Un poema de Fernando Luis Chivite

Probablemente un sólo poema no le haga justicia a Apuntes para un futuro manifiesto (DVD), el último libro de Fernando Luis Chivite (Pamplona, 1959), una obra que creo que hay que leer en conjunto, confrontando los fragmentos que la integran. Se trata de una reflexión sobre el paso del tiempo y, a su luz, una revisión de los viejos conceptos para trazarse un plan posible de vida. La respuesta nunca es la conformidad pero sí una sabia y crítica aceptación. Hay mucho más y os lo recomiendo. Sin duda, uno de los mejores libros de poesía del último año.

ESBOZO DE MUJER SOLA

Ella sabe que hay algo, intuye
que hay algo más allí donde los otros
hace ya tiempo que dejaron
de buscar.

De manera que espera a que se alejen,
no dicen nada
cuando al atardecer le muestran
sus hallazgos en el bar contentos
con su suerte.

Ella sabe que la pieza mejor
sigue enterrada aún
y cuando todos se han ido, incluso el último,
regresa subrepticia.

A la luz de la luna
con sus ojos de loca
se arrodilla y escarba con sus manos.

Lectura en el 1900

Si hoy jueves día 4 estás en Huelva (lo cual ha tenido que ser que te han llevado a la fuerza o que estabas en cualquier otro sitio y de pronto te volviste loco) y te apetece, presentaré El fin de semana perdido y leeré mis poemas en uno de los lugares de Huelva que justifican estar en la ciudad: el bar 1900. Será a las 21 horas y la presentadora es de lujo, aunque nada afín: Eva Vaz. Nos vemos.

Elena Medel escribe sobre “El fin de semana perdido”

En un día especialmente negro, al menos una satisfacción. Elena Medel ha escrito una reseña sobre El fin de semana perdido en el último númbero de “Poesía Digital”.  Da gusto tener ciertos lectores. Este es el enlace: http://www.poesiadigital.es/index.php?cmd=critica&id=225

J. D. Salinger

La primera vez que leí El guardián entre el centeno tenía la misma edad que el protagonista: la edad apropiada para leerlo. No sé qué me llevó a ese libro. Estaba en casa de mis padres pero no tenía ni resumen de la trama en la contraportada ni noticia del autor en la solapa. No hace falta decir que fue un absoluto deslumbramiento. Y ese deslumbramiento aún perdura.

Más adelante leí todo, o casi todo, de Salinger: Franny y Zooey, Levantad, carpinteros, la viga maestra, Seymour: una introducción y Nueve cuentos. Incluso me leí su biografía, escrita por Ian Hamilton, y la de su hija, que lo retrata como un perfecto cabrón, lo que probablemente no está muy lejos de la verdad. Después de El guardián, creo que mi libro favorito de Salinger es Franny y Zooey, aunque la competencia con varios de los relatos de Nueve cuentos es dura.

Tras la muerte de Salinger ayer, se empieza a hablar de los posibles inéditos que quizá ahora empiecen a aparecer. Es para relamerse sólo con pensarlo. ¿O no hay inéditos? Con Salinger nunca se sabe.

En cualquier caso, ha muerto uno de los grandes de la narrativa norteamericana. Y da qué pensar eso de que se muera un inmortal…

Un poema de Moisés González

Sin duda, a los amantes del teatro les resultará familiar el nombre de Moisés González (Llangréu, 1966), actor, director y dramaturgo. Lo que tal vez no sepan es que es también un excelente poeta, de obra tan escasa que el libro que acaba de publicar, Vistas de un viaje (Trea), constituye prácticamente su primer libro (hasta ahora sólo había publicado algunos poemas dispersos) y su poesía completa, con apenas cincuenta textos. Recomiendo vivamente este poemario lleno de fuerza, clásico y contemporáneo, que muestra a un poeta de verdad, hondo y emocionante. Os dejo un poema suyo.

FIERAS

El gran felino hastiado
que se para y nos mira un instante
y vuelve a deambular indiferente
tras unos versos de acero
de Rainer Maria Rilke.

Retirada de la campaña rusa
del ejército napoleónico.
En una aldea lituana,
tres oficiales hambrientos –tío abuelo
de Joseph Conrad uno de ellos-
degüellan a un perro a mandobles
de sable y lo devoran;
inventan el corazón de las tinieblas.

El gato de angora del insomnio
dejándose acariciar la noche entera.
El rostro del día siguiente lo surcan
sutiles arañazos.

Oprobio, desilusión, ingratitud;
palabras como hienas.

Dominique A en Sevilla

Hará diez años que mi amigo Héctor Blanco me descubrió a Dominique A. La primera canción suya que escuché fue “Le Twenty Two Bar” y ya quedé enganchado para siempre.

El lunes por la noche tuve ocasión de ver y oir a Dominique A cantando “Le Twenty Two Bar” a dos metros de mi butaca, en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. La primera fila no es, en cuanto al sonido, lo mejor para ver un concierto pero tiene otras ventajas.

Fue una noche inolvidable, mágica, en la que Monsieur Ané lo dio todo durante dos horas. Si tenéis ocasión, ahora que está de gira por España, no os lo perdáis.

Antes del concierto cenamos en el Barrio de Santa Cruz con Rafael Suárez Plácido y Francisco Lira, a quien conocí por fin después de habernos escrito durante años. Nos hubiéramos pasado luego por su local, La Carbonería, un espacio cultural mítico de Sevilla, pero teníamos que volver a Huelva. Otro día será.

Os dejo un regalito: http://www.youtube.com/watch?v=iBYrJdyyqJE

Celda 211

ATENCIÓN. Como dicen en Wikipedia, este post contiene detalles sobre el guión. Si no la has visto y piensas verla, no sigas leyendo.

Vale la pena verla, partamos de eso. Luego diré por qué. Pero tiene lagunas decisivas: es tramposa. Por ejemplo, la muerte de la mujer del protagonista está traída por los pelos. Un motín violento ya es bastante dramático pero para que la historia del protagonista adquiriera el dramatismo necesario, había que matarla a toda costa y eso es lo que han hecho, con menoscabo de la verosimilitud, lo cual, en una historia que pretende ser muy realista, es un grave problema. ¿Cómo es que entre tanta gente le va a tocar a ella? Y con la casualidad de que hubiera una cámara filmando (para que todos puedan verlo) y encima con el asesino quitándose el casco para que todos le reconozcan (por cierto, ¿qué hacía el jefazo de los antidisturbios bajando a la arena a dar cachiporrazos? No se lo cree nadie). Si pensamos que casi todo el cine de Lars von Triers (por citar un afamado ejemplo) incurre en similares trampas lamentables para no perder la ocasión de meter el dedo en el ojo al espectador, quizá no sea un fallo tan grande. Lo malo es que esa muerte y lo que desencadena conforman la columna vertebral de la película y uno sale del cine impresionado por la crudeza de las imágenes, las inmensamente buenas interpretaciones y los motivos que plantea (la traición, la amistad, la corrupción, la violencia, la podredumbre del sistema) pero no deja de pensar que todo ha sido forzado para lograr un impacto. Eso se llama falacia patética.

¿Por qué vale la pena verla? Porque, pese a las inconsistencias de la historia, hay momentos de verdad, y muy intensos. Por las cuestiones que he mencionado (la reflexión sobre la naturaleza humana, las relaciones extremas, la corrupción institucional, etc.), el certero retrato de los personajes y las situaciones y, sobre todo, las inolvidables interpretaciones. Luis Tosar, Alberto Amman, Antonio Resines y todos los demás, sin excepción, están prodigiosos, inmensos. Lástima que todo eso se diluya en una historia precocinada, que busca el impacto dramático a costa de todo y juega descaradamente con las emociones del espectador. ¿Se puede hacer muy bien, pero muy bien, una película poco honrada? Se puede. Y si vais a verla no pensaréis que habéis malgastado vuestro dinero.

Pero un poco después, reflexionando (o tal vez mucho antes), puede que penséis: un momento…

Diario de Islantilla. Enero.

Días que no se deciden entre la lluvia y el sol, días puñeteros sin el cielo azul propio de mi casa. Días deprimentes, porque esta tierra, sin sol, es un espacio inhóspito, no se entiende, no es así. No quiero ni ir a los bares donde están los amigos, los supervivientes, los dueños -como yo- del paraíso privado, los que vivimos aquí como compartiendo un secreto, ahora despojados del sol, todos cabizbajos.

…..

Entrego una traducción de Jack London. Me esperan una novela de Mark Twain y un voluminoso ensayo sobre la poesía de Eliot y de Stevens. Mientras llegan los textos, aparte de un par de artículos que tengo que entregar y una traducción técnica para una página de internet, me encuentro con demasiado tiempo libre. Casi me inquieta constatar que me gusta demasiado mi trabajo, que no sé qué hacer con las horas de ocio cuando el trabajo es otra forma de ocio. Qué suerte. Si ganara un pastón sería perfecto.

…..

Algunas relecturas. De ratones y hombres, de John Steinbeck, que no traduje yo. Conmovedora hasta las lágrimas, salpicada aquí y allá de esas gotas de genialidad “casual” que son la marca Steinbeck: “George dirigió la vista a Slim y vio fijos en él sus ojos tranquilos, ojos de Dios”.

De tarde vemos La luz prodigiosa, una estupenda película de Miguel Hermoso, con guión de Fernando Marías, que especula con la posibilidad de que Lorca hubiese sobrevivido a su fusilamiento. Por cierto, disiento absolutamente de mi amigo Miguel Barrero. Yo sí creo que hay que buscar los restos de Lorca y creo que hay que seguir las indicaciones de quien más sabe del asunto, que es Ian Gibson. No diré que Lorca nos pertenece a todos pero es un símbolo de muchas cosas importantes. Con él están enterradas miles y miles de personas que, esas sí, tal vez no aparezcan nunca. Por cierto, no sé si os recomendé el último libro de Gibson, Lorca y el mundo gay, pero lo hago ahora: indispensable (tratándose de un libro de Gibson, hay que añadir: valga la redundancia).

Tres

¿Dos escritores en casa no eran suficientes? Eva hija (no confundir con Eva madre), de diez años, acaba de ganar el premio de relatos de la Fundación Cajasol. La autora ya había publicado algún poema suelto en antologías. Y no con primaveras y pajaritos, precisamente. ¡Enhorabuena, tía!

Un desahogo y un regalito de Reyes

Este año mi economía no me permite hacer regalos y he pedido que no me los hagan. Pensándolo bien, no necesito nada que no tenga ya. Bueno, sí: que desaparezca de una vez esta lluvia anómala, espantosa, este cielo gris que no parece de aquí sino del norte. No lo soporto más. Y pensar que cuando vivía en Asturias este era el pan nuestro de cada día y no me importaba…

No soy feliz. Pero tampoco creo que lo seamos ninguno. Habría que encontrar una nueva definición para esos momentos de cierto acuerdo con las cosas, con el mundo y con nosotros mismos que hemos dado en llamar felicidad. Y son tan pocos… Pero no es un problema del mundo sino de mí mismo. Reconozco mi incapacidad y mi torpeza: esperaba más de la existencia, había creído otra cosa, esperaba que los Reyes me dejaran el regalo que había pedido.

La opción es convertirse en un ser humano sensato, relajarse y asumir todo esto y hasta hacerlo habitable. Y tratar de mejorarlo con sensatas apostillas. Conozco a quienes lo hacen admirablemente. Son más listos que yo: están igual de jodidos y no lo reconocerían aunque la desdicha y la zozobra y el aburrimiento les mordieran en el culo. Pero han hallado un pasar.  Será que saben perfectamente que dentro de diez años estarán escribiendo las mismas cosas y viviendo exactamente igual. Yo, en cambio, no sé lo que será de mí dentro de un año. Aunque confío, como ellos, en seguir igual de desdichado y aburrido. Es el mal menor y es preferible a lo otro.

O no. He llegado a pensar que mi destino, que es muy negro, es preferible al suyo. He llegado a creer que destruirse y reconstruirse pacientemente es al menos un plan de vida, preferible a pasarse la vida rumiando cómodamente con una expresión vacuna. Perdón: una expresión inteligente. Estoy rodeado de personas cultas e inteligentes que rumian con más aprovechamiento que las mismas vacas. Pero sólo es algo que se me ha ocurrido.

Tengo muchos defectos. Por ejemplo: pasó la posmodernidad y no pasó por mí. Creo en las virtudes clásicas, creo en los extremos, creo en la tragedia y en el exceso. Creo que si no estás dispuesto a dejarte matar por tu amigo no le llames amigo. Creo que el matrimonio convencional es una lacra y un inmeeeeeeeeeenso aburrimiento, creo que ese trabajo que nos proporciona seguridad y nos permite comprar la wi para hacer el imbécil en el salón es alienante y lo odiamos. Creo que hay gente que se deja morir por sus convicciones sin hacer daño a nadie, no como los que matan por sus convicciones con dinero tuyo y mío. Creo que todos estamos tan bien domesticados que sólo nos dejaríamos matar (y mataríamos) por conservar esta pequeña burbuja de bienestar hipotecado que hemos dado en llamar bienestar y felicidad. Lo cierto es que creo en todo.

Y como creo en todo, os dejo mi regalo de Reyes. No temáis. Nada nihilista, al contrario. Una secuencia de The wicker man, una película de culto. No sé si es más hermosa la maravillosa Britt Ekland desnuda o la maravillosa canción que canta. Es un regalo para todos los sentidos, en cualquier caso. Eva y yo nos nos cansamos de verlo y oirlo. http://www.youtube.com/watch?v=LzJaGHy6_tw&feature=related En esto creo.

Niños, la mejor prueba de que estoy equivocado es que a vosotros os va bien. Así que no me hagáis mucho caso y perseverad. Yo seguiré prodigándome en el error: tampoco tengo mucho remedio. Y si parece que me he puesto a dar lecciones… bueno: es el consuelo de los perdidos y los tontos. En el fondo soy más feliz que vosotros. Y un cacho más tonto.

Blog de Rafael Suárez Plácido

Me reservo mis recuerdos de estas fiestas, con Rafa primero y luego con Myriam, Miguel y Rosa. Hemos hablado sin parar, reído hasta doblarnos, bailado como los dioses nos dieron a entender y bebido como corresponde. Los echo de menos a los cuatro, pero mucho.

En cuanto al primero, acaba de inaugurar un blog en el que habla de algo que ya sabéis que aquí detestamos: literatura. Creo que os gustará, y mucho: http://minombre.es/rafasuarez/

Lástima que el tiempo no haya acompañado. Aquí también llueve, y mucho: estos días a mares. Espero que pase pronto porque ya hemos cubierto nuestro cupo para todo el año.

Olga Guillot canta “Sombras”

Creo que a mis amigos Miguel Cane, Judith Gallimó y Ovidio Parades, amantes, como yo, de los mitos desenfrenados, les encantará este link donde sale la inmensa Olga Guillot -carnosa, desaforada, histriónica, hermosamente hortera, bella de puro canalleo- cantando “Sombras”. La han cantado otros artistas, siempre rebajando la letra (recomiendo, como vomitivo infalible, la versión del melifluo Julio Iglesias). Olga Guillot es la única que canta la versión lésbica. Es una canción de amor a una mujer que menciona explícitamente la masturbación. “Cuando una tibia tarde te acariciabas toda”…

Se han ido mis amigos (y me envuelven las sombras), que me han acompañado en estas terribles fiestas: Rafa, Miguel, Myriam y Rosa. Os contaré de su estancia en otro post. Compréndase que me torture con canciones desaforadas. El link:

http://www.getacd.org/listen_FrIIqAD3r4U/nostalgia_cubana_olga_guillot_sombras

Notas a “El fin de semana perdido”

Las escribí para dos o tres amigos. Luego las rehice y se las envié a algunos más. Seguí podando y las publiqué en una revista de tirada corta, donde salieron mutiladas. Ahora ahí van, para todo el que le interesen. Seguramente no son ni necesarias ni convenientes. Pero si empezara a pensar en todas las cosas innecesarias e inconvenientes de mi vida no escribiría una línea. notas-a-el-fin-de-semana-perdido-version-publicable

Mr. Bojangles

Siempre me gustó esta canción de Jerry Jeff Walker, siempre me pareció inmensamente triste. Una canción que prácticamente todo el mundo ha versioneado. Algunos nombres: Sammy Davis Jr., Harry Nilsson, Billy Joel, Bob Dylan, Harry Belafonte, Frank Sinatra, Elton John, John Denver… ¡Hasta Whitney Houston y Robbie Williams! Como soy así de raro, la versión que prefiero -quizá porque fue la primera que oí, cuando era pequeño- es la de Neil Diamond, setentera pero sobria y con preciosos matices.

En este enlace podéis oir la versión de Neil y a continuación van la letra original y mi traducción: http://www.youtube.com/watch?v=T23npaWLw3M

MR. BOJANGLES

I knew a man,
Bojangles and he danced for you
In worn out shoes
Silver hair, a ragged shirt and baggy pants
The old soft shoe
He jumped so high, jumped so high
Then he’d lightly touch down

I met him in a cell in New Orleans,
He was down and out
He looked to me to be the eyes of age
As he spoke right out
He talked of life, he talked of life
He laughed, slapped his leg and stepped
Mr. Bojangles
Mr. Bojangles
Mr. Bojangles, dance

He said his name,
Bojangles and he danced a lick
Across the cell
He grabbed his pants, a better stance
And jumped so high, clicked his heels
He let go a laugh Let go a laugh
Shook back his clothes all around

He danced for those in minstrel shows
And county fairs
Throughout the south
He spoke with tears of fifteen years
How his dog and he traveled about
His dog up and died he up and died
After twenty years he still grieves

Mr. Bojangles
Mr. Bojangles
Mr. Bojangles, dance
He said I dance now
At every chance in honky tonks
For drinks and tips
But most the time
I spend behind these county bars
‘Cause I drinks a bit
He shook his head
And as he shook his head
I heard someone ask, please
Mr. Bojangles
Mr. Bojangles
Mr. Bojangles
Go on and dance

 

EL SEÑOR BOJANGLES

Conocí a un hombre, Bojangles,
y te bailaba -con unos zapatos gastados
el pelo plateado, la camisa harapienta y los pantalones anchos-
el viejo “zapato suave” [un tipo de baile].
Saltaba muy alto, saltaba muy alto
y luego se posaba suavemente.

Lo conocí en una celda en Nueva Orleans,
estaba de capa caída.
Me parecía ver en él la sabiduría de la edad
mientras hablaba.
Habló de la vida, habló de la vida,
se rió, se dio una palmada en la pierna e hizo un paso.
Sr. Bojangles,
Sr. Bojangles,
Sr. Bojangles, baile.

Me dijo su nombre, Bojangles,
y se puso a bailar
por toda la celda.
Se recogió los pantalones para estar más cómodo
y saltó muy alto, dio un taconazo,
dejó oir una carcajada, dejó oir una carcajada.
Su ropa flotaba a su alrededor.

Había bailado en espectáculos de variedades
y ferias del condado
por todo el sur.
Me habló con lágrimas en los ojos
de cómo durante quince años su perro y él
habían viajado por todas partes.
Su perro fue y se murió, fue y se murió.
Veinte años después aún le lloraba.
Sr. Bojangles,
Sr. Bojangles,
Sr. Bojangles, baile.

Me dijo: Ahora bailo cuando se tercia
en los garitos
por una copa o una propina
pero la mayor parte del tiempo
lo paso tras las rejas de esta cárcel del condado
porque bebo un poco.
Meneó la cabeza y mientras meneaba la cabeza
oí que alguien le pedía: Por favor,
Sr. Bojangles,
Sr. Bojangles,
Sr. Bojangles, vamos, baile.

Dos seres humanos

Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad y bla bla bla. Pues yo conozco a tres o cuatro hijos de puta que ni buena voluntad ni leches. Alguna vez se me pasó por la cabeza abrir en este blog una sección que se titulase “Cabrones diplomados” o algo así, más que nada para los amigos que me acusan de practicar el buen rollito a mansalva. Consistiría en contar sin nombres las andanzas de gente mala que conozco. De una maldad pequeña, mezquina. Nada de asesinatos. Casi más peligrosa que una persona violenta es esa persona que hace un daño imperceptible, cotidiano, casi doméstico.

En vez de eso, y para seguir con el buen rollito, me apetece contar andanzas de gente buena. Y no por la Navidad y su empalagoso bonismo: como homenaje a dos o tres desconocidos. Supongo que todo el mundo tiene anécdotas que contar (serán bien recibidas). Ahí van un par de ellas mías.

La primera sucedió en Lebrija, un pueblo de Sevilla en el que Eva y yo nos detuvimos una tarde a tomar algo. Aparcamos el coche y recorrimos las calles hasta recalar en una plaza y sentarnos en una terraza. Y a la hora de marchar no encontrábamos el coche.

Al principio tenía gracia y nos reíamos. Dimos un montón de vueltas. Empezaba a anochecer y la cosa ya tenía menos gracia. Habíamos aparcado en el primer sitio que vimos sin fijarnos dónde ni tomar ninguna referencia. Dejé a Eva de nuevo en la terraza y me fui de exploración. Las horas iban pasando y la situación era mitad grotesca mitad angustiosa. Ya no sabíamos qué hacer. En la mesa de al lado había varias parejas con niños. Notaron nuestra inquietud y nos preguntaron qué pasaba. Se lo explicamos algo avergonzados.

Voy resumiendo. Uno de los tipos de la otra mesa se ofreció a ayudar. Me monté con él en su coche y nos dedicamos a recorrer el pueblo, que es bastante grande. Mis referencias eran muy vagas (había una cuesta, había un chalet…). La búsqueda en coche duró no menos de una hora, durante la cual el hombre no dio la menor muestra de impaciencia ni enojo. Finalmente, casi por casualidad, a fuerza de dar vueltas, apareció el coche, ya bien entrada la noche. El tipo no aceptaba agradecimientos. Había sido un placer echarnos una mano.

Segunda anécdota (y perdón por extenderme). Nuevamente el desastre que somos Eva y yo. Para no alargarme, perdimos el tren a Sevilla y nos encontramos en la estación de Chamartín sin dinero para otro tren ni para pasar la noche (un problema con las tarjetas que no hace falta detallar). De pronto estábamos a la intemperie, enmedio de una cola inmensa de gente que intentaba también buscar un enlace, sudando bajo un calor infinito, cargados de maletas y sin saber qué hacer.

En eso, la chica que estaba detrás en la cola se dirigió a nosotros. Dejadme decir (y no estoy adornando la historia) que era una chica alta y guapísima, casi espectacular, que muy bien podría ser modelo, aunque por su atuendo parecía una alta ejecutiva: el prototipo de persona que va a lo suyo y no mira a su alrededor. Pues bien, ella había oído nuestra conversación y visto la angustia en nuestras sudorosas caras. Dijo que si necesitábamos dinero ella nos lo prestaría. Cincuenta euros, cien… ¿cuánto necesitábamos para salir del apuro? Le dijimos que no hacía falta, que probaríamos con otra tarjeta o buscaríamos socorro por teléfono, etc. En nuestro aturdimiento, apenas acertamos a darle las gracias. En fin, la dejamos en la cola, la otra tarjeta funcionó, conseguimos tren y bla bla bla. No volvimos a verla.

¿Qué lleva a alguien a levantarse de su mesa, en la que está con su familia y amigos disfrutando de su tiempo libre, y dedicar una hora a ayudar pacientemente a un desconocido lo bastante gilipollas como para no saber dónde ha aparcado el coche? ¿Por qué alguien prestaría dinero a dos personas a las que no conoce de nada, sin saber si se lo devolverán o se reirán de su candidez (y aquí no importa si tiene mucho dinero o poco)? Se podría decir que tampoco fue para tanto: no arriesgaron sus vidas, no hicieron heroicidades. OK. Se llama empatía, ponerse en el lugar del otro, ofrecerse. Eso es insólito, tal y como son las cosas. ¿O no?

En las mismas situaciones que he contado, ¿cuántos pasaríamos de todo e iríamos a lo nuestro?

Sólo sé que daría lo que fuese por tener la dirección del hombre y de la chica. No sé qué les diría. Que me reconciliaron con el mundo, que son mejores que yo. Que a veces el mundo está en orden.

La otra cara del paraíso

El otro día, en un programa de televisión, varios leperos entusiastas mostraban ufanos los mares de plástico del cultivo de la fresa, al que denominaban “el oro rojo de Lepe”. Contaban con orgullo que este es un pueblo emprendedor y muy próspero (que lo es) y alguno hasta llegaba a decir que era “el paraíso”. Yo mismo, que vivo en la playa de Lepe, he usado esa misma palabra, paraíso, para definir esta comarca.

reverso2 Pero todo paraíso tiene un reverso. A apenas un kilómetro del casco urbano se encuentra este edificio en ruinas en donde “viven” varios inmigrantes subsaharianos. La foto no es muy buena; la hice desde el coche con un móvil porque no era posible acercarse (no son, digamos, muy hospitalarios, y no se lo reprocho). Tal vez no se aprecian los elementos que indican que allí duermen, cocinan, etc., prácticamente en la calle. Y ahora llueve y hace frío. Se puede pinchar en la foto para ampliarla y luego, pinchando de nuevo, se amplia a tamaño máximo.

Empezaron a gritarme y tuve que salir a escape. En fin: ya hace meses que algunos reportajes de televisión pusieron al descubierto esta realidad y no parece que haya habido muchos cambios.

Supongo que estas navidades la ciudad de Lepe volverá a disfrutar de su espectáculo de nieve artificial en la Plaza del Ayuntamiento.

Felices fiestas desde el paraíso.

Los Cuartelillos

Eva Vaz, Maricarmen Vaz, JLP. Huelva, diciembre 2009.

Eva Vaz, Maricarmen Vaz, JLP. Huelva, diciembre 2009.

 Toda ciudad tiene sus corazones y gracias a ellos vive y respira. Puede tratarse de un edificio singular o un bar con encanto o incluso un personaje. O simplemente una idea.

La semana pasada estuvimos en Los Cuartelillos, después de mucho tiempo sin ir. Y nos enteramos de que intentan cerrarlo debido a las protestas de algunos vecinos: demasiada gente, demasiado ruido, demasiado trasiego de coches. Todo lo cual no es culpa del bar en absoluto.

Si cierran Los Cuartelillos se perderá uno de los corazones de Huelva, un bar tan característico de la ciudad como la Plaza de las Monjas o el Mercado (que este sí, cerrará muy pronto). No tiene nada de especial: es sólo un bar. Pero sin el ambiente de Los Cuartelillos, sin su terraza soleada, sin su sabor, sin ese punto de encuentro, Huelva ya no sería igual.

Ojalá ese corazón siga latiendo.

Terremoto en Isla

Varios amigos me han escrito o llamado para preguntarme por el terremoto. Yo no he notado nada. Esta mañana me fijé en una pila de cd’s que estaba al borde de una mesa en precario equilibrio y que ahí sigue. Aunque, por lo visto, en Isla Cristina (a 8 kms.) la gente salió a la calle e incluso abandonó el pueblo.

Ha hecho una deslumbrante mañana de sol y yo no sé nada de ningún terremoto. Gracias por la preocupación.

Cataluña no quiere ser independiente

Creo que a los independentistas catalanes les ha salido el tiro por la culata. Una participación por debajo del 30 por ciento no es para saltar de alegría. Y ello porque, a pesar del 90 y mucho de aprobación, hay que tener en cuenta que en este tipo de consultas prácticamente todos los que apoyan la causa “votan”. Así que estrapolándolo a toda Cataluña, más o menos el 27 o 28 por ciento estarían a favor de la autodeterminación. Parece claro que más del 70 por ciento de los catalanes pasan de la cuestión o se oponen a ella. Yo que ellos no pediría un referéndum vinculante. O mejor: que lo pidan y que se haga. Así nos dejaríamos de tonterías y empezaríamos a hablar de las cosas que realmente importan.

Con Valle y Paco Huelva en Cortegana

Cortegana, diciembre 2009

Cortegana, diciembre 2009

 Paco Huelva y yo tenemos una sociedad de bombos mutuos. Él presenta mi último libro, yo le prologo el próximo suyo… Y sin mentir a los lectores: no hace falta. Este fin de semana Paco y Valle nos han invitado a su casa de Cortegana, un refugio en la sierra lleno de sol en donde crían ovejas y plantan un huerto. Comimos en la terraza, viendo las montañas, nos tomamos más tarde un vino con Manolo Moya, que presentaba un libro, y cenamos junto a la chimenea, hablando de lo divino y de lo humano, aunque preferimos lo humano.

Paco es un personaje insólito. En su azarosa vida ha sido militar profesional, inspector de policía, librero, concejal, diputado y actualmente director del Servicio de Emergencias de Huelva, además de escritor, of course (os recomiendo, con conocimiento de causa, su próximo libro, Cordones pareados). Y un gran conversador, con quien se pueden pasar gratamente las horas y aprender mucho. Pero él siempre se pone a la sombra de Valle, y hace bien. Una mujer extraordinaria que nos ha enamorado. Cuando la conocimos pensamos que era su hija. Esa “hija” dirige un hospital, es cálida e inteligente y nos hizo sentir bien.

Gracias a los dos por un fin de semana ganado.

Aminetu Haimar

La inepcia conjunta (y a veces la mala fe) de España, Marruecos, la ONU y la comunidad internacional en general han hecho que un conflicto que en su momento pudo tener una salida “adecuada” se haya enquistado hasta la eternidad. Ya no hay soluciones fáciles (si alguna vez las hubo) para el asunto del Sáhara. Ni siquiera vale la creencia de que la independencia del Sáhara es una causa justa y de derecho, que lo es. Me temo que el asunto es más complicado: es casi irresoluble. Lo que queda es la catástrofe humanitaria y el atropello de los derechos humanos. España ha tenido mucha culpa, ha sido torpe a menudo, ha sido siempre cobarde. Pero el mayor culpable ha sido y es el gobierno de Marruecos, esa dictadura vergonzosa que nuestros gobernantes tratan con paños calientes por eso de la gran política, la geoestrategia y demás (por no hablar de la amistad entre las cabezas coronadas de ambos países).

A día de hoy la principal víctima, además del pueblo saharaui en general, es Aminetu Haidar, esa patata caliente que le quema los dedos al gobierno español. Reconozcámoslo: España puede hacer muy poco por ella. Es Marruecos quien ha de decidir si vivirá o no. Si dan el brazo a torcer, se exponen a un gran efecto propagandístico: un precedente muy “peligroso”. Si no ceden, crearán una mártir. Difícil tesitura para el gobierno de lacayos de Mohamed VI. Visto su respeto por los derechos humanos, me temo que escogeran la segunda opción.

Lo que pasa es que Aminetu Haidar no es una patata caliente: es un ser humano. Y no un ser humano cualquiera: una activista pacífica que ha luchado por sus derechos, ha sufrido torturas por ello (y las sigue sufriendo) y representa a muchos más que a sí misma. Marruecos usa su desarmante retórica de siempre (”nadie la obliga a hacer huelga de hambre”, “que pase por el aro”, etc., sin que falten veladas alusiones al problema vasco -que nada tiene que ver con esto-, sólo por el gusto de meter un poco el dedo en el ojo a sus interlocutores). Pero a Haidar ya no le queda tiempo para retóricas.

La expulsión de Haidar fue una ilegalidad manifiesta. Lo próximo puede ser un crimen de estado.

Otro diario de Islantilla

Esta noche he perdido el tiempo viendo una tonta película sobre el fin del mundo, Deep impact. Sin embargo había una escena que me llamó la atención. Cuando los astronautas ya se saben perdidos, el mayor de ellos, interpretado por Robert Duvall, se acerca a su compañero joven, que está herido, y le comenta que se ha traído a la nave dos libros: Mobby Dick y Las aventuras de Huckleberry Finn. Y le dice:

-Casi temo preguntarte si has leído a Twain o a Melville.

-Bueno -le contesta el joven disculpándose-. Ya sabes que nosotros sólo nos hemos educado con las pelis.

-Entiendo -contesta Duvall-. Has tenido mala suerte.

Y tanto que la ha tenido. No porque se educara “con las pelis” sino porque sólo se educara con las pelis. Y no con el cine: “con las pelis”.

Imagino que se refiere a pelis como esta porque luego la cagan gravemente al presentar a Duvall leyéndole al herido Mobby Dick. Si habéis leído esta obra maestra -densa, turbia, inabarcable- ya sabéis que no es algo para leerle en cinco minutos ni a un astronauta herido ni a nadie.

Fin de la digresión.

No está la economía para viajes, así que nos hemos quedado en casa. De todos modos, la gente paga cifras astronómicas por venir a Isla unos días, conque bien podemos decir que nos hemos ido de puente a la playa. El invierno ya ha entrado pero no ha llovido y tampoco han faltado días de sol.

Algunas lecturas. En mares helados, de Wilkie Collins, una mezcla de novela de aventuras y folletín romántico, con un punto de suspense (excelente prólogo de Jorge Ordaz). Algo de poesía (Anne Sexton) y algo de lectura “laboral”: Jack London.

pict00256 Ayer vinieron a comer a casa Agustín Calvo Galán y su marido José Antonio. Hace algunas semanas Eva se decidió por fin a enviar su colaboración para Las Afinidades Electivas y empezó a escribirse con Agustín. Resulta que en estas fechas venían a Moguer, así que organizamos un encuentro. Agustín y José Antonio viven en una masía del siglo XVII, cerca de Barcelona, y se dedican a cultivar manzanos y criar caracoles, entre otras cosas, hechos un par de payeses. Nos bebimos una botella de un cava excelente y Agustín nos regaló un poema visual. Una larga y grata sobremesa hablando de todo y una amistad que tendrá continuación.

Hoy hemos comido migas extremeñas con los amigos de Islantilla. Los que vivimos en la playa el año entero somos muy pocos y solemos encontrarnos en tres o cuatro bares y organizamos a menudo comidas improvisadas. Una pequeña sociedad de resistentes que -lo admito- miramos por encima del hombro a los turistas invasores, que vienen las fiestas y los puentes a quitarnos la playa sólo nuestra. Es lo malo de no tener presupuesto para habernos ido estos días a lugares inhóspitos, como aquellos de los que proceden los turistas. Bienvenidos, niños, pasadlo bien, pero marchaos pronto.

Así que amigos, conversación, lecturas y películas. Nos hemos educado mejor que muchos astronautas.

Miguel Galano en Barcelona

galano1 Si vivís en Barcelona no podéis perderos la exposición de Miguel Galano en la Galería Víctor Saavedra (Enric Granados, 97). Un pintor esencial, silencioso, de una inquietante melancolía. Sus retratos (aunque no están representados en esta muestra) son de una profundidad demoledora. Sus paisajes, para meditar sobre ellos largamente. Mi pintor actual favorito. Os gustará. Gustar no es la palabra. Os quedaréis en sus lienzos.

Justicia poética

El juez Garzón persigue a la familia Pinochet y al Banco de Chile por delitos económicos. Amenaza con bloquear sus cuentas. ¿Os acordáis de cuando logró retener durante un año al dictador en Londres? Este hombre tiene toda mi admiración.

Se puede hacer poesía con un auto judicial.

Sweet twenty

El blog, que te hace público, visible, me ha posibilitado reecontrarme con gente de la que hacía años que no sabía nada: Daniel, Sonsoles, María José… Últimamente me ha escrito Eva, una amiga de Avilés con la que no hablaba desde hacía veinte años.

Ya hace veinte años de todo. Vamos a ver. ¿Qué hacía yo hace veinte años? Publicaba mi primer libro, Las ruinas (mi primer libro pero no mi primera publicación). Entonces vivíamos la literatura con absoluta visceralidad y los pocos poetas que vivíamos en Asturias nos matábamos por un quítame allá ese adjetivo. Andábamos a la gresca. Por un lado, Pelayo Fueyo, Lorenzo Oliván y yo. Por otro Jaime Priede, Fernando Menéndez, Jordi Doce, José María Castrillón… A veces nos juntábamos para tomar algo y discutíamos interminablemente. Éramos irreconciliables. Por entonces, una disensión estética o de escuela era un abismo que no se podía salvar. Desde las páginas de La Voz de Asturias nos dábamos palos a más y mejor. Pero luego nos encontrábamos cordialmente.

Yo que con la edad me he vuelto cada vez más radical en muchas cosas, en eso me he vuelto mucho más razonable. Como lector me he quitado de prejuicios. Hubo un tiempo en que parecía que si te gustaba Cernuda no te podía gustar Lezama Lima; si te gustaba Ángel González, Valente tenía que parecerte un cretino. Lo que ocurre después es que creces como lector. Y como ser humano. Lo bueno de los veinte años es que después vienen los treinta y los cuarenta. Y descubres que el mundo es inagotable y rico y plural. Por mi parte, he seguido leyendo los libros de Jordi Doce, de Fernando Menéndez… Aunque reconozco que lo pasábamos bien jugando a la vida gregaria y escenificando la guerra literaria a nivel doméstico.

Hoy recibo correos de mi amiga Eva de Avilés y me devuelven a un tiempo que no echo de menos (yo era entonces muy desgraciado) pero que también dicen muchas cosas olvidadas, que son parte de nosotros y que uno mira con un poco de nostalgia y un poco de rubor.

Y luego cada cual ha ido por donde le han llevado las cosas. Todos estamos vivos y eso es de agradecer. Y todos seguimos trabajando, cada uno en lo que cree. Pero qué carcajada la del tiempo, cómo nos da en la cara y nos dice: Eh, atento. Tienes 42 años, ya vas para vieja gloria y de momento sólo eres vieja. ¿Qué piensas hacer los próximos 40?

El teléfono estropeado

 Hace un par de días, estando en Lepe para unas compras, me llamaron al móvil.
-¿Cómo te va, tío?
Hombre, mi amigo Daniel Vázquez de la Fuente, que me llama de vez en cuando desde Alemania.
-Pues ya ves, aquí en Lepe –contesté-, entre la gente de los chistes, ¡ja ja ja!
-Ah, estás por aquí…
No era Daniel. Era Javier Valderas, el coordinador de Izquierda Unida de Lepe.
-Coño, Javier, me alegra oirte.
Soy un metepatas profesional. Debe ser porque si algo detesto sobre la faz de la tierra es hablar por teléfono. Recordé entonces un diálogo de besugos que mantuve hace poco y que fue, si cabe, más lamentable.
 Centremos la historia. Estamos en Asturias, es el mes de agosto y yo llevo a cinco niños de excursión por los montes de Tudela de Veguín. En eso me suena el móvil.
-Hola, qué tal, soy Eduardo García.
Eduardo García es, como sabréis la mayoría, el poeta de Córdoba, flamante ganador del Premio de la Crítica, un buen amigo mío al que presenté un mes atrás, cuando dio una lectura en Huelva.
-Hombre, Eduardo. Me alegra oirte –contesto-. ¿Cómo va todo?
-Bien, aquí trabajando. ¿Y tú?
-Pues muy bien, pasando unos días de vacaciones. Despejando un poco.
-Estupendo. Oye, qué quería hacerte un par de preguntas –dice alegremente.
-Pues nada, tú dirás.
-¿Qué te parece que el Principado haya excluído a los docentes del grupo de riesgo de la gripe A?
Aquí debería habérseme encendido una luz de alarma pero no se encendió nada. ¿Qué coño le interesa a Eduardo la política educativa o sanitaria del Principado? De mano me quedé un poco parado pero enseguida reaccioné. Me aclaré la gargante y dije algo como:
-Hombre, pues… ejem… no me parece muy bien. En los colegios creo que yo que es donde más riesgo de contagio hay, con todos los niños por ahí… Y los profesores, que están en contacto con ellos todo el día, pues me parece… ejem… que están más expuestos, ¿no?
-Claro, claro. Oye: ¿te parece que la Consejería debería posponer el inicio del curso escolar?
Tampoco aquí se me encendió ninguna luz. Reflexioné un instante y, como el gilipollas que soy, dije lo primero que se me ocurrió.
-Bueno, eso depende. Las autoridades sabrán mejor que nadie cuál es el nivel de riesgo y bla bla bla.
-¿Entonces sería preferible imponer la vacunación masiva precisamente en el grupo de riesgo de los docentes? –prosiguió Eduardo.
-Vaya, pues a lo mejor. Antes que aplazar el inicio del curso, me parece a mí que… etc. etc.
Siguieron otras varias preguntas del mismo tenor. Yo ya sudaba la gota gorda, quizá en parte porque hacía mucho calor e iba monte arriba con mis sobrinos brincando de un lado a otro.
-Y otra cosa, vuestra postura sobre…
Por fin se encendió la maldita luz de alarma.
-Oye, Eduardo, perdona un momento. Creo que aquí hay una confusión.
Acababa de recordar, con una mezcla de alivio y de embarazo, que en el periódico asturiano La Nueva España hay un redactor llamado Eduardo García, con el que nunca había tenido el placer de hablar. Y recordé también que en la sección de Educación de Comisiones Obreras de Asturias hay un Piquero. A todo esto, llevábamos como diez minutos de conversación, y yo opinando a mansalva, como Dios me daba a entender, de la política educativa asturiana, de la que no tengo ni pajolera idea.
No sé quién pasó mayor apuro, si Eduardo o yo. Quedamos tan amigos y nos despedimos echando unas risas.
Cuando éramos pequeños jugábamos a un juego que se llamaba “El teléfono estropeado”. Consistía en juntarse en un círculo e ir pasando un mensaje al oído a la persona que tenías al lado. Esta, a su vez, lo transmitía al siguiente haciendo alguna pequeña variación (cambiar un coche por un burro, cambiar un hombre por una niña…). Cuando el mensaje llegaba de nuevo a la fuente emisora no tenía nada que ver con lo que se había transmitido en principio. Lo cual no tiene nada de extraño: así funcionan los rumores, así funciona la prensa, así funciona el espionaje.

Conclusión: el teléfono está muy bien para un par de minutos pero ¡odio hablar por teléfono!

Un poema de Olga Bernad

20091025151125-olga-bernad-300x42911 Olga Bernad (Zaragoza, 1969) no es una poeta precoz. Pero la espera ha valido la pena y su primer libro, Caricias perplejas (Siltolá) está lejos del tanteo que suelen ser los poemarios primerizos. Un conjunto de poemas reflexivos, lúcidos, que indagan los múltiples sentidos de lo que llamamos vivir.

