dominical de El País, en el Damero Maldito, usaban un poema mío, concretamente “Cuatro”. Creo que es el sitio más extraño en el que haya aparecido alguno de mis poemas (y, por cierto, el padre de Juan lo resolvió).
Pasto de crucigramas… Alas, my Lord!
No me gusta ni un pelo el nuevo Papa. Su papel durante la dictadura parece, como mínimo, ambiguo, tirando a colaboracionista, a falta de más datos que no tardarán en llegar. Y su campaña homófoba e intolerante durante la tramitación de la ley del matrimonio homosexual en La Argentina es lamentable. Tampoco es que esperara milagros. Pero, para esto, prefería a nuestro buen Dropout, Benedicto. Aunque hay una cosa buena: Francisco va a tener que ser muy pero que muy chungo para ser peor que el polaco.
Por cierto, he perdido todas mis apuestas. El mío era uno de los norteamericanos.
He encontrado una cita del propio Bergoglio, procedente de uno de sus sermones, que quizá le defina, a él y a (casi) cualquier papa: “Las ambiciones desmedidas lograrán que el supuesto vencedor sea el rey de un desierto, de una tierra arrasada, o el capataz de una propiedad foránea”.
Qué don para la profecía…
No quise decir nada del ministro integrista Jorge Fernández Díaz asegurando que el matrimonio homosexual amenaza la continuidad de la especie. Pero su supina majadería casi parece inteligente a la luz de lo declarado a continuación por el portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino: “Las leyes españolas no reconocen el matrimonio entre hombre y mujer”.
A ver si lo he entendido: desde que se aprobó el matrimonio homosexual ya nadie tiene hijos y la humanidad se va a acabar, y además en España está prohibido que un hombre y una mujer se casen… O me he confundido de país o de planeta. O a lo mejor se han confundido ellos, gentes al fin y al cabo que creen en espíritus.
“No se lo perdonaste / porque es imperdonable la voluntaria tontería”.
Para Carla y Telmo Ferreira
Vivo tan cerca de Portugal que podría ir todos los días a comprar el pan. Voy a menudo, de hecho, a Vila Real de Santo António (una ciudad preciosa y con muchísimo sabor, pegadita a la frontera), y un poco más allá de vez en cuando. Aquí, españoles y portugueses estamos siempre “unos en casa de otros” y nos llevamos muy bien. Ni sombra del necio, ridículo y cateto desprecio que algunos españoles del interior prodigan a nuestros vecinos. Ahora bien: mientras que casi todos los portugueses hablan español de maravilla, pocos españoles se esfuerzan en hacer lo propio con el portugués. Yo lo intento y aún recuerdo mi exultación cuando un camarero se puso a hablarme en español y su compañera, con la que yo había estado hablando antes, le dijo: “No hace falta, sabe portugués”.
Aunque generalizar sea siempre abusivo, debo decir que los portugueses nos ganan por goleada en una serie de cosas estimables: educación, cortesía, discreción, saber estar. Incluso en Lisboa, pese a la fama de antipáticos que tienen los ciudadanos de cualquier gran ciudad respecto a los de los pueblos. Se conoce que un cobrador del tranvía ha tenido una mala mañana porque sonríe sólo levemente al cobrarte.
También hay inconvenientes. Por ejemplo, los portugueses consideran que un acto literario no merece la pena de celebrarse si no dura cinco horas. Si hay cuarenta poetas, recitarán los cuarenta su obra completa. Y nunca falta algún español que aproveche la ocasión para hacer lo propio, lo que en España le serviría para ser emplumado con brea.
En fin, en estos años de vida de frontera me he dado cuenta de lo mucho que enriquece la vida de frontera. Es como vivir en dos países en vez de en uno, y coger de cada uno lo mejor. Por lo demás, nos parecemos en demasiadas cosas como para ser distintos: el idioma, tener políticos nefastos, la tutela de la severa madre europea…
Cataluña deseando separarse y yo deseando que España y Portugal se unan…
Eso sí: la capital, Setúbal.
Oh, mundo
Jaime García-Máiquez
Númenor. 78 páginas.
José Luis Piquero
La nota introductoria de Oh, mundo, último poemario de Jaime García-Máiquez (Murcia, 1973), contiene una transparente poética, una declaración de principios y un autorretrato. En cuanto a la poética, Máiquez reivindica para su poesía la claridad, la ausencia de toda afectación, la preferencia por los temas cotidianos y el acatamiento de la tradición. Por lo demás, se declara “un maldito, pero de verdad”, a partir de los siguientes puntos: “Contar los versos con los dedos, escribir sonetos, creer en la rima y en León Bloy, descreer de esa dictadura basada en la publicidad: la democracia, no hacer feos a la belleza, ir a misa y rezar el santo rosario”. Añadamos que el libro contiene el Nihil obstat del correspondiente censor eclesiástico (autorización expresamente solicitada por el autor) y ya tenemos, efectivamente, un cabal retrato literario, político y moral de nuestro hombre, a quien hay que situar en una cierta corriente de la poesía española que aúna figurativismo, autobiografía, humor, cotidianidad, tono meditativo y un mayor o menor sesgo religioso, y en la que también cabe emplazar a su hermano Enrique, a Jesús Beades, a José Mateos, a Abel Feu…, con el magisterio principal (pero no único, naturalmente) de Miguel d’Ors. Una suerte de nueva poesía “arraigada”, cuya voluntad de expresa sencillez no excluye el apetito de lo trascendental.