 

 

 

 

 

 

RECTAS

Sólo tú, nadie más, nadie me mira.
Solamente tu nombre me envenena.

Las rectas que imagino se parecen
a los días en los que pienso en ti:
encrucijada de crucifixiones
y delirio de dudas y destinos.
Algo como un dolor de despedida
y un fiero amor; navajas de juguete
en la espina dorsal de los caminos.

La vida es un enorme precipicio,
lo que queda delante de la vista.
Sólo la fe dibuja líneas rectas
y busca rectos versos en sus filos.

A un amigo

¿Qué es un blog? Depende del blog. Los hay elevados y fútiles, los hay cotidianos y los hay intensos. Los hay que tratan de literatura y los que sólo dicen secretos domésticos y banales (que no son secretos). Como el mío. ¿Os gusta este blog? Imagino que entráis por algo. Buen rollo. Los mundos de yupi. Es este un Caín de lo más guay.
¿Alguien se saca fotos cuando está deprimido, triste, hundido? ¿Cuando odia al mundo? ¿Cuando se siente miserable? No os preocupéis. Eso nunca se verá aquí. Yo sólo me saco fotos cuando soy feliz.
 Pero este post no trata de mí, sino de alguien que intenta ser feliz y contarlo. Sin nombres. Se dará por aludido leyéndolo aquí, y algunos más tendrán la intución de averiguar quién es. Poeta, claro. Muchos de mis amigos están en la literatura. Pero hablamos de su blog. Siempre de buen rollito, siempre dando el tipo. Él no baja la guardia. Tiene un excesivo sentido del decoro: la desolación le parece impúdica. Aunque su poesía es desoladora.
Frío, frío: no es asturiano. Ya no.
 Quién sabe cómo morirá, quién sabe cómo moriremos todos. Pero este morirá agarrándose a la vida con los dientes y con las uñas, frenético, como un animal. Chaval, tú nunca vas a suicidarte. Sé que estás leyendo esto. No aprobaré tus comentarios, hermano.
 No estás viviendo bien, alguien tiene que decírtelo, pero eso ya lo sabes. Aprecio tu delicadeza: por lo menos no tratas de cargarnos con tu muerto. No nos torturas con tu autocompasión, que es lo habitual. Gracias. Valoramos mucho eso. Creo que tus otros amigos –a estas alturas este post ya es transparente- lo agradecen como yo.
 ¿Seguirás escribiendo poesía? Cuento con ello. Pero, sobre todo, ¿seguirás escribiendo un blog? ¿Con felicidades y no con tristezas? ¿Con afán y no con desánimo? ¿Para reir y reirnos contigo y de ti y tú de nosotros, en vez de que te pongas a llorar, bua, bua, como una nenaza del nuevo romanticismo?
Nenu, sabes que te quiero. Y estas son palabras privadas que te dirijo en público. Otro día pondré un poema tuyo. Me consta que te gusta mi poesía. Es recíproco. Sólo quería darte las gracias por ser entero, sólido. Por tu decorosa alegría. Te juro que yo tampoco me haré fotos estando triste.
Aunque sé que el de verdad es el de los poemas, que miras a un lado silbando, que no quieres que nos preocupemos. Qué tonto eres, qué cabrón.

Un poema de Anay Sala

Anay Sala (Sabadell, 1975) ha publicado su primer libro, Ý (turno de réplica), en la editorial Torremozas. Una poesía intimista, musical, de una pudorosa sentimentalidad y una sencillez que trasluce, casi sin querer, muchas cosas. Este es uno de sus poemas de amor:

Nada te pido, amor.
Que no me hieras.

Que el peso de tu rayo
me fulmine.

Que seas todo, amor.
Que no lo seas.

Que tu presencia en mí
aunque me duelas.

Lo que me gusta de Islantilla

Muchísimas cosas. Mencionaré sólo una: poder comer a pleno sol, en bañador, como hemos hecho hoy, a finales de noviembre.

El resto del día me lo estoy pasando ante el ordenador, trabajando a destajo.

Ausencias, amigos y regalos

Se ha ido Raquel y volvemos a la orfandad. Han sido días de reirnos mucho, de disfrutar al sol y de vivir las noches. Aunque algunas, lo reconozco, las dedicamos a ver Teletienda y retorcernos de risa. Gracias por existir, y no cambies.

Eso sí. Me he encontrado con un montón de trabajo atrasado al que intento ahora dar curso. Entre otras cosas, acabo de terminar la segunda traducción de Francis Scott Fitzgerald y empiezo otra de Jack London. Mi editor me anuncia el envío del Caldwell que traduje hace unos meses y del que daré cuenta aquí.

Algunos regalos que me trae el correo: La niebla de nuestra edad, una antología de poetas chinos contemporáneos; y una edición de 1924 de Eupalinos ou l’architecte, de Paul Valéry, editada por Gallimard, bien sûr. El responsable de este dispendio es Daniel Vázquez de la Fuente, un antiguo amigo del instituto al que he vuelto a encontrar al cabo de los años, gracias a la magia de los blogs. Daniel era un cabroncete que me ponía en muchos apuros. Me acuerdo de una pen-friend alemana que yo tenía. Él estaba por esa época muy engolfado en maquetas de guerra y cosas así y me chantajeó para que le pidiera a mi amiga información. Yo, ingenuamente, apunté en mi siguiente carta todo lo que él me decía. Nunca más volví a saber de ella. Creo que se figuró que lo que le pedía eran los objetos reales y no maquetas: vamos, que yo era una especie de traficante de armas. Pero nos reíamos mucho, hicimos pinitos en el cine de super-8, discutíamos de política…

Daniel vive ahora en Alemania, trabaja en el Instituto Cervantes y andamos intercambiándonos noticias y regalos. Como ambos somos piperos, hace poco me envío una lata de un tabaco excelente.

Por lo demás, y para no perder la costumbre, puesto que sigo de parto editorial, os pasó un enlace al blog de Josep Carles Laínez, que habla de El fin de semana perdido. No es una reseña al uso sino una divagación sobre muchas cosas: el deseo, la religión, el goce… Una reflexión muy personal de uno de los escritores más fascinantes del panorama literario actual, un personaje que merece un post propio (y se lo dedicaré). Y un buen, muy buen amigo.

http://aunquetalvez.blogspot.com/2009/11/el-fin-de-semana-perdido.html

“El fin de semana perdido”, en Babelia (El País) y Odiel Información

En el suplemento de Cultura de El País de hoy, Babelia, aparece una reseña de El fin de semana perdido, firmada por Javier Rodríguez Marcos. Si queréis leerla, este es el enlace:

http://www.elpais.com/articulo/portada/monstruo/perfecto/elpepuculbab/20091114elpbabpor_16/Tes

Por otra parte, Lidia Jiménez ha publicado en la última página de Odiel Información la crónica de la presentación del libro en Huelva, cuyo festejo prolongamos hasta bien entrada la noche. Paco Huelva leyó un texto estupendo, como ya esperaba, y luego nos fuimos a tomar algo y a cenar con Eva Vaz, Raquel, Rafa León, Francis Vaz, su mujer Ana, mi cuñada Maricarmen y la propia Lidia. En el 1900, mi bar favorito de Huelva, nos encontramos a Pepa Virella, que había presentado su libro allí. Y luego la noche se prolongó y se prolongó hasta que se hizo de día. Son cosas que pasan.

Os paso el enlace de la crónica de Lidia en Odiel:

http://www.odielinformacion.es/index.php?option=com_content&task=view&id=20856&Itemid=903

Presentación en Huelva

Este jueves día 12, a las 19 horas, presentaremos El fin de semana perdido en la librería Beta de Huelva. Hará los honores Paco Huelva. Estáis todos invitados.

Una buena excusa para vernos los amigos, para que conozcáis a Rakel y para pasar luego un rato divertido, aunque no pueda venir toda la gente que yo quiero, como mi niña Evi.

Una tarde entre amigos, contra la mezquindad del mundo. Os espero.

Amamos Plasencia

Hasta hace poco, Plasencia era una de los dos ciudades de España que tenía dos catedrales. Ahora es la única que tiene tres. Evavaz decidió que la iglesia de San Esteban, en la esquina de la Plaza Mayor, era la catedral y nuestros amigos plasentinos han decidido no llevarle la contraria.

Por lo demás, la presentación fue lo más parecido a una cena literaria. O una literario-cena, puesto que primero fue la lectura de poemas y después el banquete, en una mesa como de boda, rodeados de amigos. Uno nota cuando le quieren. Y sólo se pregunta por qué.

Como el domingo era mi cumpleaños, y sólo faltaban unas horas, a los postres trajeron una tarta con una vela y la inscripción: “Feliz fin de semana ganado”. Y sí que fue ganado.

Myriam Rubio lo organizó todo, llamó a la gente, reservó la sala, encargó los libros al distribuidor, repartió su deslumbrante sonrisa con generosidad, me riñó sin palabras cuando le dije que yo no lloro nunca. Le mentí. Rosa nos abrió su casa, cuidó de Eva como una madre, nos acogió a ambos. Y Miguel, mi DJ favorito, nos puso banda sonora a la felicidad, ya en casa de Rosa, casi hasta el amanecer. Manu aportó su dulzura, como siempre. Y estaban Nica y Emilio y Julia y Juanra y muchos otros amigos. En Plasencia tenemos una parte de nosotros.

Ayer llegó Rakel a Plasencia, la recogimos y comimos con ella y Myriam y Miguel y Rosa y Manu. Se unieron al chupito Caty y Miguel. Y me regalaron un cuaderno que pienso llenar de cosas que me importan.

Ya en Isla, Rakel se quedará con nosotros una semana. Estamos blindados contra la vileza del mundo.

(Julio Pérez ha colgado una galería de fotos del día en su blog: http://perezjulio.blogspot.com/ Gracias.)

Lectura en Plasencia

Ir a Plasencia, donde tanto quiero, siempre es un placer. Myriam Rubio ha organizado una especie de cena literaria, a modo de presentación de El fin de semana perdido, y mañana sábado nos reuniremos allí unos veinte amigos. Y el domingo llegará a Plasencia Raquel, que se vendrá unos días a Isla con nosotros.

Siento perderme las Jornadas de Literatura de Pravia, que organiza la Asociación de Escritores de Asturias y que han empezado hoy. Echaré de menos a todos mis amigos asturianos. El programa, si queréis consultarlo, está en la web de la AEA, a la derecha (con perdón).

Unas horas en Murcia

Museo Ramón Gaya

Manuel Fernández Delgado, JLP.

 No sé cuántos habitantes tiene Murcia pero parece una ciudad bastante grande, y aun así acogedora. Seguro que había varios sitios que visitar expresamente pero yo me dediqué a deambular sin rumbo, a empaparme del ruido y a tostarme al sol. A última hora de la tarde fui hasta el Museo Ramón Gaya, sospechando que si esperaba a la hora de la lectura no tendría tiempo de verlo. Gaya es un artista de referencia para los escritores de mi generación, al menos para aquellos que no creemos que el mundo se acabara con las vanguardias. Me quedo con sus dibujos, esos bosquejos que muestran la vida completa en cuatro trazos. Una línea de Gaya, ahí donde parece que el lápiz la trazó sin querer, como en un descuido, dice tanto como cien pinceladas de otros.

Al salir me encontré con Soren Peñalver, que venía de buscarme en el hotel. Nos dimos un abrazo, Soren empezó a hablar y ya no dejó de hacerlo en varias horas. Pero cada palabra que dijo me fascinó.

Increíble personaje, Soren. Ha viajado por medio mundo, ha vivido en Creta y en Nueva York, ha estrechado la mano de Pasolini, ha tenido correspondencia con Ezra Pound, lo ha leído todo, ha escrito mucho… y no ha publicado nada. O casi nada. Y es un placer escucharlo, da igual de lo que hable: de cine, de libros, de personajes, de cocina…

A la lectura asistieron varios amigos a los que sólo conocía por carta o por teléfono: Eloy Sánchez Rosillo, José Óscar López, Héctor Castilla… También Dionisia García, a la que he leído mucho, que es otra forma de conocer a alguien. Con Ángel Paniagua ya había coincidido alguna vez y puedo aseguraros que no es un heterónimo de Luis Antonio de Villena, como aún piensan algunos despistados.

Cené con Rosillo, Soren y Manuel Fernández Delgado, director del Museo, que me presentó en la lectura; un hombre cordial, agudo, de pocas palabras, aunque todos nos volvemos de pocas palabras estando Soren presente. Con Eloy tuve oportunidad de hablar por extenso, lo cual es un placer, porque es cercano y brillante. Y de su obra, de la que soy deudor, no digo nada porque ella lo dice todo (y yo también lo he dicho en alguna reseña). Tras la cena, y agregados Héctor, Ángel y Cristina Morano, unas copas. Demasiadas copas: me levanté a las 6 para coger el avión, habiendo dormido dos horas.

Me traigo algunos regalos: una edición facsimilar del Cuaderno de viaje de Ramón Gaya, un poemario de José Óscar y un libro sobre Rimbaud, fabuloso, con reproducciones de cartas, dibujos e ilustraciones, regalo de Soren.

Algunos amigos me dicen que este blog es todo buen rollito chupi-guay, que echan de menos algo de maledicencia. ¡Pero es que el mundo no me deja!

(La foto de la lectura, con dos flores y todo, es de Pepa Chacón, cortesía de Santiago Bertault. Thanx a lot!)

Lectura en Murcia

Ha sido un fin de semana de verano, nada invernal, a pesar de las máscaras, las ropas negras y los colmillos (ocho niñas en casa disfrazadas de toda la variedad monstruosa imaginable).

Mañana martes me voy a Murcia. Leeré mis poemas, a las 20 horas, en el Museo Ramón Gaya, por si alguien quiere pasarse por allí.  El miércoles estoy de vuelta. Farewell!

“Mi” Sherlock Holmes en el ABCD, y más

En el suplemento de Cultura del ABC de este sábado aparece una reseña de Seis enigmas para Sherlock Holmes (Navona), que servidor tuvo el placer de traducir. Si encuentro el enlace os lo paso.

Y ya metidos en el auto-chupamiento, una reseña de El fin de semana perdido, por Rubén Rodríguez:

http://www.escritoresdeasturias.es/literarias/resenas/el-fin-de-semana-perdido-de-jose-luis-piquero-por-ruben-rodriguez-102009-.html

y una entrevista de Ismael Domínguez en Odiel Información:

http://www.odielinformacion.es/index.php?option=com_content&task=view&id=20430&Itemid=906

Soren Peñalver

Para algo tienen que servir los blogs. ¿Alguien puede proporcionarme el correo o teléfono de Soren Peñalver?  La semana que entra tengo que ir a Murcia a leer y quisiera por anticipado contactar con este poeta “secreto” (¿secreto?) que vive justamente allí. Gracias.

Posteriormente: Ya está localizado. Gracias a Leo del Mar y a Ángel Paniagua por su ayuda (Ángel, te he escrito un correo).

Aprovecho para poner el enlace de un artículo que Peñalver ha escrito sobre mi libro: http://mas.laopiniondemurcia.es/verano/?p=4252

Cosas dignas de mención

Cumplo mi promesa de escribir algo a diario, aunque no me ocurra nada digno de mención. ¿O sí?

El martes fuimos al teatro a Isla Cristina. Hacían Gulliver, a cargo de la compañía chilena El viaje Inmóvil. Como eran títeres, la sala estaba llena de niños. Pero no era en absoluto para niños. Una reflexión sobre la libertad, el poder y el amor, llena de lirismo y con una puesta en escena brillante y original.

Algunas lecturas: En la colonia penitenciaria, de Kafka, una de las últimas novedades de Navona, en impecable traducción de Xandru Fernández. Una incursión gore en los abismos del poder y el fanatismo. Me llamo Aram, de William Saroyan (Acantilado), este una relectura. Saroyan tiene la facultad de reconciliarte con el mundo mundial. La frescura de su estilo creo que no ha sido superada. Zonas húmedas, de Charlotte Roche (Anagrama), la novela más escatológica que haya leído en mi vida (llegaba a revolver el estómago), y total para qué: inverosímil, falsa y alevosa, escrita para “demostrar algo”, que es la peor razón para escribir cualquier cosa. (Iréis en masa a comprarla: peor para vosotros).

Y el cine, que no falte: Baby Doll, obra maestra de ese gran hijo de puta que fue Elia Kazan. Lo que me gusta del cine clásico es su capacidad de sugerencia. Para mostrar un orgasmo, los directores actuales gastan más carne que La Casa del Filete. Ved Baby Doll para recordar lo que se llama elipsis.

Por lo demás, sol y calor y buen vino. Este fin de semana (ganado, espero), tendré unas seis niñas en casa dispuestas a celebrar Halloween (ya estoy estresado). Yo mismo pienso disfrazarme de zombie, para lo cual no me hará falta mucho esfuerzo. Y la semana que viene, lecturas en Murcia, en Plasencia…

Todo digno de mención.

La Iglesia Católica quiere tu dinero

Supongo que habéis visto el anuncio de la iglesia católica. Los actores que salen, el doblaje… Todo está perfectamente orquestado para dar una imagen moderna, dinámica, joven, tentadora. Uno lo ve, hace abstracción de lo que hay detrás y parece los mundos de Yupi. Casi no se nota que el vil objetivo, el único objetivo, la razón última de tanto colorín bien armado por una competente agencia publicitaria es que marquemos la casilla en la declaración de la renta para seguir regalándole nuestro dinero a una de las instituciones más sanguinarias y tiránicas de la historia, junto con la monarquía. Su ansia de poder y dinero no se ha saciado en veinte siglos de opresión. Simplemente han aprendido trucos nuevos.
Tus antepasados murieron en las guerras de esos reyes y esos obispos y esos papas, mientras ellos se daban la gran vida. Esa gente dio el visto bueno al fusilamiento de tu abuelo. Ahora ya no hacen guerras. Hacen política. Pero siguen pasando el sombrero. Cobran de nuestros impuestos (aunque no marques la casilla) y se permiten opinar y sentar cátedra, y protestan cuando alguien les critica (si es que somos muy malos y unos desagradecidos). Y aprovechan los mejores resortes publicitarios para meter el dedito en el ojo, y la gente pica.
Si es verdad lo que cuentan, debería venir Jesús a echarlos del templo con un látigo. Todo esto tiene un nombre inventado por estos mismos hipócritas: simonía.

Minireseña de Carlos Marzal en ABC de Valencia

Tenía pendiente copiar aquí la minireseña que Carlos Marzal escribió en su sección del ABC de Valencia sobre El fin de semana perdido. Son sólo un par de frases pero, viniendo de quien vienen, para mí son un tratado en dos tomos:

“Para algunos escritores, la literatura es un ejercicio doloroso de reflexión interior, de desnudamiento bronco de la intimidad propia. Para algunos escritores, la relación con su interlocutor representa una suerte de combate entre inteligencias y sensibilidades enfrentadas, un descarnado ritual en el que ajustar las cuentas de la vida. Para algunos escritores, la poesía no es una actividad complaciente, sino una dedicación peligrosa, violenta. José Luis Piquero pertenece a este género de poetas, para quienes las palabras no son menos explosivas que la dinamita. Alta literatura que tiene algo de ácido vertido sobre el rostro de la realidad”.

Y una entrevista de Lauren García en La Estrella Digital: http://www.estrelladigital.es/ED/diario/241277.asp

Fragmento de unas memorias inéditas (VII)

A José Muñoz Millanes

Si me preguntáseis cuál es la mejor fórmula para este tipo de amor os diría esto: tres personas. Dos hombres y una mujer o dos mujeres y un hombre. Siempre que a los tres les guste todo, siempre que sea entregarse sin mirar qué. ¿Pero qué prefiero yo? Ambas posibilidades son maravillosas. Todo está muy rico si las cosas se prueban como se prueba el pan: con la boca.
Y si me preguntáis cuál es el mejor momento, no mencionaría orgasmos ni proezas ni saltos del tigre sino dos momentos mágicos: al principio, cuando se ve y se toca por primera vez, cuando se abre el cofre del tesoro, lleno de monedas, y todo lo que queda por delante es gastar, gastar, gastar…
Y al final, después de todo, con ese cansancio y esa ternura y esa complicidad y la convicción de conocerlo todo de esas personas. Porque en la piel están escritas muchísimas más cosas que las que se ven y se acarician y se lamen.
Ojalá eso no se estropeara nunca. Que no vinieran luego la maledicencia y el mundo soez y la culpabilidad y la mirada sucia.

Manifestaciones

Tras haber tenido ocho años para derogar la ley del aborto, lo que no hizo, la derecha sale a la calle en una nueva muestra de hipocresía. No van contra el aborto sino contra el gobierno (”Zapatero quiere matarme”, rezaba el cartel que llevaba un niño de ocho años) pero han hecho menos ruido del que esperaban. Un nuevo sistema de recuento de asistencia (que no se basa en estimaciones sino que realmente cuenta uno a uno a los participantes) ha señalado que había unas 60.000 personas.

No es que sean pocas: son más o menos las mismas que tomaron parte en la manifestación del Día del Orgullo Gay, según el mismo sistema de recuento.

Justicia poética.

Ladran, luego cabalgamos

Hay gentes cuyos elogios encienden la luz roja de peligro. Si le gustas a un tonto, mala cosa. Y, por otro lado, hay críticas demoledoras que acaban siendo elogiosas, precisamente porque se les ve el plumero: venganza, envidia, etc.

Os paso un enlace muy divertido a un sitio en el que nos ponen a caldo perejil a Jaime Siles y a mí. El autor (o autores, porque afirman ser un colectivo, aunque se guardan muy bien de decir sus nombres porque son muy valientes) mantiene una página dedicada a destrozar sistemáticamente a cualquier poeta que haya publicado en algún lugar decente y haya tenido algún relieve, de Luis Alberto de Cuenca a Benjamín Prado, pasando por Marzal, Vilas, Benítez Reyes… Es significativo que sólo elogian a poetas de quinta fila: esos no hacen sombra a nadie. Detrás se adivina un mundo muy triste y mucha frustración.

La parte que se refiere a mí empieza diciendo: “Piquero puede llevar años sin publicar pero su red de amistades interesantes es amplia y extensa y llega casi a cualquier lugar”. Qué amables: me confunden con Pere Gimferrer.

Más adelante me califican de “realista sucio” y me auguran un desalentador futuro siendo reseñado “especialmente en prensa local”, lo cual suena un poco extraño cuando en el texto queda muy claro que su inquina se basa en gran parte en el hecho de que me hayan reseñado hace poco en El Mundo.

Disfrutadlo: http://criticadepoesia.blogspot.com/2009/10/jaime-siles-en-desnudos-y-acuarelas.html

Un poema de Héctor Pérez Iglesias

He cumplido con mi deber informando de los Premios de la Crítica de Asturias. Ahora me toca discrepar con alguna de las decisiones del jurado. No puedo entender que en el apartado de poesía en lengua asturiana fuese soslayado un candidato del que había dos excelentes libros para escoger. Me refiero a Héctor Pérez Iglesias (Llanera, 1978), el mejor (en mi opinión) poeta joven en lengua asturiana del momento. Se diría que los miembros del jurado se habían tomado unos cuantos chupitos en el momento de su decisión, visto lo que se ha visto.

Os dejo un poema de Héctor Pérez Iglesias, perteneciente a su libro Como crecieres tu. Un poema de amor, y seguramente no el mejor de los suyos. Es el que me ha apetecido leer esta noche. Va una versión castellana de urgencia. No tiene título.

Tu fiero goce.

La confianza carnosa
con la que te dejas echar el brazo del atardecer
sobre los hombros, resbalando
cálido hasta la cintura.

Desordenar entre algas
esa efervescente orfebrería que en ti se fragua
desde el día en que aprendiste lo hermoso
de olvidar aquellos modales
con los que te sentaron a la mesa,
la delicia de comer otros cuerpos
con las manos, sorberlos haciendo mucho
mucho ruido.

Esa marejada en la que te transforma la mirada.

Tu violenta alegría: cuando ríes
muerdes la noche
hasta hacerla sangrar entre magnolias

El chico ese

Algunos amigos de Asturias y de Huelva me preguntan donde comprar el libro (sí, ese con el que doy tanto la brasa últimamente).  Lo cierto es que la distribución está teniendo serios fallos en algunos sitios, lo cual no es culpa del editor sino de las circunstancias. Que se lo pregunten a Ángeles Prieto, que en Cádiz ha hecho una auténtica peregrinación por las librerías (gracias, guapa). Todo se irá normalizando, palabra.

En Oviedo me consta que Cervantes, Ojanguren y Trabe tienen ejemplares, igual que Paradiso en Gijón. En Huelva capital Beta tiene de sobra, mientras que Saltés, de momento, sólo sirve por encargo el libro “del chico ese”. Me encanta lo de “el chico ese”. Me han rejuvenecido sin querer. Así que en adelante se lo agradeceré aprovisionándome de libros en Beta.

Es bromaaa. No soy rencorosillo como otros…

Premios de la Crítica de Asturias

Como alguno habrá notado, he hecho recortes en un par de posts. No está en mi naturaleza ensañarme, y además no vale la pena.

Cambiando de tema, hace poco os daba los nombres de dos de los ganadores de los Premios de la Crítica de Asturias. Se han entregado este fin de semana y os doy la lista completa.

Novela en lenga española: Derrumbe, de Ricardo Menéndez Salmón.

Novela en llingua asturiana: desierto.

Poesía en lengua española: Los círculos concéntricos, de Alejandro Céspedes.

Poesía en llingua asturiana: Robinson astur, de Elías Veiga.

Cuentos en lengua española: No gana uno para sustos, de José Luis Espina.

Cuentos en llingua asturiana: La fábrica de lluz, de Xuan Santori.

Literatura infantil y juvenil en lengua española: El viaje de Tin y Ton, de Miguel Rojo.

Lliteratura infantil y xuvenil en llingua asturiana: Les coses que-y presten a Fran, de Berta Piñán.

Columnismo literario: Pedro de Silva.

Premio de las Letras: José María Martínez Cachero.

Días intrascendentes

Bueno, dejemos a Obama, visto que no consigo partidarios. Como véis, últimamente intento colgar algo en el blog si no a diario al menos cada par de días. Creo que es porque a mí mismo me fastidia entrar en los blogs que sigo a diario y no encontrar cosas nuevas.

Aunque no tengo nada que decir: no he hecho nada especial. Bueno, algo he hecho. He trabajado muchas horas y he terminado una traducción de Scott Fitzgerald que tenía pendiente (y ahora me espera otra del mismo autor). He leído unos cuantos capítulos de un libro de Irvine Welsh, Si te gustó la escuela te encantará el trabajo, una gruesa colección de relatos y nouvelles con la que me estoy riendo a mansalva. Me he bañado en la piscina (hace un calor espantoso). Me he tomado un vino con Eva en Lepe. He leído varios blogs de gente que me gusta y alguno de gente de la que me río. He… Vaya, después de todo parece que he hecho muchas cosas.

Mi día intrascendente termina dedicándome a contestar correos, mientras Eva se va a la cama con Anne Sexton (¿verdad que suena bien, dicho así?).

Bonne nuit, mes amis!

Un merecido Premio Nobel

He oído demasiadas veces que está al frente del mayor ejército del mundo. ¿Alguien se acuerda de que hasta hace 9 meses quien estaba al frente de ese ejército era un psicópata asesino?

Después de que recibieran el premio reconocidos terroristas (Begin, Arafat), con mucha sangre en sus manos, o el individuo que fraguó el golpe de estado en Chile, responsable del asesinato del presidente Allende y de la matanza y torturas de miles de chilenos (Kissinger), me parece que es un regalo para el Premio Nobel que lo reciba un partidario declarado del diálogo y la paz.

Hace poco publicaban los periódicos el precio de la tatarabuela de Michelle Obama: 200 dólares. Sólo con la elección de un presidente negro, el mundo ha cambiado hasta sus cimientos. Eso también merece un premio.

Más razones: han protestado los talibanes, la ultraderecha norteamericana y Hugo Chávez. Todo lo que esa gente critica es bueno para el mundo, es bueno para ti y para mí.

El mundo necesita ilusión. Intentemos creer en algo.

Qué buen Premio Nobel de la Paz, Barack Obama.

“El fin de semana perdido”, en El Cultural de “El Mundo”

Lo siento, sigue el tono auto-chupamiento en este blog. Hoy aparece en El Cultural del diario “El Mundo” una reseña sobre El fin de semana perdido, firmada por Francisco Díaz de Castro. Por si queréis leerla, ahí va el enlace: http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/25956/Fin_de_semana_perdido

Y algunos amigos han colgado comentarios en sus blogs. Muchísimas gracias.

Miguel Barrero: http://miguelbarrero.blogspot.com/2009/09/el-fin-de-semana-perdido.html

Antonio Rivero Taravillo: http://fuegoconnieve.blogspot.com/2009/09/el-fin-de-semana-perdido.html

José Manuel Benítez Ariza: http://benitezariza.blogspot.com/2009/10/acuse-de-lectura.html

Paco Huelva: http://minombre.es/pacohuelva/2009/10/10/jose-luis-piquero/

Vicente García: http://anotaciones.blogspot.es/1255144380/

“La guarida de Caín” cumple dos años

Hace dos años que se inauguró este blog y quiero daros las gracias a todos cuantos habéis entrado y dejado comentarios. Sólo dispongo de estadísticas desde abril pero en estos últimos seis meses los visitantes han sido 29.026. Naturalmente, muchos de ellos han llegado al blog por accidente. Sospecho que bastantes ornitólogos y aficionados a la naturaleza entran buscando al piquero (un tipo de ave característico de algunas islas del Pacífico) y se encuentran con un pájaro de otra especie. El pico de audiencia (314 visitas en un día), coincidió con la última entrega de los “Fragmentos de unas memorias inéditas”. Y yo que pensé que entrábais por la poesía…

Gracias otra vez y abrazos a todos, mes amis.

Una canción de Townes Van Zandt

townes-van-zandt1 Supongo que si menciono “Fare thee well, Miss Carrousel” muchos pensaréis inmediatamente en la versión española que el gran Nacho Vegas hizo de esta canción del gran Townes Van Zandt, un clásico absoluto del country agónico. La versión de Nacho está muy bien pero hoy os ofrezco un enlace a la canción original, además de la letra en inglés y mi traducción (la he hecho sobre la marcha, así que no será muy allá). Como veréis, la letra es más surrealista y ambigua que la de Nacho. Hay que leerla con atención y, sobre todo, escuchar la voz del señor Van Zandt. Va el enlace y luego las letras.

http://www.goear.com/listen/bac210a/Fare-the-well,-Miss-Carrousel-townes-van-zandt

FARE THEE WELL, MISS CARROUSEL

Well, the drunken clown’s still hanging round
but it plain the laughter’s all died down
the tears you tried so hard to hide are flowin’

And a blind man with his knife in hand
has convinced himself that he understands
I wish him well, Miss Carousel
but I gotta be a-goin’

Won’t you come and get me when
you’re sure that you don’t need me then
I stand outside your window
and proudly call your name

Well, the ladies been told that all of gold
is worth so much it can’t be sold
No time to weep she’ll need her sleep tomorrow

When she carries her face to the market place
and bets it on the opening race
she can ring her bells, Miss Carousel,
but her singing brings me sorrow

Well, it’s always done every mother’s son
is shown that grown men never run
and so they fight with all the might inside them

When the battle’s been fought and they all been taught
that the trick is just not being caught
Will you give them hell, Miss Carousel,
when they’re begging you to hide them

When the need arose your eyes fell closed
you clamped your fingers round your nose
Would you say that’s any way to judge him

Well, you haven’t got the authority
to kill him in the first degree
but would you feel compelled, Miss Carousel,
if you have something to begrudge him

On a velvet beach far beneath the reach
of those that come to pray and preach
The natural man who tries to stand is fallin

Well, how long will it be before he sees
you own his legs but his mind is free
Only you can tell, Miss Carousel,
how long will he be crawling?

The castle walls has grown so tall
seem there ain’t no hope at all
to reach the top even though you stop for breathin’

But I ain’t gonna try to make you cry
the tear drops couldn’t find your eye
It’s all been swell, Miss Carousel,
but the time has come for leavin’

 

QUE TE VAYA BIEN, MISS CARRUSEL

Bien, el payaso borracho aún anda por ahí
pero está claro que las risas ya se han acabado.
Las lágrimas que con tanto esfuerzo lograste retener
están fluyendo.

Y un hombre ciego con su cuchillo en la mano
se ha convencido a sí mismo de que entiende.
Le deseo suerte, Miss Carrusel,
pero tengo que largarme.

Volverás a mí cuando
estés segura de no necesitarme.
Yo estaré frente a tu ventana
y diré tu nombre con orgullo.

Bien, a la dama le han dicho que todo lo que es valioso
vale tanto que no puede venderse.
No hay tiempo para llorar, ella necesitará dormir
mañana.

Cuando aparece con su careto por el supermercado
y lo apuesta en la carrera empezada
puede tocar las campanas, Miss Carrusel,
pero su canción me causa dolor.

Volverás a mí cuando
estés segura de no necesitarme.
Yo estaré frente a tu ventana
y diré tu nombre con orgullo.

Mira, a todo hijo de vecino
le han contado que un hombre hecho y derecho nunca huye,
así que luchan con todas las fuerzas
que poseen.

Cuando la pelea ha terminado y ya todos han aprendido
que el truco sigue sin descubrir,
¿les mandarás al infierno, Miss Carrusel,
cuando te pidan que les des cobijo?

Volverás a mí cuando
estés segura de no necesitarme.
Yo estaré frente a tu ventana
y diré tu nombre con orgullo.

Cuando hace falta, tus ojos permanecen cerrados,
te aprietas la nariz con los dedos.
¿Crees que es una manera
de juzgarle?

Mira, no tienes derecho
a asesinar a un hombre en primer grado
pero ¿te sientes obligada, Miss Carrusel,
porque hay algo en él que te enfurece?

En una playa de terciopelo lejos del alcance
de los que vienen a rezar y predicar
el hombre normal que intenta quedarse
se pierde.

Bien, ¿cuánto tiempo pasará antes de que se dé cuenta
de que tú tienes sus piernas pero su mente es libre?
Sólo tú puedes decirlo, Miss Carrusel.
¿Cuánto tiempo más se arrastrará?

Volverás a mí cuando
estés segura de no necesitarme.
Yo estaré frente a tu ventana
y diré tu nombre con orgullo.

Oh, los muros del castillo se han hecho tan altos
que parece que realmente no hay forma humana
de llegar a lo más alto
aunque te pares a recuperar el aliento.

Pero no intentaré hacerte llorar.
Las lágrimas no encuentran tus ojos.
Todo se ha sacado de quicio, Miss Carrusel,
pero ha llegado la hora de marcharse.

Volverás a mí cuando
estés segura de no necesitarme.
Yo estaré frente a tu ventana
y diré tu nombre con orgullo.

Un poema de Alberto Tesán

alberto-tesanAlberto Tesán (Santa Perpètua de Mogoda, Barcelona, 1971) ha publicado los poemarios El mismo hombre (1996) y Piedras en el agua (2003), ambos en la editorial Pre-Textos, y figura en varias antologías. Aunque apartado del mundo editorial desde hace algún tiempo, su obra sigue creciendo y tal vez un próximo libro no tarde mucho. Como adelanto, os ofrezco uno de sus inéditos, en su línea realista y desasosegante. Si queréis leer más, os remito a su página en Las Afinidades Electivas: http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2008/03/alberto-tesn.html

LA CULPA DE TODO

Recién amanecido,
lo repites delante del espejo.
Escuchas los eructos del vecino,
su brillante monserga escatológica.
Te humedeces el rostro
con agua muy caliente
hasta que no soportas el dolor,
y ahora lo repites en voz alta:
No puede estar pasando.
Ella abre la puerta y te contempla.
No dice nada, se baja las bragas,
se sienta, y comienza a orinar.
El sonido te irrita.
Deseas que se vaya.
Cuando acaba, se rasca la cabeza,
se incorpora, y desaparece.
Entonces, piensas en sus labios,
piensas en vuestras vidas,
piensas, no puedes evitarlo,
en piedras y cuchillos.
Vuelves a repetirlo:
No puede estar pasando.
Regresas a la cama
y se hace la dormida.
Introduces tus dedos en su sexo.
Está mojada.
La penetras con fuerza,
hasta que te derramas.
Ella gime, te pide más.
Pero no puedes dárselo.
Está llorando cuando te retiras.
No importa. Todo pasa.
El dinero. La culpa es del dinero.

Teoría y práctica del desprecio

No odio a nadie. A nadie. Me parece un desperdicio de energía y además ¡no me dan motivos! Eso sí, hacia algunas personas siento algo mucho peor: desprecio. Y es peor porque el odio magnifica al odiado mientras que el desprecio lo rebaja a algo así como a ser un gusano, una insignificancia que nos asquea y luego olvidamos. Pero tampoco desprecio a mucha gente. Quizá a tres personas, tres escritores (o especie-de); y tampoco los desprecio por su escritura, que no tiene mayor interés, sino por sus actos.

Naturalmente, hay un montón de gente que no conozco personalmente y a los que desprecio con todas mis vísceras. Yo qué sé: Bush, Aznar, Berlusconi, Fidel Castro… No creo ser el único.

Con menos culpa por su parte (porque la pobre no ha matado a nadie, que yo sepa), últimamente he sentido un enorme desprecio por una tipa a la que vi casualmente en un programa de televisión. No se sabe muy bien quién es: uno de esos seres que se reputan (me encanta esta palabra) por elegantes y glamourosos, tipo la Preysler o Nati Abascal, de cuyo grupo amical forma parte (aunque parece ser que se dedican a despellejarse unas a otras a más y mejor). Los presentadores del programa competían a ver quién era más servil y a hacerle la pelota a mansalva. Ella apenas hilaba unas cuantas frases incoherentes porque las operaciones de cirugía estética habían reducido su rostro a una máscara sin expresión y le costaba articular. El personaje me fascinó tanto que lo busqué por internet y encontré una joya.

Os paso el enlace. La señora sale de compras a una tienda mega-pija-guay y aprovechan para entrevistarla. No os perdáis cuando le preguntan por la crisis y suelta eso de que los pobres ya están acostumbrados y que quienes lo pasan peor son los ricos, que se ven de pronto en la tesitura de perder sus casas y tal y tal. ¿Y cuándo le preguntan cuántos armarios de ropa tiene y responde que armarios no sino habitaciones? ¿Cuántas?, pregunta la periodista. Contarlas es de mal gusto, contesta (o cosa parecida).

En fin, que cada cual decida si es digna de admiración o de desprecio. Ayer recordaba a una mujer maravillosa y hoy toca la otra cara de la moneda: http://www.youtube.com/watch?v=9tHgu8dqENo o mejor aquí (con subtítulos): http://www.dailymotion.com/video/x9k2ci_carmen-lomana-en-comando-actualidad_lifestyle

Para que adentro nazcan cosas nuevas…

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Mercedes Sosa

Más reseñas de “El fin de semana perdido”

Sigo disculpándome por hablar tanto de mi libro y sigo alegando lo mismo: que no todas las décadas publica uno.

A continuación figuran los enlaces de la reseña de Miguel Rojo en “El Comercio” de Gijón y la de Nacho Escuín en “El Heraldo” de Zaragoza (esta en forma de texto de Word), además de los PDF de la entrevista en lengua asturiana que publica el semanario “Les Noticies”, firmada por Miguel Barrero.

http://www.elcomerciodigital.com/20091003/cultura/recobrado-semana-20091003.html

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Memorias de un autoestopista

El viernes pasado, por segunda vez en mi vida, tuve que hacer auto-stop. Íbamos a Isla Cristina (a 9 kms de Islantilla) pero Eva tenía que estar a cierta hora y a mí me quedaban varios asuntos pendientes en casa. Así que le dije que cogiera el coche y que ya me las arreglaría yo para llegar más tarde. Y así, sin pensarlo, se me ocurrió el auto-stop. Conque allí me planté en la rotonda del Hotel Iberostar, a las diez de la noche, bajo la luz de todas las farolas del mundo (lo que esperaba fuera tranquilizador), lleno de optimismo y valentía, con mi mejor cara de niño bueno y el pulgar en alto, como un César magnánimo perdonando a un fiero gladiador.

No me cogió nadie.

Hubo un coche con una pareja que hizo amago de detenerse. Pero cuando me acercaba aceleraron y adiós muy buenas. Debieron recordar, en una fracción de segundo, todas las películas americanas de autoestopistas psicópatas. De vez en cuando pasaba un taxi de Lepe o de Isla (hubiera invertido con gusto unos euros en eso) pero siempre ocupados.

A los tres cuartos de hora me cansé y me di un paseo hasta La Antilla (1 km. de Islantilla), donde pensé que podría encontrar a algún isleño de camino a casa, incluso hacerle el favor de llevar yo el coche si había bebido demasiado. En el bar de unos amigos, el hijo de los dueños, casualmente, se iba para Isla Cristina. Así acabó mi segunda experiencia de auto-stop.

La primera fue aún más lamentable. Y eso que entonces sí que me cogieron. Fue hace veinte años y un amigo y yo pasamos la noche de copas en Luanco. A altas de la madrugada se imponía o bien dormir en la calle o bien hacer auto-stop hasta Gijón (donde hay mejores enlaces y más temprano) u Oviedo (ya no harían falta ni enlaces). Así que nos pusimos a la salida de Luanco dispuestos a esperar un milagro. Y el milagro se anunció sonoramente antes incluso de ser visible. Oimos un coche acercarse a toda leche, derrapando, con ese chirrido de neumáticos forzados tan característico. Cuando apareció ante nuestra vista y se detuvo (¡oh, milagro!), sólo tuvimos dos segundos para decidirnos a subir. Era un coche destartalado, con música heavy a toda leche (heavy español) y dos tipos en el interior que uno no querría encontrarse en una calle oscura. Los dos segundos iban a pasar.

Subimos. Olía a porro que espantaba.

Hasta Candás no fue tan grave. El conductor, en vez de dibujar las curvas, las atajaba. Y a 200 por hora. En cierto momento fui consciente de que, hiciera lo que hiciera, iba a morir. Y con esa certeza desapareció el miedo. Cerré los ojos y me dispuse a esperar el choque. Los dos tíos hablaban sin parar y eran tan simpáticos como cabía esperar de dos que llevan encima diez o doce whiskies.

Pero en vez del impacto llegó la iluminación nocturna de Candás. Atravesamos el pueblo disfrutando por última vez (eso creíamos) de las conocidas calles. En eso el conductor dice: “¡Viste una pareja follando!”. Y pega un frenazo y un volantazo (ambas cosas a un tiempo) y da la vuelta. Se para delante de una furgoneta aparcada, baja la ventanilla y grita… Bueno, no recuerdo lo que gritó pero imaginaos algo como: “¡Exprímesela bien!” o “¡Ponla mirando pa Valladolid!”, o cosa parecida. Y tras contribuir a la noble causa del amor, dio otro frenazo y otro volantazo y retomó la carretera hacia Gijón. No hubo más: sólo le había apetecido (es natural) tener su pequeña participación, hacer una necesaria, yo diría que imprescindible, apostilla al suceso amoroso. En mi retina se quedó la imagen, muy fugaz, de los rostros demudados de un chico y una chica atisbando por la ventanilla de la furgoneta, con los ojos como platos.

Me ahorraré el resto de las incidencias del viaje. Sólo decir que tuvieron a bien ir a Gijón cruzando por cierto polígono industrial en el que parece ser que trabajaban, con la única intención de saludar a su colega, el guardia de seguridad (el cual nos dio a mi amigo y a mí mucha seguridad: al menos sería un testigo si aparecíamos descuartizados al día siguiente).  Finalmente nos dejaron sanos y salvos en la estación del Alsa de Gijón cuando amanecía y empezaban a salir los autobuses para Oviedo. Nuestro agradecimiento quedó acallado por sus rotundas afirmaciones de que éramos “unos tíos de puta madre”, cosa que es el día de hoy que aún no sé de dónde lo dedujeron, puesto que mi amigo y yo no abrimos la boca (no nos atrevimos) entre Luanco y Gijón. Pero cogimos nuestro enlace.

A veces recojo a algunas rumanas de la fresa o alguna viejecita de Lepe que va a La Antilla. No muy a menudo, la verdad. Bajo la música y no doy frenazos.

Me miran raro porque alguna vez -no saben por qué pero les da lo mismo mientras las lleve- me entra una risa floja de lo más tonto.

Alejandro Céspedes y Miguel Rojo, Premios de la Crítica de Asturias

Dos amigos míos acaban de ganar hoy el Premio de la Crítica de Asturias. Uno es Alejandro Céspedes, que ganó el de poesía en castellano, con Los círculos concéntricos. El otro es Miguel Rojo, que ganó el de literatura infantil en castellano, con El viaje de Tin y Ton. Dos excelentes libros y no por decir: los he leído. Que eztoy contento…

Aún no sé quiénes han ganado en otras categorías. Enhorabuena a todos.

Un poema de Sergio Gaspar

 

Sergio Gaspar

Sergio Gaspar

 Sergio Gaspar (Checa, 1954) carga con un considerable sanbenito: es uno de los editores más inquietos e innovadores de la poesía española contemporánea. Lo cual está muy bien. Pero es la mejor forma de desviar la atención de su propia obra. Supongo que este comentario, al ser Sergio mi editor, es sospechoso. Sólo os pido que leáis este fragmento de su último libro, Estancia (DVD), perteneciente a la serie que dedica a la enfermedad y muerte de su madre. Al borde de la disolución de la sintáxis, escrito con la sangre en la boca, creo que acierta a decir muchas más cosas de las que dicen las palabras. Si queréis saber de qué va la poesía española de ahora mismo, leed a Manuel Vilas y leed a Sergio Gaspar.

ESTANCIA (Fragmento)

No es que desee amar especialmente,
porque amor ni me sirve ni le sirve
normalmente a quien dices que lo amas.
Pero yo no seré yo. Yo soy tu hijo,

y esta inercia me conduce a postura
de decir. Tengo que amarte. Déjame
que te ame. Te levantarás. Los muertos
se incorporan nunca, cuando nadie

los mira. Tú, con tus ojos perfectos
que me vieron nacer, pronunciarás
-o dirás nada y sonará lo mismo-
esperé muchos años a que me pidieses.

Quiero bailar contigo. El momento es éste.
Cuando la orquesta se ha ido, cuando
no queda plaza ni noche. Entremos
en esta música que no está sucediendo.

Reseña de José Luis García Martín

En el diario La Nueva España de hoy, en el suplemento de Cultura, aparece una reseña de El fin de semana perdido, firmada por José Luis García Martín, uno de los críticos españoles más lúcidos e inteligentes del momento. Y no lo digo por los elogios, ya que también me saca no pocas tachas, como podéis leer aquí: http://www.lne.es/cultura/2009/09/24/trivialidad–magia-punetazo/812283.html

(Por cierto, en el periódico, en la edición en papel, han sido tan caritativos como para rebuscar en toda la reseña la frase más negativa y ponerla como texto resaltado. Cuánta pequeñez).

Un poema de Miguel Rojo

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El señor canoso que me acompaña en la foto es Miguel Rojo (Zarracín, Tinéu, 1957), poeta y narrador y uno de los grandes escritores asturianos del momento. También uno de mis más íntimos amigos y algo aún más difícil de encontrar: un camarada (en el sentido no político del término). A lo largo de muchos años, juntos hemos vivido (y bebido) de todo y somos implacables críticos literarios el uno del otro, lo que sólo es posible cuando la confianza y el cariño son inmensos. Algunos títulos: Memories d’un seductor (novela, también publicada en castellano), Llaberintos (poesía), Historias del más acá (relatos), Territorios (amplia antología bilingüe de su poesía, seleccionada y traducida por mí) y otra docena de libros más, incluyendo el campo de la literatura infantil.

Su última obra, aún inédita, es un largo poema en castellano, El paseo, del que os ofrezco un fragmento que puede leerse como poema independiente y que me ha dedicado, porque refleja vivencias que compartimos, pérdidas y fracasos que ambos conocemos bien. Me hubiera gustado poneros la foto a la que alude el texto pero no es posible. Creo que aún así el poema mantiene todo su poder evocativo y melancólico. Que lo disfrutéis.

EL PASEO (fragmento)

a JLP
     

Tu presencia me asalta en mitad del Paseo.
Siempre te gustó bordear los abismos de los desencuentros, roja y estridente amapola expuesta con valentía al polvo,
a las inflexibles pezuñas de los dimes, sus hambrientas bocas.
Recuerdo las confesiones al clarear la noche.
Las comidas en casa.
La complicidad tonta de escaparse a tomar una copa como chicos malos.
Creíamos ser dueños de algo importante, qué ilusos, y no teníamos nada porque nada es cuando con tal facilidad todo fue arrastrado por la implacable sonoridad de los días y la distancia, los nuevos rumbos que tejen los nuevos amores.
Hoy todo yace desvanecido, tan borroso como barcos hundidos bajo la fría banquisa del olvido.
¿Es este el precio por envejecer?
¿La pérdida continua de aquello que nos hizo esenciales y queridos?
En tu luz está la sombra, en la mía un pasar de puntillas sobre la vida para no herirse los pies con los afilados bordes de la hierba.
Hoy todo yace desvanecido.
 ¿Recuerdas la foto de Cármenes?
¿Aquella cadena de abrazos de la que sólo tú y yo quedábamos?
Ahora también nosotros nos hemos ido, absorbidos inexplicablemente
 por el cauce seco de aquel río donde un desconocido sacó la fotografía.

Cazafantasmas en Isla Cristina

Estamos llenando el fin de semana perdido. Hoy nos hemos tomado el día libre y nos hemos ido a Isla Cristina. Hemos comido al sol (no nos pica el sudor) y de tarde Eva pequeña y yo hemos ido a las jornadas de parapsicología. Mi niña, que tiene nueve años y es más lista que un atlas, ya está en guardia ante la superchería, la credulidad y el pensamiento acrítico. Y ponía unas caras… No era para menos. El asunto consistía en una exposición de las actividades del llamado Grupo Parapsicológico Misterio. Había una vitrina en la que exhibían la tecnología que usan para sus investigaciones: cámaras de video y fotos, sensores de movimiento y de temperatura, cámaras de visión infrarroja… Todo un equipo de cazafantasmas. Nos enseñaron fotos de mansiones encantadas y de ectoplasmas (”¿Veis aquí un rostro con expresión de amargura?”. Nosotros no veíamos el rostro y menos la amargura) y nos pusieron unos auriculares para oir psicofonías con mensajes apocalípticos (”Es el cura” decía una. “Bruto”, decía otra). Fue casi conmovedor. “Yo no digo que sean voces de difuntos -nos decía el muchacho-. Mi opinión es que se trata de impregnaciones psíquicas”. Mi Evi, que es un cacho más inteligente que los parapsicólogos, ponía los ojos en blanco y hacía comentarios mordaces. Lo bien que lo hemos pasado.

De lo que sea la felicidad yo nunca me he ocupado. “Por delicadeza he perdido mi vida”. O como dice Davendra: “La gente buena / sólo goza, nunca hay pena”. Este es un fin de semana ganado.

Fin de semana encontrado

Mi amiga Myriam me recuerda que este es “mi fin de semana perdido”. Me explico: para quienes no la hayáis visto, la cubierta de mi libro representa el calendario de un mes -este mes- en el que faltan las fechas de un fin de semana -este fin de semana-. Pero a despecho del diseñador, pienso encontrarlo y llenarlo de cosas. Tengo a las dos Evas para ayudarme. Trabajo (me da vergüenza llamarle trabajo a lo que es un placer: traducir a Francis Scott Fitzgerald), sol, buena comida, buen vino, amigos y lectura (un nuevo Caldwell que acaba de publicar Navona).

Por lo demás, ya sé que me pongo muy pesaíto con mi libro pero comprendedlo: no publico todos los días ni todos los años. ¡Ni todas las décadas! DVD ha publicado en su página web un adelanto con dos poemas. Ahí me he enterado del precio del libro: 9 euros. Dos whiskys cuestan más… La dirección: http://www.dvdediciones.com/

Prometo no seguir dando la brasa todo el santo día con mi libro. Pero es que (pronúnciese con voz de Francisco Umbral) ¡yo he venido aquí a hablar de mi libro!

Buen fin de semana encontrado a todos, mes amis.

“El fin de semana perdido”, en librerías

¡Ya era hora! Esta semana empezará a llegar a las librerías españolas mi libro de poemas El fin de semana perdido, publicado por DVD (Barcelona). Y era hora porque, como algunos sabéis, hacía doce años que no publicaba libro nuevo (Autopsia, de 2004, no cuenta: era mi poesía reunida). ¡Toy nerviozo!

Y ahora viene la segunda parte. Os pido a quienes os gusta mi poesía que os lo compréis. Así, directamente. Es decir: que no voy a regalar ejemplares, como he hecho otras veces. Y ello por varias razones. En primer lugar porque apenas tengo. En segundo lugar, y esta es la razón más importante, porque la situación editorial actual así lo exije. Es un tema del que he hablado a menudo con mi editor, Sergio Gaspar, el cual ha apostado por mi libro sin subvenciones ni premios de por medio (por cierto, que él no me regaló su propio libro, Estancia: yo me lo compré). Las librerías cada vez se arriesgan menos a comprar ejemplares, la distribución resulta muy difícil y las editoriales grandes se comen a las pequeñas. Es casi obligatorio que los lectores respondan comprando libros, ayudando a sostener esta industria.

Por mi parte, siempre he regalado mis libros a todo el que me lo pedía, cuando tenía ejemplares. Y me he dejado regalar los libros de los amigos, y hasta se los he pedido con toda frescura. Entono la palinodia: hay que comprar los libros y si son de amigos con más razón.

Resaca de South Pop

Mucha música, musho visio, nuevos amigos. Ha sido un fabuloso South Pop, en lo musical y en todo lo demás. Empezó suave, con Anni B. Sweet, y terminó potente, con We Are Standard. Por el medio, el histrionismo performancero de David Thomas Broughton o la voz agonista de Micah P. Hinson. Algo más decepcionantes Piano Magic (muy poco carisma en directo). Pero el balance, fantástico.

Ahora la vuelta al trabajo. Más tarde os anunciaré una novedad.

South Pop-Isla Cristina 2009

Hoy comienza en Isla Cristina el South Pop Festival, así que estaré ausente un par de días. Un buen cartel (Piano Magic, Cats on Fire, Annie B. Sweet, Micah P. Hinson, Klaus & Kinsky…) y un tiempo inmejorable. ¿A que tienta?

La homofobia de siempre

Ayer desperdicié la tarde discutiendo con una tipa, votante declarada del PP, que me proporcionó todo tipo de argumentos (científicos, históricos, morales) para demostrarme que la homosexualidad es una anomalía y una aberración. Por supuesto, estaba totalmente en contra de la ley que iguala los derechos de las parejas homosexuales. La cosa no sería tan grave (en todas partes hay trogloditas, recordad lo de las peras y las manzanas) si no fuera porque la tipa es jueza. En qué manos estamos.

En algunos lugares de Europa hay partidos de derechas que profesan un credo liberal en lo económico pero no son necesariamente retrógrados en lo social. ¿Por qué la derecha española ha de ser, como ha sido siempre, adocenada, hipócrita (¿no hay gays en el PP?), obtusa y meapilas? ¿Para cuándo una derecha civilizada, moderna y realmente liberal? Gallardón, afíliate a IU. Eres bienvenido.

Asturias, verano

 De vuelta en Isla, reencontrándonos con el calor. Han sido sólo quince días en Asturias pero intensos. Nos ha dado tiempo a bañarnos en la playa de Salinas, comer sardinas en Candás, pasear por los montes de Veguín, leer cosas diversas, ver a algunos amigos y, en suma, hacer de todo y no hacer nada.
 Con Raquel estuvimos todo el tiempo que se pudo y nos arropó como siempre, como una loba tierna, y nos dio una comilona en su casa que duró hasta la madrugada. Ahora pienso cuántos buenos momentos tienen que ver con amigos y cuchipandas: comimos un día en Gijón con Silvia Cosío y Xandru Fernández y otro en casa de Marisa y Miguel Rojo, donde nos quedamos a dormir tras prolongar la tarde y la noche por Cimadevilla con ellos y con Xabel Vegas. Antes, de camino, nos acogieron Myriam y Miguel y Rosa, a quienes abrazamos para seguir hablando. También estuvimos en Candamo, en casa de Elsa y Juan, dejando que Evi e Irene y David y Jorge corrieran por la finca toda la tarde. Un apunte sobre los gemelos: son tan distintos como pueden serlo unos gemelos. A mi ahijado David le apasiona el fútbol (me ha salido rana) y se sabe las alineaciones de todos los equipos de la Liga, lo cual no es moco de pavo porque sólo tiene cinco años. Jorge tiene vocación de bucanero y muchas de sus frases empiezan así: “Cuando sea pirata del Caribe…”.
 Me dediqué al fomento de la lectura (al fin y al cabo es la profesión de Eva) e introduje a Evi en el fabuloso mundo de Enid Blyton. Se está leyendo la colección entera de “Torres de Mallory”. Y a mi sobrino Manuel le sometí a chantaje para que leyera “El guardián entre el centeno”, con tan buen resultado que apenas le duró día y medio. Con lo cual pasamos a la droga dura y le compré un ejemplar de “A sangre fría”, que supongo ya habrá terminado. Tiene quince años.
 Por lo demás, alquilamos la casa de Oviedo, lo cual será un respiro económico, y pasamos los últimos días de la estancia en Veguín, en la antigua casa de mis abuelos. Y aquí debo constatar un pequeño fracaso. Había prometido a Evi, a Jaime y a mis sobrinos una excursión a Arguañes, con cueva, bosque y casa encantada. Me los llevé monte arriba una tórrida tarde y resultó que apenas reconocía el paisaje, que todo estaba distinto. La cueva no la encontré, el camino del bosque se me olvidó y la casa la habían derruido. Cero patatero en escultismo.
 Echo de menos Asturias y a mis amigos. Y a mis padres y su generosa entrega sin cortapisas. También Pepe Luis y Fini nos dieron de comer: nos dieron todo. Por ellos y por Juan y por Raquel estos mil kilometros no existen, son sólo un accidente.
 A la vuelta, tras una parada en el embalse de Proserpina para bañarnos bajo el sol, supe por una llamada que nació mi primo Mateo, justo el día del cumpleaños de mi abuelo. Hay miradas benéficas que ni la muerte puede abolir y todo reverdece tras arder las pérdidas.

Resumen de noticias de una gran trascendencia

Cuando ya pensábamos quedarnos aquí se han dado las circunstancias para poder subir un par de semanas a Asturies. Allí no tendré internet, así que este blog descansa hasta el 1 de septiembre, más o menos. Confío en que esta familia (Eva, Evina et moi) estemos cenando mañana a estas horas con Myriam y Miguel y Rosa, a mitad de camino de la Ruta de la Plata.

Nos hemos despedido de esta isla yendo a comer a Dom Petisco, un restaurante en Portugal al que hace años que vamos y que quiero compartir con vosotros. Está a tiro de piedra de nuestra casa (vivimos muy cerca de la “frontera”) y consta de una terraza situada justo encima de una pequeña cala casi virgen (sólo bajamos los clientes del restaurante y la gente que llega en lancha). Entre plato y plato puedes bajar a bañarte por una escalerita y luego volver y seguir comiendo. Mientras comes estás viendo Isla Canela y Ayamonte, casi al alcance de la mano, y el mar azul. Los camareros son cien por cien portugueses, es decir: amabilísimos, educadísimos, infinitamente cordiales. Con el tiempo he logrado hablar con ellos en portugués (están tan acostumbrados a tener que hablar en español con los españoles que cuesta trabajo convencerles de que existe un español que realmente se ha molestado en saber portugués). Este lugar de lujo, donde se come fantásticamente al pie de una playa solitaria, con una vista paradisíaca y sin agobios de gente, cuesta para tres personas (no privándose de nada y con buen vino) unos 30 euros en total para los tres. Y si me dicen que Bill Gates disfruta más en Maxim’s me parto de risa. De donde se demuestra que la felicidad no es cara: sólo hay que saber buscarla. Cuesta más comer el menú del día en un inmundo figón.

Playa Dom Petisco

 

En cuanto a Lana, poco que añadir. Realmente me cuesta trabajo hablar del tema porque llevo dos semanas dándole tantas vueltas que ya es obsesivo. Ya sé que no está por esta zona. Sólo puede haber muerto o haber sido adoptada. Y si es así, el tiempo dirá si aparece o no. Y no quiero hablar más de esto.

Tengo ansia de estar en Asturies y ver a la gente que quiero. Sólo echaré de menos lo que más me gusta de aquí: el calor y el sol. Adoro el calor. Odio el frío y la lluvia con toda mi alma. Confío en tener ahí arriba tiempo de agosto. Pero echaré de menos otra cosa. Por primera vez en años me voy a tomar dos semanas sin escribir artículos, sin traducir, sin leer por encargo… ¡No voy a trabajar en absoluto! Creo que tendré mono y lo llevaré malamente. Mi estado natural es mi trabajo. “No es trabajo…”. “Ya lo sé…”. (bonito monito amedio para quien averigüe de quién es la paráfrasis).

Hasta muy pronto, mes amis, disculpad las nimiedades que me gusta contaros e intentemos ser felices (soy partidario).

Lana ha desaparecido

No hace ni tres semanas que os hablaba de Lana. Desde el sábado día 1 está perdida. La he buscado por toda la zona, he puesto carteles, he colgado anuncios en internet. Hasta ahora nada. No sabemos qué puede haberle pasado. Todas las noches sueño que aparece.

Hay varias hipótesis que casi he descartado. Por ejemplo, que se haya perdido. Lana era muy casera, no se alejaba nunca. Y los gatos tienen instinto para volver a casa. Que la haya atropellado un coche (y se hayan deshecho del cuerpo) también es poco probable. No solía llegar a la calle y además habríamos encontrado sangre.

Mucho más verosímil es que se la hayan llevado. Lana era muy dócil y cariñosa, se acercaba a todo el mundo, y alguien ha podido pensar que no tenía dueño. Además, el día 1 fue de mucho movimiento en Islantilla. Estoy recabando los teléfonos de la gente que estuvo aquí de veraneo en la última quincena de julio y que pudo haberse ido el sábado. Pero mi mayor esperanza es que si alguien la ha “adoptado” la lleve al veterinario (es lo que yo haría en su caso). Entonces aparecería el microchip y podríamos recuperarla.

Lana forma parte de esta casa y de nuestras vidas. No pienso dejar de buscarla.

Un poema de Vicente García

Mi amigo Vicente García (Gijón, 1971) ha publicado recientemente su poesía completa bajo el título de Ahora (Renacimiento). Elegíaca y meditativa, en ella se oyen ecos de Cernuda y de Borges pero también una nota personal e intransferible. Os dejo con uno de sus poemas:

CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA

La vida
no volverá a ser sombra o paraíso,
sino tan sólo un orden
en el que no serás feliz ni desdichado,
acorde con los años que te quedan.
 
Como una biblioteca arrinconada
cuyos últimos libros
verás casi por alto,
sin esperar ningún deslumbramiento.
 
Aunque tal vez en eso
esté lo que tú buscas, en la paz
de la rutina y de la certidumbre
ajena a la aventura.
 
Serán días monótonos
que vayan preparando
la sorpresa final que los disuelva.

Vileza

Dos muertos más en la negra historia de esa banda de gangsters que anda cumpliendo el medio siglo y cuyo nombre no vale la pena ni mencionar. Sí hay que mencionar los nombres de Carlos Sáenz de Tejada García y Diego Salvà Lezaún. Por lo demás, me remito al artículo publicado hace un par de días por José María Guelbenzu en El País y que lo dice todo:

http://www.elpais.com/articulo/opinion/ETA/costumbre/odiar/elpepiopi/20090730elpepiopi_12/Tes

Diario de Valencia

Valencia es muy grande: avenidas anchas, largos bulevares, enormes edificios suntuosos. Una de esas ciudades inmensas (para mí, que me he acostumbrado a la naturaleza) en las que uno debe renunciar a casi toda la ciudad y ocupar y hacerse dueño sólo de una pequeña parte manejable, en este caso la zona del casco antiguo, catedral, ayuntamiento… No casualmente, llena de terrazas y de movimiento y de hermosa gente joven.
En esa pequeña ciudad acotada nos recibieron Josep Carles Laínez y Rosa María Rodríguez Magda, que nos llevaron a cenar a un restaurante precioso cerca de la catedral. Fuimos poniéndonos al día con los últimos avatares de cada cual y ellos nos contaron su estancia en Tokyo, un relato tan surrealista y apasionante que no cabe en esta página. Y no quiero quitarles la oportunidad de que alguno de los dos escriba un libro contándolas. Tendría, os lo aseguro, mucha miga.
Al día siguiente comimos con el poeta José Luis Bedins, un tipo divertido y muy amable al que nos ha gustado ver a menudo durante los días valencianos. La casa museo de Blasco Ibáñez no es muy grande pero tiene una magnífica terraza que mira a la playa de la Malvarrosa y por la que se cuela una brisa que nos reconcilió con el mundo. Eva y Bedins leyeron sobre una mesa de mármol maciza, con patas en forma de garras: el león blanco de la literatura. Pero el mayor descubrimiento de esa tarde no fueron los versos sino Carmen Laínez, con su inteligencia y su calor. De inmediato adoptó a Eva y yo me doy por adoptado como yerno.
Querría haber ido al IVAM por lo menos, pero el calor me desanimó. Me he conformado por ver la Ciudad de las Artes y las Ciencias desde afuera, desmesurada y espectacular, grandiosa y faraónica. Nos gustaron mucho más las casitas de la Malvarrosa, las cuales están a punto de desaparecer con la prolongación de la desmesura urbanística. Dudo que la ciudad gane con los cambios que la esperan.
En mi propia lectura en la casa de Blasco coincidí con Teresa Espasa y Ricardo Virtanen, un poeta hispano-finlandés (¡sí!) con quien he intercambiado libros y correos y espero seguir haciéndolo. Esa noche fuimos a otra lectura en un bar de Valencia, El Dorado; un acto más distendido en el que cada cual salía a leer cuando le apetecía. Me gusta mucho leer en los bares, y no sólo porque haya copas. No sé si la poesía gana entre el ruido y el humo pero se hace más llevadera. ¡Leyendo en un bar hasta David González parece bueno!
Nuestra participación en los encuentros tenía un colofón perfecto. Rosa y Josep Carles nos invitaban a pasar un par de días en el apartamento que tienen en la Pobla de Farnals, una especie de Islantilla a lo bestia que está a unos diez minutos de Valencia y al que nos fuimos los cuatro cargados de comida y vino y ganas de charlar de todo. Hubiéramos querido quedarnos una semana, rodeados de libros, con una terraza desde la que se ve toda la costa hasta el final de Valencia y siempre con algún disco maravilloso sonando en el reproductor. Paseamos por la playa, comimos marisco y hablamos y hablamos y hablamos. ¿De qué? De todo: de libros, de amigos, de sexo, de cine, de política, de la vida. Si teníamos amistad con JC y R, ahora tenemos algo que va más allá: complicidad, inteligencia, comprensión, claves propias. De amigos como ellos duele despedirse.
Momentos para recordar: Cuando se fue la luz mientras cenábamos en la playa de la Malvarrosa y seguimos charlando en aquel apagón que duró toda la noche, con avaricia del momento y de la compañía. También en la Malvarrosa, Eva cruzando la calle para ir a bañarse desnuda, antes de mi lectura (su plan era preferible al mío), entre sombrillas y toallas, y el niño que la vio y dijo: “¡Socorro!”, a lo que ella respondió: “¿Tengo celulitis?”. Rosa y yo discutiendo sobre la maternidad al fresco de la terraza de la Pobla y su cortesía de no ponerme en evidencia y dejarme salir ileso (hay que haber bebido algunos vinos para discutir con tanta presunción con una de las filósofas y pensadoras feministas más lúcidas de España). El sol ocultándose en la Pobla, mientras se encendían las primeras farolas y había esa luz violeta, indefinida, que tanto me gusta, y Josep Carles empezó a recordar las películas en las que había llorado y todos nos pusimos a contar en qué películas habíamos llorado. La competición para rebautizar a cierta escritora cuyo apellido se presta a que la rebauticen y esa complicidad de la sana maledicencia. Otra noche en la terraza de La Pobla en que empezaron a estallar fuegos artificiales en Valencia y los veíamos en la distancia, estallando de color y sin ruido. Los días que empezaban llenos de sol y de promesas y qué bien los fuimos llenando.
Y el colofón. Eva y yo íbamos de vuelta, llegando a Albacete (fuimos a Valencia en coche, que es el medio que preferimos cuando se puede) y se nos ocurre parar en una de las docenas de estaciones de servicio que hay en la autopista. ¿Y a quién nos encontramos? A mi hermano Juan con Elsa y los niños, que venían de sus vacaciones en Benidorm. Ya sé que estábamos en la misma zona de España pero las posibilidades de encontrarnos a la misma hora y en la misma gasolinera creo que deben ser bastante remotas. Le compramos un libro de piratas a Jorge y unos caramelos a mi ahijado David, vestido del Barça todo él, devorable.

Lecturas en Valencia

Mañana martes nos vamos a Valencia. Allí leeremos nuestros poemas Eva y yo los días 22 y 23, respectivamente (19 horas), ella acompañada de Juan Luis Bedins y yo de Teresa Espasa. El lugar, lo que se suele llamar un “marco incomparable”: la terraza de la Casa Museo de Vicente Blasco Ibáñez, mirando a la playa de la Malvarrosa.

Además de conocer Valencia (yo que conozco toda España nunca he estado ni en Valencia ni en Pamplona), espero con impaciencia las horas de conversación con Josep Carles Laínez y Rosa María Rodríguez Magda. No se puede tener mejores anfitriones.

Nos quedaremos unos cuantos días. Os veo a la vuelta.

Lana

Lana Lana se cree perro. No sé qué ejemplos ha visto en la vida pero sus nociones de lo que es ser gato son bastante elásticas. A despecho de los de su raza, ella viene cuando la llaman, le gusta la compañía, acepta lo que le dan sin exigencias aristocráticas, es obediente, es dócil y no exige atención, aunque la agradece. No desdeña a sus amos (que no la desdeñan a ella) ni los deja mal. Aunque se vende a las caricias de cualquiera, si su amito la llama viene pasando por encima de quien sea.
No ha hecho daño en su vida. En eso es mejor que muchos seres humanos. No hace sino dar calor y pedirlo. No protesta nunca, tiene la precaución de no ser molesta. Está a gusto en el lugar que le ha tocado y nos quiere y es querida. Ahora bien, de tonta no tiene un pelo: es una estratega, y hace bien, y sabe cómo obtener lo que quiere. Pese a todo lo escrito, ella manda.
Estábamos destinados. Cuando fui a la Protectora en busca de un gato, un sádico funcionario señaló una jaula en la que había treinta o cuarenta y dijo: “Entre y coja el que quiera”. Diez minutos después, yo parecía un ecce homo: sangraba por todas partes y parecía un campo recién trillado. Ni uno sólo de aquellos gatos se dejó coger, dejando muy clara (grabada en mi piel) su protesta ante mis intentos. Y entonces apareció Lana y empezó a frotarse contra mis piernas. Nos reconocimos.
Mientras escribo esto, ha venido ronroneando, se ha puesto panza arriba y, en suma, ha desplegado todos sus trucos de actriz barata. Tengo que dejaros: Lana pide mimos.

Facebook deserter

Mi estancia en Facebook ha durado apenas tres o cuatro días. No me gusta el medio y he cancelado mi cuenta. Entiendo perfectamente que haya a quien le guste. De hecho tengo muchos amigos allí. Pero no es para mí.

Siento haber mareado a algunos amigos al apuntarme. Lo cierto es que la compañía era perfecta, esto quiero recalcarlo. Pero de todos ellos tengo sus teléfonos, sus emails. Nos vemos de vez en cuando o nos escribimos. Y seguiremos viéndonos en este blog, que está abierto a todo el mundo, o en los suyos, que suelo frecuentar.

Farewell!

Diario de Islantilla

Islantilla 

Ya me había hecho a pasar los veranos en Asturias. Acostumbrados a vivir en un paraíso privado el año entero, con buen tiempo en cualquier estación, salíamos huyendo de la turistada de julio y agosto como el que dice: “Ahí os lo dejo, poneos morados y cuando vuelva no quiero ver ni a uno”.

Por diversas circunstancias (laborales, familiares y de salud) este año, de momento, nos quedamos en Islantilla. Y sí, ha habido una auténtica invasión pero, curiosamente, este año los miarmas no me  molestan demasiado y eso que hay colecciones de sevillanos catetos y madrileños chulitos y alemanes roncos para regalar. Pero no escandalizan demasiado y, en cambio, aportan lo que mi madre llamaría “animación”. Sigo con mis costumbres: no madrugar, trabajar muchas horas, cenar a la luz de la luna y quitarme el calor con piscinazos, aunque esto último muy restringido: la otitis se convirtió en una infección de oído de caballo que me ha tenido loco varios días. Ahora el tratamiento va haciendo efecto.

Traduzco a Erskin Caldwell, leo a Blasco Ibáñez y exploro el Facebook, a ver si le cojo el gusto. Por lo demás, no pido nada. Ni siquiera menos gente: la playa de Nueva Umbría, a tiro de piedra, como es nudista, está exenta de miarmas.

Os dejo una foto de mi isla, no del todo invadida pero a punto. Mi casa no sale. Queda para la derecha (con perdón), al empezar de una colina, como en Beberlijilses.

Una otitis, un descuartizamiento y muchos amigos

Inauguré mi viaje a Asturias con una fulminante otitis que me dejó completamente sordo de un oído. Eva tampoco se encontraba bien, así que decidió quedarse y yo me hice solo los 1.000 kms. de ida (y los de vuelta). Menos mal que me gusta conducir. En esas circunstancias, reduje la visita a un par de días. Pero cundieron.
Rakel me llevó brevemente a la romería de los Exconxuraos de Llanera (un poco de tipismo asturiano para no olvidar las raíces) y tanto ella como mis padres me dieron de comer, que ya se sabe que uno se gana el cielo sentando a un pobre a su mesa. Mil gracias, guapos.
Bastante gente en la lectura de Valdediós. Ya conocía y apreciaba a Julio Rodríguez y a Laura Casielles. Teresa Soto, que vive en Estados Unidos y está apartada de la literatura asturiana, fue un descubrimiento. García Martín leyó unos aforismos de ambiente chino para acabar confesando que odia el té y el bambú y demás aditamentos. Ante algunos de mis poemas apostrofó que un caballero puede hacer ciertas cosas pero no contarlas. Es un buen consejo. Se lo transmitiré a todos los caballeros que me encuentre.
Muchos amigos asturianos: Lola Lucio y Juan Benito Argüelles, Javier Almuzara, Marcos Tramón (ya sé que lees este blog, un abrazo), Hilario Barrero (que pasa en Gijón su mes anual), Rubén Rodríguez, Javier Villanueva, Alfonso López Alfonso, Carlos Iglesias, Ángel Alonso… Y el placer de estar de nuevo en Valdediós. Recuerdo una cena en la hospedería, hace años, servida por los monjes del Císter, con un vino excelente. Ahora, un obispo prepotente (valga la redundancia) los ha expulsado, y a saber qué será del centro.
Por lo demás, encuentro el color local muy entonado en mi patria, con los periódicos llenos de noticias sobre cierto descuartizamiento que trae a los asturianos medio locos. En una casa de Vallobín vivían una madre con sus dos hijos más varios inquilinos jóvenes. La hija menor apareció en el frigorífico troceada y han detenido a todos los que vivían allí. Además, elementos de incesto, violencia, problemas psíquicos, etc. Los periódicos chorrean baba ante semejante filón y cada día aportan interesantes titulares: “Los asesinos encargaron la noche del crimen 45 euros de escalopines al cabrales” (sic), “El descuartizador se inspiró en la película “Viernes 13″ para deshacerse del cuerpo”, etc.
Ante tanto casquerío, que me perdonen Pepe Luis y Fini pero mis fragmentos de memorias inéditas son vidas de santos. Ah, un recuerdo para José Muñoz Millanes, fan de este blog. Muy honrado.

Lectura en Valdediós

Me voy a Asturias. Será una visita de médico y no podré ver a casi nadie, por desgracia. Voy a hacer mis deberes y vuelvo. Este viernes día 3, a las 19,30, tengo una lectura en el Centro Cultural de Valdediós, junto a Julio Rodríguez, Teresa Soto y Laura Casielles, con José Luis García Martín como presentador. Tiene su aquel eso de recitar en un monasterio cisterciense. Estáis invitados (creo que a los asistentes se les obsequia con un libro que recoge poemas de los cuatro poetas).

A mi vuelta me espera un regalo de mi editor Joan Capdevila: traducir un libro de Erskine Caldwell.

See you pretty soon!

Poemas en Trigueros

Esta noche, a partir de las 23 horas, Eva y yo participaremos en la II Noche Poética de Trigueros, junto a Paco Huelva, María Gómez, Manuel Rubiales, Rafa León, Luis Eduardo Siles y algunos amigos más. Se trata de sacar la poesía a la calle y pasar un buen rato. Si vivís en Huelva y os apetece, creo que será divertido.

Un poema de Guillermo del Pozo

Os dejo un regalo. Un poema inédito de Guillermo del Pozo (Oviedo, 1964), autor de Contraterceros y Segundos fuera, un gran poeta y un buen amigo al que espero ver pronto.

 ETERNO (79 D.C.)

Fue la última vez que nos besamos.
No sabíamos entonces que después
de varios siglos aún permaneceríamos
abrazados.
Eternidad ya para siempre.
Pompeya nos dio la vida y todos piensan
que nos dio la muerte.

Eva Vaz returns

Vuelve a estar operativa la página web de Eva Vaz. La muchacha, que es más vaga que el ángel de la guarda de los Kennedy, no piensa colgar muchos posts nuevos. Pero espera darle vidilla a su Libro de Visitas. Por lo demás, hay poemas, fotos, etc. Va el enlace:

http://minombre.es/evavaz/

Una foguera, una boda y una aparición

Nuestro plan para esta noche es bajar a la Barriada de Pescadores de Islantilla a ver la foguera de San Xuan (bueno, aquí no le llaman así, evidentemente). Suelen quemar una barca en la playa y es bastante espectacular. No se descarta un bañito nocturno, con estos calores.

Hace hoy tres años estaban aquí mis padres y la familia de mi hermano, además de Rakel. Esa noche cenamos en La Montanera y Rakel improvisó, en el mismo restaurante, una pequeña foguera con una hoja de papel. Hasta que mi padre le dijo con toda suavidad: “Muy bonito, Raquelina, pero vamos apagándola, eh”.

Eva y JoseAl día siguiente nos dirigimos todos a Isla Cristina, donde un concejal nos casó a Eva y a mí. Fue una cosa sencilla, sólo con los más cercanos. Faltaban Juan y mis tíos pero, a cambio, tuvimos un regalo inesperado. Habíamos quedado de acuerdo en que mi ahijado Diego leyera en la ceremonia un poema de Cernuda y Eva pequeña leyera otro de Fernando Beltrán. Éste no lo sabía, aunque el día antes me llamó para preguntarme la hora del evento y acordarse de nosotros en el momento preciso de la boda. Y tanto que se acordó. Cuando íbamos a entrar en el Ayuntamiento, de detrás de un árbol surgió Fernando Beltrán. Había viajado toda la noche en tren para estar con nosotros ese día. Ya sólo faltaba que de otro árbol surgiera Cernuda. Más tarde, cuando le tocó el turno de leer, le dijimos a Evina que primero pidiera la venia del autor.

¡Qué guapos estábamos! Mañana también celebraremos esa efeméride. Feliz noche de magia a todos.

Irán: ¿se puede elegir?

El régimen iraní ya ni se molesta en ponerse la careta. Estos días estamos viendo al natural su feo rostro (un viejo conocido) en forma de probable pucherazo electoral, represión brutal, acoso a las libertades, asesinatos y lo que puede estar por venir. El posible vuelco a favor de los reformistas se aleja cada vez más, a no ser que prosigan las manifestaciones populares, en cuyo caso, y sabiendo que los dirigentes iraníes no amenazan en balde, el coste en vidas humanas podría ser muy alto. Por eso la UE y Estados Unidos han sido prudentes. He dicho prudentes, no tibios. Han sido tibios y cobardes en otras ocasiones, y en este blog se ha constatado. Pero ahora se precisa prudencia porque, como ha dicho sabiamente el ayatolah Jamenei: “Estas manifestaciones justifican una represión brutal”. Casi lo están deseando.
Algunos comentaristas, incluso desde mi propio partido, se han preguntado si no estaremos asistiendo, en lo que al tratamiento de los acontecimientos de Irán se refiere, a una especie de representación de lo que Occidente espera de Irán, presentando como bastante claro el pucherazo y exagerando las diferencias entre el fundamentalismo de Ahmadineyad y el “supuesto” aperturismo de Masaví. Vamos, que, según esos comentaristas, en Occidente habla el ansioso por boca del deseoso. Parece que se impone el “pensamiento” Chávez. Yendo por partes, me parece que el radicalismo de Ahmadineyad y el peligro que representa, no sólo para Occidente sino para sus propios ciudadanos, por no hablar de los países de la zona, está probado y más que probado (y ni siquiera recordaremos cosas como la negación del Holocausto, algo que en mi país está penado por la ley, como en el suyo lo están la homosexualidad o el adulterio… mejor no sigo por aquí). Y lo que está pasando estos días no hace sino confirmarlo.
En cuanto a Masaví, fuera de otras consideraciones, cualquier posición de apertura y liberalización en un país tan extremo como Irán no puede ser sino bueno y positivo: para Irán y para el mundo.
¿Que a Occidente le gustaría un acercamiento a Irán, cosa que sólo es posible con líderes aperturistas? ¿Que Occidente prefiere a Musaví? Pues claro. Amiga E.M.D., esto no es manipulación ni simplificación. Se puede constatar en cualquier telediario. Yo mismo lo prefiero. No digo que Musaví sea el abanderado del laicismo y la modernidad pero para mí, comparado con Ahmadineyad, es oro puro.
Como en estas cosas nunca falta un tonto útil, ahí tenemos al presidente Chávez llenándose la boca con su solidaridad con el gobierno iraní, sus felicitaciones por el impoluto proceso electoral y sus ánimos de seguir adelante con la gloriosa Revolución Islámica. Si no supiéramos que, tosco y brutote como es, Chávez es muy listo, diríamos que debería cambiar de dealer: le están vendiendo una cosa muy chunga. ¿Cuándo se librará –nos libraremos- la izquierda de tales ejemplos? ¿Cuándo aprenderemos que no tenemos que elegir entre lo malo y lo peor? ¿Cuándo asimilaremos que para luchar por cambios profundos, estructurales, no podemos olvidar la lección de lo que no puede hacerse porque ya se hizo y no funcionó?

Arrigoarriaga, 19 de junio de 2009

“Otra de las medidas que tomaron fue la de exterminar la población de las provincias del Noroeste

porque las gentes de allí tenían los ojos algo más oblicuos que ellos mismos.

Con esta medida marcaron su propia separación de la Humanidad.

Desde entonces los consideramos únicamente como locos que han perdido el sol y la luna

o como monstruos que se presentan cubiertos por la máscara de la falsa serenidad: la de la disciplina”.

-Harry Martinson-

Lectura en Huelva de Eva Vaz y María Rosal

En primer lugar, pediros disculpas porque en el apartado de Poemas (pestañas de la parte de arriba) no pueden verse los poemas anunciados. Es un problema técnico que estoy intentando solucionar.

Y luego invitaros a la lectura que hoy jueves darán Eva Vaz y María Rosal en la Biblioteca de Huelva, a las 20 horas. Espero veros a algunos por allí.

Un poema de Pelayo Fueyo

Pelayo Fueyo Hace veinticinco años que Pelayo Fueyo (Gijón, 1967) y yo somos amigos. Además de muchas otras vivencias, hemos crecido juntos literariamente y, aunque tenemos la misma edad y es difícil encontrar dos poetas más diferentes, considero que soy en gran parte discípulo suyo.