Cualquiera de los poemas de Oh, mundo podría ejemplificar esa poética. “Sucede”, por ejemplo, que comienza de un modo absolutamente directo y prosaico (“Día duro de trabajo. Vuelvo a casa / por fin. Es ya de noche…”) para relatar una especie de epifanía que hermana espiritualmente al protagonista con todos los hombres y que tiene un sentido nítidamente religioso: “La mirada de Dios está en mis ojos”. O “Ropa tendida”, donde a partir de un suceso banal, casi chusco (la contemplación de la colada de los vecinos), se alcanza un conmovedor tono hímnico y celebratorio.
Estos poemas hablan de la vida ordinaria, sin heroísmos, la que llenan los horarios laborales, los recibos de la luz y la tranquila convivencia conyugal: un texto examina airosamente el tópico de la imposibilidad de vivir de la poesía, en otro lamenta el autor no tener opiniones propias, en un tercero se recrea en el calor del hogar mientras afuera llueve, más allá celebra el humilde gesto de un monje que enciende un cirio en la capilla… Pero esta ausencia de pretensiones, esta orgullosa reivindicación de lo corriente (“Soy un verso, quizá, blanco y tranquilo / que se ahorra la vida de bohemia”), no excluye el ansia de emoción y hechizo, como se dice en “Magia”, y la constatación de que en todo hay un pequeño o gran milagro.
Contiene Oh, mundo poemas de pasmosa perfección, como “Las playas de Madrid” o “El espía”, y Máiquez tiene el talento de hacer del ingenio (que en otros poetas es mero adorno) un aliado fiable. A veces el tono se eleva en busca de verdades trascendentes (“Fragmento de un evangelio apócrifo”); otras nos cautiva con la deliciosa sencillez, casi pueril, de unos pocos versos rimados (“Canción de las lluvias”). Musical y diáfana, esta voz no defrauda casi nunca.
Se lamenta Jaime García-Máiquez en su prólogo (más con autoironía que con verdadero pesar) de no tener audiencia. Lástima grande, si es así, porque hay en Oh, mundo, además de un puñado de excelentes poemas, una autenticidad y una honradez literarias tanto más apreciables por escasas. Y una paradójica y valiente heterodoxia que desmiente la voluntaria grisura y la humildad de sus planteamientos.
(Reseña publicada en el nº 103 de la revista Clarín).
Me pregunta RSP qué leo. La verdad es que releo. Todo Borges. Hay gente que lee el Quijote una vez al año. Yo leo todo Borges de cuando en cuando. Si toda la literatura del mundo desapareciera y sólo quedara la obra de Borges (mis cuatro pesados tomos de la poesía y la prosa de Borges), bueno, la literatura sobreviviría.
Ahora bien, no hay que leer a Borges excesivamente, por lo mismo que he dicho: apabulla, esteriliza. Es como Lorca, que no puede ser imitado sin peligro de pastiche y ridículo. A Borges hay que leerlo, gozarlo y olvidarlo y seguir escribiendo, intentando cada uno no parecernos en nada a Borges. Hasta la próxima lectura.
Me alegra haber citado ese nombre, Borges, no menos de ocho veces en unas pocas líneas. Es mencionar la totalidad de la escritura.
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Días azarosos. Mi cuñada se estrelló conduciendo mi coche y ahora tengo un coche que necesita ir al taller, como el Rey.
Y ahora que alguno pide que abdique, yo le apoyo. Es el momento de entronizar a la rama carlista. Lo siento, me gusta D. Felipe, me cae bien y sería un gran rey (y aún mejor presidente de la República Española). Pero yo sólo acato a D. Carlos Javier, duque de Parma y legítimo Rey de España.
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Vida al sol, lujos baratos. Y la hermosa lujuria.
Un recordatorio de Google ha rendido homenaje estos días (por no sé qué aniversario, si de nacimiento o qué; tampoco importa) al gran Edward Gorey (1925-2000). Desde que lo descubrí hace más de una década en Amphigorey y Amphigorey también (ambos en Valdemar), es uno de mis ¿escritores? ¿artistas? ¿ilustradores? favoritos. Su capacidad para el humor negro tirando a negrísimo, su ternura además, su sutilísima ironía, la capacidad para decirlo todo con una elíptica frase surrealista o un trazo indistinto, su conjunción de la ilustración clásica con los modelos de la vanguardia, para mí lo convierten en un genio absoluto. Piezas como “El invitado incierto”, “El sofá singular” o “Los pequeñines macabros” están a la altura de la Gran literatura y el arte del siglo XX y muy por encima de tantas efusiones más pretenciosas y menos expresivas.
Si no lo conocéis, haceos indispensablemente con él.
A la derecha le resqueman las críticas del mundo del cine. En fin, todos esos actores y directores no han dicho nada que no piense la mayoría de los españoles. Pero estos no suelen tener micrófonos para decirlo y aquellos sí. Y luego está la vieja historia de que son unos privilegiados y no tienen derecho a quejarse. Eso es no conocer el mundo del cine y de la cultura en general, uno de los sectores más golpeados, aunque apenas se hable de ello. El facherío se cree que uno que sale en una serie o en una película tiene una mansión en Miami. Alguno habrá, como excepción. Y si quiere citarlo el ministro Montoro, en su pataleta, que lo cite, y así concretamos y vamos quitando demagogia.