Su poesía explora los misterios de la identidad, las paradojas del tiempo y el significado de los objetos que nos rodean, cotidianos e inquietantes, desde la avidez del conocimiento y el rigor del lenguaje. Se ha dicho a veces que la suya es una poesía difícil. Yo diría más bien que es una poesía compleja, que no halaga el oído del lector y que lleva su indagación muy lejos. Una poesía que ha bebido de múltiples fuentes, desde el simbolismo a las vanguardias, y que constituye una nota absolutamente personal en el panorama de la poesía española contemporánea.

Este año ha sido especialmente fructífero para Pelayo, que ha publicado dos libros: su poesía completa en Pretextos y un poemario nuevo, El libro de la discordia, en Deva. Ahí os dejo uno de sus poemas, perteneciente a uno de sus primeros títulos, Memoria de un espejo, el cual, por cierto, podéis leer íntegro en esta dirección: http://www.portaldepoesia.com/Biblioteca/Pelayo_Fueyo.htm 

Que lo disfrutéis.

(La foto de la izquierda -cuya autoría siento no poder datar- fue tomada el año pasado en Pravia, durante un encuentro de escritores. Junto a Pelayo, se puede ver al también poeta Miguel Rojo).

Estáis muertos/ …Os digo, pues,
que la vida está en el espejo,
y que vosotros sois el original, la muerte.
C. Vallejo

Aquí se mira un muerto,
aquí se busca un niño,
y ese niño eres tú.
Pero, no, es mentira:
el alcanfor preserva su recuerdo
de tus zarpas ansiosas, y no hay llave
que desvele un semblante que fue tuyo,
porque nunca hubo máscara.
Tú mismo
te has vestido de tiempo contra ti.
Querrás ver tu ataúd en el armario
donde buscas tus huellas;
sólo es
un baúl invertido.
No existe otra mortaja a tu medida
que la de ese propósito;
tus trajes
no podrán ocultar tanto desnudo.
Volverás al espejo en el que antaño
se reflejó el que fuiste; sólo eso
-tu imagen inmediata y la certeza
de que un niño la tuvo en otro tiempo-
te hará cómplice suyo de la vida.
Recitarás, entonces, esta estrofa
para acabar con todas las doctrinas:
«Yo soy ajeno a mi conocimiento,
soy esa carne cruda que se exhibe
ante su propia historia,
soy el original, la muerte.»

Erskine Caldwell

Erskine Caldwell Hasta hace medio año yo ignoraba el nombre de Erskine Caldwell (1903-1987), uno de los grandes escritores norteamericanos del siglo XX, cuyas obras, sin embargo, resultaban difíciles de conseguir en España. Últimamente, la editorial Navona ha ido editando en rápida sucesión varias de sus novelas y para mí ha sido un deslumbramiento. El camino del tabaco, La parcela de Dios y Tumulto en julio tienen un escenario y unos personajes comunes: el sur paupérrimo de los años de la Depresión, con sus jornaleros empobrecidos y primitivos, racistas e ignorantes, cuya vida se les escapa de las manos y sólo son capaces, en último extremo, de reaccionar con ciega violencia.

Creo que los mejores diálogos que haya leído en la narrativa norteamericana están en estas novelas llenas de erotismo, de miseria y de odio, retratos de un mundo quizá no muy distante del actual. Las traducciones (de Horacio Vázquez Rial, Vicente Campos y Carlos Mayor, respectivamente), impecables. Os recomiendo encarecidamente leer a Erskine Caldwell. Droga dura.

Fragmento de unas memorias inéditas (VI)

No diré su nombre porque es un escritor joven (más joven que nosotros) muy conocido, con el que antes de eso habíamos coincidido en varios congresos y cultivado buena amistad. Esta vez, nosotros leíamos y él presentaba el acto. El hotel donde nos alojó la organización era fastuoso. Como él es de la ciudad, nunca había estado hospedado allí, lógicamente, así que fuimos a enseñarle la habitación, porque era digna de ver. Pero estaba claro que eso sólo era una excusa. Nos habíamos entendido con miradas, con medias palabras y con el lenguaje del deseo, que es más transparente que cualquier idioma y no tiene diccionarios escritos.

Fue lo que podría llamarse “dos para una”, no ese caos maravilloso de todos con todos en el que el sexo de cada uno no cuenta. No siempre se puede tener todo. Pero fue erótico, cómplice, tierno y muy excitante. Cuando Z. se quedó dormida entre los dos, nos quedamos un buen rato charlando de mil cosas, con la mejor mesa de tertulia que se podía pedir: el cuerpo desnudo de Z., que acariciábamos muy suavemente, ya sólo con ternura, dejándola dormir, en su mundo.

Cuando se fue salí a despedirle a la puerta de la habitación, que estaba en la primera planta (era un hotel muy moderno y muy peculiar). Si el recepcionista, portero de noche o similar vio a un tío desnudo despidiendo con un beso a otro tío a la puerta de una habitación debió de pensar de todo. Y, os lo aseguro, se quedó corto.

Elecciones europeas: poco que decir

Un día muy entretenido como apoderado de Izquierda Unida. Me he recorrido todos los colegios electorales de Lepe, toda una experiencia. Finalmente, malos resultados. No para nosotros, que nos hemos quedado como estábamos (aquí en Andalucía hemos subido) sino para el país en general: ascenso de la derecha, baja participación, desidia general… Un dato curioso: los mejores resultados de IU en Lepe se producen siempre en La Antilla e Islantilla, donde yo vivo. Para el lado de la playa somos más rojeras que en Lepe ciudad. Sólo 5 kilómetros nos separan de un conspicuo abrevadero del PP.

Luego cena con Carla y Telmo, que están aquí unos días. Lo mejor de la jornada, naturalmente.

No olvidamos Tiananmen

Tiananmen

Noche con Eduardo y los demás

Pocos pero entregados oyentes tuvo ayer Eduardo García en la Biblioteca de Huelva. Leyó fundamentalmente poemas de La vida nueva y habló por los codos de cosas pertinentes, literarias o no. Hizo una defensa de la utopía y de los extremos (desgarro o entusiasmo pero no emociones de segunda) y sembró sus ideas de izquierda sin asomo de dogmas. En este mundo literario nuestro, lleno de provocadores de pacotilla, es un placer oir a un radical, a un partidario de la felicidad.

El acto fue ocasión para reencontrarnos con Uberto Stabile, al que hacía tiempo que no veíamos, y luego, en cena y copas, para charlar con Francis Vaz, Juan José Oña y otros amigos. Oña es un político que en absoluto lo parece (lo cual le honra). Se diría más bien que es poeta o profesor o filósofo. Y hasta su cordialidad no es apresurada, no es “política”. Y con Eduardo, con quien tantas cosas me unen, un gusto charlar de todo y que no tardemos tanto en volver a vernos.

Lectura de Eduardo García en Huelva

Hace unas semanas, mi amigo el poeta cordobés Eduardo García consiguió el Premio Nacional de la Crítica por su último libro, La vida nueva, publicado por Visor (un premio del que yo mismo fui finalista hace años: dejadme presumir un poquito). Hoy, jueves día 4, a las 20 horas, tendré el honor de hacer de presentador de la lectura que dará en la Biblioteca de Huelva. Si queréis oir a uno de los mejores poetas de mi generación, no faltéis.

Y por si os apetece saber más de Eduardo, os remito a su página web, cuya dirección podréis encontrar entre mis links, aquí a la derecha (con perdón).

Con Carla y Telmo en Setúbal

Nuestro cuartel general en Islantilla era hasta hace poco tiempo El Bacalao, el restaurante de nuestros amigos portugueses Carla y Telmo. Allí tomábamos el vermú todos los días y, de vez en cuando, comíamos en la terraza, bajo un sol piadoso, el mejor bacalao al bras del Algarve regado con vino alentejano. Además de charlar horas y horas con Carla y Telmo, que ejercían con nosotros de padres (y, a veces, de hijos).

Hace unos días cerraron el Bacalo y se volvieron a Setúbal, dejándonos bastante huérfanos. Hemos pasado con ellos estos últimos días. Los padres de Telmo, Luis y Neney, nos abrieron su casa y nos trataron como tenía que ser: como a nietos.

Carla y Telmo nos llevaron a la sierra d’Arrábida, desde donde se contempla toda la bahía de Setúbal, atravesada por la manga de Troia. Está considerada la segunda bahía más bonita de Europa (me quedé sin enterarme de cuál era la primera). Jorge y Mila, cuñado y hermana de Carla, respectivamente, nos invitaron a comer sardinhas en el puerto, entre el humo y el bullicio. Un almuerzo fantástico, buen vino e inmejorable compañía.

Lo de Lisboa no pudo ser, no hubo tiempo, y eso que estábamos al lado. Otra vez será. Pero han sido un par de días estupendos, que se repetirán. Y he practicado mi portugués, que ha mejorado mucho. Ahora la próxima visita les toca a ellos.

Nimiedades

Días de inmenso calor que combato sentándome a leer al fresco, haciendo incursiones en la piscina y, lo que más me relaja: trabajando en mi despacho, mi habitación preferida de esta casa. Es asqueroso lo que me gusta mi trabajo. ¿Os acordáis de aquel tebeo de “La familia Churumbel? Eran tiempos de incorrección política y trataba de una familia de gitanos que se pasaban el día “afanando” y no dando golpe y sólo había uno que era muy trabajador y siempre estaba haciendo chapuzas y era la oveja negra de la familia. “A quién habrá salío este mushasho”, decía el patriarca con disgusto. Pues yo me parezco a ese. Pero no es para dar envidia: soy más pobre que las ratas. Y en cuanto a la piscina, creedme, no es signo de lujo: aquí va de serie con las casas, como en Asturias el parquet.
Actualmente traduzco a Conan Doyle, tengo un par de colaboraciones en prensa, estoy de jurado en un par de concursos y, dejando atrás la parte mercenaria, corrijo las pruebas de mi próximo libro, El fin de semana perdido, que saldrá tras el verano. Leo cosas dispersas: los cuentos de Scott Fitzgerald publicados por Navona y poemas de amigos lejanos y cercanos: Anne Sexton, Vicente García, José Luis Argüelles… Me pongo al día con blogs que me gustan porque en ellos habla gente inteligente que dice cosas (no como yo, que sólo os cuento mis nimiedades cotidianas) y leo por refocilarme en lo peor del género humano blogs de gentes mezquinas, frustradas y envidiosas que intentan medrar criticando a quienes son mejores que ellos. La maravillosa libertad de internet: lo mejor y lo peor en un totum revolutum (¿lo he escrito bien? No se me dan bien los latines): y lo mejor de internet: nuestra libertad para juzgar.

He estado pensando en eso: ya sé que en mi blog no cuelgo reseñas ni doy cuenta de lo que leo ni anoto comentarios interesantes. Hace tiempo que quería deciros que no es que sea medio tonto. Es que concibo este blog como una especie de diario que algún día me servirá de bitacora personal, para recordar qué hacía, a dónde viajaba… cosas así. En fin, que yo comprendo que las cosas que anoto no son necesariamente de interés general y, aún así, me abruman las estadísticas de visitas (que no os revelaré porque pensaréis que os vacilo). Bueno, me estoy enrollando. El blog que yo quisiera tener, en abstracto, sería uno como el de Jorge Ordaz o el de Martín López-Vega, algo literario, en mi estilo. Al fin y al cabo, hago crítica literaria y leo mucho. Pero no es así.

Si entráis y os sentís identificados con alguna cosa o si alguna vez os hago reir, me considero satisfecho. Yo me divierto mucho contando que vengo agotado de Sevilla o que voy a publicar una traducción de Saki. Y va, reconocedme que los fragmentos de memorias inéditas tienen miga… Pronto colgaré otra entrega.

Este sábado me voy a Setúbal un par de días. Quizá me dé una vuelta por Lisboa, algo que para mí será tremebundo porque la última vez que estuve fue en circunstancias muy distintas a esta. Pero hay que reconquistar espacios. Hasta la vuelta, mes enfants.

Diario de Xixón

La felicidad agota y hemos llegado tan cansados del Salón del Libro que me cuesta hasta sentarme ante el teclado. Pero ha valido la pena viajar a Gijón, por ver a tanta gente que nos gusta.

Empezando por Fernando Iwasaki, con el que coincidimos en el avión. Aplazamos para luego charlar un poco y ya se sabe lo que pasa en estos encuentros con tanta gente: casi ni nos vimos. Pero después todo fueron descubrimientos: Eugenia Rico y su inmenso carisma; Sebastián Abad, medio argentino medio sueco, del que nos hemos traído sus poemas; Carmen Yáñez, tan dulce y querible por todo.

El sábado tuve ocasión de tomar algo con buenos amigos asturianos: Antón García, Ana Vanessa Gutiérrez y mi queridísimo Alejandro Céspedes. También con Xandru Fernández y Silvia Cossío, que vinieron al recital poético en el Antiguo Instituto con Sergio Camblor y Xabel Vegas. Nuestro Xabel algo apagado (¡tío, necesitas un fin de semana en Islantilla! Pon fecha). Me sentía culpable por tener algo abandonada mi traducción de la poesía de Xandru pero, esa mañana, me tranquilizó Álvaro Díaz Huici, que será quien la edite y que me ha dado plazo. No nos conocíamos en persona y fue un gustazo charlar con él. Y compartir un vermú con Julia y Miguel Barrero y Fernando Menéndez, que me regaló su último libro artesanal, esas pequeñas joyas en las que cada ejemplar es único. De noche, Miguel Barrero estaba empeñado en que fuera a ver el partido del Sporting (que se jugaba su ascenso a 4ª regional o algo así) con él, con Álvaro, con Ricardo Menéndez Salmón, con Juan Carlos Gea y con Pablo Rivero. La tentación de la compañía era muy grande pero mi aversión visceral al fútbol fue mayor y no comparecimos. ¡Pues no se presenta el tío más tarde con una camiseta del Sporting, hecho un hooligan cualquiera! Las fotos están en su blog para ser vistas, con el enlace aquí a la derecha (con perdón). Más encuentros: Ignacio del Valle, que saca libro en junio, Miguel Rojo…

Con Miguel fuimos unos cuantos a recibir en la estación a Marcos Ana, poeta y un histórico de la lucha antifascista, compañero de Miguel Hernández en la cárcel. No lo conocía pero había visto su fecha de nacimiento (1920) y temía que le sacaran del vagón en silla de ruedas. Craso error. Está más ágil que yo y más lúcido y es extremadamente cordial. Daniel Mordzinski nos hizo una foto preciosa con él: la alegre juventud avanzando hacia la cámara. Y el más joven, Marcos Ana.

Eva y yo recitamos en el Acuario con Marcos, Janet Núñez, Rui Costa y Carlos Salem. Rui le pidió a Eva que leyera la versión castellana de su poema después de leer él el original portugués. Pues nada: salió para allá y se puso a leer. Y yo veía que Rui empezaba a poner caras raras y un color se le iba y otro se le venía. Al terminar se me acerca y me dice: “Tío, que se ha inventado medio poema…”. ¿Y qué alegó Eva? Que no veía bien, así que hizo lo que pudo. De traca.

Tomamos el vermú todos juntos (más José Luis Argüelles y nuestra Rakel) y nos fuimos a comer. En el brindis entregaban el premio “Claude Couffon” a María José Castaing y Luis Sepúlveda aprovechó para hacer un elogio de la figura del traductor que me conmovió por lo que me toca en el oficio. Luego, en una mesa apartada, Rui, Miguel, Eva, Alejandro y yo compartimos una comida en la que se habló de muchas cosas que importan mucho. Un momento para recordar, con buen vino, buenos amigos y la vista de la playa de Poniente.

Nos trajimos varios libros más: de Rui, de Carmen Yáñez, de Argüelles (a quien tuvimos el inesperado placer de encontrarnos por la calle ayer y tomar un último café) y nos trajimos el placer de hablar con gente inteligente, divertida, civilizada, interesante. La gente que queremos tener cerca. Se quedaron cosas (yo hubiera querido pasarme un par de horitas en la Casa del Libro o en Paradiso y ver a más amigos que no estaban en el Salón) pero no me quejo. Cómo voy a quejarme.

En el aeropuerto nos despidió Rakel con tres rosas. No hay que decir más.

Salón del Libro Iberoamericano

Este viernes Eva y yo nos vamos a Asturias. Participamos en Gijón en el Salón del Libro Iberoamericano, en donde leeremos el domingo juntos a otros poetas. Como asiste mucha gente, os copio un enlace donde podréis ver el programa completo. http://www.cmx.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=1731&te=3&idage=2146&vap=0

Si os apetece pasaros por allí, pues ahí nos tomaremos una copa o dos. Hasta pronto, mes amis.

Muchos amigos

¿Cuántas cosas pueden vivir juntas dos personas a lo largo de 41 años? Pues esa es la edad que tenemos Juan y yo, que nacimos con un mes de diferencia y nos criaron juntos desde la cuna. No es mi hermano de sangre pero es tan hermano como si lo fuese.
En Párvulos, Juan y yo nos tajamos un dedo (cada uno el suyo) creyendo que podríamos escribir con él como con un lápiz. Una uña descarnada une mucho. Más adelante nos adentramos juntos en el mundo de la delincuencia, vendiendo billetes de lotería caducados (evidentemente, no vendimos ni uno). Luego nos dio por la parapsicología e hicimos sicofonías y perseguimos ovnis. Una vez casi nos detiene la policía por intentar grabar las voces de los muertos en el cementerio de Hules.
Con los años, cada uno se fue haciendo su vida: él se convirtió en abogado y yo en escritor. Juan y yo somos tan distintos como un huevo y una castaña (la castaña le toca a él, que se apellida Castañón) pero llevamos 41 años siendo amigos. Esta semana ha estado en mi isla con mi cuñada Elsa y sus dos gemelos, Jorge y David (este último mi ahijado). A los niños les he pintado un mapa del tesoro con calaveras y dragones y he hecho de monstruo. Tengo unas garras peludas y unos pies de ogro y una careta naranja que son lo nunca visto. Ya sé que Baudelaire no hacía estas cosas. Por mi parte, me los comería a ambos.
Y mi otra hermana no de sangre, Rakel, ha estado también. Esta casa era un caos: ocho personas felices. Y Rakel cuidaba de las ocho. Rakel: la persona con quien más he llorado y reído, con quien tanto tengo.
Hace un par de días llevé a Rakel a Sevilla y hoy se han ido Juan y Elsa y David y Jorge. Si no tuviéramos a Evina seríamos unos huérfanos absolutos. Esta noche abriremos nuestra mejor botella de vino para brindar por los amigos idos y presentes. Y pienso añadir a los amigos a los que leo estos días: Ian Gibson y Joseph Conrad, que son una compañía distinta pero también cálida. Soy un suertudo: estoy rodeado.

Palinodia

Rectificar es de sabios, tal y como nos han enseñado. Como veréis, he borrado el post anterior. He hablado con mi amigo (leyó el post y me llamó) y he obtenido explicaciones totalmente satisfactorias. Creo que he sido excesivamente tiquismiquis. Como decía Rimbaud, par délicatesse, j’ai perdu ma vie.

He interpretado erróneamente ciertos acontecimientos y, lo que más lamento, he subestimado a un amigo del que no puedo tener ninguna queja sino todo lo contrario. Lo peor es haber insinuado que él podría guiarse por la importancia literaria de tal o cual poeta, algo de lo que sé que es incapaz. Todo ha quedado aclarado y no entro en más detalles. Le he pedido disculpas.

Y os las pido también a vosotros por haberos involucrado en el lío. Yo he aprendido la lección de que algunas cosas se hablan directamente, no en los blogs. Y que las apariencias a veces son las apariencias. Os agradezco, no obstante, todo el interés que os habéis tomado. Dentro de poco borraré también este post y me olvidaré del asunto. Pero gracias por estar ahí.

Y con mi amigo, que lo sigue siendo, me disculpo otra vez.

The Cousins

Cuando éramos pequeños, mis primos Carmen y Pablo y yo éramos inseparables. Jugábamos a muchas cosas: creamos una agencia de detectives, formamos un grupo musical -The Cousins- y escribimos nuestras propias canciones… Además de eso, yo (que era algo mayor que ellos) me dedicaba a contarles historias de miedo que luego solían recordar por la noche. Noches que mi tío Juan se pasaba en blanco invocando mi nombre y haciendo gestos de estrangulamiento con las manos.

Hace unos días Pablo se casó con Bea y estuvimos recordando aquellas mañanas en que oíamos “I am the walrus” y “Hurricane” o hacíamos volar ingenuamente papelitos propagandísticos del próximo disco de The Cousins por el balcón de la casa de veraneo. Emma, la hija de Carmen, corría ahora por el restaurante con mi sobrina Irene. Vamos para viejos.

Felicidades, otra vez, a Pablo y a Bea. Nosotros hemos vuelto a Isla, nos hemos traído a nuestra Rakel y esperamos compaginar estos días el placer y el trabajo. De momento, tengo que ponerle prólogo a una selección de cuentos de Clarín y comenzar una traducción de Conan Doyle, entre otras varias cosas. Me encanta mi trabajo…

Me voy un momento y vuelvo

Me ausento tres o cuatro días. Pablo y Bea se casan a mil kilómetros y yo quiero estar allí.
Pero atentos, porque a mí vuelta os plantearé un caso de conciencia. Necesito vuestro sabio consejo para un asunto delicado que os contaré por extenso. Materia sensible.
Hasta muy pronto, mes enfants.

La espantá

Lástima lo de Rosa Aguilar. Igual que las personas no estamos para perder amigos, las organizaciones (sobre todo una como la nuestra) no está para perder gente valiosa. Porque valiosa era y supongo que seguirá siéndolo en su nuevo cargo. Además de desleal y ambiciosa: eso lo sabemos ahora.

Hay quien ha dicho, interesadamente, que había tocado techo en IU. No era así, pero quien lo dice ha expresado muy bien las motivaciones de Rosa Aguilar. Ya veréis como no se conforma con una consejería: en adelante querrá siempre más. Y es que para algunos lo importante no es creer en un proyecto y trabajar por él sino creer en sí mismos y trabajar para sí mismos. Rosa Aguilar ha traicionado a sus compañeros, a sus votantes y a su proyecto político. Lástima. Por ella: no están los tiempos para perder ideales.

En castellano se llama deserción. Pero los andaluces lo dicen más gráficamente: espantá. Pues nada, buen provecho. Y otra vez: qué lástima.

Zaragoza: Poesía para Perdidos

Lo único que no nos ha gustado de este viaje han sido las prisas. Por lo demás, fue un placer volver a Zaragoza, ver a Vilas y a Oliván y a Ángeles y a ese hombre siempre sonriente llamado Fernando Sarría, y a Luisa Miñana y a Miguel Ángel Yusta y a Manuel Martínez Forega y a Nacho Escuín y a todos los demás. Y leer en La Campana de los Perdidos con un público entregado. Como ilustración musical, el café cantante bizarro de Cuidado con el Perro, que nos hizo reir a todos.

Nos hemos traído algunos regalos: un libro nuevo de Fernando, un disco de Rufus Wainwright que nos regaló Rafael Suárez Plácido (con quien comimos en Sevilla)…

De Zaragoza hemos visto poco. La próxima vez prometemos perdernos de verdad.

Algunos posts de amigos con fotos y palabras sobre el encuentro: http://fernandosarria.blogspot.com/ 

http://forega.blogspot.com/2009/04/poesia-para-perdidos-25-abril-2009-eva.html

http://luisamr.blogspot.com/

Lectura en Zaragoza

Ayer debíamos leer un poema de Machado en los actos del Día del Libro de Huelva pero un malentendido con las horas hizo que llegásemos tarde. Anyway, tomamos unas copas en el 1900 con los amigos (Paco Huelva, Francis Vaz, Santiago Aguaded, Manolo Moya, Pepe Varo) y nos vinimos para casa con un montón de libros.
Mañana nos vamos a Zaragoza. Será visita de médico, puesto que el domingo estaremos de vuelta. Eva y yo leeremos nuestros poemas en un bar, La Campana de los Perdidos (muy adecuado), con Manuel Vilas como presentador. Por cierto, haremos el viaje con él, porque anda por estas tierras y cogeremos el mismo tren para Z. Procuraremos no terminar con las existencias del vagón-restaurante. 

Un buen plan: amigos y literatura. Estáis todos invitados.

Un poema de Eva Vaz

Este otoño, Eva publicará en la editorial Baile del Sol una antología de toda su obra, incluyendo material inédito. Como adelanto, ahí va este poema.

RIGOR MORTIS

Yo vi a un hombre morir.
Vi en qué momento ocurrió:
dulce y sin drama,
como el llanto de un recién nacido.
Diría que fue hermoso.

En la guerra se quedó sordo de un oído
y yo le gritaba para saber si morir era
eso. Me pareció muy poca cosa.

Fuera de la habitación oía silencios y llantos
pero yo debía quedarme allí,
sin llorar. Prometí encargarme de todo.

Me acerqué a su aliento como nunca antes
imaginé hacer. Impúdicamente respiré su calor,
su olor a colonia caliente.
Parecía un amante besándolo.

Intenté cerrar sus párpados.
No murió con los ojos cerrados.
Nos han engañado: la muerte nos coge
con los ojos abiertos.
Sus párpados eran rígidos,
como pestañas de metacrilato,
como los ojos de mis muñecas
cuando morían en mi propia cama.
Mis muñecas tenían novios, hermanos, bebés,
y también morían. Las muñecas de mis amigas
nunca morían en sus camas.

Yo le arreglé la sábana, el pelo, la posición de su cabeza.
y plegué sus brazos sobre el esternón. Correctamente.
Era un muñeco gigante: aún se dejaba hacer.

Fue un leve tejido.

La muerte rozó apenas
su pequeño corazón.

Con Carlos

Charlar con personas inteligentes y cordiales siempre es un placer. Y si además han escrito algunos de tus poemas favoritos ya no digo nada. Comimos (y cenamos) con Carlos Marzal y hablamos de amigos, de literatura y de todo un poco. No nos veíamos desde que leímos juntos en Francia el año pasado, y nos pusimos al día. Por la tarde leyó sus poemas en una sala llena y hubo ocasión para unas copas en el 1900. Carlos lee muy bien pero la poesía en general -y sus poemas en particular- no son para ser oídos sino para ir a buscarlos directamente a la página. Es una búsqueda que os recomiendo vivamente.

Lectura de Carlos Marzal en Huelva

Este jueves día 16, Carlos Marzal, autor de libros como El último de la fiesta, Metales pesados o el reciente Ánima mía, leerá sus poemas en la Biblioteca Pública de Huelva, a las 20 horas. Si tenéis ocasión, no os lo perdáis (además de presentarlo, yo me dedicaré a pasar lista).

“Vacaciones de invierno”

José Manuel Benítez Ariza es no sólo uno de los mejores poetas de mi generación sino también un excelente narrador, una especie de escritor de culto cuyas novelas y relatos han ido apareciendo en pequeñas editoriales, ajenas a los colorines y la parafernalia de los grandes circuitos. No parece que ser un autor minoritario le preocupe gran cosa: esto no es una carrera de velocidad sino de fondo, y él lo sabe muy bien.

Paréntesis acaba de publicar su nueva novela, Vacaciones de invierno, un relato lleno de humor, una crónica de la España de los años 70, vista a través de los ojos de un niño que tiene que permanecer varias semanas hospitalizado. En días interminables de rutina sanitaria, el protagonista va dejando vívidos retratos de toda una fauna esperpéntica y menesterosa, como eran aquellos tiempos: unos padres prematuramente envejecidos, el celador afeminado y protector, el compañero de juegos hiperactivo… Y, como trasfondo, el ruido del televisor y su canal único, los tebeos de Pumby, los madelman, todo cuanto era importante en la vida de los niños que hoy ya no cumplen los 40.

Una excelente crónica generacional escrita por alguien que estuvo allí.

No era literatura pero hizo bien

Lo primero que hay que decir de Corín Tellado es que echaremos de menos su aspereza. Los años le habían dado el privilegio de decir lo que pensaba y no templar gaitas. No era políticamente correcta. Yo nunca me he aburrido leyendo una entrevista suya. Con la vejez y los achaques también le fue dada la sabiduría. O, más bien, el escepticismo, que es el primer paso para ver las cosas con claridad.
 Lo segundo que hay que decir es que Corín Tellado no fue una gran escritora. Ni siquiera una buena escritora. Fue una mala escritora. Sólo que -¡halas!- tuvo éxito. Corín Tellado no tenía talento, como el 99 por ciento de la gente que se sienta a escribir. Sólo que ella consiguió vender más libros que los mejores escritores de su tiempo o de cualquier otro tiempo. Las cifras han hecho que Corín Tellado sea tenida en cuenta por los críticos, por los escritores. No habría problema si no fuera que la sociología y la literatura son cosas distintas.
 Pero en este artículo quiero salvar a Corín Tellado. Quiero salvar al personaje. Que una mujer asturiana de su época consiguiera convertirse en la autora más leída del orbe hispano suena a milagro. Y quiero, también, salvar a la escritora, lo voy a intentar. Confieso que sólo he leído una novela suya: “No quiero volver a verte”. Se desarrolla en un hospital en el que los médicos y las enfermeras, contra todo pronóstico, no se dedican a cuidar enfermos sino a ligar entre ellos. La trama es tan enrevesada que me llevaría cuatro columnas resumirla, pero aún recuerdo los diálogos finales:
-Eres una ratita mimosa.
-No son mimosas las ratitas.
-Entonces eres una critaturita.
-No soy una criaturita: soy una mujer.
 Él lo sabía. La estrechó entre sus fuertes brazos, etc.
Evidentemente, nada esto se parece ni a la vida ni a la literatura. Sin embargo, Corín Tellado consiguió algo quizá más importante que hacer gran literatura: facilitó a miles de personas el contacto con el libro, esa cosa horrible. Abolió esa otra cosa horrible que es el miedo al silencio (cuando uno lee, lee en silencio). Proporcionó entretenimiento, distracción, consuelo, la posibilidad de vivir otras vidas. No importa que esas vidas fueran impostadas, fueran mentira: un reflejo deformado de la vida real y las emociones reales. Hubo quien las encontró útiles y hermosas.
Por todo ello, Corín Tellado ocupará un sitio en nuestra historia. Quizá no en la historia de la literatura pero sí en la de nuestra historia más cercana, aquella que tiene que ver con nuestra educación sentimental, luego muy cuestionada. Pero si los libros sirven para hacernos la vida más vivible, ¿quién hizo tanto como Corín Tellado?
Que la tierra le sea leve. Lo que hizo fue para bien.

 (Publicado hoy en La Voz de Asturias)

“In memoriam” y “Yesterday”

El cine siempre me ha salvado de todo. En 1982, el día en que se jugaba la final del Mundial de Fútbol de España, creo que debí ser el único espectador (se aceptan testimonios de otros privilegiados) que en vez de ver el partido vi en la segunda cadena (entonces ni siquiera se llamaba La 2) “In memoriam”, una maravillosa película de Enrique Brasó basada en un cuento, también maravilloso, de Bioy Casares, “En memoria de Paulina”. No conozco a nadie que viera la película ese día. No conozco a nadie que haya visto la película. Y no sé por qué.

Sólo que me gustaría saber la dirección de Enrique Brasó para agradecérselo.

Hay otras películas de las que me siento el único espectador. Hace algún tiempo colgué un post hablando de momentos de cine que tenía en el recuerdo. No puse una escena de una película polaca que vi hace más de veinte años y con la que me pasa lo mismo: no conozco a nadie más que la haya visto, aunque los habrá. Se titula “Yesterday” y trata de un grupo de jóvenes que en la época dura del comunismo trataban de sacar adelante un grupo de rock a imitación de los Beatles. Era una película terriblemente triste y maravillosa. Tendría que haber contado en ese post la escena en que los cuatro chicos y la novia de uno de ellos se refugian en el gimnasio, durante una insoportable función escolar a mayor gloria de los éxitos del régimen. Allí, a oscuras, sólo alumbrados por las ascuas de los cigarrillos, escuchan lo último que ha llegado de los Beatles, obtenido no se sabe cómo: “And I love her”. Es un momento de epifanía, tres minutos hermosos de cine, al borde del desencanto.

He sido capaz de buscar y bajarme de internet “Yesterday” en polaco, sólo para volver a ver esa escena. Mientras los católicos invaden las calles con sus horribles y sórdidos ritos de muerte y su gregaria entrega de rebaño a mayor gloria de la institución más genocida de nuestra historia, yo sigo ejerciendo mi feliz freakismo disidente: nunca dejaré de ser partidario de la felicidad.

Un poema de Rafael Suárez Plácido

Por desgracia, el nombre de Rafael Suárez Plácido no le sonará a casi nadie. Y el hecho de que su primer y hasta ahora único libro lo haya publicado casi clandestinamente la diputación de Huelva no ayudará mucho a que se le conozca más. Pero un buen libro siempre es una semilla y el futuro es ancho y mucho. Os envío un poema de “El descubrimiento del Bósforo” (atención al juego de espacios temporales, la economía de lenguaje, lo mucho que dice sin decirlo) y que lo disfrutéis:

EL ROJO Y EL VERDE Y EL NEGRO
Ella está tumbada en el sofá rojo,
la cabeza de lado
sobre la manta verde
que tango le gustaba.
Yo alargando la espera
y empeñado en negar lo que ya es cierto,
entré en su habitación
para pedirle el libro
que ayer leímos juntos y escapar.
Pero estoy a su lado
y le acaricio el cuello, víctima
de una contradicción
que no sé si quiero resolver
ni cuánto va a costarnos. Me pregunta:
Dime cuándo has sido feliz.
Le respondo que ahora.
Y cuándo más infeliz.
También ahora.
Se aparta el pelo negro de la cara,
entonces lo tenía algo más largo,
y me dice:
Pensaba que venías a salvarme.

Proyectos

Últimamente he leído libros nuevos de unos cuantos poetas amigos: Pelayo Fueyo, Lorenzo Oliván, Antonio Manilla… A nosotros también nos toca. A despecho de la mala racha económica, este año se nos presenta lleno de proyectos literarios. Yo tengo a punto aparecer varias traducciones (las fábulas de Stevenson y dos libros de relatos de Saki) y alguna más vendrá en próximos meses, como una antología en castellano de la poesía de Xandru Fernández. Y mi poemario “El fin de semana perdido”, que se publicará en la editorial DVD después del verano. En cuanto a Eva, cuyos poemas acaban de aparecer en el libro colectivo “23 Pandoras”, publicará próximamente una antología de toda su obra, con el título de “Frágil”, en la editorial canaria Baile del Sol.
Por lo demás, la turistada de Semana Santa ha invadido esta isla, junto con unos invitados inesperados, los Testigos de Jehová, que celebran una convención en un hotel de por aquí. Daba penita verlos, trajeteados hasta el cuello (niños incluídos), comiendo sus bocadillos en los bancos del paseo marítimo, bajo el maligno sol de Islantilla.

Lujos baratos

No me canso de recorrer Huelva y de encontrar nuevas felicidades. Si la capital no es la ciudad más bonita del mundo, la región sí lo es, tanto en la parte de la costa como en la de la sierra. 

El trabajo de Eva nos ha llevado hoy a la comarca del Andévalo en un día de mucho calor (aquí ya ha entrado el verano sobradamente). Pero nadie ha dicho que trabajo y placer sean incompatibles. Al terminar, comimos en Calañas, en una terraza a la sombra y con nuestro vino, tranquilamente. Luego nos acercamos al embalse del Calabazal, casi al lado, en Sotiel Coronada. Buscamos una cala apartada y nos dimos un baño, “desnudos en las rocas como racimos de agua” (me encanta citarme). El sol se hizo más benigno. Y el resto se puede imaginar.

En estos tiempos de crisis, cuando no podemos permitirnos el lujo de contratar a nadie y tenemos que hacer presencialmente todo el trabajo y cobrarlo cuando Dios y los interventores quieran, aún quedan lujos baratos: no hay dinero que los pague.

Nicholas Hughes Plath

Me entero por el blog de Natalia Menéndez de que ha muerto el hijo de Sylvia Plath y Ted Hughes, Nicholas. Se ha suicidado. Es raro pero parece haber en ello cierta lógica (aberrante, terrible). Se suicidó su madre y se suicidó su madrastra, la segunda mujer de Ted Hughes. Una familia tan triste…
Casi es para alegrarse de que Hughes (el malo malísimo, el chivo expiatorio de los amantes de los mitos) no estuviera vivo para pasar otra vez por algo así. Personalmente, prefiero la poesía de Sylvia a la suya pero mis simpatías están del lado del pobre Ted, y no por solidaridad entre miembros del género opresor y malvado. La crítica feminista de la época convirtió a Hughes en un monstruo y a Plath en una víctima desolada. Creo que no eran ni lo uno ni lo otro. Sólo dos seres humanos haciéndose daño a manotazos, sin querer.
La muerte de Nicholas (que aparece con su nombre en muchos poemas de Sylvia) es una noticia triste. No conocíamos a esas personas pero formaban parte de algo muy nuestro: las conocíamos muy bien por su escritura. Es un colofón lamentable para que sigamos ahondando en nuestra melancolía, en nuestros propios fantasmas espantosos.

¿Problemas con el servidor?

Lo de siempre. Sospecho que algunos correos no me entran y algunos que yo envío no llegan. Si me escribís, marcad en Herramientas “Solicitar confirmación de lectura”. Si no os confirmo la recepción estaré en lo cierto.

Enrique Gómez Carrillo

He rescatado algunos libros de mi casa de Oviedo que quería releer. El resto se quedarán metidos en cajas quién sabe cuánto tiempo: he alquilado la casa. La crisis.
Y estos días releo las memorias de Enrique Gómez Carrillo: un dandy, un tarambana, un trepa, posiblemente una mala persona. También, en algunos momentos, un gran escritor, un mago de la prosa de los que ya casi no se ven. Su nombre no dirá nada a la mayoría pero en su tiempo fue un triunfador, algo así como Umbral en nuestros días (y quizá el destino de Umbral sea el mismo).
En las páginas de “En plena bohemia” y “La miseria de Madrid” (recuperados hace años por Llibros del Pexe al cuidado de José Luis García Martín) está la literatura y está la vida. Una vida adornada y una literatura adornada. Pero vida y literatura al fin y al cabo. Gómez Carrillo conoció a todos los grandes escritores, muchos de ellos hoy olvidados, viajó por todo el mundo, amó a todas las mujeres. Su vida fue mejor que su obra. Sin embargo tiene esa precisión en la escritura que hace que leerlo sea una maravilla. La mayor parte del modernismo ha envejecido demasiado. Gómez Carrillo también. Pero algunas de sus páginas siguen siendo maravillosas. Os recomiendo esos dos tomos de sus memorias si os gusta no sólo la última novedad (también pronto pasto del olvido) sino la buena literatura de cualquier tiempo y lugar.

Libro terminado

Ayer terminé mi séptimo poema del año. Doce años esperando y he escrito casi la cuarta parte del libro en dos meses. Lo doy por terminado. El título provisional será “El fin de semana perdido” y contiene los mejores poemas que he escrito nunca, lo cual no es mucho decir. Ahora sólo espero que Sergio Gaspar me dé el visto bueno, fechas y demás.
Ha hecho sol (aquí ya casi ha llegado el verano) y era mi santo pero no ha sido un día especialmente bonito. Mañana será mejor. Saludos, mes amis.

Manolo Moya, Benjamín Prado y un gato encerrado

Hacía mucho que no escribía aquí y algunos, como Arati, me han reñido. Gracias por echarme de menos. Creo que hoy os resarciré.
La razón de no ocuparme del blog es que ha estado pasando unos días en casa mi hermana Raquel (tengo un hermano de sangre y dos añadidos y Raquel es de estos últimos). Además de trabajar, nos hemos dedicado a estar con ella, a que nos cuidara y a cuidarla (esto último tal vez con poca fortuna). Ayer la dejé en el aeropuerto de Sevilla y a la vuelta sentía el peso de la orfandad.
Hoy he ido a Huelva a una lectura de Benjamín Prado y Manuel Moya. A Manolo, afortunadamente, lo veo a menudo. Con Benjamín hacía quizá cinco o seis años que no coincidía, desde una conferencia que pronunció en Oviedo y en la que yo ejercí de presentador. No ha cambiado -no tenía porqué- y sigue siendo ingenioso, inteligente y divertido y sigue contando muy bien las anécdotas. Un gustazo oir los poemas del uno y del otro y ver a los amigos de “la capital”: Francis Vaz, Paco Huelva, Ángel Poli, Santiago Aguaded… Moya y Prado son una combinación quizá insólita pero que funcionó. Las lecturas poéticas son un mal necesario -ningún buen poema gana leído-. Pero necesario. Y yo soy de los que escuchan los poemas, soy así de raro (otro día os contaré las confidencias de amigos poetas respecto a lo que divagan y cómo ponen la mente en blanco cuando asisten un recital ajeno. Aunque, pensándolo bien, todos lo hemos hecho alguna vez).
Luego había una cena y yo, con harto dolor de corazón, decidí irme. Eva se había quedado en casa y no se encontraba muy bien. A partir de ese momento todo se torció hasta llegar a una situación de esas que se convierten en una pesadilla o en un sainete.
Me encaminé al parking público donde había dejado el coche. Iba hablando por el móvil y distraído, así que no me di cuenta de que me metía en un garaje privado que había justo al lado del otro. Cuando entré debía estar abierto porque alguien acababa de dejar allí su coche. El caso es que de pronto me vi en un garaje extraño y, horror, cerrado. Lo lógico hubiera sido buscar la salida normal. Pues no. Me puse nervioso y cogí la de emergencia, una de esas que se abren bajando una palanca. La puerta se cerró tras de mí con un chasquido ominoso: por ese lado tenía cerradura de llave y no se podía salir.
Recorrí los tres pisos de escalera para encontrarme con puertas cerradas a cal y canto, hasta que desemboqué en el piso superior, que daba a la calle. A la calle no: al patio interior de la Casa Colón, por donde no pasa nadie porque está rodeado por un muro. Estaba completamente atrapado. Una gruesa celosía de madera sin cristales me separaba del patio.
No quiero extenderme. En la Casa Colón no hay vigilante nocturno y, por otra parte, ya digo que todas las puertas estaban cerradas. Llamé a la policía local y les expliqué la situación. Finalmente llegaron dos agentes, amabilísimos (no se rieron de mi torpeza y mira que sobraban motivos), que saltaron el muro para llegar a la parte exterior de la celosía. Analizada la situación y visto que no aparecía nadie con llaves, no había solución aparente, salvo escalar la celosía y pasar al patio. El único problema es que la celosía tenía unos diez metros de altura, tal vez más, y juro que no es exageración.
El comentario de los policías, minutos después, mientras me acompañaban (yo aún temblando) hasta el parking:
-¿Tiene usted hijos?
-Una niña. No es mi hija pero como si lo fuera.
-Pues tráigala mañana para que vea por donde ha subido y bajado usted. No se lo creerá.
Y yo aún no me lo creo. ¿Conocéis esas vallas que hay en las esquinas curvadas de las aceras, que llegan a la altura de la cintura? Una vez, pasando por encima de una de ellas (porque era muy larga y había que rodear mucho para cruzar la calle) me enredé y quedé colgado de la barra como un cochinillo puesto a asar. Ese es el tipo de patoso que ha escalado y descendido una valla de diez metros de altura.
Ah, la vista era bastante buena.

Y más poemas

Ya me da vergüenza decirlo pero hace un par de días terminé el quinto poema del año y hoy el sexto. Ahora que tengo inmensos problemas con Hacienda, parece que se desata la inspiración o lo que demonios sea eso. Trece poemas en los últimos cinco años y seis en sólo dos meses. Algo va muy bien o muy mal. Pero es dulce…

Un cuento en seis palabras

¿Se puede escribir un buen cuento con sólo seis palabras? Se puede. La editorial Navona ha convocado un concurso de relatos de esa extensión y ofrece, como muestra, varios ejemplos. Con los mejores se publicará un libro. Para participar, sólo hay que entrar aquí: www.navonaed.com.

¡Vaya timo!

A lo mejor aún queda alguien que crea que existen los fantasmas, que los extraterrestres tienen en la Tierra poco menos que una segunda residencia, que la Sábana Santa de Turín es el sudario que envolvió a Cristo, que en el Triángulo de las Bermudas desaparecen más barcos que en toda la tierra o que unas huellas sobre el césped del adosado son del Chupacabras. A lo mejor no: seguro. Si no, Iker Jiménez, J. J. Benítez, Enrique de Vicente y tantos otros vendedores de humo (y Ummo) no estarían forrándose a costa de los crédulos y los amantes del misterio de birlibirloque.

Pero “Milenio 4″, a pesar de sus nocivos efectos sobre el cerebro, tiene antídoto. Os recomiendo una estupenda colección de libros que la editorial Laetoli lleva algún tiempo editando bajo el título común de “¡Vaya timo!”. No es fácil desmontar de un plumazo tanta leyenda y tanta (lucrativa) superchería y estos libros lo hacen con rigor, con amenidad, con argumentos y, sobre todo, con un sentido del humor que es hermano del sentido común. Hasta ahora he leído tres: Los ovnis, ¡vaya timo!, de Ricardo Campo; La sábana santa, ¡vaya timo!, de Félix Ares; y El yeti y otros bichos, ¡vaya timo!, de Carlos Chordá. Hay otros dedicados a temas como las abducciones, el creacionismo, etc. Si os gusta el misterio (y no hay nada más misterioso y rico y deslumbrante que la realidad, frente a los mitos precocinados) y os apetece echaros unas risas, no os perdáis esta colección.

El Manifiesto Desastre

Vale, es amigo mío (e incluso algo más que amigo) pero quiero pensar que soy objetivo: “El Manifiesto Desastre” de Nacho Vegas es sin duda el mejor disco del año. Se ha superado a sí mismo en músicas, letras y todo lo demás. Si odiáis toda la música de lata con la que nos torturan a diario y queréis oir poesía y rock, escuchad este disco.

De la reseña de “Rock de Lux” estoy de acuerdo a medias en una cosa y difiero totalmente en lo demás. Estoy de acuerdo en que se le va la mano en alguna canción (como “Matar o morir”). La mano de la falacia patética.  Pero, as usual, la revista no ha visto la importancia del disco (no verían una obra maestra aunque les estuviera mordiendo en el culo). El mejor Nacho Vegas está en “El Manifiesto Desastre” para quien no tema adentrarse en la dura realidad y aprender un poco sobre sí mismo.

Diario de Islantilla

No es por tocar las narices, pero aquí ha hecho un día de escándalo. La primavera se ha adelantado.
Hemos tomado el vermú con I., el muchacho que nos limpia la casa. Vive en la barriada de pescadores (el último sitio genuino de Islantilla, un oasis de canalleo en medio de las urbanizaciones, las palmeras y los campos de golf) y hemos cotilleado de lo habido y por haber y nos ha puesto al día de todos los reality y todos los culebrones de las diversas televisiones. I. tiene 21 años, es gay y muy artista. Cada vez que viene, además de dejarlo todo limpísimo, cambia de sitio todos los muebles y se dedica a redecorar y a dejarlo todo como a él le gusta (luego nunca encontramos nada y me desenchufa el ordenador y…). Ahora dice que se va a presentar al casting de Gran Hermano. Y seguro que lo cogen, porque tiene labia y gracia y desparpajo para regalar. Mañana se disfraza de divina de la muerte y dentro de un rato bajaré a llevarle varios complementos (medias brillantes, peluca, etc.) que necesita para el carnaval.
Al final, sacamos la mesa al jardín y comimos al sol benigno de febrero, un regalazo. Oye, que también trabajamos, y como burros. Pero hoy no he escrito ningún poema. Ya me está preocupando esta sequía poética…

Cuarto poema

Hoy he escrito mi cuarto poema en poco más de una semana. ¿Quién entiende los misterios de la escritura? Antes de estos días tenía 28 poemas, lo que en 12 años viene a salir a menos de dos y medio al año, si es que se puede reducir la poesía a porcentajes, que se podrá.
Y no estoy forzando la máquina, no he bajado el nivel, no me exijo menos. Otra novedad: hacía dos décadas que no terminaba un poema en un día, unas horas. Normalmente me llevan una semana, dos… ¿He sido abducido? ¿Me han implantado un chip? ¿Me convertiré en Mario Ángel Marrodán? Es un caso para Iker.

Más poesía

Ayer entregué una nueva traducción (las Fábulas de Stevenson) y, aunque aún me quedan varios encargos pendientes y suelo trabajar los sábados, hoy me he regalado una mañana leyendo al sol benigno de febrero, con cierta sensación de deber cumplido.

Desde que volví de Plasencia, he escrito otros dos poemas. ¡Tres en una semana! Hay años en que no los escribo. Será la crisis, que aguza el ingenio. Empiezo a pensar, como os decía, que quizá haya libro antes de lo que pensaba. Sé que algunos lo estáis esperando. Muy reconocido.

Un brindis en Villa Germelina

Cuando uno tiene la suerte de tener amigos como Myriam, Miguel y Rosa, cuando estás con gente como Nica y Julia y Manu y Emilio, puedes creer que el mundo gira y hay un orden de las cosas. Gente inteligente, interesante, tolerante, con la que puedes hablar de todo, que no se mueve por las envidias, ambiciones o mezquindades que conocemos en el medio literario o en cualquier otro medio, y que hacen la vida mejor. Estuvimos en Plasencia, estuvimos en Guadalupe (la vista desde las alturas, cuando bajas por la carretera y ves el monasterio rodeado de casas, sobrecoge), presentamos “Historias de Villa Germelina”, comimos migas y brindamos avec le vin fort, que diría Aznavour (cada uno cita a sus clásicos). Ya sólo quiero gente así en mi vida. Más allá hay monstruos.
Además, me he traído ideas para nuevos poemas…

Cáceres

Estos días compagino el trabajo con la escritura. Tengo algún poema nuevo. Si sigo en racha, quizá haya libro el próximo año, o el otro.

Mañana nos vamos a Cáceres. Nos reuniremos con los amigos de Plasencia con un buen pretexto, la presentación de “Historias de Villa Germelina”, el primer libro de relatos de Nicanor Gil. Le arroparemos todos en Guadalupe (escenario real del libro) y haremos un poco de turismo y brindaremos juntos pour le bonheur. Hasta pronto.

Obama, presidente

Insisto en lo que ya dije en otros posts: no me fío de ningún presidente de los Estados Unidos. Todos arrastran contubernios político-empresariales muy gravosos. Pero después de haber tenido en la Casa Blanca a un auténtico psicópata, un fanático religioso descerebrado, un peligro público como George Bush (que ha hecho bueno a su padre, que ya es decir), comprenderéis que para mí Barak Obama sea de oro. No sé si el mundo será mejor, pero peor no puede serlo. Ahí va mi voto de confianza para Obama, aunque nunca llegaré a ver lo que desearía: Bush sentado ante un tribunal internacional, junto con Aznar y otros prendas, respondiendo por crímenes contra la humanidad.

La historia los ahorcará. Y suerte para Obama y para todos nosotros.

Un poema de José Luis García Martín

NADIE, NADA
Ya todos mis recuerdos son ajenos,
lo que a mí me pasó le pasó a otro.
Hubo un niño que lleva mi nombre
y sólo existe en las fotografías.

La tarde aquella, el fresco amanecer,
los dos desnudos bajo las estrellas,
dicha y desdicha, sombras en el agua,
palabras en la arena que alguien borra.

Soñé lo que creí haber vivido,
viví lo que creí haber soñado,
besé con labios que no eran los míos.

Imagino que fui, que soy, que sigo siendo.
Mi nombre es ninguno y es legión,
soy todos y soy nadie, nada, Dios.

(De Légamo, Pretextos, Valencia, 2008).

“Criaturas celestiales”. “Vía revolucionaria”

Hace poco volví a ver “Criaturas celestiales”, de Peter Jackson. Si no la habéis visto, corred al videoclub o sacadle los hígados a vuestro e-mule. La película, muy fiel a los hechos, cuenta la historia de Juliet Hulme y Pauline Parker, dos niñas de 14 años que a mediados de los 50 causaron pavor en Nueva Zelanda por haber matado a la madre de Pauline. Las dos niñas se habían creado un universo de fantasía paralelo a la realidad, poblado por los personajes de un mundo fantástico de su propia invención, Borovnia, y, en definitiva, se habían enamorado. En su imaginación, el principal obstáculo para estar juntas era la madre de Pauline y decidieron matarla. Una decisión atolondrada y terrible.

La película las sitúa en un contexto que acaba siendo un personaje más: la pequeña ciudad pacata y adocenada en la que viven y en la que sus fantasías y sueños son una rareza, como ellas mismas. La historia se adentra delirantemente en la mente de las dos chicas y cuenta con honestidad y desenfrenado lirismo la historia de dos disidentes del mundo real, dos poetas equivocadas y terribles y adorables. No se puede ver la película sin reir con ellas ni sin llorar con y por ellas. Y por la mujer que asesinaron.

Muchos años después, tras salir de la cárcel, Juliet se convirtió en Anne Perry, la escritora que todos conocemos. Sólo cuando se hizo la película se descubrió su identidad. Para entonces, lo que quedaba era la culpa y el peso de los años. Y el desencanto y la pavorosa realidad. Anne Perry asume su pasado y trata de encontrar su absolución. Como todos.

Si no habéis visto “Criaturas celestiales” hay algo importante de la vida que os estáis perdiendo.

Por cierto, fue el primer papel de Kate Winslet (que interpreta a Juliet). Ahora está de actualidad por el estreno de “Revolutionary road” y aprovecho para hacer otra recomendación. No he visto la película pero leí hace algunos años “Vía revolucionaria”, de Richard Yates, y es una de las mejores novelas que he leído en mi vida. Aprovechad también esta ocasión. Gracias a la película se reeditará. Ya es hora de que los épígonos de Carver y Ford lean al ignorado maestro de todos ellos. Se trata de una novela sobre el envés de los sueños manufacturados por un mundo de hipotecas, adosados, consumismo y aquiescencia con la realidad. Otra bofetada. Otro poema.

¿Un poema en “Superman”?

¿Qué película sería la última en la que esperaríais encontrar un poema? No vale “Los bingueros”, seguid pensando. ¿Os rendís? Vale. La película es “Supermán”, la clásica, la de Cristopher Reeve. Seguro que no recordáis la escena en que Supermán se lleva a Louis Lane a dar un garbeo aéreo por Metrópolis. En ese momento hay un monólogo interior de ella que es casi un poema. En la versión inglesa está incluso rimado. Sólo hay que olvidar que se trata de Superman y es simplemente un poema de amor universal. Os lo transcribo y ya me diréis si es un poema o no. Por cierto, se puede bajar de internet toda la secuencia musical, con el poema recitado por Margot Kidder. Sólo hay que teclear “Superman. The flying sequence” o “Can you read my mind?”.

¿PUEDES LEER MI PENSAMIENTO?

¿Puedes leer mi pensamiento?

¿Sabes el efecto que produces en mí?

No sé quién eres.

Sólo un amigo de otro mundo.

Y aquí estoy, como una colegiala,

dándole la mano a un dios.

Soy una tonta.

¿Me ves estremecerme, como una colegiala asustada?

Creo que ves a través de mí.

¿Puedes leer mi pensamiento?

¿Puedes contemplar las cosas que pienso?

Me pregunto quién eres

y por qué haces cosas tan maravillosas.

¡Vuelas,

perteneces al cielo! Y tú yo

podríamos pertenecernos.

Si necesitas a un amigo, puedes volar conmigo.

Si necesitas amor,

aquí estoy:

lee mi pensamiento.

Los girasoles ciegos

Como no soy esclavo de las premuras editoriales, se me escapan a veces muchas novedades. No me procupa porque tengo la certeza de que los buenos libros quedan. Mi último descubrimiento, con mucho retraso, ha sido “Los girasoles ciegos” (Anagrama), de Alberto Méndez. Vale: que hayan hecho la película habrá ayudado a que el libro siga estando a mano. Pero estoy convencido de que, con película o sin ella (por cierto, no la he visto), ese libro permanecerá.

Cuatro historias de la guerra civil y su posguerra, sutilmente ligadas entre sí, en las que los protagonistas son las víctimas. Víctimas que no lo son pasivamente ni por casualidad: lo son porque su ética les impide ser otra cosa. En un mundo injusto sólo se puede perder, inevitablemente. Personas que se rinden para no ser cómplices de la barbarie, del terror, de la insania. Eso es lo que tienen en común los cuatro protagonistas. O los tres: el narrador del cuarto relato forma parte del bando de los verdugos. Y cuando hablo de bandos no me refiero al republicano ni al nacional, aunque estas historias traten sobre los que perdieron la guerra. De hecho, el militar del primer cuento, la “ganó”. Trata de los que perdieron la Vida.

Me resulta increíble que un escritor tan dotado para la observación, dueño de un estilo absolutamente propio, tan hondo y tan comprensivo con la naturaleza humana no escribiera más que este libro maravilloso, imprescindible, abrumador. No sé cómo será la película. Pero leed “Los girasoles ciegos”.

Ver o mirar

Me han enviado un enlace a una página en la que pueden verse las fotos de la destrucción de Gaza, del sufrimiento y de la muerte de las personas. Me resisto a colgarlo aquí. En primer lugar, creo que para apreciar la injusticia de lo que está ocurriendo no es necesario, o no debería ser necesario. ¿O para estar en contra de la muerte debemos ver la muerte? Creo también que 80 fotos de personas muertas acaba por insensibilizar, estraga el espíritu. Sobre esto se ha debatido mucho: ¿hay que mostrar el documento gráfico o mostrarlo forma parte de la banalización del sufrimiento al que contribuye a veces el exceso de información y la frialdad del hecho informativo? ¿Será para VER o sólo para MIRAR? Acepto opiniones para poner el enlace o no (que de todos modos está ya muy difundido).

Xabel Vegas, poeta

A los que vos prestaron “Canciones sobre traiciones y mentiras” y “El óxido” (y a los que vos prestaba Manta Ray) va prestavos tamién la páxina na que Xabel Vegas publica los sos poemes n’asturianu, cásique secretamente. Ye una poesía emparentada a les veces col grafitti, de poques pallabres, sintética, como flashes o como aforismos, con una carga personal perimportante. Como músicu, Xabel Vegas tien dao muncho y el nuevu camín qu’entamó tien fundamentu abondo pa pensar que vamos ver muncho más. Tamién como poeta ta surdiendo una voz nuevo. Equí vais poder restrexala dende l’entamu: http://xabelvegas.blogspot.com/

El otro lado

Respecto al post anterior y a la pequeña polémica con Ra, un buen amigo me manda el siguiente sms (es literal, siempre los manda muy largos): “En mi opinión, lo que me hace no aceptar o valorar tus opiniones políticas -y algunas sociales- es que, como ocurre a otros demócratas de izquierda -nunca de derechas-, constantemente tienes que excusarte por lo que sientes o piensas y no se te ocurre otra forma de hacerlo que ponerte en el otro lado. De tal forma que es fácil que no se te entienda; incluso, a veces, ni tú te entenderás. No creas, a mí también me pasa: sentimiento de culpa post caída del muro”.
Creo que, sin querer, me ha hecho un inmenso elogio. Exactamente, R.V., tengo el vicio de ponerme en el otro lado porque, sin ser un relativista y tomando siempre partido, no creo en verdades absolutas ni que las cosas sean blancas o negras. ¿Cómo se llamaba eso? ¿Heterodoxia?

Gaza

Días de zozobra ante lo que estamos viendo empeorar un día tras otro. Los civiles muertos (incluyendo niños) no son víctimas colaterales. Todo forma parte de una acción terrorista por parte de un estado que incumple sistemáticamente la “legalidad internacional” (¿qué es eso?) y aplica una estrategia: hacer daño, causar sufrimiento. El estilo de ETA, por si alguien no lo había notado.
Siempre he tenido simpatías por los judíos. Ojalá esto no se convierta en pasto antisemita. Esto es otra cosa. Son las hordas fanáticas de un grupo terrorista, Hamas, y es la impunidad de un estado gobernado por terroristas, Israel, apoyado por intereses políticos, económicos y geo-estratégicos de los Estados Unidos, y es la inoperancia y la docilidad de los aliados de los Estados Unidos, incluída la Unión Europea, incapaz de hacer nada para tratar este asunto de manera racional. Esto convierte a nuestros gobiernos en cómplices de la matanza. Cuando se mata a esa escala, ya nada nos diferencia de los terroristas.

Resumen de noticias

Han sido unas fiestas extrañas, con mis padres en Andalucía y nosotros en Asturies. Afortunadamente, funcionó eso de “siente un pobre a su mesa” y un día nos acogieron mis tíos, Marisa y Juan, y otro Raquel. La velada con mis tíos fue muy divertida, bebiendo un vino excelente y volviendo a ver a mis primos, Carmen y Pablo, después de bastante tiempo. Todos andamos desperdigados por ahí. Emma (mi ¿sobrina? ¿prima? ¿prima segunda?), a la que no veíamos desde que era un bebé de semanas, nos recibió a la puerta hablando alto y claro. Nos hacen viejos.
A la mañana siguiente, un encuentro fortuito. Desayunamos con Xabel Vegas, de cuyos poemas casi secretos os hablaré muy pronto. Casi no he visto a nadie más: fueron pocos días y además me llevé trabajo. Yo no tengo vacaciones, y me encanta. Acabo de entregar dos nuevas traducciones de Steinbeck, “El largo valle” y “El pony colorado”, y mi próximo encargo será Robert Louis Stevenson. Ah, sí, estuve con José Luis García Martín, discutimos acaloradamente de política durante hora y media y me regaló un ejemplar de “Légamo”, su último libro.
Por lo demás, y a pesar de ser republicano, los Reyes me han regalado lo que más me gusta: más trabajo. Ah, y unas zapatillas con forma de pies de gorila con las que voy dando tumbos por casa, como un King-Kong doméstico. He perdido todo mi crédito como poeta maldito (de todos modos, me estaba quitando).
¿Qué os han traído a vosotros?

Diario de Ponferrada

Esta vez habíamos decidido hacer el viaje en dos veces, durmiendo a mitad de camino. Lo que no teníamos claro era dónde. La primera opción fue Plasencia, pero nos pareció que era poner en un compromiso a nuestros amigos de allí, siendo días laborables. Cuando Myriam lea esto, no me lo perdonará. Nos decidimos por Hervás. Nunca habíamos estado allí pero yo tenía ganas de conocer la ciudad natal del poeta Manuel Neila y Eva tuvo la intuición de que merecería la pena. Y ella nunca se equivoca en esas intuiciones.
Hervás es un pueblo precioso, que conserva un barrio judío muy antiguo, con unas fachadas muy características, hechas de teja, y con tabernas increíbles. Calles con soportales, plazas recoletas y una atmósfera como de poema de Juan Manuel Bonet. Antes de cenar tomamos un vino en un bar y entablamos conversación con un hombre de barba blanca. Resultó ser el actor Miguel Nido, un hombre de teatro de toda la vida que, sin embargo, os sonará más por su papel en “Hospital Central”, donde interpretaba al director del centro. Un caballero muy simpático, con muchas cosas que contar y al que seguramente volveremos a ver. Como adelanto del congreso templario, nos acercamos a ver las columnas templarias de Hervás, que sostienen un viejo edificio que llaman la Casa del Miedo. No vimos fantasmas.
No recordaba Ponferrada tan grande ni el castillo templario tan espectacular. Realmente es un corazón que late. Toda la ciudad respira en su torrente sanguíneo. Lo visitamos por la noche, acompañados de dos nuevos amigos, los escultores Isidoro Sáenz y Antonio Llopis, y estaba iluminado: irradiaba una especie de fulgor.
En la primera sesión del congreso, Fernando Sánchez Dragó exhibió su brillantez en una interesante divagación sobre el juego de la oca. Sí, no os riais. El juego es antiquísimo y es una representación de la vida, una especie de rito de iniciación cuajado de símbolos ocultos. Últimamente he jugado alguna vez con Evita. No sé si me atreveré a volver a hacerlo tan alegremente. Por lo demás, Dragó actuaba de Dragó y no pudo evitar dejarnos algunas perlas: hay que desmontar el estado de las autonomías e instaurar la república de Platón. Por su parte, Javier Sierra estuvo muy moderado y se ciñó a aspectos históricos del Temple, sin las hipótesis absurdas que ha formulado en otros espacios (como la increíble teoría de una presencia precolombina de los templarios en América). Me gustó su tono y fue muy interesante.
¿Y qué hacíamos nosotros en un congreso sobre literatura templaria en el que no teníamos ponencia? Pues simplemente que nos interesaba el tema, solicitamos una beca de asistencia y nos la concedieron. Además, era una estupenda ocasión para reencontrarnos con Josep Carles Laínez, que sí tenía ponencia, y Rosa María Rodríguez Magda. Con ellos recorrimos la parte antigua de Ponferrada al día siguiente, visitando el Museo de El Bierzo y charlando de todo lo charlable. Luego comimos con varios congresistas, incluyendo al director del congreso, Antonio Ruiz Vega, que resultó ser, como yo, riperólogo. Sólo que él es un verdadero experto e incluso ha publicado un libro sobre el tema. Creo que nos dejamos llevar por el entusiasmo y les dimos la comida con una conversación de iniciados que los demás, evidentemente, no podían seguir.
José Luis Corral habló esa noche inteligentemente de los templarios pero, sobre todo, de los errores que cometen los aficionados cuando dejan de respetar el dato puro y duro. Corral es novelista e historiador y no todos los que son lo primero son también lo segundo. Laínez parecía estar rebatiendo a Javier Sierra: examinó las supuestas pruebas de la presencia templaria en América y las combatió con datos e inteligencia. Se extendió mucho pero fue ameno, lo que le absuelve. Sólo al final se dejó llevar un poco por su corazoncito al referirse a los nefitas. Laínez profesa la fe mormona.
En la cena trabamos amistad con un leonés encantador, con el que pronto descubrimos afinidades. Es un gran aficionado a la poesía y ha organizado durante años el ciclo “Poesía para Vencejos”, donde han leído unos cuantos amigos míos. Al final, resultó que Felipe (no recuerdo su apellido, lo lamento) había incluso asistido a una lectura mía, hace años, sin que él me recordara ni yo a él. Maravillosos encuentros fortuitos.
Nos despedimos de Ponferrada tras la conferencia de Enrique de Vicente. Hasta ese momento, el congreso había discurrido por cauces racionales. De Vicente, un clásico del periodismo paracientífico, nos brindó una ensalada de erudición mal digerida en donde el esoterismo impregnaba todo, resultando que el idioma inglés debe su desarrollo a la cábala, Dante era poco menos que un caballero templario de tapadillo (sic) y las sociedades secretas gobiernan el mundo. Un broche algo estrafalario que compensamos comiendo bien.
Es lo que pasa cuando se trae a magufos a hablar de temas serios. La noche anterior, en el hotel, una pareja que asistía al congreso se acercó a hablar con nosotros y él nos contó que estaban ansiosos por enseñarle a “Don Vicente” una foto que habían sacado hacía poco en una iglesia. Cuando la hicieron no había nadie pero al revelarla (o verla en el ordenador, que no me enteré bien) se dieron cuenta de que había alguien más: dos figuras oscuras, alargadas y difusas, como si fueran dos monjes. No me atreví a recomendarles que se la enviaran a Iker Jiménez, donde la apreciarían como se merece.
A la vuelta, entre la nieve y la niebla, hubiéramos querido parar un rato en Astorga, a respirar el aire del mito, la atmósfera paneriana que he respirado días atrás leyendo “Los últimos días de Michi Panero”, de Miguel Barrero, pero no hubo ocasión. La habrá más adelante.
Ya en Oviedo, sólo puedo dedicar tiempo a la traducción que tengo que entregar YA. Disculpadme, mes amis, si no quedo con nadie. Me duele teneros a algunos tan cerca y no tomar un vino juntos. Pero también para eso habrá más ocasiones.

Ponferrada y Asturies

Pensábamos estar ya en Asturies pero el temporal nos ha impedido el viaje. Mañana partimos pero en dirección a Ponferrada. Vamos a asistir a un congreso sobre literatura templaria organizado por el Instituto Castellano-Leonés de la Lengua. Un programa interesante: Fernando Sánchez-Dragó, Javier Sierra, José Luis Corral, Josep Carles Laínez y Enrique de Vicente. Más interesante quizá porque, ardoroso militante en las filas del escepticismo, discrepo totalmente con varios de ellos en diversos temas. Si a alguien le apetece acercarse, será del 18 a 20.
Luego pasaremos unos días en Oviedo, menos de los que deseamos, con lo que no podré ver a casi nadie. Además, me llevo trabajo, qué remedio. Tengo una traducción que entregar y otras cosas.
Hasta la vuelta, mes amis.

“El cebo”, “La promesa”

Creo que uno lee más cuando tiene mucho, demasiado trabajo. Para compensar o para compensarse. No os haré la lista completa de mis últimas lecturas, que son tan variadas y caóticas que pensaréis que me gusta demasiado leer, porque he pasado de las memorias de un agente del FBI a una novela de Joyce Carol Oates, alternando una y otra con los cuentos de M.R. James, ese adorable gamberro victoriano del que, por desgracia, ya lo he leído todo (pero insisto en la relectura).
Una recomendación: “La promesa”, de Friedich Dürrenmatt, recientemente publicada por Navona. De mano, puedo ser sospechoso de parcialidad porque es mi editorial y el traductor y prologuista un buen amigo. Bueno… No me lleva mi Dios para quererte el cielo que me tienes prometido. Sólo se trata de una novela indispensable, de una de las novelas más desasosegantes e incisivas de nuestro siglo; una especie de andanada contra la novela policíaca que participa, no obstante, de todo lo mejor de la novela policíaca.
Quizá algunos recordéis una película española bastante anómala, “El cebo”. Para empezar, una película rodada en los años cincuenta, en pleno franquismo, en co-producción hispano-suiza, ya es para nota. Que la dirigiera Ladislao Vajda, el mismo que perpetró “Marcelino, pan y vino”, ya añade datos preocupantes. Y que la película tratara sin tapujos sobre la violación y asesinato de una niña es para gritar. Pues esa película existe y es una obra maestra; una película completamente enfermiza, sombría, a años luz del cine que se hacía en España por aquellos (ya de por sí) tenebrosos años.
“La promesa” es la novela en que se basó la película (el propio Dürrenmatt colaboró en el guión) y es de lectura imprescindible. Un relato sobre la obsesión, sobre la forma en que los fantasmas interiores de cada uno nos llevan al sacrificio. Una historia sobre los monstruos que habitan en la enfermiza vida cotidiana.
Excelente traducción y prólogo de Xandru Fernández. Una lectura para recordar.

Lectura en Aljaraque

Si no tenéis nada que hacer esta tarde, os invito a la lectura de mis poemas que tendrá lugar a las 18 horas en la Casa de Cultura de Aljaraque (Huelva). A algunos os cogerá algo lejos, pero fletando un autobús entre varios…

Recital en las Tres Mil

La semana pasada, Eva participó en el festival de poesía Femigrama, en Sevilla. Había lecturas itinerantes y una de ellas le tocó en el barrio de las Tres Mil Viviendas, en un centro cívico que llevaba el curioso y elocuente nombre de El Esqueleto.
Nunca había estado en las Tres Mil, aunque conocía su fama, como todos. Nada más llegar nos encontramos con una especie de redada policial. Varios coches patrulla arrinconaron a unos cuantos tipos y los estaban cacheando, justo al lado de donde aparcamos nosotros.
El Esqueleto parecía un islote de perfección en medio de la nada. Buenas instalaciones y una biblioteca muy completa (hasta tenían un libro mío, que ya son ganas de tenerlo todo). Afuera, cuando salimos, ya se había hecho de noche. Nos acercamos hasta un bar, pasando al lado de los que hacían graffittis en las paredes desconchadas de los bloques, todos idénticos. Un bar muy popular, muy ruidoso, lleno de gente mayor, inundado por esa luz enfermiza de los fluorescentes. Justo al lado, en el salón de la iglesia evangélica, celebraban un oficio con la puerta abierta y se oían los cantos y los rezos. Todo parecía conspirar para mostrarnos las Tres Mil en toda su plenitud y colorido.
Un colorido de tonos fríos, una suerte de poesía triste y arrabalera. La Sevilla que no ven los turistas. El patio de atrás del primer mundo.

El juego de los doce errores

¡Que baje Alex Grijelmo y lo vea! Me tomo un café en un bar y me encuentro con un sobre de azúcar parlanchín. Por una cara dice esto (sic):
“El buen café tiene que ser Negro como el diablo; Caliente como el infierno; Puro; como un angel y Dulce como el amor”.
Por la parte de atrás aparecen dos tazas humeantes que sostienen el siguiente sabroso diálogo:
“-Que buén café
-Insuperable amigo.”
La transcripción es literal. ¿Alguien desea enumerar las anomalías ortográficas (o más bien auténticas patadas al idioma)? Yo cuento doce.
Y toda exégesis eludo.

Pravia: nombres propios

Feliz de haber vuelto a Pravia, después de dos años. Todos los que asisten son escritores pero no lo pienso en esos términos. Pienso en amigos.
Eva Vaz y yo aparecimos por Pravia un día antes. Teníamos una actividad extra en un colegio y pudimos disfrutar de la ciudad sólo para nosotros. Bueno, la compartimos con Alejandra Sirvent, cada día más luminosa, más deslumbrante. Si de alguien espero un libro con ansiedad es de ella.
Al día siguiente fueron llegando en avalancha.
Con Santiago Bertault me río siempre mucho (en el mejor sentido, porque una persona inteligente siempre te hace reir) y me siento a gusto. Me fío de él y podemos diferir. Su nobleza es un regalo.
Un placer siempre reencontrarme con mi hermanísimo Miguel Rojo, al que traje a su mesa redonda casi por los pelos, porque se durmió el pobre. Estuvo ralentizado pero aún así brillante. En cuanto a Pelayo Fueyo, paseó por Pravia su fragilidad y su genio, y aunque parezca que nosotros cuidamos de él, él cuida de nosotros.
Javier Lasheras me dedicó un poema y se lo agradezco en el alma. Aunque tengo que decirle que insisto: no pienso morirme nunca. Él y Pilar pueden apuntarse. Serán recibidos cálidamente en la cofradía de los inmortales. También me hizo un inmenso regalo José Havel: una copia de Dublineses con el primer doblaje, una joya prácticamente inencontrable. Estoy en deuda contigo.
Manolo Abad me contó sus tribulaciones editoriales y luego se dedicó a tocarle el culo a Eva. Son un par de tímidos… Guillermo del Pozo también me contó sus aventuras, aunque estas menos onerosas, y nos reimos juntos.
Luis Antonio de Villena hizo durante la comida del primer día una imitación fabulosa y vitriólica de José Manuel Caballero Bonald. Ricardo Labra y su mujer pasaron por Pravia fugazmente pero dio tiempo a darnos un abrazo.
Lo malo de estos encuentros es que estás con todos y con ninguno. Me hubiera gustado charlar más con Ignacio del Valle, con Pepe Monteserín, con Antonio Merallo, con Manolo García Rubio, con José Luis Espina. Algo más estuve con Manuel Herrero Montoto, con Ana Vega y con Jorge Ordaz, que siempre me descubre autores nuevos.
Raquel y Eva se dedicaron a disfrutar y a regalar sonrisas, aunque quizá haya gente que eso no lo entienda. Siempre se cuela algún tipejo en estos encuentros de amigos.
Pero a esos dejémoslos discurrir, cuanto más lejos mejor. Hay que agradecer el esfuerzo de los que hicieron posible la fiesta: Antonio de Luis Solar, Rubén Rodríguez, Cristina Jerez Prado, Elvira Pérez… Y echar de menos a los ausentes: Fernando Beltrán, Alejandro Céspedes… Se notaba su hueco.

Encuentro de escritores en Pravia

Esta semana la pasaremos en Asturies. Vamos a participar en las VIII Jornadas de Literatura de Pravia, que este año están dedicadas a los placeres: el placer de escribir, el placer de leer, el placer de viajar, el placer de sentir… Me encanta ir a un encuentro sobre el placer.
Además de invitados como Javier Reverte, Luis Antonio de Villena y Luis Alberto de Cuenca, estarán la mayor parte de los escritores asturianos, muchos amigos que hace tiempo que no veo (Eva y yo llevábamos dos años sin ir al encuentro). Ya os contaré a la vuelta.

(Ah, si estos días no apruebo comentarios en el blog se deberá a la ausencia. A la vuelta aparecerán todos).

No me llegan los correos

Tengo constancia de que muchos de mis emails no están llegando y de que muchos de los emails que me envían no me llegan. Marta, Mime, Carmela… ¿os han llegado mis correos? Pues eso, que la compañía que pago a precio de oro (como todos nosotros) no cumple. Y que no piense nadie que esto tiene solución: os invito a pasar el calvario de hablar por teléfono con el servidor. O mejor, no os invito. ¿Por qué querría que pasárais por esa experiencia?
Si alguien que me escribe lee esto, que añada la función “confirmar lectura” o parecido cuando me mande un correo. Y si no os confirmo es porque realmente no llega. Y ellos siguen ganando dinero abusando de nosotros. ¿A dónde voy a quejarme? ¿A donde me cuelgan el teléfono pero Dios me libre de no pagar una factura?

41

Hoy he celebrado mi 41 cumpleaños terminando y entregando por email un trabajo que tenía pendiente. Por lo demás, son las 12 y media, hace un día de verano, el sol entra a chorros y dentro de un rato me iré a comer con las dos Evas y unos amigos.
A esta edad uno debería ser una vieja gloria y no una vieja. Sin embargo, no cambiaría estos 41 por los 21. ¿Vosotros lo haríais?

Conversaciones poéticas

Hace poco, cuando estuve en Asturies, también estaban allí Josep Carles Laínez y Rosa María Rodríguez Magda. Ellos estaban en los fastos de los premios Príncipe (ella había sido jurado del de Ciencias Sociales) y yo en los fastos, menos fastuosos pero más divertidos, de “La Ciudad en Llamas”. No pudimos vernos. Pero, milagros de la vida cultural, Rosa María daba una conferencia en Sevilla en los días siguientes, así que ella y Josep Carles vinieron a visitarnos a Islantilla y pasamos un día juntos.
Creo que no conozco una pareja tan interesante como Josep Carles y Rosa. Ella es una ensayista muy conocida, creadora del concepto de transmodernidad; también poeta. Él poeta y narrador en varias lenguas peninsulares, de las que es un apasionado estudioso. Ambos son excelentes conversadores, muy inteligentes, muy cordiales, muy queribles. Durante una larga sobremesa hablamos de todo, o de casi todo, porque quedó mucho por hablar.
Un dato curioso: Josep Carles y yo hablamos en asturiano, aunque él es valenciano. Habla asturiano a la perfección.
Nos hicimos regalos mutuos: un libro de Eva y una traducción mía, por nuestra parte. Ellos nos regalaron la voluminosa poesía completa de María Beneyto, que Rosa acaba de editar (fascinante personaje y poeta, Maria Beneyto, menos conocida de lo que merece), y JC uno de sus últimos libros, “La tumba de Leónidas”, donde brilla su paneuropeísmo radical.
Una cosa lleva a la otra y al final volveremos a coincidir en un encuentro sobre literatura y Temple en Ponferrada, en diciembre.
Estos días, que también han sido de escritura, leo a María Beneyto y leo a Josep Carles. Soy muy afortunado por tener esta vida. Libros, amigos y una copa de vino a mano, o dos.

Buenas noticias: Obama

Todos los presidentes de los EE. UU. alcanzan el poder mediante pactos más o menos gravosos con los grandes poderes económicos. Y hasta los más liberales han de moderar su “izquierdismo” para conseguir el cargo. Ahora bien, soy de los que piensan que no es lo mismo un republicano reaccionario e integrista como Bush que un demócrata más o menos progresista como Barak Obama. Así que me he alegrado de su triunfo. No sé si el mundo será mucho mejor en sus manos pero no será tan malo como durante los últimos ocho años. Creo que hoy hemos recibido una buena noticia. O no hemos recibido una mala, como prefiráis. Si tengo que decirlo, me cae bien este hombre…

Un poema de Félix Grande

Anoche celebraba el Centro Andaluz de las Letras su décimo aniversario y tuvimos ocasión de tomar unos vinos con uno de los mejores poetas españoles actuales, Félix Grande. Antes de eso, durante su intervención, Félix hizo una encendida defensa de la poesía anónima del flamenco, hipnotizándonos a todos con su palabra emocionante y precisa. Llevamos la obra completa de Francisca Arrigue por si también había venido y podía firmárnosla. No hubo suerte. Pero fue un placer volver a estrechar la mano de Félix. Os dejo un poema suyo.

Sé involuntaria. Sé febril. Olvida
sobre la cama hasta tu propio nombre.
No pidas. No preguntes. Arrebata y exige.
Sé una perra. Sé una alimaña.

Resuella, busca, abrasa, gime.
Atérrate, mete la mano en el abismo.
Remueve tu deseo como una herida fresca.
Piensa o musita o grita ¡Venganza!

Sé una perdida, mi amor, una perdida.

En el amor no existe
lo verdadero sin lo irreparable.