En cuanto a las subvenciones al cine español, me resulta aún más fascinante que eso se critique, siendo este un país en el que se subvenciona hasta el cambio del aire acondicionado, pasando por la compra de coches y demás. Y no hablemos de la banca. ¡Si hasta se subvencionan colegios en los que se separa por sexos, con esa aversión del nacional-catolicismo a la realidad y a la naturaleza humana, tan dicente siempre (la aversión)!
La caverna periodística se ha apresurado a sacar las declaraciones del director del hospital donde murió el padre de Candela Peña. “No nos falta de ná”, ha venido a decir. Lógico. A ver si iba a echar piedras contra su propio tejado. Las afirmaciones de sindicatos y pacientes que cuentan historias aún más terribles sobre ese hospital (y sobre otros) no les interesan.
Lo que les jode a los vasallos del mercado es que la gente se queje en vez de inclinar la testuz. Y les jode que se utilice un medio público para hacerlo. ¿No lo pagamos todos? Pues yo quiero oír en ese canal que pago yo las críticas de todos los que lo pagamos. Y que esos pequeños funcionarios electos aprendan que representan a todo el mundo, no sólo a los que les han votado e inclinan la testuz y dispensan su mala baba como un caldo tóxico fermentado en su cueva.
Eva es un ser inspirado por Dios o por algún dios pagano o por un geniecillo maligno que pone su industria toda en confundirla. Frente a los que sólo poseen inteligencia, ella, que la posee en grado sumo, aporta además creatividad involuntaria e inocencia de niño capaz de extrañas asociaciones. El caso es que es una fuente inagotable de despistes y hallazgos lingüísticos fruto de su gran empanada, que no es un plato que cocine bien sino un plato discursivo con el que se dedica a hacer felices a los demás, sin pretenderlo pero con sana alegría. Ella vino a este mundo para que hubiera ángeles, como en El cielo sobre Berlín.
Quiero inaugurar una sección en su homenaje y con su permiso -sección que espero ir actualizando-, con algunos de sus grandes descubrimientos (ya comenté la estupenda innovación del verbo “antigustar”). Y comenzamos con cierta ocasión en que Josep Carles Laínez y yo, no recuerdo por qué extraños caminos, estábamos hablando del momento en que prendieron a Jesús. Recuérdese que “prender” significa tanto “apresar” como “dar fuego a algo”. Frase espontánea de Eva (y creedme por favor y muy en serio que la pronunció con la mayor inocencia y sin el menor atisbo de ironía): “¿Cómo que lo prendieron? ¿Pero no lo crucificaron?”…
Pura poesía.
La misma Iglesia que ponía cojines de terciopelo al violador Marcial Maciel condenaba al silencio a Leonardo Boff por llevar a la práctica el mensaje de Jesús. Y el brazo ejecutor fue… ¿ya lo habéis adivinado? Pues sí: Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Santo Oficio pero en moderno y civilizado y sin facultad para prender fuego a herejes.
Seguiremos atentos este apasionante culebrón.
Poco que decir sobre Benedicto XVI. En el fondo me da pena verlo tan acosado, tan rodeado de tiburones y tan frágil. Ya sé que es el mismo que vino a España a advertir contra la laicidad rampante (que comparó con los años de la Guerra Civil) y que afirmó que el matrimonio gay era “una amenaza contra la humanidad”. Previamente, se encargó de planificar las líneas ideológicas del nefasto pontificado del nefasto Wojtila. Pero en fin, si hago abstracción de todo eso (y de mucho más) hasta me cae bien. Se le ve confuso y decepcionado. Más miedo me da el que vaya a venir. Un Albino Luciani sólo nos cae en suerte una vez cada muchos siglos, y eso me temo que no ocurrirá.
Ahora no le deseo ningún mal a Ratzinger, sino todo lo contrario; y no entraré a valorar su renuncia, que es asunto interno de ellos. Dispongámonos simplemente a volver a ver Las sandalias del pescador, maravillosa película (y qué gran Anthony Quinn) que la 13 no tardará en reponer.
La televisión es sensacionalista y uno nunca sabe hasta qué punto está siendo manipulado. Vamos a dar por hecho que el programa “Palabra de gitano” que emitió el domingo La Cuatro tiene alguna porción de realidad. Ojalá no.
Se supone que el espacio quiere reflejar la vida de la cultura gitana. La primera entrega se tituló “Pureza” y se centraba en la boda de una pareja de jóvenes gitanos. El meollo del asunto residía en la prueba de la virginidad, por la cual una serie de mujeres desvirgan a la muchacha y muestran su sangre en un pañuelo, para regocijo de los invitados. Esa prueba de virginidad, según decían los propios familiares, es una patente de honestidad para ella y para toda su familia, y se airea durante la boda como si fuera un estandarte. Se da por hecho que el novio no llega virgen al matrimonio (la propia novia entendía que eso era lo normal) pero la niña tiene que ser virgen sí o sí, so pena de acarrear el descrédito y el deshonor para todo el clan.
Los participantes en el programa se llenaban la boca hablando del pueblo gitano y de la cultura gitana pero el único rasgo distintivo que supieron aportar para esa distinción era precisamente la prueba del pañuelo, la virginidad de la novia. Repitieron algo así como diez o doce veces –o veinte- que la cultura gitana existía por ese hecho y que se extinguiría sin él.
La abuela de la novia, vestida de negro de los pies a la frente, como una monja, no asistía a los festejos por ser viuda. En dos ocasiones se la vio visitar en el cementerio la tumba de su marido, al que llamaba “amo”. Insistió con orgullo en que se viera que le llamaba “amo” y que su marido había sido “su amo”, y besaba su estatua. No amor: amo.