Oviedo: vino y rosas

Días agotadores en Oviedo pero muy ricos en amigos, lecturas y copas. Tuve ocasión de comer con mis compañeros de Les Noticies, de oir el magnífico recital de Fernando Beltrán, de tomar unos vinos con Miguel Rojo y Marisa, de charlar de libros o de cualquier cosa con Jorge Ordaz y Leopoldo Sánchez Torre, de reirme a carcajadas con Raquel y con Pelayo Fueyo… María Eloy García y yo desayunábamos juntos todos los días (o éramos los más madrugadores o los menos, quién sabe) y luego paseábamos por el Fontán o íbamos a que ella se llenase la maleta en el mercado con productos asturianos, mientras discutíamos de cosas sobre las que, en el fondo, estamos de acuerdo. Una maravilla las actuaciones de Pablo Moro y Movimientos in da Notte y un descubrimiento varios de los poetas jóvenes presentes en el encuentro. Ah, la conferencia inaugural de Javier García Rodríguez, una maravilla de erudición, inteligencia y sentido del humor.
Me encontré a Miguel Ángel Cuervo, un estupendo narrador que aún no ha obtenido el eco que merece. Con Cuervo me pasa algo muy curioso: nos encontramos siempre. Voy por la Gran Vía de Madrid y ahí está él. Llego a la estación de tren de Zaragoza y aparece salido de no se sabe dónde. Me paro en una gasolinera de León y me lo encuentro. Realmente no necesitamos intercambiarnos teléfonos para saber uno del otro.
También volví a Mieres, esta vez para la presentación de un libro de Fernando Menéndez en el que colaboramos varios mierenses: Nel Amaro, José Luis Argüelles, Miguel Barrero, Xandru Fernández, Ana Vanessa Gutiérrez, Humberto Gonzali… A Fernando hacía siglos que no le veía y sigue tan cordial como siempre. Apareció Yllán, el hijo de Humberto, al que recordaba de niño, ahora hecho un hombre con bigote. Vamos para viejos.
Y más encuentros después de los años: Carmela Greciet, tan guapa, tan encantadora como siempre, recién salida, como una princesa, de otros tiempos, de hace mil años, cuando todo era tan distinto.
A muchos espero volver a verlos dentro de unos días, en otro encuentro, en Pravia. Allí estarán, espero, Mime Rojo y Marisa (la cena con ellos fue uno de los mejores momentos de mi estancia) y Pelayo y Ordaz y Braulio García Noriega y tantos otros.
Me despedí de Oviedo comiendo con Pepe Luis y Fini, que tienen radar para encontrarme buenas lectoras. Para eso son mis papis…

El auto del juez Garzón

Casi recién llegado de Asturias. En cuanto pueda, os haré la crónica de la estancia. Entretanto, os dejo con un poema. No lo ha escrito un poeta: lo ha escrito el juez Garzón. Pero es un poema o a mí me suena a poema. Habla de lo mejor y lo peor del ser humano. Podéis leerlo en esta dirección: http://www.iugranadaprovincial.org/

La ciudad en llamas

Esta semana ha sido de trabajo intenso y aún lo es. Por lo demás, ayer y anteayer Eva ha dado dos lecturas en Huelva y ahora me toca a mí irme a Oviedo al encuentro poético “La ciudad en llamas”, que tendrá lugar entre los días 22 y 24: Leopoldo Sánchez Torre, Elena Medel, Fernando Beltrán, Miguel Rojo, Ana Vanessa Gutiérrez, Alba González Sánz, Pablo Moro et altres. Me voy un poco antes porque tengo trabajo que hacer allí. Nos veremos a la vuelta, mes amis.
Este es el enlace al programa completo de “La ciudad en llamas”: http://www.laciudadenllamas.com/

Barcelona es bona

Me encanta Barcelona. Creo que hay muy pocos lugares en el mundo (al menos los lugares del mundo que yo conozco) tan estimulantes y tan hermosos. Y eso que ni muerto viviría en Barcelona, ni arrastrado por cuatro caballos. En ninguna ciudad: ni en Barcelona, ni en Oviedo, ni en Huelva ni (horror de los horrores) en Madrid.
Barcelona está llena de dos cosas: de vida y de turistas. Ningún sitio es perfecto.
Lo primero que me encontré en BCN fue a David González. Los que leéis mi blog estáis frotándoos las manos. Pero a mí con DG me pasa algo extraño: nos insultamos, nos enfadamos, nos gritamos, nos ponemos a caldo en blogs, periódicos y donde se tercie… y luego -¡mecagüen la leshe!- cada vez que nos encontramos nos damos un abrazo y hablamos interminablemente de todas las cosas. Creo que es la persona con la que más discrepo: no estoy de acuerdo con él en absolutamente nada. Pero luego… ¿Va a ser que nos queremos? David: desde aquí, un abrazo y que te den por culo veinte negros. Tú me entiendes.
Lo segundo que me encontré fue Barcelona. Esta ciudad late. Uno siente que puede respirar con ella. Como suele ocurrir, la poesía no estaba en las jornadas, no estaba en las mesas redondas. Estaba fuera, estaba en la calle. En la gente. En el camarero que te pone el vino, en la muchacha que pasa con una vida a sus espaldas que tú nunca podrás conocer y es tan bella que lo lamentarás siempre, en el taxista, en el tipo de la recepción, en la vendedora de flores de la Rambla… Mientras tanto, en la cuarta planta del Palau de la Virreina una tipa decía que no era en absoluto necesario leer el Quijote y hasta quedaba guay decirlo.
A Elena Medel la quiero mucho y la beso con sinceridad. O lo haré dentro de una semana en otro encuentro, esta vez en mi tierra, jugando en casa. A Manolo Vilas también lo adoro, y más cada vez que leo un libro nuevo suyo. Por no hablar de María Ángeles: su inteligencia, su benevolencia, su cultura, su todo… Tantos amigos… Qué maravilla. Me encontré casualmente a Julián Rodríguez, al que he seguido leyendo todo este tiempo pero al que no veía desde hacía quizá diez o quince años, cuando yo tenía otra vida en otro lugar. Y a José Luis Espina, que pasaba por allí. Y amigos nuevos, como Dagmar Bucholz, reciente traductora al castellano (junto con David) de Denise Duhamel y una persona educadísima y muy culta. O María-Eloy García, deslumbrante y divertida, con quien también coincidiré pronto en Oviedo. El propio director del Palau de la Virreina, Iván de la Nuez, era un tipo estupendo.
He descubierto a Miguel Ángel Martín. A él; porque sus cómics e ilustraciones ya los conocía y admiraba. Pero no sabía que era alguien tan divertido, tan capaz de expandir una noche y llenarla de tantas cosas.
La mejor lectora que tengo, y posiblemente la mejor lectora que puede tener cualquier escritor que crea en lo que hace, nos invitó a cenar una noche en su casa y nos regaló la compañía de sus amigos. Esos amigos los quiero para mí. Judith Gallimó, tal vez la mejor escritora-sin-obra del mundo, nos hizo felices. Lo confieso: la amo. Una persona que te hace mejor no es alguien que uno encuentre todos los días, ¿no? Pero lo que tengo que decir de Judith lo leeréis en mi próximo libro porque hay un poema que trata sobre ella.
A mi editor, Sergio Gaspar, no lo conocía. Su timidez chocó con la mía y seguimos sin conocernos. Pero seguiremos trabajando juntos. Creo que Sergio y yo podríamos hablar durante horas de muchas cosas importantes e indispensables para seguir viviendo pero no lo hicimos y tal vez no lo hagamos. Habría que abolir (él y yo, los dos) demasiadas capas, demasiadas cortinas de humo. Pero yo quiero seguir publicando mi poesía con él y él quiere, me parece, seguir publicando mi poesía. Bien: hablaremos, mucho, por páginas interpuestas. A través de las mías y de las suyas.
Me pasé a visitar en la calle Aragó a mi otro editor barcelonés, Juan Capdevila, quien me ha convertido con sus encargos en un experto en John Steinbeck. Fue un gustazo visitar la editorial Navona y tomarme un expresso con Gema y Marisa y Juan y hablar durante media hora con gentes tan educadas, tan cultas y tan cordiales. Cada vez valoro más eso: gente civilizada y sin amagos de pedantería; gente flexible y tolerante, con sentido del humor. ¿Es seny en catalán?
En cuanto a Neo 3, hubo intervenciones divertidas y varias, la mayoría, muy interesantes. No diré nada de la de Eva porque soy arte y parte. Se discutió, se polemizó y todos tomamos nota de algún título, algún nombre, alguna dirección que hemos descubierto aquí. También se dijeron cosas que era mejor no oir. A veces parece que se están olvidando las cosas básicas: nos gusta leer libros, nos gusta ver películas, nos gusta la música, nos gusta escuchar ideas nuevas, nos gusta vivir intensamente y quiero saber lo que piensas. Pero no me vale todo, no soy el recipiente de la primera cosa que se te ocurra.
En la última jornada del encuentro, un novelista muy conocido proyectó un vídeo, con la carta blanca que le otorgaba su reciente éxito editorial. Era una cosa pedantesca que aburría a las piedras y que parecía ser percibido acríticamente sólo por ser vos quien sois. Me fui antes de que terminara y en la planta baja del Palau había una función de teatro vanguardista. Nuevamente, la pretenciosidad y el tópico: mucha lucecita y algún desnudo y todo muy modelno y banal. La democracia subvencionada pretende convertir a la ciudadanía en espectadores aquiescentes. Otro día hablaremos de envoltorios: tecnología, concepto, una pátina de provocación. Todo está bien. Si tenemos la bendición de Braudillard sólo hay que añadirle internet y los i-pods. El Quijote sobra.
El artista más grande de Neo 3 no intervino en las jornadas. Se llama Gonzalo, es cubano y nos paseó por la Barcelona latina, la Barcelona más golfa, y nos abrió paso en todas partes con su don de gentes y su amistad con todo el mundo. Fue generoso y nos dedicó todo su tiempo. A él y a Judith y a Juan y a Marisa y a Gema y a Miguel van dedicadas estas líneas.

Neo 3 en Barcelona

Los próximos días estaremos en Barcelona. Eva participa en el encuentro Neo 3 y yo voy de pegote. En concreto, su intervención es este sábado día 11, a las 12,30, en una mesa redonda sobre literatura y drogas, en compañía de Luis Magrinyá, Miguel Ángel Martín y otros. No me es posible colgar el programa completo pero sí añadir algunos nombres: María Eloy García, Elena Medel, Manuel Vilas, Eloy Fernández Porta, Julián Ríos, Lolita Bosch… Y la ciudad, que me encanta. Y acercarme a ver a mis editores, que viven todos en Barcelona. Y ver a mi amiga Judith. Ya sólo por eso vale la pena.
PS: Si alguien quiere ver el programa completo, está en Las Afinidades Electivas (ver mis links, aquí a la derecha -con perdón).

Luis Estrada

Ya supondréis que no es de gusto escribir entradas como esta. Hace unos días os hablaba de Argentina y mi hermano Juan mencionaba en un comentario a Marichu. No os conté que también, hace muy poco, se mató en el coche Vicente, el muchacho que trabajaba en esta urbanización. No sé si decir que era un amigo pero era la primera persona que veíamos al levantarnos, un gitano cabal, educadísimo, una gran persona con quien tratábamos a diario y al que jamás, en años, vimos un mal gesto sino todo lo contrario. No sabemos qué decirles a sus padres, que son las mejores personas que se pueda imaginar.
La mala racha sigue y hoy me entero de la muerte de Luis Estrada Sión, el quinto (aunque parezca un contrasentido) del Cuarteto Torner. Sus padres fueron vecinos de los míos desde siempre y yo conocía a Luis desde que no levantábamos metro y medio.
Y al enterame de su muerte me ha entrado una punzada de remordimiento. Cuando éramos niños, mi hermano y yo solíamos llevar y traer a Luis a la escuela. Estudiábamos los tres en Sampedro y él tenía tres años menos que yo: le llamábamos Luisín. Ya sabéis cómo son los niños: no les gusta que les endosen a uno más chico. No le prestábamos mucha atención. Pero recuerdo que un año, al comenzar a clase después de las Navidades, mientras subíamos hacia la escuela, ni siquiera le pregunté qué le habían traído los Reyes. Él lo notó y no dijo nada. Jamás se quejaba cuando no le hacíamos caso. Era siempre dulce y sonreía poco, más con los ojos que con los labios. Ya entonces cojeaba, sin que él ni nosotros supiéramos lo que significaba eso.
Si yo pudiera desandar el tiempo, como soñamos todos a menudo, una de las cosas que haría es preguntarle a Luis qué le trajeron los Reyes y qué le trajo la vida en general, porque en 37 años sé perfectamente que la vida le trajo muchas cosas. Y él no me tendría en cuenta haber tardado tanto en preguntárselo.
Si, como decía Borges, los orbes y los tiempos se confunden y lo que no ha ocurrido puede haber sucedido de algún modo, yo voy ahora con Luis camino de Sampedro y es real y somos niños y hablamos de regalos desenvueltos con emoción y de cómo será el día y no decimos nada de la vida que tenemos por delante y que entonces no sabíamos que iba a ser tan buena y tan desdichada y tan feliz y tan corta.
En esa fantasía que yo quiero posible, Luisín no cojea.

(Dedicado a Luis y Tere)

Aumenta el presupuesto de la Casa Real

La familia real ve aumentada su asignación en los Presupuestos Generales del Estado. Mientras los españolitos se las ven y se las desean para pagar su hipoteca, estos seres a los que mantenemos haciendo regatas van a más y a más. Estamos pagando de nuestro bolsillo las operaciones de cirugía estética de Letizia, los tratamientos médicos exclusivos que se hace el rey y los colegios de élite de las infantitas e infantitos. Como echan el moco en los funerales y llegan conduciendo su propio coche, todo el mundo dice: “Ay, son muy humanos, muy sencillos…”. A ver si se pensaban que iban a llegar con manto de armiño y la corona puesta.
Qué lacra. Y lo que nos queda por aguantarlos…

Fuenteheridos, Chesterton y el Dioni

Me gusta mucho la sierra de Huelva, tan parecida a Asturies, igual de verde. A cambio de lo fea que es Huelva capital, pueblos como Cortegana, Alajar o Aracena son preciosos y, no menos importante, en ellos se come muy bien.
Sin embargo, no conocía Fuenteheridos. Ayer tuve ocasión de visitarlo, y en compañía de su vecino más ilustre, el poeta Manolo Moya. Claro que no puede decirse que viera mucho: cuando llegamos, además de ser de noche, se había ido la luz en todo el pueblo. Eva daba en el Ayuntamiento un recital que empezó a la luz de las velas, en plan gótico. Seguro que adivináis el chistecito que se decía: los poetas siempre están a dos velas.
Fuenteheridos, por alguna razón, ejerce una poderosa atracción sobre los ingleses: hay un montón de ellos censados. No sé, imagino que les gusta la tranquilidad, el pintoresquismo y tal. Uno de esos ingleses es un sobrino de Chesterton, cuyos derechos ostenta. Si mi editor Juan Capdevila decide un día publicar algo de Chesterton, tendrá que llamar a un teléfono de Fuenteheridos para pedir el permiso. Curioso.
Después del recital, salimos a cenar con Manolo, Francis Vaz y su mujer Ana, otros dos enamorados de Fuenteheridos. Por cierto, vimos en un bar al sobrino de Chesterton, creyendo apreciar cierto parecido. Tiene su cosa eso de ver a un Chesterton en persona. En La Antilla la única celebridad que tenemos es el Dioni, que ahora vive en Lepe y con quien compartí barra el otro día.
No, no le pedí un autógrafo.

Argentina

Mi lectora número uno no daba clases de Literatura ni escribía reseñas ni tenía una opinión sobre la influencia de Pound en T. S. Eliot. Su bliblioteca no llenaba dos estancias pero tenía todos mis libros y mis recortes de prensa cuidadosamente guardados. Cuando se los enseñaba a alguien, antes le preguntaba: “¿Tienes les manes llimpies?”. Jamás escribió una tésis sobre mi poesía pero era muy capaz de decir cuándo un poema no le gustaba nada. Mi lectora número uno no se mordía la lengua.
Me acuerdo cuando era chaval. Ella llegaba a veces, sin avisar, se sentaba en el salón y empezaba a hablar. Nos tenía embobados a mi madre y a mí toda la mañana con sus anécdotas y la forma en que las contaba. Siempre deseábamos que volviera. A veces me dejaba lotería. Para mi hermano no: sólo para mí, para el poeta.
Ha muerto mi tía Gentina. Hace pocas semanas, aún tuvo fuerzas para visitar la Feria de Muestras. La imagino, pequeñísima, delgadísima, con sus gafas y su determinación, recorriendo stands de tractores y gadgets de cocina, exigiendo la visera gratuita de Cajastur. ¿Qué pensaría al verla la Muerte, la Mala?
Mi lectora número uno tenía 86 años y vivió la vida bien, rectamente, como una paisana, con nobleza. La queríamos.
Que la tierra le sea leve. Nunca tendré otra lectora como ella.

South Pop II

Pasó el South Pop Festival y nos ha dejado resaca, muy buenos recuerdos y algunos nuevos amigos. Musicalmente ha habido de todo pero quiero destacar lo bueno por haber sido muy bueno. Fantástica My Brightest Diamond, con una voz increíble, y un gran espectáculo los Art Brut, capaces de resucitar a un muerto y luego hacerle pensar. Pero me quedo con American Music Club y Robocop Kraus. Los primeros hicieron subir el termómetro emocional hasta la pura poesía. Uno escucha a Mark Eitzel sintiendo con él. En cuanto a Robocop Kraus, fue puro disfrute: por la música, la potencia, el espectáculo y, last but not least, el inmenso carisma de Thomas Lang. Al final, nos tomamos una copa con él y varias con el bajista, Robin Van Velzen, un tipo encantador y elegante con quien pasamos muy buenos ratos y con el que, de hecho, me he empezado a escribir recién vuelta la banda a Alemania. Me he encontrado con su email en mi bandeja de entrada y me ha dado una alegría, entre otras cosas porque la última noche fue caótica y no pudimos despedirnos de él.
Además, conocimos a un músico de Sevilla, Moisés, que pasó una tarde en casa y trajo su guitarra y tocó para nosotros, íntimamente, y se hizo querible e hizo la vida buena. Sólo por Robin y por Moisés ya mereció la pena este South Pop.
Ojalá que un festival pequeño como este, en el que puedes acercarte a charlar con Mark Eitzel o con Guy “House of Love” Chadwick (nos firmó un vinilo de veinte años atrás a pesar de que Eva le comentó que le recordaba a Neil Young), se consolide y se repita.
Por lo demás, sol, calor, la presencia de Raquel y noches azules. Lástima que fallara el spoken word, y no por nuestra culpa. No se puede tener todo.

South Pop Festival en Isla Cristina

El próximo fin de semana tenemos fiesta aquí al lado de casa, en Isla Cristina. Se celebra el South Pop Festival, con American Music Club de plato fuerte, más Art Brut, Jeremy Jay, Pleasant Dreams y muchos más.
Por desgracia está en el aire la actuación de Eva Vaz con su proyecto de spoken word Las Vírgenes Suicidas, ya que su músico, el cantautor Alfredo González, se ha descolgado a última hora, igual que otros dos participantes que estaban anunciados, Sofía Castañón y Héctor Tuya. Lamento decirlo: impresentables. Todos han dado vagas excusas: Sofía que tenía exámenes, Alfredo que no le dejaba su manager (¿eso es un manager o un enemigo?) y el otro no sabe, no contesta. Sofía y Alfredo son amigos y eso duele más.
Me da igual si leen esto y se molestan. No soy yo el que ha dejado con el culo al aire a Eva y a los organizadores del festival.
Pero centrémonos en lo positivo: hay un buen cartel, aquí el verano está en su apogeo, tenemos a Raquel en casa y los días son azules.

Miguel Barrero, nueva novela y con premio

Mi amigo Miguel Barrero (escritor, periodista y director de cine, casi nada) acaba de obtener el premio Juan Pablo Forner con su novela “Los últimos días de Michi Panero”. La obra aparecerá próximamente en la editorial DVD y ya tengo ganas de leerla. Podéis saber más de Miguel entrando en su blog, Il Gattopardo, cuya dirección encontraréis entre mis links. ¡Enhorabuena, shorvo!

El verano del amor

Siempre me he sentido desubicado. Esta época nunca fue la mía. Yo habría querido ser otra cosa: soldado en una partida carlista, al servicio de nuestro rey D. Carlos VII; redactor de algún folleto literario en los años 20, cuando las vanguardias llegaban a España como un soplo de modernidad que espantaba las moscas de la poesía española; petimetre con ínfulas literarias en los salones del pintor Esquivel, mientras Espronceda nos leía “La canción del pirata”; miliciano en el Batallón Comunista de Bo, que no ha existido pero ha existido en la literatura; conductor de tranvías en Manhattan, como en un poema de García Martín.
No me gusta mi tiempo. Los años 80 fueron la cima de la horterada y el mal gusto. Me limité a sufrir como un perro la peor adolescencia que pueda tener un ser humano convencional. En los 90 fui feliz y pagué un alto precio por la felicidad. El siglo XXI mata todos mis ideales. Uno tiene que vivir con un objetivo, conservar indemne alguna idea. Uno tiene que salvar siempre algo. Pero estoy a oscuras. Me siento extraño. Me siento como un niño adoptado. Me refugio en la historia, en la benévola sensación de lo conocido, de lo inevitable. Quisiera no ser yo. Quiero ser otro, en otro tiempo y lugar.
Después de mucho pensar, sé perfectamente dónde querría estar ahora. Sé qué tiempo y lugar. Todos tenemos esa fantasía: vivir otra vida, otro tiempo, haber ya desaparecido (como desapareceremos). Yo quisiera haber estado en California en el verano del amor, a finales de los años 60, cuando los hippies sacaban sus flores mugrientas y Manson emporcaba todo de sangre y lo jodía todo y en Praga los tanques liquidaban la última utopía posible y en París salían los pijos a la calle a reivindicar más paga. Yo estaría en San Francisco, viviría en la calle, estaría el día entero flotando, haría el amor con una hippie sucia y maravillosa, escribiría poemas delirantes, moriría de excesos para no convertirme una década después en todo lo que odiaba. A Eva también le gustaría. Permitidme fantasear. Era nuestro tiempo y lugar y nos lo hemos perdido. Nacimos muy lejos.
1967, 1968 y 1969. Allí, justo allí. Y luego morir de asco en la calle, da igual. San Francisco, finales de los 60.
¿Qué época y lugar elegiríais vosotros?

Fragmento de unas memorias inéditas (V)

Fue la noche, que olía a pino, fue el calor. Pero quizá algo ya se presentía unas horas antes. Cuando salimos del bar, C. y T. nos despidieron con sorna, presintiendo (nos lo confesaron al otro día) lo que iba a pasar. ¿Somos tan transparentes? ¿O es la mala fama?
Despejamos el salón, servimos copas y nos pusimos a bailar. Fui yo el que propuso bañarnos desnudos en la piscina. “Así veremos tu depilación brasileña”, le dije a R. Nos reimos. Estábamos solos en la urbanización. Podíamos hacer lo que quisiéramos: bañarnos desnudos, bailar en el jardín, poner la música muy alta…
A la vuelta del baño, bailando con R., la besé. Ella no se resistió. Sonaba Tom Waits: ¿cómo evitarlo? Atraje a Z. y nos besamos los tres a un tiempo, las tres bocas juntas, como en aquella escena de “El diputado”. Hacía mucho calor y había en el aire olor a pino. Subimos a la buhardilla. En el salón se quedó la ropa de los tres, tirada por el suelo como mondas de fruta recién pelada.

De vuelta en Isla

De nuevo en Islantilla. El día que llegamos, los turistas, como bárbaros bronceados, aún ocupaban terrazas y aparcamientos con su invasiva presencia, consumiendo el verano a puñados. El lunes se marchó la mayoría y respiramos. Dentro de quince días no quedará uno y la playa y los días azules serán sólo nuestros.
Nos hemos reencontrado con los amigos de aquí: Telmo y Carla y Luna, Rocío, Marcos, Merche… Los resistentes de la playa.
Echaba de menos esto y ahora echo de menos lo otro. No se puede tener todo pero debería poderse.
Me he enfrascado otra vez en el trabajo, jornada intensiva. Por lo demás, nos espera un otoño movidito. Varias lecturas por la provincia de Huelva, dos congresos en Oviedo y Mieres, otro en Barcelona. Y en quince días, el debut de Las Vírgenes Suicidas (Alfredo González y Eva Vaz) en el festival de rock de Isla Cristina. Y escritura, espero.

Mensaje para amigos y público en general

Estoy migrando mi dirección de correo electrónico y, aunque el servidor promete reenviarme todos los emails que llegan a mi cuenta antigua, he podido constatar que he dejado de recibir algunos. Las compañías abusando de nosotros, as usual. Os lo aviso por si cometo lo que puede parecer alguna descortesía y que no es tal: puro aislamiento. Iré avisando privadamente a mis contactos de mi nueva dirección. Saludos a todos.

Diario de agosto

Días de muchas salidas nocturnas, y eso que ya no nos gusta salir, menos mal. El lunes en Oviedo, el martes en Gijón, el miércoles y el jueves otra vez en Oviedo… Días extraños: de despreocupación, de jarana, de melancolía, de escuchar mucha música, de hablar interminablemente sobre todo y sobre todos. Y en medio, para recordarnos que debemos aprovechar esos días y esas noches, la tragedia de Barajas y su demoledora cifra de víctimas. Algunos retazos de la semana.

Miguel Barrero me lleva al Museo Jovellanos a ver “El retablo del mar”, de Sebastián Miranda. Una maravilla: se puede uno detener dos horas en cada cara, y mira que hay caras en el retablo. Una colección de vidas petrificadas, capturadas para siempre, plenas de inquietante veracidad. Aún se oye el rumor de sus voces.

Xandru Fernández ha perdido en el ordenador su último libro. Dice que puede reconstruirlo. Pero han desaparecido las versiones definitivas de los poemas, las correcciones, esa capa que hace la obra terminada.

Reencuentro con Antonio Valle, después de varios años. Nos conocimos porque ambos éramos riperólogos (búsquese en el diccionario o en internet) y luego nos unieron la literatura y la mutua simpatía.

Música muy distinta en estos días: Arcade Fire, los Pixies, Bowie e Iván Ferreiro, este último un regalo de Alfredo González y Sofía Castañón. Alfredo, en una larga tarde regada con whisky, nos cantó varias canciones de su próximo disco con la guitarra pequeña de Evina, la misma que hace unas noches rasgueó Xabel Vegas en otra noche larga en nuestro piso de La Corredoria. Cuando se la devolvamos, la guitarra echará humo blanco.

Finalmente, no cuajó la alianza Eva-Xabel para el spoken word. Ha nacido Las Vírgenes Suicidas, el proyecto de spoken word de Eva Vaz y Alfredo González. Estreno: Isla Cristina, South Pop Festival, septiembre.

Visita al Olivar, con Santiago Bernault, Rubén Rodríguez y otros. Santiago y yo nos encontrábamos en los blogs y ahora en los bares. A las personas se las conoce a veces por detalles superfluos en los que la mayoría de la gente ni repararía. Por varios detalles como esos he llegado a la convicción de que es una persona noble, alguien de quien te puedes fiar. Y eso es mucho en estos tiempos.

Lecturas: “Derrumbe”, de Ricardo Menéndez Salmón. “Amarillo”, de Félix Romeo: sobrecogedora semblanza de la amistad, de la muerte, de la culpa, del tiempo.

Nos enamoramos de Audrey, la perrita de Miguel Cane. Sí, se llama Audrey por Audrey Hepburn. Miguel y yo discutimos acalorada y cordialmente sobre Sylvia Plath y Ted Hughes mientras Eva dormita en su silla. Es tarde en Gijón y Miguel Barrero y Julia Vicente nos dejan una cama para quedarnos.

Más reencuentros: Diego Medrano, que demuestra ser tan buen imitador de voces como nuestro común amigo y maestro Luis Antonio de Villena. Diego llega tarde y tiene frío.

Hay un taxista en Oviedo que ha oído recitar de memoria (a un cliente sólo razonablemente ebrio) cuatro poemas de José Luis García Martín.

Y Susana nos da de cenar en su casa y Aníbal demuestra conocer todas las canciones freakies. Y Raquel me ha ganado otra apuesta de una botella de vino.

Y un poema de Jane Kenyon traducido por Hilario Barrero encuentra su doloroso correlato en la vida de Myriam Rubio. Bueno, han muerto en un segundo 153 personas, mientras yo veía a mis amigos y gozaba con todos y escuchaba canciones y era feliz. Soy culpable, como todos, de vivir. Y no seré culpable de nada cuando, como todos, muera.

Hilario Barrero y un poema de Jane Kenyon

Hace mucho tiempo que leo a Hilario Barrero: sus poemas, sus diarios neoyorquinos, también algunas de sus traducciones poéticas. Nunca, sin embargo, habíamos podido coincidir, y eso que él viene mucho a Asturies y yo también. Estos días, finalmente, nos hemos conocido y ha sido un deslumbramiento: atractivo y elegante, inteligente y muy cordial, es un conversador con quien uno desearía poder conversar más. Habrá otras ocasiones. Si queréis más datos, en mis enlaces figura el de su página web. Queda el futuro.
Os regalo uno de los poemas de Jane Kenyon que Hilario acaba de traducir para Pre-Textos en el volumen “De otra manera”. Léase despacio, que tiene miga.

NO

La última oración había sido dicha
y era hora de alejarse
del ataúd, en sereno equilibrio sobre su andamiaje
plateado junto al agujero abierto
que olía como un campo recién gradado.

Y entonces oí un ruido que no parecía
humano. Era más bien como el viento
entre los árboles sin hojas, o como el ganado mugiendo
en un establo lejano. Me detuve,
con una mano sobre el techo del coche,

mientras el sonido subía de tono, y luego
adquiría coherencia verbal: “¡No, no me hagan
esto a mí! ¡No, no…!”. Y cada uno de nosotros
permaneció donde estaba, dudando entre
quedarnos o dejarla allí.

Escribiendo

Después de 3 o 4 meses, de nuevo la escritura. Si no me engaño, mi último poema es de abril. Otra vez estos días la ansiedad, el encierro en el borrador, la dificultad para volver al mundo cuando dejo el bolígrafo. Pero he dicho “al mundo”, no “al mundo real”, supongo que se ha notado. Debería haber dicho “a la parte del mundo que no es la del poema”. Porque los poemas que me interesa leer y los que me interesa escribir hablan de una parte, más o menos significativa, de la vida real. Acaso esto es un pleonasmo: no conozco ningún buen poema que no hable de la vida real (vida real: otra redundancia).
En fin, que me voy poniendo estupendo y no hace falta. Estoy escribiendo y esto sólo sucede unas pocas veces al año y siempre con contrapartidas: zozobra, excitabilidad, ansiedad, ensimismamiento…
Leo poesía, eso forma parte del asunto. Últimamente Seifert, Sharon Olds, Allan Ginsberg, Sylvia Plath… Entre los españoles y de ahora, Manuel Vilas… Hace mil años que no releo a mis maestros de siempre: Eliot, Cavafis, Cernuda… Soy un lector disperso. Y estos días me concentro en el trabajo mercenario y luego, a cierta hora, me voy a un bar a escribir con el ruido. Dos versos en una hora de escritura me alegran el día.
Eva también está escribiendo y el resultado es una tensión ambiental que se palpa con los dedos. Respetamos el espacio de cada uno pero luego surge, obsesivamente, la discusión de lo hecho y de lo no hecho, del proceso, de lo que está pasando por las dos cabezas. Optamos por reirnos de nosotros mismos, disimulamos esas angustias de la creación que para otros tienen que ser absurdas y tontas y para nosotros la vida entera, nuestro oficio, nuestra razón de ser, nuestra identidad en el mundo.
Y de aquí saldrá algo importante para nosotros -y quizá para alguien más- o nada. Bueno, creo que no buscamos el resultado sino el proceso. No la consecuencia: la causa y las vueltas que le demos a esa causa es lo interesante. De todo esto rescataremos un poema o dos o ninguno. Siendo ambiciosos, quizá una idea indemne, o el atisbo de una idea que se sostenga. Firmo por eso.

Escritores y aún así amigos

Estos días ha estado en nuestra casa de Uviéu un gran amigo mío de Sevilla: el poeta Rafael Suárez, que publicará su primer libro este otoño. Naturalmente, hemos andado de acá para allá y apenas he tenido tiempo ni de trabajar ni de escribir en este blog, que no toma vacaciones.

Ayer fue un día consagrado a la amistad. Comimos juntos en Xixón varios amigos que tenemos todo en común: además de Rafa y yo mismo, estaban Miguel Rojo, José Luis Argüelles, Miguel Barrero, Xandru Fernández, Miguel Cane, Silvia Cossío y Julia Vicente. Nos faltó Eva Vaz, que no se encontraba bien pero estuvo en espíritu. Todos ellos buenos escritores que no necesitan recurrir a efectismos y componendas para decir cosas importantes sobre la vida. Lo más lejos que se pueda imaginar de la farándula estúpida y ñoña y vacía de tanta literatura reinante.

José Luis Argüelles ejerció, con su elegancia distante y su benévolo ascendiente sobre todos, el papel de factotum y aglutinador de voluntades y encuentros. Queda pendiente colgar en este blog uno de sus últimos poemas. Barrero y yo nos entendemos siempre, hablemos de lo que hablemos, y cada vez más cómplices y más cercanos y más amigos. De Miguel Rojo, mi Mime, no tengo que decir nada porque nos queremos tanto que sobran las palabras, y no me falla nunca y somos hermanos. A Miguel Cane sólo le conocía por email y hemos conectado: afectado e interesante, inteligentísimo, culto, profundo y frívolo, ya le quiero. Con Silvia y Julia me entiendo siempre, porque son inteligentes y divertidas y me gustan para una amistad más amplia, que todo llegará. Y Xandru es uno de mis escritores asturianos favoritos y un hombre que aprecio y respeto por su cordialidad, su talento, sus ideas y su obra. Ayer fructificó un proyecto en el que me enorgullece participar: la edición en castellano de su poesía, de lo que habrá ocasión de hablar.

En fin, ¿se puede pedir más? Pues sí. Esa tarde gijonesa nos encontramos con my brother Xabel Vegas, con el que quizá concrete Eva un proyecto conjunto de Spoken Word. Y con el periodista de Astorga Ángel García, con el que vamos creando una amistad.

Fue una tarde para dejarse ir inconscientemente, rodeados de la gente que queremos. El día anterior llevé a Rafa a Oliver. Hacía casi cuatro años que yo no iba y fue un placer recuperar esa vieja costumbre, con el inmenso y viboresco García Martín, mi padre literario y mucho más; Javier Almuzara, tan deslumbrante y decidor como siempre; José Havel, cálido y leal; Vicente García, entrañable y con proyectos; Carlos Iglesias, a quien empiezo a leer ahora con gusto; José Ángel Gayol, esquivo, y mucha más gente que no nombro pero no ignoro.

En fin, que soy feliz. Esta mañana he estado con Sofía Castañón, que siempre es encantadora, y tengo la impresión de que sólo veo a buenos amigos y gente que me gusta. El otro día comí con Ignacio del Valle y Javier Lasheras y me dí un largo paseo con Xuan Bello… Perdonadme que no vea más que a todos los que quiero ver y esté contento de volver a disfrutar con todos.

Con los años cada vez estoy más seguro de querer mantener a distancia a la gente dañina y cutre, y cada vez más cerca a la gente que me gusta y me hace bien. Hoy se ha ido Rafa pero espero que se lleve tan buenos recuerdos de su visita como me han quedado a mí. También se pondrá aquí en su momento algún poema de Rafael Suárez.

Otro día me podrá el mal humor, y las injusticias y las vanidades y las mezquindades y los atropellos y la mala baba. ¡Qué trabajosa es la maledicencia! Pero hoy no. Hoy sólo un brindis pour le bonheur.

Vergüenza olímpica (II)

Ayer o anteayer un juez español ha admitido a trámite una querella por genocidio en la que figuran como imputados varios ministros chinos. Esto no trascenderá judicialmente, me supongo, pero es un gesto simbólico muy importante.
Zapatero y su vicepresidenta Fernández de la Vega se han apresurado a declarar que respetan la decisión del órgano judicial independiente y bla bla bla. Se les notaba que tenían la noticia atragantada en la garganta y en el culo. No podían ni respirar de incomodidad. Los prebostes socialistas también se han apresurado a declarar, para su eterna vergüenza, que respetan las decisiones del Comité Olímpico Español y demás, en el sentido de que es normal que en China no se pueda hablar de política so pena de expulsión. Esa aquiescencia es casi apología del terrorismo. Están apoyando al terrorismo de estado de un régimen criminal que se permite censurar a ciudadanos libres y ejecutar a mansalva. ¿Esto no era delito? Enaltecimiento del genocidio, del asesinato, etc. por vía indirecta. Es como cuando Batasuna no condena un atentado. Yo me quiero cambiar de país. Quiero la nacionalidad groenlandesa.
Vergüenza, vergüenza…

Vergüenza olímpica

“Creemos en los sueños”, leo en un boletín de propaganda castrista. Sí -pienso-, qué fácilmente los sueños se convierten en pesadillas. Pero no voy a hablar de Cuba. Sólo quiero recordar, ahora que empiezan las Olimpiadas, que estas se celebran en un estado totalitario y criminal, que mantiene el mismo régimen que asesinó a millones de personas y que tiene un récord olímpico en atropellos a los derechos humanos. Hoy no se habla de eso, nadie recuerda Tiananmen. Se han dado instrucciones a los atletas para no hablar de política, so pena de expulsión. Pero no son los chinos quienes van a expulsarlos. Los propios comités olímpicos de cada país se encargarán de defenestrar a su atleta disidente, dado el caso. China es un mercado demasiado goloso para que las democracias occidentales se atrevan a hacerle un feo. Nunca la hipocresía internacional ha brillado con una luz tan potente y detestable. Condenemos a Cuba, a Irán, a Corea del Norte, pero que no se toque un pelo de la ropa a nuestro gran supermercado chino, a nuestro gran aliado del Oriente Próximo, Arabia Saudí (un país tan integrista y abusador como el Afganistán de los talibanes pero con petróleo), etc.
¿Habrá un atleta que al ganar el oro haga un gesto, recuerde los derechos humanos, el derecho internacional? Ojalá sí. Y que lo expulsen entonces, con su oro de metal y su oro moral, más brillante que ninguna otra medalla. Ese es el héroe olímpico que yo espero ver en China.

Un poema de Alejandra Sirvent

Perdonadme la vanidad. Pero no todos los días le dedican a uno un poema, y además tan bueno. Hace meses que lo llevo clavado en la frente, sin saber qué puedo hacer con él. Anoche estuvo en casa Alejandra Sirvent y sigue siendo tan encantadora como siempre, aunque lo es sin darse cuenta. Me ha apetecido colgar un poema suyo y he escogido este, comprendedme. No le he pedido permiso pero ella me lo da, seguro, porque sabe que es una de mis poetas preferidas, y no por el interés. En Las Afinidades Electivas (ver mis enlaces) podéis leer otros poemas de Alejandra.

A JOSÉ LUIS PIQUERO

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde

JAIME GIL DE BIEDMA

Hay algo que es como una lejana muerte,
se instala en los ojos y se acuesta con uno
y pega chillidos en los palacios de su cabeza.
Realidad, amigo,
tal vez ya no me quieres como antes,
como cuando te escribía correos
con dedos puros
y el mundo todavía no era este horror blanco.
¿Recuerdas cómo te escribía aquel despiadado
deseo del verano en La Arena?
Recuerdo que era hermoso contarte cada imagen
que me separaba del olor brusco y real
del agua, de los rancios restaurantes
con toda la familia, de las barcas varadas
en una tierra negra.
Yo quería tener la piel morena y ser libre
como en los poemas de Gil de Biedma;
ser libre y ser hermosa, como todas.
Pero no soy hermosa y ya esta libertad
me parece la peor de las sogas.
Siempre fuiste los ojos severos que miraron
mi vida. No puedo entender qué insignificancia
magnética me hizo merecer todo tu tiempo.
He sido mala,
como un niño que sueña, como alguien que vomita.
Me he engañado a mí misma
pensando que podría ser feliz.
Amé con un ahogado misticismo.
Atrás quedan los hombres
que degolló el amor.
Si sólo se perdiera la cabeza,
enamorarse no sería trágico.
¿Sabes que me siento ridícula todavía
entre la gente? Siempre soy más grande
y más seria que las otras chicas.
Intento ser graciosa sin motivo.
Aunque ya no me importa ponerme colorada
como una cereza algunas veces.
Atrás quedan hombres bellos
como almendros en llamas,
como sórdidos tigres.
Sólo ahora después de tanto tiempo
quiero vivir, ya la muerte es amiga.
Mi corazón es la pista de circo
donde un malabarista blande antorchas
miserables para un único espectador.

Diario del poeta recién cansado

Esta mañana Eva pequeña y yo nos fuimos al centro y pasamos por Cervantes y por el Búho Lector. Ella se compró “Las crónicas de Spiderwinck” y yo los últimos libros de Manuel Vilas (”Calor”) y Jon Juaristi (”Viento sobre las lóbregas colinas”). En este último había una divertida pataleta contra García Martín, además de muchos otros meritorios poemas de circunstancias y unos pocos poemas impresionantes. Del de Vilas -uno de mis poetas favoritos- ya hablaré más adelante porque aún no lo he leído entero.
Entretanto, he releído algunos fragmentos que quería recordar de “Adiós a todo eso”, de Robert Graves, he traducido un par de páginas de “Dulce jueves” (Steinbeck) y me he tomado unos cuantos vinos con Eva y mi Rakel, hablando de cosas que importan mucho, pero mucho. Ahora repaso blogs de amigos mientras saboreo un Ribera y las dos Evas se duermen juntas y yo escucho cosas variadas: Rufus Wainwright y La Mode, toma ya…
Qué aburrida es la vida de los poetas…! Fragmentos de memorias inéditas, para otro día…

Una canción de Sufjan Stevens

Una de las mejores canciones de Sufjan Stevens. Crípticamente irónica (si ello es posible) y muy trágica, con un punto freaky y mucha emoción. Reconstruye la vida de uno de los asesinos en serie más famosos de los EE UU, John Wayne Gacy Jr., un tipo que violó y asesinó a veinte y pico jóvenes, que era el chico bueno del barrio y se disfrazaba de payaso para entretener a los niños de la vecindad y era un ciudadano ejemplar. Copio la letra con mi traducción y apunto un enlace donde podéis oirla con su vídeo y todo (si no entra al pinchar, copiadlo en la dirección del navegador y llegaréis a la página): http://www.youtube.com/watch?v=otx49Ko3fxw
Vale la pena: impresionante. (Y no hay que perderse el suspiro final, aguzando el oído).

JOHN WAYNE GACY JR.

His father was a drinker
And his mother cried in bed
Folding John Wayne’s t-shirts
When the swingset hit his head
The neighbors they adored him
For his humor and his conversation
Look underneath the house there
Find the few living things, rotting fast, in their sleep
Oh, the dead

Twenty-seven people
Even more, they were boys
With their cars, summer jobs
Oh my God

Are you one of them?

He dressed up like a clown for them
With his face paint white and red
And on his best behavior
In a dark room on the bed
He kissed them all
He’d kill ten thousand people
With a sleight of his hand
Running far, running fast to the death
He took off all their clothes for them
He put a cloth on their lips
Quiet hands, quiet kiss on the mouth

And in my best behavior
I am really just like him
Look beneath the floor boards
For the secrets I have hid

JOHN WAYNE GACY JR.

Su padre era un borracho
y su madre lloraba en la cama
doblando las camisetas de John Wayne
cuando el columpio le golpeó en la cabeza.
Los vecinos le adoraban
por su humor y su conversación.
Mirad bajo su casa,
encontrad las pocas cosas vivas, pudriéndose rápidamente, en su sueño.
Oh, los muertos.

Veintisiete personas,
quizá más, eran chicos
con sus coches, sus trabajos de verano,
Oh, Dios…

¿Eres uno de ellos?

Se disfrazaba de payaso para ellos,
con su cara pintada de blanco y rojo,
y comportándose impecablemente
en una oscura habitación sobre la cama
los besaba a todos.
Mató a diez mil personas
como en un juego de manos,
corriendo muy lejos, corriendo muy rápido hacia la muerte.
Se quitó la ropa para ellos,
puso una mordaza en sus labios,
manos quietas, besos quietos en la boca.

Y comportándome impecablemente
realmente yo soy como él.
Mira bajo las tablas de la casa
en busca de los secretos que mantengo escondidos.

Más noticias de Steinbeck

Estos días he entregado la traducción y el prólogo de otra novela de John Steinbeck, “Cannery Row”, que publicará próximamente la editorial Navona. Como ya le he cogido el punto a John, mi siguiente proyecto será la continuación de “Cannery Row”, “Dulce jueves”, y luego quizá algunos relatos suyos.
Y hoy recibo correo de Miguel Rojo. Me escribe desde Salinas (California), la localidad natal de Steinbeck. Me he puesto verde de envidia. Le he dicho que no deje de visitar los escenarios originarios de “Tortilla Flat” y “Cannery Row”. O que me traiga al menos un souvenir stenbeckiano, que seguro que no faltan por allí.