Supongo que si digo que esta cultura me parece aberrante pareceré un racista. Quizá no lo parezcan ellos, pese a sus continuas alusiones desdeñosas a los payos. En realidad, este tipo de gitanos integristas son sumamente racistas. Bueno, pues tal vez yo sea racista, pero creo que no. Lamento, en gitanos, en payos o en cualquier otro grupo racial o social, la pervivencia de tales costumbres y de un aplastamiento de la mujer que lleva al punto de que ella misma participe de ese aplastamiento y esas humillaciones y esa cultura de la sujección y del desprecio.
Detrás de la historia de la abuela (que era muy mayor y habrá vivido tiempos inenarrables) adivino una historia de terror, para haber dado lugar a tal grado de sojuzgamiento. Adivino el peso de la época, de las costumbres, de las leyes gitanas extremistas, de la ignorancia, de la incultura, de la pobreza, del silencio… Y lo peor es la alegre aquiescencia de la víctima, que ni en sueños creerá estar pensando y haciendo algo distinto de lo que se esperaba de ella. Qué colores tendrían esas pesadillas…
Me consta que no todos los gitanos son así. Conozco a unos cuantos, convivo con ellos, y son bastante normales y se reirían como yo de esas estupideces. Mi prejuicio no va contra los gitanos. Mi prejuicio (pero no es prejuicio) va contra esos gitanos, contra el Opus Dei, contra los reborn christians, contra los integristas islámicos, contra los mormones, contra los supremacistas blancos americanos, contra todos los perpetuadores de la opresión de la mujer, sean de la raza que sean y del credo que sean. En otros pagos, con parecidas justificaciones, realizan a las niñas la ablación del clítoris. Aquí no se llega a tanto, por fortuna. Pero el concepto, en el fondo, y con todas las distancias, es el mismo: la castración, la domesticación, la perpetuación de un esquema opresivo. Mi amo…
¿Las comunidades gitanas han protestado por el programa? Me alegro infinitamente… si es porque están en desacuerdo con esas prácticas y creencias, no porque el programa las haya mostrado.
Cada poeta tiene su particular manera de emborronar folios para llegar a la poesía. Los hay que escriben directamente en el ordenador; otros han de usar siempre servilletas u otros soportes efímeros, para así tener la sensación de que se limitan a tomar unos apuntes, y de este modo librarse de la presión de conseguir un poema nuevo. Por mi parte, desde hace tiempo siempre uso libretas de alambre con las páginas en blanco. Y los poemas surgen del caos de los tachones y de mi letra endiablada.
Por si alguien tiene curiosidad, he abierto al azar una de esas libretas y he escaneado parte de un borrador, en el que se aprecia claramente cuál es la herramienta principal del poeta (o al menos de este poeta): la tachadura. El borrador de ese poema en concreto se extiende a lo largo de páginas y más páginas. Sí, lo reconozco: soy un poeta poco ecologista.
(Pínchese en la imagen para ver más de cerca el despropósito).
News of the (dark) world, y otras reflexiones azarosas
Publicado el 28/Enero/2013 en Eva Vaz, exploradora y General. 5 comentariosMurió la monja (iba a añadir “malvada” pero las redundancias sobran) y ahora amenazan con archivar las causas de niños desaparecidos. Algún comentarista de la ultraderecha dijo que esas actividades criminales eran las modalides “pro-vida” de aquella época. Los cristianos razonan así, y esa monja era producto de ello. Seguramente tenía la conciencia tranquila y se preguntaba el porqué de tanta persecución: lógico. (Y del ministro de Justicia no podemos esperar nada. Qué engañados nos tuvo tanto tiempo este reaccionario que aparentaba ser una persona normal, incluso para los niveles del PP).
En Francia esos mismos salen a la calle a oponerse a derechos. Menos mal que tendrán tanto éxito como en España hace diez años. Y, por cierto, si en algo salvo a Zapatero, y sólo por eso lo salvo (frase que puede interpretarse de dos maneras), es por haber impulsado la ley más justa y revolucionaria de décadas, anticipándose incluso, en muchos años, a la liberalísima Francia. Que los gays puedan casarse y adoptar disipa sombras de siglos, relega al olvido la España negra (salvo que Intereconomía y La Razón y la Conferencia Episcopal vuelven a hacerla patente a diario).
No teman los franceses: nunca el matrimonio cristiano (esa fuente secular de abusos e hipocresía) estuvo más a salvo: el integrismo se fortalece en las adversidades, como vemos todos los días.
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Mi escritura adquiere tintes extraños. Se trata de poemas “poco expuestos”, en el sentido de que reflexionan sobre cuestiones generales, no necesariamente íntimas. No se puede estar, en poesía, constantemente a merced de una introspección demasiado traumática (y toda introspección lo es). Aunque tengo la sospecha de que lo que expresan profundamente los poemas me será revelado con el tiempo. A veces la poesía no dice de nosotros, inmediatamente, lo que estamos temiendo oir.
Curioso que le llamemos a esto “oficio”. Yo también lo he hecho más de una vez. Error. Oficio es la habilidad adquirida, la pericia necesaria. Pero la poesía no es un oficio en el sentido de una ocupación artesanal. En su vertiente más comprometida es una vocación literaria de alto riesgo, un salto al vacío y la herramienta de conocimiento más delicada y peligrosa que conozco. Cuando sólo es un medio de expresión gratificante, no es poesía. Aunque habitualmente se usa de ese modo.
…
Eva, con esa mezcla tan suya de Mafalda y Betty Boop, se inventa el verbo “antigustar”, muy expresivo. Dice de X: “No es que me resulte desagradable o no me guste; es que me antigusta”. Me apropio del palabro porque es muy dicente. No es lo mismo que algo no te guste que el que algo te antiguste.
A mí la monja me antigustaba horriblemente.
Esto empieza a resultar fastidiosamente repititivo, me temo. Sorry. Pero alguien tan parco en escribir necesita al menos ”comentarlo” cuando sucede. Os exonero de leerlo. Además, ¿qué leeríais cuando salga el libro dentro de mil años?
Deseadme que siga en racha. O mejor no…
Van saliendo las cosas. Si no habéis leído a Saki (del que ya había traducido antes varios libros) os estáis perdiendo una cosa buena. Copio la nota de solapa, a ver si os pone los dientes largos.
“Los incondicionales de Saki vuelven a estar de enhorabuena con estos doce relatos llenos de ingenio e irreverente comicidad, plagados de personajes inolvidables, como Clovis Sangrail, filósofo hedonista y urdidor de despropósitos; Vera Durmot, fabuladora impenitente cuya pasión es tomar el pelo a los visitantes circunspectos, o el formidable Aristide Saucourt, chef del Grand Sybaris Hotel y un emperador en sus dominios. Junto a ellos, toda la elegante y ridícula fauna de la burguesía británica, con sus tés y sus fiestas y sus cacerías del zorro, diseccionada con implacable agudeza por un maestro del humor a quien se ha comparado con Wilde o Woodehouse.
Así, “Brogue” narra la historia de un caballo huraño y obstinado, cuya inoportuna venta llega a poner en peligro una boda inminente. “La paz de Mowse Barton” muestra el reverso grotesco de una paradisíaca aldea de la campiña, en la que el hechizo de una bruja puede hacer que el agua para el té no hierva y los patos se ahoguen en su estanque. En “La oferta de paz” asistimos a los ensayos de una representación de Esquilo montada por aficionados que acaba convertida en un hilarante disparate. Doce piezas que se cuentan entre las más divertidas de ese ácido y travieso cronista de la Inglaterra victoriana que fue Hector Hugh Munro, Saki“.
Parece que mi ritmo de dos poemas anuales se ha acelerado vertiginosamente. Dos poemas en una semana… No sé si quiero que dure o que pare, je je. Me voy a despeinar…
Estoy siguiendo intuiciones, escribiendo rápidamente y de forma instintiva para luego aplicar la lima del pensamiento. El verdadero trabajo no es la escritura sino la corrección. Se coge un montón de barro y se echa sobre la mesa; esa es la parte fácil. Luego hay que moldearlo durante horas. Curioso que en estos dos poemas haya prescindido, por primera vez en más de dos décadas, de cualquier apoyatura métrica. Son poemas fulgurantes, con una dicción abrupta, sincopada, que hacía inconveniente cualquier regularidad fónica.
Y otra cosa peculiar: varios de mis poemas últimos (incluidos estos dos) pueden leerse como reflexiones sobre la crisis económica y el desánimo consiguiente, aunque no se escribieran con esa intención. Supongo que no hay demonio tan fiero que no se deje acariciar por la poesía.
Eva también está escribiendo. Estas cosas se contagian. Por mi parte, intuyo más escritura. Tengo muchas cosas que decir y maneras nuevas de decirlas.
À bientôt!
Aunque no hay escritor o intelectual que no depotrique contra las navidades (incluso a veces con razón) yo confieso que me gustan. Me encantaban de niño (como a todos), las odié de adolescente (como todos) y vuelven a encantarme de adulto (como a algunos). Ya que no podía pasarlas con mi familia las pasé con la de Eva, que también daban calorcito. Y bebí y comí en abundancia, hablé mucho, escuché más y disfruté como un enano y fui feliz, aunque esto me valga ser expulsado del club de los atormentados, en el que nunca he deseado figurar (en esta vida se puede ser de todo menos un coñazo, Michi dixit).
Las navidades tuvieron un alegre pendant en forma de visita a Islantilla de Rafa Suárez Plácido y Francisco Lira (Pisco), que nos invitaron a comer, por lo que no nos quedó más remedio que invitarlos a cenar. Y así pasó un largo día (demasiado corto) que fue de fiesta y de inagotable conversación sobre todas las cosas, la literatura incluída, siendo como somos cuatro adictos incurables al solitario vicio. Y a todos los demás…
Escribí mi primer poema del año y entregué mi primera traducción del año, Amor y dinero, de Erskine Caldwell, tras trabajar en ella cada día de las vacaciones. Y en general disfruté del buen tiempo, porque estamos teniendo un dulce invierno. Todos los días me tomo mis variados descansos para salir a leer al sol, con mi libro, mi café, mi e-cig y mi Eva. No me pongo moreno para enseñarme -ni para ensañarme- sino por puro goce de la piel.
Y en fin, si hubo otras zozobras me las callo. La mayoría ya las conocéis por la prensa. Es lo que tiene vivir en este país de ópera bufa que gobiernan los amos del dinero. Pero hoy no. Dejad que un pobre de solemnidad (no imagináis cuánto) se solace al sol (¿es redundancia?) unos breves instantes. Mañana ayudaré a quemar el Banco de España y la sede central de Bankia.