Quince

De la última patera llegada a Almería murieron quince. Algunos eran niños de entre uno y cuatro años. Los demás los iban tirando al mar a medida que morían. Ahora el problema son los supervivientes. Repatriarlos, sí, pero ¿a dónde? ¿O los dejamos quedarse? ¿O firmamos un acuerdo con algún país? ¿No son ya demasiados?
Sólo es otra noticia de naufragio de pateras.
No culpo a nadie, no estoy aquí para echar otro sermón, pero resulta que nos preocupan más los que llegan que los que se quedaron por el camino, los que iban cayendo por la borda. Hemos llegado al grado cero del sentimiento y de la emoción. Los muertos ya no nos importan nada. Total, no éramos nosotros…

Momentos de cine

Hace poco, Tom Waits se autoentrevistaba en un dominical y, por el gusto de contestarla, se formulaba la siguiente pregunta: ¿Qué escenas de películas recuerdas? He pensado que también yo recuerdo unas cuantas. Hablando sobre el tema con mi amigo Jorge Ordaz, hemos convenido en recordar algunas, cada uno en su blog (podéis encontrar la dirección del blog de Jorge en la columna de la derecha, con perdón). De mano, ahí van tres.
Toda la escena de Brick y el Abuelo en el sótano, al final de “La gata en el tejado de zinc”, cuando el Abuelo le confiesa que no ha querido a nadie como a su padre, un viejo vagabundo que no le dejó más que una vieja maleta y su uniforme de la guerra de Cuba. “Y cariño”, añade Brick. Mientras, suena una música lejana que parece llevar dentro toda la esencia del viejo Sur, de la nostalgia y de la vida que se termina.
“Cría cuervos”. Cuando las niñas escuchan “Por qué te vas” y suena el timbre. Es la abuela que llama. Está en una silla de ruedas y no habla. Sólo sonríe. Ana Torrent baja y le pone su canción favorita, “Mari Cruz”, de Imperio Argentina. La cámara se acerca al rostro sonriente y silencioso de la abuela, ausente en sus recuerdos, lejos, lejos…
“Ojos negros”. Cuando Romano escucha a una profesora traduciéndole la carta de su amante rusa y de pronto se da cuenta de que está enamorado y recuerda la leve pelusilla de su nuca. Y más adelante, ya viejo y acabado, cuando pronuncia sollozando ese conmovedor monólogo que dice así: “He vivido mi vida como si se tratara de una parodia, de una mala imitación. Lo he tenido todo y no he tenido nada. Ni una verdadera casa, ni una verdadera familia. Ni siquiera a mi hija, que nos parecemos como dos gotas de agua. No me acuerdo de nada… Si ahora mismo me muriera y el buen Dios me preguntara: Romano, ¿qué recuerdas de tu vida?… La canción que me cantaba mi madre cuando niño. El rostro de Elisa en la primera noche. Y las nieves de Rusia…”.

Oviedo News. Ecos de sociedad

Procedente de Islantilla (Huelva), ha llegado a esta ciudad nuestro estimado suscriptor, José Luis Piquero, acompañado de su encantadora esposa, Eva Vaz, y su deliciosa hijita, Eva Gualda Vaz, los cuales disfrutarán del verano en nuestras costas. Sus actividades en esta larga temporada estival consistirán en el trabajo, la escritura, el turisteo, la gastronomía, el despiporre y el combayeo con los amigos, para mencionar sólo cosas mencionables.
Desde las páginas de Oviedo News deseamos a esta querida familia una feliz estancia y un próspero merimé.

Últimas noticias

Por lo que han dicho la radio y la tele (estoy esperando a la prensa de Huelva de mañana, que traerá más detalles), la presunta célula islamista hacía labores de logística y financiación para grupos integristas ligados a Al-Quaeda. Además de los sucesos de Islantilla, ha habido detenciones en Lepe ciudad, Huelva y el País Vasco.
Ahora bien, prudencia, como bien recomendaba un comentarista de este blog. Ante todo la presunción de inocencia. Y luego, cuidado con la paranoia. Esta mañana ya he tenido que escuchar eso de “Yo a los moros no les alquilaría un piso”. Es cierto que demasiado a menudo personas de origen árabe aparentemente normales acaban involucradas en ese tipo de actividades. Y demasiado a menudo españoles aparentemente normales acaban involucrados en actividades tales como el robo, el asesinato, la violencia doméstica, etc.
En el caso de A., su delito probado hasta la fecha era la venta de artículos ilegales… a españoles como yo y muchos de mis vecinos, algunos de los cuales “no le alquilarían la casa a un moro” pero sí le comprarían una camiseta a sabiendas de que era una compra irregular.
Quede ahí la reflexión. Y el susto que nos hemos llevado.

Viviendo con Al-Quaeda

Lo que voy a contar es absolutamente cierto y acaba de pasar hace apenas un par de horas. Esta mañana, nos despertó un fuerte estrépito y empezamos a oir voces. Me asomé a la ventana y en el jardín delantero vi a varios guardias civiles encapuchados. Bajamos corriendo.
Para que os situéis, vivo en un adosado. Salimos al jardín y de inmediato un guardia nos ordenó volver a entrar sin darnos ninguna explicación. Además de los guardias, había agentes de cuerpos especiales armados hasta los dientes, con perros y mucho aparataje y todo enmedio de una gran actividad bastante alarmante.
Bien, hace un rato, por fin nos han dado explicaciones. Un guardia encapuchado ha perdido permiso para entrar, nos ha tomado los datos (para citarnos a declarar) y nos ha explicado que dos puertas más allá han desarticulado una célula islámica de Al-Quaeda. Nos ha dicho que estemos tranquilos, que los perros no han encontrado armas ni explosivos. Esto es todo lo que sé por el momento y supongo que del resto me enteraré, como vosotros, por la prensa.
La policía sigue ahí afuera pero ya nos dejan salir y entrar, afortunadamente.
Recuerdo a Alí. Llevaba de vecino en la urbanización quizá un par de años y era un tipo muy amable, con el que charlábamos a veces. Vendía en casa ropa falsa y alguna vez pasamos por allí a ver el género (sé que estoy confesando un delito). Ocasionalmente tenía un compañero, también musulmán. Una vez tuvimos que ir al juzgado de Ayamonte y vimos entrar al compañero esposado. Luego llegó Alí, le preguntamos y nos dijo que no pasaba nada, que era una cuestión de papeles y que ya tenía un abogado en ello.
Lo que no podíamos suponer era que la ropa falsa era la actividad menos preocupante de nuestros simpáticos vecinos. Tampoco hemos notado que se estaba vigilando una casa a unos metros de la nuestra. Qué eficiente es la policía, leshes…
Ya sé que parece una locura pero lo que he contado es totalmente verídico. Seguiré informando.

Dos días felices

Ya de vuelta. Han sido sólo dos días en Asturias pero intensos. He podido ver juntos a un montón de amigos. Muy brevemente, por desgracia, a García Martín, a Luis García Montero, a Luis Antonio de Villena, a Leopoldo Sánchez Torre y a Fernando Beltrán. Y con más tiempo a Lasheras, a Miguel Barrero y a mi Miguel Rojo del alma, que el viernes se lamentaba de haberse dejado convencer para salir la noche anterior. ¡Cómo si a Mime hiciera falta convencerle! También a Marta Alejandra Sirvent, que sigue escribiendo maravillosos poemas, y a José Luis Argüelles, un divertido compañero de asiento para las dos horas largas que duró el homenaje. A Sofía Castañón, a Javier Almuzara, a Paco Velasco, a Natalia Menéndez, a Pelayo Fueyo, a Julio Rodríguez, con su poemario “Naranjas cuando te levantas” recién publicado y reseñado, y a Esperanza Medina, entrevista por fin. Me olvido de algunos pero en realidad no los olvido. Con Antonio Masip estuve hablando de Cernuda. Ambos seguimos indagando los datos -casi inexistentes- de la visita del poeta a Castropol. Quedamos en volver a consultar a Gonzalo Moure, que sabe de estas cosas.
Pero el gran descubrimiento de estos días ha sido Alejandro Céspedes. Hace veinte años que Alejandro y yo nos leemos, nos admiramos a distancia, nos buscamos. Y nunca en ese tiempo hemos hablado. Hace un par de meses, por puro azar, coincidimos en el correo electrónico, sembrando algo que se materializó este jueves en un largo abrazo. Amo a este hombre. Y a sus poemas, que son fáciles de encontrar (la mayoría están en Hiperión). Os lo recomiendo. Y tú, Alejandro, tienes cita en Islantilla este otoño.
En cuanto al homenaje, sí, fue muy largo, pero no fue pesado. Al contrario. Yo disfruté de muchos poemas y de las canciones, especialmente con Miguel Ríos marcándose una tonada. No lo hizo mal, un granadino cantando tonada. Y al fin todos estábamos allí con la mente puesta en un amigo que ya se ha ido y un poeta que no se irá nunca. Volar 1.000 kms de ida y 1.000 de vuelta para leer un poema en honor de Ángel ha sido un viaje que he hecho con el mayor de los placeres.
Y ahora para que os riáis. Seguramente no sabéis que Eva Vaz, cuando tenía 18 años o cosa parecida, participó como concursante en “Juego de niños”, aquel programa de los gallifantes que presentaba Javier Sardá. Si lo recordáis, cada concursante hacía pareja con un artista, famoso o popular. Y a Eva le tocó con Miguel Ríos. Por cierto, ganaron. Y Eva, entonces una estudiante pobretona, se enbolsó una pasta con la que viajó por Europa, se compró un equipo de música y salió, temporalmente, de pobre.
Este viernes se lo he recordado a Miguel Ríos, que no lo había olvidado. Me preguntó cómo estaba ella, supo que es poeta y me dio su dirección para que Eva le envíe algún libro. Reencuentros de la vida, como el mío con Alejandro o como cualquier reencuentro con Ángel y los demás amigos. Las piezas de la vida siempre acaban por coincidir.
Me he venido además con un regalo: un narguilé, una pipa árabe que me compraron en Estambul Pepe Luis y Fini. Gracias, troncos. Esta vez sí que he vuelto feliz de las Asturias de Oviedo.

“Para que todos nos llamemos Ángel González”

Los dos próximos días estaré ausente. Un grupo de poetas, músicos y profesores rendiremos homenaje a Ángel González en Oviedo y Gijón, en unas jornadas organizadas por el Principado en las que habrá lecturas, mesas redondas, conciertos y demás. Por si alguien está interesado en asistir, aquí va el programa con todas las actividades y nombres de los participantes.

Programa homenaje a Ángel González

Juan Luis Panero

Lo lamentaré toda mi vida pero no pude ir a la lectura de Juan Luis Panero en el Hospes de Granada, donde hace un par de meses leímos Eva y yo. Lo lamentaré porque creo que ya no habrá muchas más oportunidades de oir a Juan Luis Panero. Pero me fue materialmente imposible ir a Granada.
No creo que haya siempre que escoger en esta vida pero, si tengo que escoger en lo que se refiere a los poetas Panero, mi favorito siempre será Juan Luis. Y me gustan Leopoldo Panero y Leopoldo María Panero. Me gusta incluso Juan Panero, que escribió muy poco. Y me gusta hasta Michi Panero, que no escribió poemas pero escribió un gran poema patético y triste con su propia vida. Pero Juan Luis es el mejor, sin duda.
En realidad ya lo he visto algunas veces. En 1992 coincidimos en un congreso de poetas, ambos invitados. Usando esa circunstancia -yo era, como él, uno de los participantes- le llamé por teléfono a su habitación del hotel y le pregunté si quería tomarse una copa conmigo. No me preguntó por qué o para qué. Me citó en el bar y allí nos encontramos. Yo era joven e indocumentado y temía que me preguntase: “Bueno, ¿de qué querías hablar?”. No lo hizo. Llegó, se sentó, se pidió un whisky y empezó a hablar sin parar y no dejó de hacerlo en dos o tres horas, justamente lo que yo quería que sucediese. Justamente para lo que yo le había llamado. Con aquella voz, aquellos ojos… Todo lo que decía era importante. Yo estaba como en misa. A veces los poetas que nos gustan nos decepcionan en las distancias cortas. Juan Luis Panero era exactamente igual que sus poemas: un personaje auténtico por los cuatro costados, un desengañado superviviente, un ser de insólita integridad, un lúcido y amable conversador.
Juan Luis Panero no ha escrito una poesía innovadora, rompedora, que corte y abra caminos. Ha escrito una poesía auténtica en la que cada palabra (gastada, como son siempre las palabras) nombra exactamente una verdad, algo que ha existido, un trozo de vida que sabe y huele y duele y se toca con las manos. Siempre será uno de mis poetas preferidos y alguien a quien haber leído y conocido me llena de orgullo.
He visto en el blog de Fernando Valls el reportaje gráfico de su lectura en Granada (fotos de Manuel M. Mateo) y repito lo que he dicho: lamentaré siempre no haber estado ahí. Una lectura de Juan Luis Panero es lo más parecido a la poesía que se pueda experimentar.

Impúdica (Fragmento de unas memorias inéditas IV)

Z. es impúdica, no se da cuenta, como un personaje de Margherite Duras. Se pasea por casa con una camiseta mínima y nada más, y hasta es capaz de salir al jardín y hablar con una vecina sin percatarse de que está medio desnuda. Hay que avisarla y entonces dice: ¡Mecagüen la leshe!… Es inocente como un animalito, es puro instinto. Salvo para las emociones. Entonces es completamente analítica, hasta la extenuación.
Aún le tocará sufrir mucho en esta vida. Un ser sin malicia, radical en todo, visceral en todo, está destinado al dolor. Es un regalo en un mundo que desconfía de los regalos. Es generosa en un mundo que no comprende el desprendimiento. No sabe que el mundo es horrible y que la gente piensa mal.

Un poema de Javier Lasheras

Javier Lasheras (Don Benito, Badajoz, 1963) ha publicado un nuevo libro, el mejor suyo, y es un gusto proponeros esta lectura. “Fundición” (Algaida) toca carne y sangre y fibras sensibles. Y se atreve.

QUINCE ROSAS

Yo soy prescindible y lateral, pero excesivo

hasta en la ceniza nocturna de mi cuerpo;

anda, mejor será que cuides de tus días

o una noche tus caricias de terciopelo

se volverán grillos y gusanos en tu cabeza.

Yo estoy desvelado y al acecho, curtido

en la manada sigilosa de los lobos;

piensa lo que quieras, que te quise o no,

pero abraza ese frío de tu angustia

y reza por tu vida todo cuanto sepas,

que yo me acabo en lo junto, lo único

por lo que corro hasta la muerte.

Porque soy sangre y puñal de heridas,

cree en mí, Dana, cree en mí y danza

sobre la hierba la dicha de este olvido.

Mensaje a Izquierda Unida

Copia del mensaje enviado a la página oficial de IU. Recomiendo enviar más:

Somos muchos los militantes de IU que esperamos una respuesta más contundente a las últimas decisdiones de la UE sobre la jornada laboral. Creo que es un tema en el que IU puede hacer valer su opción de izquierdas y movilizar a los trabajadores. Pero, de momento, estamos asistiendo estupefactos a una situación en la que IU se ha limitado a quejarse y no ha sabido canalizar el descontento hacia esta situación en forma de movilizaciones. Un partido de izquierdas que no sabe responder a este tremendo retroceso en los derechos de los trabajadores es un cero a la izquierda, algo que no existe, unas meras siglas en el maremagnum político, y con grave peligro de diluirse en ese maremagnum. ¿Vamos a deicr algo? ¿Vamos a hacer oir nuestra opción progresista y solidaria con los trabajadores? ¿Nos vamos a quedar a verlas venir? Por favor: no podéis citar el informe de Willy Meyer y luego quedarnos como si nada. Me avergüenza nuestra pasividad.

Espero que hagamos algo YA u os juro que me doy de baja.

Cordialmente:

José Luis Piquero

joseluispiquero@auna.com

www.joseluispiquero.es

639 932 866

Esperando noticias de IU y otros

Un comentarista de mi blog me pregunta: ¿nos organizamos? Se refiere a convocar protestas contra la patada de las 65 horas. Le he dicho: sí. Pero lo he dicho dubitativamente y con cierta zozobra porque contaba con convocatorias de los sindicatos, de Izquierda Unida y de otros grupos… de las que aún no tengo noticia. ¿Qué pasa? ¿Nos vamos a limitar a una moción en el Congreso y a un envío de firmas por internet? ¿Será que no queremos mezclar unas cosas con otras (la huelga del transporte y todo lo demás)? Me parece que hace falta un debate serio sobre este asunto y a la vez (y urgentemente) movilizaciones YA.

65 horas… más

O me he perdido algo o el mundo se ha vuelto loco. Hace nada estábamos hablando de la jornada de 35 horas y de pronto nos han arrojado a la cara la de 65. Ahora sí que creo no que la historia se haya detenido sino que ha retrocedido siglo y medio. Naturalmente, los trabajadores y los empresarios podrán ponerse de acuerdo al respecto. Muy consolador: ya se sabe que los intereses de los trabajadores y los de los empresarios suelen coincidir al 100 por 100.

El PSOE, que iba a oponerse contundentemente a la medida, ha dejado su contundencia en una cómoda abstención. Tan cómoda como el “Otan NO-Otan de entrada NO-Otan SÍ”. Ya nos tienen acostumbrados a esas pícaras veleidades, qué le vamos a hacer.

Y lo que más me sorprende: no oigo gritos en la calle. Aún no hemos salido en masa a pedir cabezas y paralizar el país. ¿O estamos esperando el turno de los transportistas? Qué educados nos hemos vuelto. Usted primero…

¿Y ya está?

Una canción de Rufus Wainwright

Me he dado cuenta de que me paso el día entero escuchando música y nunca hablo de música aquí (también leo como una bestia hambrienta y apenas hablo de los libros que leo). Vamos a ir a poniéndole solución.

Hay una canción que me gusta escuchar últimamente. Se titula “The art teacher” y es del inmenso Rufus Wainwright. Trata de una historia de amor imposible, porque es en el pasado y porque no pudo ser en su presente, y trata de nuestras inevitables decisiones erróneas. Por lo demás, lo fía todo a la voz arrastrada e íntima de Rufus, con un toque, en cierto momento, de banda sonora clásica tipo “Matar a un ruiseñor”. Conmovedora y auténtica.
Supongo que os la podeís bajar por ahí pero aquí hay un enlace a una página donde puede oirse la canción y ver a Rufus tocarla en directo (aunque, al ser directo, se pierde el toque “Matar a un ruiseñor”): http://www.youtube.com/watch?v=M1ReFah2lCQ
Recomiendo mejor este otro enlace donde se oye con todos los toques precisos y con un video no oficial que está muy muy bien: http://lifelib.blogspot.com/2007/07/art-teacher.html

Si en ellos no sale, aquí sí: http://www.dizzler.com/music/Rufus_Wainwright/The_Art_Teacher

De todos modos, ahí va la letra y mi traducción (por cierto, hay un juego de palabras intraducible con el nombre del pintor Turner y el verbo “turn” (volver) que sólo se aprecia en la versión inglesa):

The Art teacher

There I was in uniform
Looking at the art teacher
I was just a girl then;
Never have I loved since then

He was not that much older than I was, indeed
He had taken our class to the Metropolitan Museum
He asked us what our favorite work of art was,
But never could I tell it was him
Oh, I wish I could tell him
Oh, I wish I could have told him

I looked at the Rubens and Rembrandts
I liked the John Singer Sargents
He told me he liked Turner
Never have I turned since then
No, never have I turned to any other man

All this having been said,
I married an executive company head
All this having been done, a Turner - I own one
Here I am in this uniformish, pant-suit sort of thing,
Thinking of the art teacher
I was just a girl then;
Never have I loved since then
No, never have I loved any other man

El profesor de Arte

Ahí estaba yo, con mi uniforme,

mirando al profesor de Arte.

Sólo era una muchacha entonces.

Nunca he vuelto a amar a nadie.

No era mucho mayor que yo, de hecho.

Había llevado a nuestra clase al Museo Metropolitano.

Nos preguntó cuál era nuestra obra de arte favorita

pero nunca pude decirle que era él.

Oh, ojalá se lo hubiera dicho.

Oh, ojalá hubiera podido decírselo.

Yo miraba los Rubens y los Rembrandts.

Me gustó John Singer Sargent.

Él me dijo que le gustaba Turner.

Nunca he vuelto desde entonces.

No, nunca he vuelto a mirar a otro hombre.

Dicho todo esto,

Me casé con un alto ejecutivo.

Hecho todo esto… Turner. Tengo uno.

Aquí estoy con esta especie de traje de chaqueta de uniforme,

pensando en el profesor de Arte.

Yo sólo era una chica entonces.

Nunca he amado a otro desde entonces.

No, nunca he amado a otro hombre.

I love IU

No, no es que me haya entrado una especie de furor amoroso-político. Se trata de recomendaros una página que recopila bitácoras de militantes y/o simpatizantes de Izquierda Unida, una especie de gran página de opinión en la que hay lugar para el debate político y de ideas sobre el futuro de esta sociedad y el proyecto de izquierdas que se puede construir para ella. La dirección es IloveIU.org.

Un poema de Myriam Rubio

No me gusta perseguir a nadie con mis poemas ni que me persiga nadie con los suyos. No me lanzo a recitar en cuanto tengo ocasión. Todo lo contrario. Pero ayer, durante una fiesta en casa, Eva, Myriam y yo leímos poemas. Propios y ajenos. A veces, durante una fiesta, y a pesar de la música y el jolgorio, surgen momentos de magia y de intimidad y, muy raramente, leer un poema no sólo no está fuera de lugar sino que lo necesitamos. Eso fue lo que ocurrió y resultó un momento irrepetible. Lo puedo asegurar.
Myriam, Rosa y Miguel se han ido hoy. A los 5 minutos ya les echábamos de menos. Pero hay un hilo irrompible entre Plasencia e Islantilla. Lo acortaremos.
Mientras tanto, os dejo un poema de Myriam Rubio, una poeta casi inédita, lo que resulta difícil de entender. Que lo disfrutéis.

OBJETOS PERDIDOS

Brilla en el suelo,
pero es un brillo inmóvil.
Alguien perdió un pendiente
y guarda la esperanza en el joyero.

Qué fácil gastar las monedas encontradas
y qué difícil vislumbrar la viga propia.

¿Quién caminará ahora bajo mi paraguas de camuflaje?

Llaves para abrir tu puerta
duermen en monederos vacíos.
La bufanda de lana se agarra al pavimento.
Y se retuerce. Y se deshilacha.

Perdí la brújula,
se me cayó del bolsillo.

Y de nuevo, zapatos.
De dos en dos,
o de uno en uno.
Dentro,
el trozo de papel en el que escribí el guión,
el salvoconducto: la lista de la compra.

Y mi memoria,
y tu cabeza,
no aparecen en esta oficina.

Ni en la nevera,
pegados en un post-it

Eva Vaz en el EPS

Hace unas semanas quizá vistéis a Eva en El País, a raiz de su inclusión en la antología “Hankover”. Se está aficionando y hoy vuelve a salir, esta vez en El País Semanal, hablando de… ¡el vello púbico! Se trata de una especie de encuesta, ya sabéis, a favor o en contra del rasurado y la contestan Eva, Alaska, un sexólogo y no sé quién más. Qué cosas pasan por estos lares…
Ah, ella a favor de lo natural, of course…

Un poema de José María Valverde

Esta noche, cenando, salió a relucir José María Valverde. Eva había leído sus ensayos sobre estética y yo su poesía y muchas de sus traducciones. Ah, ya sé por qué hablábamos de él: por su traducción de la poesía de Eliot, aún no superada. El caso es que me he acordado de este poema suyo, modesto pero en cierta forma deslumbrante por su autenticidad y su profunda humanidad. Ahí os lo dejo.

LA VISITA A LOS POBRES

En los años del hambre -como dicen
los que no la han saciado todavía-,
estudiantillo imberbe, acompañé
algún tiempo, en mañanas de domingo,
a los visitadores de los pobres,
sencillos caballeros, casi todos
profesores modestos y abstraídos,
de raído gabán y claras gafas.
Entre el barro o el vaho, avergonzados
de dar un duro en vales para pan,
tomados por algunos como agentes
de la Embajada nazi, comprobaban
lo mismo, año tras año, consternados:
la familia entre latas, con el cerdo,
padres y niños, todos sifilíticos,
menos la mayorcita, que era de antes
que el marido… «los malos compañeros,
¿sabe?» -casi en defensa, la mujer-
«lo que le pasa a un hombre»; y en la esquina,
un muchacho tullido -«y menos mal» ,
según la madre, «que al fundarse el chico
yo estaba muy robusta»-; éste pedía
libros, pero ¿cuál darle a un pobre inmóvil?
(yo le llevé María Chapdelaine);
y, como única baja, la gallega
muerta de hambre, dejando dos hijitas,
pero con gran entierro de un Seguro
que, en nuestras mismas huellas, les cobraba
más de nuestra limosna, porque el pobre
quiere morir en grande, por el miedo
de seguir siendo pobre al otro lado…
Luego, en la fría sala parroquial,
decía el presidente, en grave rito: .
«¿Se aprueba el acta ?» y todos, abrumados,
bajaban la cabeza: «Sí, se aprueba».

Un poema de la experiencia

Ayeri vite na fonte,
tabes cantando,
güei que pasé per ella
tabes llorando.
Dime por qué tas triste y descolorida
dime por qué sospires, prenda querida.

Sospiro por amores que yo tenía,
sospiro por amores que yo quería.
Amores que toviste y sigues teniendo.
Sabes bien que te quixi
y toi queriendo.

Si tanto me quixisti
y tas queriendo,
si tanto me quixisti
y tas queriendo,
¿por qué nun vas a veme
cuando t’espero?
¿Por qué nun vas a veme
cuando t’espero?

(Tradicional. Dedicada a J.G. y a R.G.).

El nuevo Indiana Jones

No tengo que alegar que Evina quería verla y tuve que ir con ella al cine. No: yo también quería verla. Y no me defraudó. O no del todo. Lo diré: esperaba más.
Empezaremos por lo bueno. A Harrison Ford no se le notan los años y da la talla como en sus mejores tiempos. No falta ninguno de los ingredientes que nos encantan a los admiradores de la serie (persecuciones trepidantes, peleas espectaculares, salvaciones en el último minuto, bichos asquerosos, toques de fantasía, guiños cinéfilos…) y se agradece el regreso de Marion, la chica de la primera entrega.
Ahora lo malo: ninguna de esas peleas, persecuciones, salvaciones in extremis, apariciones de bichejos y toques fantásticos superan a las ya vistas en las otras películas de Indiana Jones. Nada que no hayamos visto antes mejor hecho. Añadiremos que lo del hijo rockero -apropiadamente chulo e ignorante- es un guiño servil a las nuevas generaciones de palomiteros y que la famosa calavera da ganas de reir: parece hecha de plástico relleno de algodón y se nota que ni pesa. Se diría que la compraron en un todo a cien chino.
De las patadas a la historia casi vale más no decir nada: confundir a los mayas con los incas y decir que Pancho Villa hablaba quechua se las trae. Coño, si bastaba consultar la Larousse… En cuanto al enemigo soviético, parecen malos de tebeo de “Juan Centella”: que me expliquen cómo en plena guerra fría podía colarse de rondón en los EE UU un regimiento entero de soldados rojos y pasearse como Pedro por su casa. La ficción, aunque sea puro entretenimiento, necesita ser verosímil.
Y en fin, que todo tiene un aire de cartón piedra que en las anteriores entregas se notaba menos. Si tuviera que hacer mi ranking de Indiana Jones diría que la mejor es la “La última cruzada” (el genial Sean Connery comiéndoselo todo), seguida de “En busca del arca perdida” y con “El templo maldito” en tercer lugar. Obviamente, la de la calavera es la peor con diferencia.
Insisto: no defrauda. Si os gusta la serie id a verla. Pero no es lo que esperaba. Habían puesto el listón muy alto, será eso.

Amigos perdidos

…y no hallados en el templo.

He estado haciendo esa cosa tan tonta que hacemos los seres humanos cuando estamos melancólicos sin motivo: mirar fotos. No fotos muy antiguas (para esas no estoy preparado emocionalmente ni lo estaré en años) sino fotos recientes, de dos o tres años para acá. He visto momentos muy felices, por supuesto (nadie se hace fotos cuando es desdichado): una fiesta en la casa de Montecerráu -en la que viví un año de alquiler, justo antes de venirme al sur- con todos mis amigos reunidos; mis padres en Islantilla, sueño largamente acariciado; fotos de los días previos a mi segunda boda, con uno de esos atardeceres de Isla Cristina que no tienen igual y mis sobrinos y mi hija combayando; el minicrucero entre Tavira y la playa de Tavira un día de sol, valga la redundancia; mi hermano Juan poniendo música en otra fiesta y en otra casa; Evina disfrazada en el jardín de la casa de Islantilla; Eva desnuda en la cocina de la casa de Oviedo, tapándose con dos centollos, graciosa hasta la muerte…

Pero también gente que ya no está en mi vida. Carlos y Tere mirando a la cámara con felicidad, cuando aún no habían decidido no necesitar a nadie más en sus vidas que a quien necesitan. Inés sonriente como si fuera feliz y nos quisiera, antes de darme una patada por decirle la verdad que me pedía. Los muertos que se quedan en el camino…

Raquel me dijo un día que ya no teníamos edad para perder amigos y le he hecho caso. Pero no mandamos en los demás. Recuerdo un diálogo de “Memorias de África”:

-¿Vas a perder un amigo por un libro?

-Yo no. Es él quien va a perderlo.

En mi caso nunca ha sido por un libro. Ellos lo han querido así, no yo, pero todos hemos salido perdiendo. Cuántas decepciones.

Quede la cita de “Memorias de África” como homenaje al gran Sidney Pollack (del que, por cierto, se cita menos una de sus mejores películas: “Danzad, danzad, malditos” -y la novela, igualmente recomendable-).

En fin, además llueve en Islantilla, algo poco habitual. Y si en Oviedo se tolera porque es lo que corresponde, aquí no se lleva bien. Escribiremos de mejor humor, mes amis. Entretanto, un brindis por lo que permanece.

Más de la Rake

Algunos amigos me han escrito o llamado con preocupación al ver que no daba señales de vida. Muchas gracias. No pasa nada. Es que, como ya dije, Raquel estuvo aquí y nos dedicamos a tiempo completo a charlar interminablemente, llorar unos en el hombro de otros, viajar por la zona, reirnos a mansalva… Al irse nos ha dejado muy huérfanos, esa es la verdad. Pero, también, entre la estancia en Oviedo y las mini-vacaciones aquí, nos hemos encontrado con una pila de trabajo atrasado. Casi no tengo tiempo para nada, ni para escribir en este blog ni para leer los otros (aunque me pondré pronto al día, soy adicto a varios blogs de amigos).
Por cierto, en el anterior post dije que Raquel es mi hermana. No lo es de sangre aunque es lo más parecido. Hago esta precisión por si alguno lee en la sección de poemas el titulado “Raquel” (sí, es ella) y se queda algo desconcertado ante algún verso.
Me matará por decir esto pero Raquel es una tía borde y chula donde las haya. Y a la vez el ser más vulnerable, tierno y dulce que haya conocido. Y generoso. ¿Una paradoja? No lo creo.
Nuevamente, esto son palabras privadas que digo en público.

De regreso de las Asturias de Oviedo

“Villanos te maten, rey, / de las Asturias de Oviedo, / que no sean castellanos”. 

Casi recién vuelto de Asturies. Han sido unos pocos días pero sustanciosos. Me ha dado tiempo a ver a mis padres y a muchos amigos (no a todos los que quisiera), a hacer algo de turismo, a perder dos amigos y a presentar un libro (”La hestoria tapecida”, de Xuan Bello, totalmente recomendable).

He comprobado hasta qué punto he dejado de ser urbanita, incluso para una pequeña ciudad. Un día iba caminando por la Plaza de la Escandalera (el Manhatan de Oviedo) y de pronto pensé: A dónde va toda esta gente, a dónde voy yo, por qué parecemos todos abejitas en una colmena, apresurados y diligentes, cómo es que me agobia tanto tanta gente y tantos coches… Comprendí que el urbanícola de otros tiempos había pasado a mejor vida. Necesito lo que tengo aquí: soledad, tranquilidad, sol, una playa inmensa solo mía. Ausencia de género humano en demasía.

Siento los dos amigos perdidos. Sólo por eso mejor no haber subido. Son decepciones que da la vida. Van en el lote. Pero duele.

Intentaré contestaros uno a uno a los amigos que me habéis dejado mensajes. Quizá tarde un poco: nos hemos bajado acompañados de mi hermana Raquel y tratamos de apurar la felicidad de estos días juntos. Soy codicioso de la felicidad: estoy muy necesitado.

Y algo matao.

En breve con vosotros, mes amis.

Una decisión

Si alguien ha seguido este blog o por mala fortuna me conoce un poco sabrá que no escribo casi nada: tres poemas al año, quizá. Para escribir esos tres poemas (o dos o cinco) tengo que “vivir en poeta” 365 dí­as al año. Me parece un buen promedio para mí­. Para los demás… cada uno tiene su promedio.

Estos dí­as he escrito y he vivido la situación de la escritura, algo que te cambia el caracter, que te vuelve insoportable. De nuevo tengo que declarar que lo importante de la escritura no son los versos que quedan en el papel sino lo que ocurre antes y después de haber escrito. El proceso que te lleva a escribir es lo importante. El poema es quizá una pequeña muestra de todo lo que se ha dilucidado por en medio.

No voy a decir la tonterí­a de que no creo en nada, porque es lo contrario: creo en todo. Creo en la escritura para purificarnos. Creo en el lorazepam. Creo en la aventura de vivir alocadamente, sin tasa.

Hoy he decidido que no voy a morirme. Os lo anuncio, amigos, simpatizantes y curiosos. He pensado que morirse es una cosa lamentable e inútil, que no beneficia a nadie y nos pone tristes. No es necesario. Hoy he decidido ser inmortal. Reivindico mi derecho a no morirme nunca. Esta es otra cosa en la que creo: nuestros mejores deseos se hacen realidad. Y este es un deseo legí­timo.

Lo único que me jode es tener que enterraros a todos. ¿Por qué no os apuntáis? Queda decretada la inmortalidad.

Resumen de actividades

Abril es el mes más cruel… porque cae el Dí­a del Libro. Yo no sé si Eliot lo decí­a por eso. Es broma, ya sé que no. Pero es para suscribirlo.

Ayer Eva leyó con Pablo Garcí­a Baena en el Museo Provincial de Huelva. Permitidme la vacilada de citar a la figura. Pero nos pasamos el mejor rato charlando con Violeta C. Rangel, perdón, con Manolo Moya (qué gracia tiene el tí­o) y Marí­a Gómez y un poeta-profesor que era calcadito a Góngora. Manolo se despidió de él diciéndole: “Pues nada, cuando lo termines mándame “La Galatea” y ya te escribiré dándote mi opinión…”.

Exposición sobre JRJ. Destacaban frases como “Yo querí­a dar a España, en mi persona, un poeta universal”, “Yo he sido un gran modernista, un gran simbolista; claro, yo inventé el modernismo, el simbolismo…”, “Cuando llegué a Madrid, me llamaron el Gran Poeta, publicaron mi retrato…”. No sé si soporto menos al poeta cursilón y relamido de las violetas, al engolado poeta metafí­sico coñazo de “Dios deseado y deseante” o a la propia persona antipática, neurótica, hipocondrí­aca… Qué tí­o tan esdrújulo, cargante, ególatra y abusón. Soy un juanramoniano entregado.

Mañana tenemos algo así­ como una comida campestre y luego yo leo mis poemas en la Casa de Cultura de Calañas. Ya conozco el público, porque Eva leyó allí­ el año pasado. Es un público que un poeta desea. A veces diez lectores entregados en un pueblo pequeño valen más que una sala llena en Barcelona.

Y para rematar, nos vamos a Asturias. Si en dí­as venideros de whisky y rosas no apruebo comentarios en el blog, que sepáis que no es censura sino distancia. Pero hasta el lunes aprobaré todo, incansablemente.
(Recuerdos a Myriam, a Judith y a Ana R. L., profesauria ella. Al resto quizá os vea pronto).

Diario de Golondrina

Muy decepcionante la última novela de Amélie Nothomb. La escritora que logró asustarme con “Cosmética del enemigo” y que tocó insólitas honduras simbólicas en “Ácido sulfúrico” ha sucumbido en “Diario de Golondrina” a la tentación de lo fácil. Una historia plana, con situaciones inverosí­miles que no salvan simbolismos ni metafí­sicas -puesto que no las hay- y el convencional cine americano de psicópatas como referencia. Detesto que se pongan caretas para meterme miedo. No es tan sencillo escandalizar.
Ya antes Nothomb habí­a tenido altibajos pero nunca tanto como ahora. Espero que sólo sea eso: una pequeña caí­da.

Una de Galdós

No creo que logre nunca leer todo Galdós. Ni siquiera sé cuántas novelas publicó pero deben haber sido muchas. He leí­do bastantes (veinte o treinta tal vez: pocas, en el caso de un autor tan prolí­fico como Galdós) y, de vez en cuando, encuentro alguna más y me la llevo. Últimamente le tocó a “Amadeo I”, uno de los Episodios Nacionales. Como saben mis amigos, me fascina la historia de España en el siglo XIX y ya me extrañaba no haber leí­do esta.
No está entre las grandes novelas de D. Benito y hasta parece compuesta a toda prisa y por encargo. Pero me ha fascinado su carga humorí­stica y algo que no es muy habitual en la obra de Galdós: el componente fantástico, tanto más extraño cuando se mezcla con el documento histórico puro y duro y un trasfondo que recuerda a la novela picaresca.
Por cierto, recuerdo que mi amigo Norberto Luis Romero hací­a un gesto de asco cada vez que hablábamos de la novela del XIX. Lo siento. Para mí­ Galdós es uno de los grandes escritores españoles de cualquier tiempo. Lo mismo podrí­a decir de Clarí­n, de Emilia Pardo Bazán y, remontándonos, de Pedro Antonio de Alarcón (¡sí­, lo juro!), entre otros.
Una anécdota para los isleños. En “Amadeo I” aparece de personaje muy secundario (sin diálogo ni ná) Roque Barcia, un escritor onubense hoy olvidado. Hay un bar en Isla Cristina en donde tienen un retrato suyo (no por afán cultural: igual hubieran puesto a Espinete, si fuera de la tierra) y en el grabado tiene una cara de triste y aburrí­o que no se lame. En la novela de Galdós se le ridiculiza un tantico por su estilo literario, que ya entonces era rancio. Oh, el tiempo, cómo va dosificando el olvido, qué cruel y sabiamente…

El breve reinado de Pipino IV

Me llegan, con olor a tinta fresca, los primeros ejemplares de la última novela que he traducido para la editorial Navona, “El breve reinado de Pipino IV”, de John Steinbeck. Como orientación, os copio el texto de la contraportada:

Parí­s, un año de estos. Los representantes de los distintos partidos en la Asamblea Nacional no consiguen ponerse de acuerdo para formar un gobierno estable. Poco a poco va imponiéndose una solución de compromiso: restaurar la monarquí­a. El candidato ideal parece ser el último descendiente del linaje de Carlomagno, Pipino Arnulfo Héristal, un modesto rentista que lleva una cómoda y apacible existencia dedicado a su gran afición, la astronomí­a. El único problema es que Pipino no desea ser rey. A regañadientes, acepta la corona. No tardará en darse cuenta de que su papel es el de mero comparsa en el tráfago de intrigas polí­ticas de Parí­s, lo que no le impedirá intentar lo imposible: ser el rey de todos los franceses y propiciar un cambio profundo de las caducas estructuras de ese reino improvisado.

El breve reinado de Pipino IV es posiblemente la novela más gamberra y delirante de John Steinbeck (California, 1902-Nueva York, 1968), una sátira mordaz y despiadada del poder y la corrupción polí­tica por la que desfilan una serie de personajes dibujados con mano maestra: la hija del rey, Clotilde Héristal, existencialista y caprichosa; su novio Tod, vástago de una acaudalada familia norteamericana de criadores de pollos; el tí­o Charlie, simpático bon vivant que se dedica a la venta de cuadros falsos; y, por supuesto, el propio Pipino, un héroe por accidente, un monarca idealista que recorre el paí­s de incógnito y a lomos de una Vespa para comprobar en persona las condiciones de vida de sus súbditos. Llena de situaciones cómicas y absurdas, El breve reinado de Pipino IV representa la veta más divertida y cáustica del narrador californiano, Premio Nobel de Literatura en 1962 y autor de obras inolvidables como Las uvas de la ira, Al este del edén o Tortilla Flat, publicada en esta misma colección.

Os anuncio que ya estoy trabajando en dos nuevas novelas de Steinbeck: “Cannery Row” y “Dulce jueves”. Acabaré steinbeckiano puro.

Vive le Republique!

No se me pasó desapercibido ayer el aniversario de la República. Pensaba colgar en este blog una soflama apropiada (¡Viva la República! y tal y tal). Pero tuve otras ocupaciones y se me pasaron las ganas de soflamas. Cada vez tengo menos inclinaciones por las labores de propaganda. Además, como me las pago de heterodoxo, hay dí­as que me levanto republicano y dí­as que me levanto carlista. Pura provocación inútil.
A toro pasado de los recordatorios, os deseo a todos feliz aniversario de la República y hago votos para que algún dí­a seamos ciudadanos de una República y no súbditos de una monarquí­a.
Todo esto por decir, porque no me considero súbdito. Pero ojalá que las cosas estén en orden mañana.
(Y si seguimos teniendo rey, que sea un rey carlista).