Primer poema del año. Fruto de una revelación insólita. La escritura poética tiene complejidades que no tiene la prosa. E insospechadas obligaciones.
Tengo la intuición de que los poemas están llegando. Y vienen en un estilo diferente, son fruto de otro tipo de indagación. Hacen daño, pero ya contaba con eso. No soy un poeta de ratos perdidos, que sale de la oficina y contempla el ocaso. No soy un poeta de clase media sensible y culto (aunque soy sensible y culto) que escribe antes de ponerse a cocer los espaguetis del sábado. Yo no escribo ejercicios. Como me ha sido dado vivir en el extremo, escribo desde el extremo. Y lo doy todo.
A dónde conduce todo esto, no lo sé. Los últimos poemas que he escrito los leo impresos y empiezo a hacerles preguntas. Me pregunto a mí mismo qué coño he querido decir. Los lectores de mis poemas más realistas quizá se sientan decepcionados. Pero nunca he sido más realista que ahora. Ya lo veréis. Siento no poder adelantar estas primicias. Me he encerrado a solas con mi poesía para ver hasta dónde puedo entender y hasta dónde puedo llegar. Y no creáis que no me río de mí mismo. Hasta hartarme. Soy un payaso que ha escrito. Y soy muy consciente de la escritura.
Me va la vida en ello.
LOS POBRES EN LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES
Los pobres viajan. En la estación de autobuses
levantan los pescuezos como gansos para mirar
los letreros del autobús. Sus miradas
son de quien teme perder alguna cosa:
la maleta que guarda un radio de pilas y una chaqueta
que tiene el color del frío en un día sin sueños,
el sandwich de mortadela en el fondo de la mochila,
y el sol del suburbio y polvo más allá de los viaductos.
Entre el rumor de los alto-parlantes y el traqueteo de los autobuses
temen perder su propio viaje
escondido en la neblina de los horarios.
Los que dormitan en las bancas despiertan asustados,
aunque las pesadillas sean un privilegio
de los que abastecen los oídos y el tedio de los psicoanalistas
en consultorios asépticos como el algodón que tapa
la nariz de los muertos.
En las filas los pobres asumen un aire grave
que une temor, impaciencia y sumisión.
¡Qué grotesco son los pobres! ¡Y cómo molestan sus olores aun a la distancia!
No tienen la noción de los conveniente, no saben portarse en público.
El dedo sucio de nicotina restriega el ojo irritado
que del sueño retuvo apenas la legaña.
Del seno caído e hinchado un hilillo de leche
escurre hacia la pequeña boca habituada al
lloriqueo.
En los andenes van y vienen, saltan y
aseguran maletas y paquetes,
hacen preguntas impertinentes en las ventanillas, susurran palabras misteriosas
y contemplan las portadas de las revistas con
aire espantado
de quien no sabe el camino del salón de la vida.
¿Por qué ese ir y venir? ¿Y esas ropas extravagantes,
esos amarillos de aceite de dendé que lastiman la vista delicada
del viajero obligado a soportar tantos olores incómodos,
y esos rojos chillantes de feria y parque de diversiones?
Los pobres no saben viajar ni saben vestirse.
Tampoco saben vivir: no tienen noción del confort
aunque algunos de ellos tengan hasta televisión.
Verdaderamente los pobres no saben ni morir.
(Tienen casi siempre una muerte fea y de mal gusto)
Y en cualquier lugar del mundo molestan,
viajeros inoportunos que ocupan nuestros lugares
aun cuando vayamos sentados y ellos viajen de pie
Aunque prefiero no tener tiempo más que para trabajar, a veces me concedo leer o ver películas. Este fin de semana he visto unas cuantas, pero especialmente dos, maravillosas, que ya había visto cien veces antes. Hollywoodienses a más no parar, que es adjetivo a veces útil y otras sobrante: El Club de los Poetas Muertos, de Peter Weir, e Imitación a la vida, de Douglas Sirk.
En cuanto a la primera, recuerdo que cuando se estrenó fuimos a verla, como el que va a comulgar, Lorenzo Oliván, Javier Almuzara y yo. Teníamos 19 o 20 años pero seguíamos siendo adolescentes. Tras la película, nos pasamos varias horas discutiéndola apasionadamente en las escaleras de Sampedro, hasta las tantas. Almuzara no entendía el suicidio de Neil, o más bien sostenía que se había equivocado totalmente. Oliván y yo podíamos estar de acuerdo en lo segundo, comprendiendo lo primero. Yo creo que lo que le pasaba a Javier es que se identificaba con Neil. Oliván, en cambio, hubiera sido un buen Knox, el enamorado que desafía todos los obstáculos. Mi personaje preferido era indudable: Charlie Dalton, Nuwanda. Y también contábamos con nuestro particular profesor Keating…
No penséis que teníamos una noción romántica y angélica de la poesía. Los tres hemos sido con el tiempo ensayistas y críticos y traductores y todo lo teóricos que puede esperarse. Y los tres podríamos desmenuzar la película y señalar todos sus puntos flacos, todos los subterfugios por medio de los cuales se apela a la sentimentalidad más básica. Pero ¿por qué tendríamos que hacerlo? También se apela a sentimientos nobles y a la inteligencia de leer bien la poesía, lo cual, a menudo, aunque no siempre, está más al alcance de los adolescente que de los eruditos. Para mí, El Club de los Poetas Muertos, con todas sus sinuosidades “hollywoodienses”, ha expresado mejor lo que es la literatura que muchos pensadores posmodernos, con su inútil ironía y su bagaje intelectual. Hay una sentimentalidad inteligente. No hay inteligencia sin sentimentalidad.
Respecto a Imitación a la vida, aquí no caben sesudos análisis: es un melodrama en estado puro, excesivo, abusador. Siendo, como era, adelantada a su tiempo en el tratamiento del problema racial, es una de las películas más racistas que he visto en mi vida. Véase, si no, la relación entre la criada y la señora, la hija negra y la hija blanca; las cosas que se dan por hecho. Pero he dicho que no la analizaríamos. El final, con el desmesurado entierro de Annie, es fabuloso, estética pura. Pero, sobre todo, la película es formalmente de una sobriedad que no se ve en el cine de hoy. Recuerdo que Douglas Sirk decía que él nunca movía la cámara si el personaje no se movía, so pena de descubrir el artificio. Por eso, Imitación a la vida es tan sólida: pura afectación pero todo tan calculado que no se nota. Y hermoso.
(Mucho más miente en su cine, y casi nadie se atreve a decirlo, Lars Von Trier, ese sobredimensionado manipulador).
¡Ah!, tengo las emociones de los animalitos sin desbastar: lloré como una magdalena en las dos películas. Que nunca me falte mi sentimentalidad, tan básica. O estaré más muerto que un poeta muerto.
El fin del mundo y otros complementos circunstanciales
Publicado el 13/Diciembre/2012 en Pseudociencias y pensamiento crítico. 3 comentariosNo he escrito nada sobre el 12 del 12 del 12, que fue el día de ayer. Una amiga me hizo notar la fecha pero, la verdad, ya estoy bastante harto de fechas redondas, sobre todo cuando sirven como excusa para paranoyas milenaristas. Ya se sabe que el día 21 se acaba el mundo. Esta es otra cosa de la que estoy harto. Incluso los periódicos serios (o especialmente los periódicos serios) se han dedicado a comernos el tarro con esta cuestión; y, aunque lo hagan irónicamente, el tema ya huele.
Y podría pensarse que nadie cree realmente en la chorrada del fin del mundo, salvo los chiflados, pero hoy he sabido que una persona que conozco de aquí de Islantilla, que tiene hijos y que simula ser un individuo normal que pide cafés en los bares y tiene su carné de conducir en regla cree que el día 21 se acaba el mundo. Esta persona ha acumulado víveres, agua, mantas y cosas así. Yo sabía de su pensamiento mágico (cree en las flores de bach y en la homeopatía) pero no que llegara tan lejos, no que estuviera tan seriamente enferma. No es que esta persona crea que el mundo explotará el día 21 pero sí que habrá “un cambio de paradigma” (a saber lo que significa eso) tan grande que el acopio se hace necesario. No se ha enterado, por lo visto, de que su “cambio de paradigma” lleva produciéndose desde hace tres o cuatro años. Se llama crisis y no tiene nada que ver con el fin del mundo ni con el calendario maya. Y tampoco se ha enterado de que el mundo seguirá, a pesar de todas las desdichas, como siguió tras el crack del 29. Pero ya se enterará.
Siempre se dice que es mal negocio dedicarse a poner fecha al fin del mundo: si fallas harás el ridículo a lo grande y si aciertas no habrá nadie para reconocerte el mérito. Pero esto no es del todo cierto. El fin del mundo es una industria. Charles Berlitz publicó en 1981 un libro que se titulaba “Año 1999: el fin del mundo” y, a pesar de fracasar estrepitósamente en su predicción, se hizo rico durante casi veinte años con los derechos de autor. Riéndose a mandíbula batiente, me imagino, al pensar en todos los gilipollas que compraron el libro. Yo fui uno de ellos y no voy a pedir disculpas por mi estupidez. Era un adolescente crédulo, valga la redundancia: todo escéptico ha sido un día creyente. Pero en estas cuestiones de la credulidad, de aceptar sin crítica el pensamiento mágico, el misterio manufacturado, todo quisque es adolescente, tenga la edad que tenga. Y siempre habrá quien explote la falta de sentido crítico de los adolescentes (los cuales, en contra del cliché, son la raza más conformista y conservadora de la Tierra).
Así que con estas líneas ya he cumplido con mi obligación de hablar del tema de moda y en lo sucesivo volveré a mis entretenidos tópicos habituales: cómo me gusta el sol, oh cuánto me agobia el trabajo, qué malos son los nacionalistas, etc. etc.
Los Reyes Magos eran de Islantilla
Publicado el 3/Diciembre/2012 en Pseudociencias y pensamiento crítico. 3 comentariosSí, habéis leído bien. Y es que nada impide suponerlo, si hacemos caso al Papa Benedicto. Este ha afirmado que los Reyes procedían de Tartessos, la cual ocupaba el pequeño triángulo que forman Huelva, Sevilla y Cádiz. De hecho, en la provincia de Huelva, en el Andévalo, existe un pueblo llamado Tharsis.
Bien, yo afirmo categóricamente que los Reyes Magos eran de Islantilla mismo. Y si nadie le discute a Benedicto la autoridad para decir que en el portal de Belén no había mula, a ver por qué yo no voy a poder hacer afirmaciones más o menos con los mismos fundamentos y pruebas incontestables que él.
Ya sabía yo que Islantilla (desde hoy, Reino Soberano de Islantilla) era el centro del mundo…
Bueno, basta de política. Tampoco voy a engorilarme por estas cosas. Si los catalanes (o algunos catalanes) quieren la independencia, con su pan se lo coman. No seré yo quien les mande tanques (ni nadie más, espero).
Como he tenido unos días de vacaciones (no enteras, porque tengo reseñas y prólogos que entregar), dedico las mañanas a levantarme tarde y salir a leer al sol (Chesterton últimamente, y El conde Lucanor, nada actual). Y a escribir. He escrito el segundo poema de este año. Tranquilos, no voy a hacer el paripé del gran conflicto de la escritura y lo mucho que sufre el poeta. Aunque el poema es terrible por varios conceptos. Fin. Ya llegará el día de hablar de todo esto.
Estoy muy moreno. Es lo que tiene el invierno de estos trópicos, que invita a tostarse a los lagartos como yo (ya se sabe que aquí en verano no hay quien aguante al sol). Por lo demás, vivo los culebrones de esta isla, que no deja de ser un pueblo lleno de cotilleos. Si uno tiene un sano espíritu deportivo puede llegar a hacerle gracia. It’s the talk of the town, enjoy it, le digo a mi amigo Dominic, un escocés que ha montado en Isla un rancho de caballos y con quien bebo vino blanco con frecuencia, aparte de ser ambos, por distintos motivos, objetivos frecuentes (pero no los únicos) de algunas de esas estúpidas habladurías. Dominic ha sido pastor (de almas, no de rebaños), psicólogo y promotor musical, entre otros oficios excéntricos, y no se asusta de nada. Es un estoico, como yo.
Las vacaciones han durado poco y ahora me llegan los encargos de dos en dos, como me temía. Bueno, el ocio no es mi estado natural. Sea.
Y en fin, nuestra presión ha conseguido que Tele 5 retire la demanda contra Pablo Herreros, lo cual es un triunfo de la ciudadanía contra la zafiedad y el abuso, así que estoy razonablemente contento. Más contento que Mas, al menos (esta frase parece el laberinto de Minos. Por cierto, que cuando estuve en Creta hace dos siglos visité la corte del rey Minos).
Conque más que Mas y menos que Minos, despido esta crónica inane de mi vida inane disculpándome por no tener nada que decir y aún así perpetuar este ejercicio de exhibición, simple mensaje tranquilizador para mis amigos y la afición en general: soy pobre pero no me quejo. Soy la debilidad de Dios, y me cuida… o la del Demonio.
Estas son las cosas que detesto en los políticos profesionales, valga la redundancia. No pueden dejar de ser políticos, es su naturaleza, igual que la del escorpión es picar.
Titular de hoy: “La Generalitat catalana anuncia el peor presupuesto de su historia” Y añade: “El portavoz del gobierno en funciones dice que los recortes de 2013 serán equivalentes a la suma de los de 2011 y 2012″ (diario El País).
Aparte del asqueroso tufo a “Me habéis jodido y ahora os voy a joder yo”, propio del mesianismo de Artur Mas, un sujeto preligroso que ya se sentía el Moisés del Pueblo Catalán y es incapaz de comprender que no le quieran tanto como él se quiere, es evidente que ese presupuesto estaba preparado desde mucho antes de las elecciones y se ocultó. Lo mismo hizo el PP con los recortes que pospuso hasta después de las elecciones andaluzas y lo mismo hacen todos siempre. En este caso no han intentado el menor disimulo: al día siguiente.
Esto no se les dijo a los votantes catalanes y por tanto es un fraude de ley, una mentira deliberada, un ocultamiento vergonzoso, una tomadura de pelo flagrante.
Luego no entienden su descrédito ante los ciudadanos.
(PS: En cuanto se supieron los resultados de las elecciones, Oriol Pujol lanzó a Esquerra el mensaje de que si querían consulta soberanista debían aprobar la política de recortes de CIU. Y aún habrá patriotas catalanes, ingenuos ellos, que sigan pensando que aquí el asunto era la independencia. Nunca fue la independencia, chicos. Eso sólo era una cortina de humo).
Mi valoración de urgencia de las elecciones catalanas. En primer lugar, el que pedía un “apoyo excepcional” ha caído en barrena. Bien es cierto que el Parlament tiene una mayoría soberanista, si contamos el voto de EU, pero el discurso de Joan Herrera ha sido en clave social y no soberanista. Descontando a EU, el soberanismo ha bajado en votos. Y si contamos la abstención, el soberanismo viene a representar poco más del 30 por ciento de los catalanes. Insuficiente para aventuras absurdas.
Me quedo con el hecho de que le hayan hecho justicia a ese individuo que lanzó una columna de humo sobre sus brutales recortes y distrajo la atención con una zanahoria que todos saben que es de cartón. Artur Mas es de los políticos más nefastos que haya tenido este país o el otro. Su caída ha sido estrepitosa. Puedo respetar a ERC, porque creen en las tonterías que dicen, pero a Mas nunca.
Ahora este sujeto tendrá que entenderse con ERC, si quiere seguir haciendo brindis al sol. Me parto de risa al pensar en los acuerdos a los que puede llegar un partido de derechas como CIU con un partido de izquierdas como ERC, aunque el izquierdismo de ERC me lo paso por el forro, porque ser nacionalista y de izquierdas es totalmente incompatible, un contrasentido; es como ser progresista y del PP, o ladrón y honrado, o Anne Germain y vidente, o José María Aznar y gran estadista… En el fondo, puede que los contrarios se entiendan. España es un país de ópera bufa y me temo que Cataluña no se queda fuera en esto.








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