Manual de supervivencia

Como yá esperaba, nun me decepcionó’l primer discu de Xabel Vegas y las Uvas de la Ira (segundu, si contamos esi estupendu aperitivu que foi l’añu pasáu “Canciones sobre traiciones y mentiras”). De fechu, llevo dos dí­es sintiéndolu ensin parar y cada vegada atopo nél felicidaes nueves. Si’l mutis de Manta Ray foi una triste noticia, hai que dicir que Dios nun pieslla una puerta ensin abrir otra. La güelga de Manta nótase en dalgunos soní­os, en ciertes recurrencies, anque l’espí­ritu de “El óxido” ye otru mui distintu: de lo abstracto a lo figurativo, de la predominancia de la música al imperiu de la palabra. Pero los orí­xenes nun se desmienten: Xabel Vegas ye un cantautor que fae rock.
 Hai muncho que sentir en “El óxido”: ente más coses, un himnu sobre la felicidá mortí­fera de vivir y morrer n’Asturies (”Exilio, Paí­s natal”), una gamberrada anti-monárquica (”Dios salve al Rey”), el testimoniu d’un amor velenosu y una condena aceptada (”Encadenado”) o la denuncia en forma de lleenda mitolóxica d’un desastre mediambiental de triste alcordanza pa tolos asturianos (”Aí­da la Carbonera”). Histories que s’enquisten na memoria col ferruñu de los años y que tán poblaes por personaxes que se paecen a nós mesmos.
 Significativa la semeya del autor na carátula: Xabel arrodiáu de restos de tolos naufraxos y, ente ellos, discos de Woody Guthrie o de Miles Davis, llibros abiertos per cualquier páxina (quiciabes Steinbeck, quiciabes dalgo de poesí­a), na cara un xestu serenu. Porque sobrevivir en mitá del desastre requier munches dósis de serenidá. ¿Cómo si non asumir qu’a la fin too muerre, too se convierte en ferruñu? Escribir canciones ye una manera de rebelión: una afuxida hacia delantre.
 Xabel Vegas y las Uvas de la Ira fixeron un discu que tien dalgo de manual de supervivencia: un regalu de calor pa combatir el frí­u. Necesitábamos “El óxido”, necesitamos la voz y les palabres d’esti poeta secretu. Eses histories son tamién les de nueso.

(Publicado en La Voz de Asturias el 9 de abril)

Seis romeros

Quiere el tópico que en Andalucí­a se monte una juerga cada vez que hay una guitarra. Puedo certificar que el tópico es real. Ayer, en el transcurso de una de esas jaranas a alguien le dio por cantar la sevillana aquella cuya letra dice: “Sueña la margarita con ser romero, para ir con la Virgen en el sombrero”. Y todos la coreamos, porque con dos copas encima uno hace cosas inenarrables. Pero atención, que la cosa tiene guasa. Descubrí­ que Eva, que es andaluza de toda la vida, cantaba “Sueña la Margarita con SEIS romeros”. Ya sabéis que un romero es uno que va de peregrinación al Rocí­o y romerí­as similares a ponerse ciego de todo. Pero no era una broma. Ella, que detesta las sevillanas y las folcloradas, estaba convencida de que eso era lo que decí­a la letra. ¡Seis romeros! Vaya con Margarita, qué pendón…

La sana competencia

  En Asturias existen tres periódicos, pongamos X, Y y Z. Yo colaboro habitualmente con Y. Pues bien, una amiga que colabora en X me escribe para decirme que le gustarí­a publicar una nota sobre una de mis traducciones, “Tortilla Flat”, pero que en el periódico le han preguntado si colaboro con alguno de los otros dos periódicos, en cuyo caso no publicarí­an la nota.

Me parece tan fuerte que me niego a creerlo. Y además, nunca he notado desatención (más bien todo lo contrario) por parte del periódico X por el hecho de que yo escriba en Y. Tanto es así­ que no pongo los nombres de cada periódico, no por cobardí­a, sino porque realmente hasta ahora no habí­a percibido que tales cosas pudieran ocurrir. Pero eso es lo que me ha dicho mi amiga.

La realidad se ve con los hechos. Ella hará la nota, previo aviso de que, efectivamente, colaboro con la competencia, y esperaremos a ver lo que hacen con ella. Me niego a creer que en mi tierra las cosas sean tan mezquinas y putapénicas. O no en mi tierra: en el mundo en general, en la prensa en general. Y si lo son, aquí­ lo contaremos, a poder ser con nombres y apellidos. Pero no pensemos mal.

(Nota: En realidad, en Asturias existen cuatro periódicos. El cuarto, que menciono ahora por su nombre, Les Noticies, no lo nombré por ser un semanario y porque jamás ha incurrido en las prácticas en las que espero -ver veremos- que no incurran los demás).

Ausente

Me voy unos dí­as a la Sierra. Lo digo para que nadie piense que censuro algún comentario si alguien interviene y su comentario no aparece.
Saludos.

Adieu, Semana Santa

Espero que mi amigo José Manuel Bení­tez Ariza (aunque tan irreligioso como yo, creo) no considere groseras las opiniones que vienen a continuación. Pero necesito decirlo: detesto la Semana Santa. Me deprime. Me asquea.
No puedo soportar esos tambores con aire de juicio final, esas cornetas desafinadas. No puedo sufrir los uniformes eclesiásticos y militares que me hacen sentir transportado al franquismo de las pelí­culas. Ofenden mis creencias esas imágenes de cartón piedra que transportan los cofrades haciéndose daño en las articulaciones; todas ellas imágenes de gente llorosa o sangrante o triste o torturada. Me dan grima esos capirotes que me recuerdan al Ku-Klux-Klan. Creo que la religión católica, tan amiga de la muerte, el sufrimiento y la chacinerí­a, tan enemiga del placer, del disfrute y de la vida, cobra su peor dimensión en la Semana Santa. Un buen ejemplo de la turbiedad de la fiesta es la rivalidad entre las hermandades. Yo he escuchado decir a un hermano de la cofradí­a X que Pepito para él está muerto porque pertenece a la cofradí­a Z. Bonita religión, bonitos sentimientos, bonita hermandad. Qué cosa tan siniestra.
Y lo que menos llevo es la obligatoriedad de la Semana Santa, como de tantas otras fiestas populares: el hecho de que ni dejando de asistir a las procesiones puedas verte libre de su invasión televisiva o ambiental. ¡Si uno no puede ir a hacer una compra a la ciudad más próxima sin ser desviado por una procesión de momias! ¡Si toman las calles con su mensaje de tristeza y sordidez!
No deberí­a quejarme. Quienes lo han vivido me cuentan que, cuando Franco, en Semana Santa se terminaban el cine y el teatro y la música. Estaban prohibidos, si no por ley, sí­ por costumbre consuetudinaria. ¡Y que aún sigamos sufriendo la Semana Santa! Ya sé que es una tradición (como lo es la monarquí­a, la ablación del clí­toris en muchos paí­ses o los toros en nuestro propio ámbito). Excelente. Creo que en un estado laico como tiene que ser, la religión habrí­a de ser una opción privada (como el sexo sadomasoquista o el encaje de bolillos) que no tendrí­a porqué trascender a ámbitos sociales ni convertirse en espectáculo invasivo de la vida del resto de ciudadanos a quienes nos repugna tanta exhibición gratuita de la muerte, la tristeza y el dolor. Pero, como siempre, en este tiempo y lugar, hablamos de utopí­as.
Enhorabuena a quienes les gusta la Semana Santa. Tienen para celebrarla mayor libertad que yo para evitarla.

Ciego en Granada

La última vez que estuve en Granada fue hace más de 15 años, en 1992 exactamente, cuando participé en un congreso de poetas organizado por Luis Garcí­a Montero en el que también intervení­an algunos de mis poetas favoritos de entonces y de ahora. ¡Qué deslumbramiento para el joven que yo era! Imaginaos: Miguel d’Ors, Luis Antonio de Villena, Antonio Jiménez Millán, Pere Rovira, Francisco Bejarano, José Luis Garcí­a Martí­n, Javier Egea, Benjamí­n Prado, Carlos Marzal, Vicente Gallego, Luis Muñoz, el propio Montero… Muchos, con el tiempo, se han convertido en amigos mí­os. Todos han seguido escribiendo magní­ficos poemas. Alguno ha muerto…
Siempre quise volver a Granada, como en la canción de Miguel Rí­os, pero, por una u otra razón, no tuve ocasión de hacerlo hasta ahora.
Qué emoción callejear por la zona antigua, contemplar por la noche la Alhambra iluminada y subir las escaleras de la casa de Lorca, en la Huerta de San Vicente. Por cierto, nos pareció muy divertida la exposición que tení­an estos dí­as en el centro: una serie de intervenciones de artistas y músicos que dialogan con la obra y la figura de Federico, ocupando espacios de la casa, y entre los que están Gilbert&George, Davendra Banhart, Arto Lindsay, Enrique Morente, Pere Portabella o Franz West.
La tentación era demasiado grande y decidimos alargar la estancia un dí­a más, aunque no en el suntuoso hotel que nos pagaba la organización, por supuesto, sino en otro pequeñito y agradable -y mucho más económico- de la calle Navas.
Mi madre me ha enviado por email algunas fotos de mi primera visita a Granada, en los años 70, y tampoco olvido mi estancia allí­ durante un viaje de estudios. Ahora de nuevo redescubro la ciudad, con el mismo deslumbramiento de todas esas ocasiones.

De vuelta

Todaví­a con el polvo del camino encima (me encanta este anacronismo), quiero agradecer a los responsables del Hotel Hospes Palacio de los Patos de Granada y del ciclo “Poesí­a en el Palacio”, Marc Passola y Yolanda Sáenz de Tejada, su invitación a la lectura. Fue un gustazo leer en una sala abarrotada y luego jartarnos de firmar ejemplares de nuestros libros. Acabaremos creyéndonoslo. De Yolanda, mi casi cuñada, puesto que es casi hermana de Eva, hay que decir lo siguiente: hace hermoso el mundo sólo con existir. Un beso, guapí­sima, y que no nos faltes nunca.
En cuanto a Andrés Neuman, siempre es un placer su compañí­a, su conversación y su inteligencia. Me alegra decir que en este reencuentro hemos pasado de una buena amistad a una complicidad de las que duran para toda la vida. Aunque nunca le perdonaré que en su presentación me calificase de “torvo” (es broma: fue otro de sus innumerables hallazgos poéticos).
En cuanto descanse un poco, os contaré algunos detalles de la estancia. Besos a todos.

Lectura en Granada

Bueno, no voy a comentar nada más sobre las elecciones, que ya empezaron con mal pie el viernes cuando un talibán mató cobardamente a Isaí­as Carrasco. En lo polí­tico, es evidente que a IU no nos ha ido bien. Es en buena parte el resultado de la vergonzosa campaña de los medios y sus intereses, con una indisimulada (y difí­cil de resistir) apuesta por el bipartidismo. La Ley de Hont hizo el resto. Y además, en la debacle ha caí­do uno de los pocos polí­ticos honrados e í­ntegros que tení­amos, Gaspar Llamazares, cuyo proyecto para IU era también el mí­o. No ha sido una buena semana. Menos mal que, de lo malo, el fascio no ha vencido.
Para olvidar, me voy a Granada un par de dí­as. Eva y yo leeremos este jueves dí­a 13, a las 20 horas, en el Hotel Hospes, dentro del ciclo “Poesí­a en Palacio”. El presentador, de lujo y amigo: Andrés Neuman. Si alguien pasa por Granada, pues ahí­ nos vemos.

Fragmento de unas memorias inéditas (III)

Es la persona con quien más veces hemos estado. Pero cada encuentro es especial.

La última vez fue en su apartamento de Oviedo, en su cuarto, que da a un patio interior de la calle General Elorza pero que a cierta hora de la tarde está inundado de sol (cuando hace sol en Oviedo, y esa tarde lo hací­a).

Después de follar los tres como animalitos, tendidos en la cama con ese cansancio, Z. comentó:

-Estoy viendo, con esta luz, las tres texturas de piel, de lo más pálido a lo más oscuro. Es precioso.

Era verdad. Aquel sol hací­a un regalo: la nitidez de las tres pieles, como lomos lustrosos de tres animales con distintos pelajes.

Permitidme la presunción: habrá nobleza mayor, mayor belleza…

Una coz

Nuevamente los burros hacen lo que saben hacer: rebuznar y dar coces. De nuevo se mancha la memoria de Ángel González y, de paso, la de unos cuantos señores más, todos grandes poetas y amigos mí­os. El autor del libelo, un imitador torpe de Bukowsky, ávido de notoriedad, que perpetra un blog que podrí­a definirse como un gigantesco monumento al egocentrismo, la vanidad, la paranoia y la estupidez humanas. Aquí­ consigno su nombre para que se sepa y para que todos puedan ver a qué extremos conducen la frustración por la falta de éxito, la envidia y la mala baba: David González.

La excusa del libelo (escrito en el habitual lenguaje tabernario que domina D.G.) es elogiar servilmente a Antonio Gamoneda y, para ello, arremete contra Ángel González diciendo, entre otras muchas cosas, que “se piró” (sic) a Estados Unidos y que no se molestó en varios años de estancia allí­ en aprender inglés. Hace falta ser tonto. Dice también que Ángel González era “el poeta preferido del régimen franquista”, lo que, si no fuera una sandez de primera magnitud, serí­a una vileza y una afrenta a un luchador contra el franquismo cuyo padre fue fusilado por los fascistas. Igualmente, se regodea con el hecho de que Gamoneda, al vivir muchos años, pueda ahora disfrutar del espectáculo de ver pasar ante sí­ los cadáveres de los demás poetas de su generación. La mezquindad y pobreza de espí­ritu que revela esta coz no merecen más comentarios. El libelo, en el que se insulta cobardemente a poetas como Benjamí­n Prado, José Luis Garcí­a Martí­n o Luis Garcí­a Montero, concluye con un alegato en favor del PSOE. D.G. siempre se arrima al sol que más calienta.

La envidia es muy mala y D.G. se ha dejado las uñas intentando trepar en el mundo de la poesí­a. Darí­a su vida (me consta) por publicar donde publican Prado y Montero y, al no conseguirlo, embiste a patadas, que es lo que mejor se le da. Y digo que me consta porque le conozco desde hace varios años. Como periodista, le he entrevistado unas cuantas veces, dándole más cancha de la que merecí­a. Su pago fue decir en alguna ocasión que yo pertenecí­a al gremio de los que le ninguneaban. Su paranoia contra todo el que escribe mejor que él y tiene más éxito raya en la enfermedad y eso se puede comprobar en su blog, que espero que siga existiendo muchos años por una única razón (y aquí­ parafraseo un verso de Ángel González): para que “su estupidez, antes celebrada tan solo entre iniciados, sea pública y notoria”.

Elecciones ¿democráticas?

“El Paí­s” se queja de que los polí­ticos imponen sus condiciones a la prensa. Cómo puede tener tanto morro…
Lo que he visto en esta campaña es la desvergüenza del partidismo, la subjetividad y la manipulación por parte de la prensa española, y aquí­ igual de mala es la Cope que Prisa, la Ser y demás. Nos están intentando embutir la noción de bipartidismo y voto útil con un descaro que ofende la inteligencia. El ninguneo de los partidos “minoritarios” (es decir, de todos los que no son PP-PSOE) clama al cielo. Y no sólo el ninguneo: el tratamiento sesgado y lleno de mala intención de todo lo que se refiera a esos otros partidos. Y estos son los que se autodenominan “prensa independiente”…
Me temo que, en estas condiciones, la única conclusión es que la democracia española tiene poco músculo, está anémica. Nuestro voto vale muy poco (y según qué circunscripción, nada, gracias a la maravillosa Ley de Hont, esa especie de golpe de estado sostenido que padecemos desde la transición). Aquí­ los que votan y deciden son las grandes empresas y los grandes partidos (con sus burocratizados aparatos y sus redes clientelares y sus medios de comunicación sumisos). De este tren dan ganas de bajarse.
Pero no. Eso quisieran ellos…

“Nana”, de Chuck Palahniuk

Si queréis vivir unas horas (el tiempo que os lleve la lectura) de auténtica zozobra y desasosiego, os recomiendo “Nana”, de Chuck Palahniuk. Hasta ahora no habí­a leí­do nada suyo; el tí­tulo de alguno de sus libros, como “El club de la lucha”, me echaba para atrás. Pero mi mejor amigo, un tipo con un instinto lector que ya quisieran muchos, no paraba de hablarme de él, hasta que finalmente me regaló “Nana”, una de las novelas más enfermizas y potentes que haya leí­do en años.

El argumento gira en torno al hallazgo de un poema, una especie de canción tribal, que puede matar a quien lo escucha. Hermosa metáfora del poder de la palabra. Pero hay mucho más. Descubridlo, vale la pena. Palahniuk es un auténtico genio. Gracias, Juan, por el descubrimiento.

Un poema de Philip Levine

POR UN DURO

Nochebuena, 1965

Por un duro tení­as una noche al resguardo.
(Un duro era una moneda de cinco pesetas
con el perfil de Franco, la narizota respingona
como si él solo hubiera recibido
el aliento de Dios. En el 65
sólo él recibí­a el aliento de Dios).
Por un duro podí­as tumbarte en el vestí­bulo
del Hotel Splendide con tu traje de los domingos,
dormir bajo las luces, y levantarte a tiempo
para bendecir la llegada del Hijo. Por un duro
lo podí­as tener todo, coches, mujeres,
una comida de siete platos y vistas al mar,
con las camareras inclinándose
al preguntar con reverencia: “¿Más mantequilla?”. Por un duro
compré un paquete de Antillanas y le di uno
al único viajero de la terminal desierta,
un soldado de uniforme. Cuando se agachó
para encenderlo, vi el cogote pálido,
desarreglado. Aún debe estar allí­, esperando.
El hotel ya no está, el edificio sí­,
un hospital veterinario y un comedor de animales
dirigido por el señor Esteban Ganz, vestido
para trabajar esta mañana con bata blanca,
corbata negra y bambas sucias. Modestamente
me muestra tres cachorros de lobo, pintos,
salvados de la muerte, los feroces gatos silvestres,
recorriendo impacientes la gran jaula como tigres, el tucán
debilitado por un virus desconocido, pero ahora
ya recuperado y acicalándose. Colores bulliciosos:
rojos, verdes y dorados resplandecientes,
idóneos para anuncios que proclaman la paz inter-
galáctica cuando llegue el momento.

NOTA: Philip Levine (Detroit, 1928 ) es uno de los poetas norteamericanos actuales más interesantes y reconocidos, ganador en su paí­s del Premio Nacional de Poesí­a y el Premio Pulitzer. Ha viajado por España y traducido a poetas españoles al inglés. Su obra, de corte humanista y comprometida con la causa de los trabajadores y los desplazados, puede leerse en español en una pequeña antologí­a que acaba de publicar La Mirada Creadora (Santander), con el tí­tulo de “Una verdad sencilla y otros poemas”. La versión española, excelente, es de mi amigo Eduardo López Truco, excelente poeta también pero que ha publicado muy poco (algunos de sus poemas podéis leerlos en internet en Las Afinidades Electivas (ver mis links). Gracias, Eduardo, por este regalo.

El debate

Yo no voto ni a Rajoy ni a Zapatero. No es un secreto para nadie que me conozca un poco que soy militante muy activo de Izquierda Unida y que mi candidato es Gaspar Llamazares. En cualquier caso, acabo de ver el famoso debate y no me resisto a dar mi opinión, que prefiero no meditar ni aplazar a mañana. Quiero, a propósito, que sea una opinión en caliente, con la impresión muy fresca. Primero, diré que mis simpatí­as, de haberlas (qué remedio), van del lado de Zapatero, como mal menor, y no de Rajoy. Segundo, que en ciertos debates anteriores (mayormente parlamentarios) he reconocido el triunfo de Rajoy en argumentos, oportunidad y elocuencia. Trato de decir, en fin, que lo que voy a decir intenta ser lo más objetivo posible.
Zapatero ha barrido a Rajoy. No sólo ha contestado uno por uno sus ataques sino que ha sabido sacar a relucir temas nuevos casi constantemente. Claro: sabí­a donde era más fuerte.
Rajoy estaba nervioso, no paraba de mirar a un lado, de mover los ojos. No se le notaba creí­ble. Se veí­a que llevaba un guión del que no era capaz de salirse y buscaba desesperadamente una ayuda que no podí­a tener. Zapatero parecí­a sincero, creí­a cada cosa que decí­a, miró muy poco sus papeles. Transmití­a una noción exacta de los datos y de las intenciones. Rajoy se repetí­a, buscaba auxilio, atacaba con las cosas que ya sabemos y cada vez estaba más nervioso.
La última intervención fue de fábula. Rajoy recitaba lo aprendido de memoria muy mal, porque constantemente tení­a que consultar la chuleta. Y aún así­ recitaba.
Zapatero también miraba sus notas pero casi a tí­tulo de no perder el hilo. Fue conmovedor. Especialmente cuando dijo que no garantizaba el éxito en la vida de nadie, sólo la igualdad de oportunidades.
No sé cuál será el resultado. Mi impresión es que Zapatero ha ganado por K.O.
Dicho todo esto, lamentar todo esto.
Lamentar que haya sido un debate entre dos candidatos y no entre al menos tres candidatos: hay un tercer partido reconocido como el tercer partido en implantación y votos en España: Izquierda Unida.
Me parece lamentable que se les presente como “los candidatos” y no como “dos de los candidatos” y que, en general, los medios de comunicación sigan fomentando este bipartidismo brutal, estéril y perjudicial para los intereses de los españoles. En este sentido, todos los medios de comunicación están haciendo un papel penoso. No sólo la COPE, la voz de propaganda de la reacción, sino también el grupo Prisa: la Ser, el Paí­s, etc. Invito a cualquiera (ahí­ están las hemerotecas) a comprobar cuán sesgado, malintencionado y mezquino puede ser el tratamiento de El Paí­s cuando le dedican a Llamazares (El Paí­s, domingo 24) una columnita minúscula llena de mala intención, partidismo y subjetividad.
No voy a ocultar mis preferencias: si tengo que soportar otro gobierno del PP (los fascistas, los xenófobos, los racistas, los homófobos, los meapilas, los que representan todo lo que me ataca personalmente) me inmolo a lo bonzo. Pero me gustarí­a que en un futuro gobierno de España estuviera presente la sensibilidad social, la radical oposición al influjo de la iglesia, la defensa del derecho de la mujer a su cuerpo, la igualdad de todos los ciudadanos, la abolición de los abusos empresariales, el fin de los latifundios, las polí­ticas de solidaridad internas y externas, el empleo estable y de calidad, sin discriminaciones de la mujer ni contratos basura, el acceso pleno a la vivienda con polí­ticas efectivas y no con parches neoliberales y, finalmente, el derecho de los españoles a elegir a nuestro jefe de estado, es decir: la abolición de ese anacronismo insoportable que es la monarquí­a. Eso es lo que representa la izquierda real y que el PSOE no sabe sino parchear para no molestar a los buenos padres de familia.
Si en España existira un sistema electoral justo y no el apaño que se montaron en la transición, Izquierda Unida tendrí­a tres veces más de escaños con los mismos votos. Pero los dos partidos mayoritarios jamás dejarán que eso ocurra. La Ley de Hont es un insulto a los españoles y un fraude. Y así­ nos van las cosas.
En fin, todos tenemos derecho a un calentón, ¿no? Me he ido por los cerros de Úbeda. Espero que os haya gustado el debate. Yo lo he disfrutado, salvo mis reservas. Y que gane el que tenga que ganar. (Jesusito, que no sea el fascio-derecha…).

Dónde conseguir los libros

Varios amigos me han preguntado dónde pueden conseguirse las traducciones de Twain y Steinbeck, así­ como otros libros de la editorial Navona. He consultado a mi editor, Juan Capdevila, y me dice que en cualquier librerí­a. La distribución es a nivel nacional.
En cuanto a comprarlos por internet, caso de gente que viva en el extranjero, como Luis Bond, Capdevila dice que pueden conseguirse a través de la Casa del Libro, que imagino que tendrá su web.
La editorial Navona está además preparando su propia página para compra on-line pero aún tardará la cosa un par de meses.
PS: Añado un dato de última hora para los lectores de Huelva. En la capital se pueden conseguir en la librerí­a Beta.

Lectura en Huelva

Esta tarde, jueves, a las 21,30, en el Café del Arte (en Huelva, en la zona de Isla Chica), Eva Vaz y yo leeremos poemas dentro del ciclo de lecturas que organiza nuestro amigo Francis Vaz (aunque poeta y onubense, no tiene parentesco con Eva). Después de una semana encerrado como un monje (me han metido prisa con la entrega de mi último Steinbeck), me vendrá estupendamente salir y tomar el aire.
Y hablando de Steinbeck, la editorial Navona acaba de comprar los derechos de otras dos novelas suyas y me ha encargado las traducciones. Acabaré haciéndome especialista en el gran John.
Abrazos a todos.

José Luis Piquero en Parí­s

Mi amigo Pablo Antón Marí­n Estrada acaba de volver de Parí­s con una historia casi increí­ble que me afecta directamente. Pablo formaba parte de la delegación del Principado en Expolangues y allí­, durante un ágape, conoció a un francés de origen asturiano. Sus padres, comunistas, se habí­an exiliado tras la guerra y él nació en Parí­s, donde ha vivido siempre. Charlaron un rato y salió a relucir que al hombre le gustaba la poesí­a. A continuación, interrogado sobre sus poetas españoles favoritos, dijo mi nombre en primer lugar y comentó con calor algunos de mis poemas.
Hasta aquí­ la historia tiene un pasar. Uno encuentra lectores donde menos se lo espera. Lo que no es tan normal es que el nombre del individuo fuera… José Luis Piquero. Exacto: mi lector se llamaba como yo. ¿Y cómo llegó a mi poesí­a? Un amigo ocioso introdujo su nombre en google y dio con mis poemas.
Antes dije que la familia de este José Luis Piquero era asturiana. Añado, más concretamente: de Mieres. Mi madre ha estado dándole vueltas y dice que no hay ningún parentesco, que Piqueros hay unos cuantos por toda la Cuenca.
Dice bien Pablo Antón: el azar y la realidad son más sorprendentes que la imaginación. Amigo José Luis Piquero: si llegas por nuevos azares a estas lí­neas, me gustarí­a saber algo más de ti. Tenemos mucho en común…

Un poema nuevo

Tengo que pediros disculpas por haber prometido que colgarí­a en la sección de poemas los inéditos que fueran saliendo, cuando después no lo he hecho. Lo cierto es que últimamente escribo mucho (lo que vale decir, en mi caso, un poema cada cuatro meses). Pero me resisto a darlos a conocer porque tengo la impresión de que, con mi lento ritmo de escritura, “mato” los poemas para el futuro libro. Bueno, ni caso, porque siempre acabo publicándolos en alguna revista, y además qué más dará.
En fin, que en la sección de poemas he colgado uno nuevo (aunque hay otros nuevos), titulado “Abrigo azul”. Espero que a alguien le guste.

Steinbeck y Twain, en las librerí­as

Ayer me llegaron, por fin, ejemplares de las dos primeras novelas que he traducido para la editorial Navona: “El pretendiente americano”, de Mark Twain, y “Tortilla Flat”, de John Steinbeck. La edición es preciosa; las portadas, de lo mejor que he visto en colecciones de narrativa españolas. Mi enhorabuena al editor, Juan Capdevila, y su equipo. Ahora espero que los lectores disfruten tanto leyéndolas como yo. Lo que me he reí­do con ambas mientras hací­a la traducción…
Por cierto, los prólogos también son mí­os. El de Steinbeck se titula “Simpatí­a por el débil”, un guiño y homenaje al gran Xabel Vegas, cuya banda, por cierto, se llama Las Uvas de la Ira.
Para las próximas semanas, otro Steinbeck: “El breve reinado de Pipino IV”.
Aprovecho para dar las gracias a los que intervení­s en el blog y enviaros un abrazo plural.

Fotos nuevas

He intentado colgar algunas fotos en este tablero pero soy un desastre y siempre me salen o muy grandes o muy pequeñas, así­ que las he remitido a la sección de Fotos. Se trata de una de un encuentro de poetas en Asturias, el año pasado, y otras dos con nuestros amigos de Plasencia.

Aprovecho para invitaros a la lectura que este jueves dí­a 31 dará Eva Vaz en el Centro de Adultos de San José de la Rinconada, pegadito a Sevilla. ¿Alguno de vosotros estará en San José de la Rinconada mañana como a las 8? Yo sé que a unos cuantos os coge por ahí­. Pues ahí­ nos vemos.

Una declaración de amor

No sé quienes de los que lean esto conocen Plasencia. Pero, aparte de ser una ciudad muy elegante y tener dos catedrales (cosa de la que, según creo, sólo puede presumir, además, Salamanca), en ella viven algunos de los que considero mis amigos. ¡Y la aventura completa de la amistad está aún por escribir!
Normalmente (porque va en el oficio) voy a leer a sitios. No pagan mal y siempre te tratan muy bien. Pero hay lugares especiales en los que te tratan excepcionalmente bien. Y en los que leer es un gusto. De las dos lecturas que di, me quedo con la del instituto Pérez Comendador (aunque, por obras en el centro, el acto fue en la Universidad). Les eché un pulso a los alumnos y ellos aceptaron el reto, con valentí­a. Y me quedo sobre todo con una muchacha que, al final, pidió la palabra sólo para decir que le gustaba lo que habí­a escuchado. Y no me quedo con ella porque le gustaran mis poemas ni porque fuera halagador (que lo fue) sino porque tuve el vislumbre de alguien que piensa por su cuenta y que toda su vida será rebelde, es decir: auténtica. A ella, de la que no sé nada, ni su nombre, van dedicadas estas lí­neas, y espero que las lea.
A ella y a mis amigos de Plasencia. A Myriam, cuya intensidad nos alimenta y que la quiero. Ha escrito algún poema inmenso y merece más de uno. Myriam y yo nos desorientamos pero nos encontramos: somos muy parecidos. Siento que me cuida pero soy yo el que la cuida. A Miguel, que estaba lejos esta vez pero que sentimos muy muy cerca y es parte de todo esto. A Nicanor, ese hombre que abruma con su presencia y es tan generoso y tiene esa voz y es fiable. A Manu, que en cinco minutos nos hizo sentir como de toda la vida y con quien intercambiamos confidencias que crean cosas. A Rosa, que era amiga nuestra antes de serlo y que llenó su soledad con nosotros cierta vez y esta otra vez nos llenó hablando y compartiendo. Es elegante. A Julia y a su hija (la que conocimos de las dos -o tres), tan dulces ambas. A Montse, que mira con ironí­a y eso nos gusta y tiene un anillo a medias con Eva y con Myriam. A Juanra, con quien hablé de literatura y escritores y disfruté. A José Luis y Jesús Carlos, por su extrema cordialidad, su conversación y sus palabras. A Emilio y su entusiasmo por la vida, su radical amor por las cosas buenas y su generosa lectura. A Gonzalo (gracias por quedarte a cenar), con quien compartimos paraí­so. Y a Marí­a, amiga de mi padre en la poesí­a Garcí­a Martí­n, lectora y compañera de espacios literarios.
Estas son palabras privadas que digo en público.

Lecturas en Plasencia

Este martes dí­a 22 leeré mis poemas en la ciudad extremeña de Plasencia, dentro del ciclo de lecturas del aula literaria Gabriel y Galán. La cita es en el auditorio Santa Ana a las 20 horas.
Y, en plan dos por uno, al dí­a siguiente seguiré dando la tabarra en el instituto Pérez Comendador. Intentaré pervertir a esos tiernos adolescentes. Y, por supuesto, disfrutar de la compañí­a de mis amigos de Plasencia: Myriam, Nicanor, Manu, Rosa…
Hasta la vuelta.

“El séptimo dí­a”

Simplemente correcta. Pero de Carlos Saura se espera algo más que corrección. El gran Saura de los 60/70 está ausente. Podí­a haberla filmado cualquiera. Claro que no sé qué es mejor: cuando últimamente Saura ha querido ser él mismo, ha sido atroz. “Pajarito”, ese espanto falso como la falsa moneda, serí­a un buen ejemplo.
De todos modos, Saura ya ha dejado obras maestras suficientes para entrar en el cielo de los justos: “La caza”, “Crí­a cuervos”, “Mamá cumple cien años” y tantas otras. Sólo que duele ver la decadencia de un genio.
De “El séptimo dí­a”, una pelí­cula fallida, queda el volver a recordar la tragedia real, esa conjunción de miseria, locura y sordidez que fue la matanza de Puerto Hurraco. Tanta desdicha no puede ser recreada. El resto: Victoria Abril ululando, sobreactuada (como siempre). Y dos grandes, José Luis Gómez y Juan Diego, que sólo ponen el careto. Claro que sólo con aparecer llenan la pantalla pero no les han dejado hacer nada más.

El poeta asertivo

(Texto publicado, originalmente en asturiano, en el semanario Les Noticies) 

No me acuerdo con quién cenamos aquella noche pero, a la hora de las copas, nos quedamos solos Ángel González, Lorenzo Oliván y yo. Fuimos al Paraguas, un bar mí­tico de Oviedo que, por entonces, regentaba Fernando Lorenzo, buen amigo de Ángel, y donde se recibí­a a los artistas, jóvenes o consagrados, con los brazos abiertos. Fueron cayendo un whisky tras otro y Fernando echó el cierre dejándonos dentro a unos pocos clientes. Ángel, a pesar de las copas, mantení­a como siempre la serenidad y sólo se obstinaba en convencer a una muchacha de no sé qué cuestión polí­tica. La muchacha se negaba a escuchar, se tapaba los oí­dos como una niña y sólo repetí­a “no, no, no”, y Ángel porfiaba: “Dí­ sí­, dí­ sí­”. Más que el propio tema del debate, lo que parecí­a importar era la negación o la afirmación, el ponerse a prueba mutuamente acerca de la capacidad de ver el punto de vista del otro. Años después, Oliván recordarí­a la anécdota en un poema titulado precisamente “Whisky del sí­”:

(…) 

“Un sí­ rotundo y limpio

repetido en cascada

surtidor o palmera

encendido de alcohol

que apresaba en lo hondo

la luz a picotazos”.

(…)

Lo que Oliván no contó en el poema fue el final de aquella farra. El poeta cántabro y yo salimos del Paraguas ya de dí­a, casi a rastras, borrachos como piojos, dejando a Ángel en el bar, todaví­a con fuerzas para entonar rancheras y alguna tonada asturiana, como “Rí­o verde”, cantada con un chorro de voz que hací­a callar al local entero. Tan sólo en eso, en la pulsión del cante, se le conocí­an a Ángel los muchos whiskies.

Esa misma mañana, recién levantado, todaví­a con resaca, recibí­ la llamada de Lola Lucio, buena amiga y anfitriona de Ángel en Oviedo. Estaban muy preocupados porque éste no habí­a aparecido y pensaban que podí­a haberle ocurrido algo. Yo le expliqué que lo habí­amos dejado en el Paraguas ya amaneciendo y Lola casi me riñó: Ángel era muy mayor y no podí­amos llevarlo de juerga de esa manera. ¿Mayor?, pensé. ¡Si nos tumbó a Oliván y a mí­, que éramos cuarenta años más jóvenes!

Apareció un par de horas más tarde, adormecido en un banco de la catedral. Se despertó con susto al escuchar los cánticos del oficio religioso, pensando si no estarí­a muerto y habrí­a ido al cielo.

De los muchos recuerdos que tengo de Ángel, este es uno de los que prefiero, porque lo retrata lleno de vida, disfrutando de los placeres, de la conversación y de los amigos, sumergido en el exceso, cantando, feliz. Y al mismo tiempo, está ahí­ la ironí­a última contra la muerte, el ángel malo. Con Ángel, el ángel bueno, la noche no acababa nunca pero, a diferencia de otros bebedores, él jamás perdí­a la cabeza. Con setenta y pico de años tení­a una capacidad increí­ble para recuperarse y el ingenio siempre vivo, “apresando en lo hondo / la luz a picotazos”. Como aquella otra vez en que, de trasnoche, arribó a una cafeterí­a que estaba abriendo (era muy tarde o muy temprano, según se mire) y pidió whisky. Imposible, dijeron: a esa hora sólo serví­an cafés.

-Entonces podré tomar un café irlandés… –dijo Ángel.

-Bueno… sí­ â€“contestó el camarero dudando.

-Pues póngame un irlandés. Pero sin mezclar: el whisky por un lado y el café por otro. Y sin nata, que la nata me hace daño.

El camarero sonrrió ante la astucia y le sirvió el whisky.

Podrí­a contar más. Podrí­a contar que siempre fue generoso con los jóvenes, que era un conversador inteligente y cordial, algo tí­mido a veces, desprovisto por completo de la altanerí­a y la vanidad que podí­a esperarse de un poeta consagrado y que he visto tantas veces en otros. Sabí­a y querí­a escuchar, aunque tení­a más cosas que contar que nadie. Era sabio: hay que haber vivido mucho –y bien- para ser capaces de la asertividad, del sí­ más rotundo.

Pero en la hora de la muerte, mientras los amigos y los lectores recuerdan al hombre noble y al intenso poeta, no faltan los buitres para caer sobre el cadáver con la cobardí­a y la bajeza que ya conocemos. Un cohetaneo de Ángel, medio ovetense y medio leonés y, según parece (cuánto ha caí­do nuestra tierra), poeta, aludió estos dí­as, relamiéndose con la oportunidad de dar la puñalada póstuma, a no sé qué problemas personales y literarios que habí­an hecho que la obra de Ángel decayese en los últimos años. Cualquiera que haya seguido su poesí­a en este tramo último habrá de reconocer que es todo lo contrario de lo que afirma Gamoneda: Ángel González siguió creciendo como poeta en plena madurez, con unos poemas más cortos, más intimistas, más reconcentrados, que hablan del otoño de la vida, de los misterios que se adivinan mientras anochece. Si Ángel fue un innovador del realismo y la poesí­a social, alguien que logró hacer un arma del verso sin que éste dejara de ser verso, hay que recordar también al extraordinario poeta amoroso, al hondo poeta de la elegí­a, al poeta reflexivo y filósofo, pensador de la vida y de la muerte.

Ángel fue hasta el final poeta, uno de los más grandes de la literatura española del último siglo. Ahora ese largo recorrido literario está cerrado. Palabra sobre palabra, su obra queda ahí­ para servir de referencia a los poetas nuevos, una obra de insólita integridad en la que nosotros mismos podemos reconocernos. Nadie nos va a arrebatar eso: ni los envidiosos ni la muerte, con su negación.

La muerte, el ángel malo, que tuvo maña para llevarse con ella al ángel que decí­a: sí­.

No es orfandad

Ayer, mientras conducí­a de vuelta de Asturies, una llamada me informó de la muerte de Ángel. He escrito a vuelapluma este texto para La Voz de Asturias, con la prisa del viaje y la prisa del cierre de edición. Luego, con más calma, diré más sobre Ángel y sobre otras cosas. Porque no pienso callarme cuando los buitres caen sobre el cuerpo aún caliente del poeta.

“Nunca los poetas nos dejan huérfanos cuando mueren. Ni siquiera aquellos a los que podemos llamar nuestros padres literarios. Y Ángel González lo era. Creo que no ha habido otro poeta contemporáneo de cuya obra haya aprendido tanto, del que me sepa de memoria tantos poemas. Mientras redacto estas lí­neas, conmocionado aún por las malas noticias, sus versos me vienen uno tras otro a la cabeza. Por eso no puedo quedarme huérfano de Ángel González. He escrito, en buena parte, gracias a él y también gracias a él he visto el mundo de un modo diferente. En sus poemas, en los que él querí­a ver su propio rostro, he visto el mí­o. No estoy solo.
Sí­ nos quedamos huérfanos, en cambio, del amigo: del conversador inteligente, del compañero de noches interminables, llenas de tragos y canciones, del lector generoso. Le conocí­ hará unos quince años, por los buenos oficios de Lola Lucio y Juan Benito Argüelles. Una cena í­ntima, entre amigos. No sabí­an el regalo que le estaban haciendo al joven poeta que yo era, admirador incondicional de la poesí­a de Ángel. Para mí­ era Dios.
Pero no era Dios. Era algo mucho mejor que eso: un hombre extraordinario y uno de los mejores poetas –de los pocos verdaderamente grandes- de nuestro tiempo. En estos quince años he disfrutado del regalo de su amistad y del regalo de su poesí­a, que ha seguido creciendo, cada vez más intensa y concentrada. Y aunque ya no compartiré más copas con él, su obra nadie puede arrebatármela. He perdido a un padre, pero no soy huérfano”.

¿Qué es lo más tí­pico de estas fechas?

Hoy deberí­a estar en Oviedo. O al menos de camino hacia allí­. Pero sigo en Islantilla. Eva y yo somos ví­ctimas del espí­ritu por excelencia de la Navidad: la gripe. Es sólo un aplazamiento de unos pocos dí­as pero ya jode.
De todos modos, no está mal esa novedad de pasar la Nochevieja en casa tomando sopitas.
(¿A quién quiero engañar? Está mal, malí­simo, horrible). En fin… Pasadlo bien todos en nuestro nombre. Y que el año nuevo sea todo eso que esperáis.

Fragmento de unas memorias inéditas (II)

Una situación como esa es irrepetible pero no por el sexo, o no sólo por el sexo: por la libertad y la camaraderí­a. Puede ser extraño que invoque esta palabra, camaraderí­a. Pero es lo más cercano a lo que trato de describir.

Permanecimos desnudos durante horas pero no todo el tiempo. De vez en cuando, a alguno le entraba hambre y entonces se poní­a la ropa (o algo de ropa) para picotear de las bandejas ya frí­as, como si estar desnudos no fuera compatible con ciertas cosas prácticas. Así­ que nos vestimos y nos desnudamos varias veces a lo largo de las horas.

Y a lo largo de esas horas, follábamos todos juntos en la cama o en el sofá o charlábamos con una copa en la mano o simplemente estábamos oyendo la música. De pronto podí­amos juntarnos dos. Y los otros dos se juntaban por otro lado o no necesariamente. O bien nos juntábamos tres y habí­a uno que miraba o dormitaba o poní­a discos sin importarle lo que ocurrí­a. Las combinaciones, siendo dos parejas, eran azarosas. Y no importaba, porque aquello era camaraderí­a y todo estaba permitido.

Algunas escenas para el recuerdo:

Nacho y Z desapareciendo de la habitación y Alicia y yo yendo a buscarlos por el pasillo, ella llevándome de la polla, entre risas, como una nanny pervertida a un niño lujurioso.

Una larga tijereta de Z y Alicia -descontrolándose, indeciblemente hermosas- que al principio era para nosotros y al final fue para ellas. ¿Qué es una tijereta? No pienso explicarlo. Pero hay fotos.

Alicia y Nacho, finalmente dormidos. Y el beso silencioso con el que los dejamos allí­, inocentes y lejos del mundo, al irnos, ya de dí­a.

Camino de nuestra propia vida, que después de aquello nos parecí­a mejor, más plena y más noble.

Con Félix Romeo

Félix Romeo vino y venció. Venció con su erudición portentosa, con su inteligencia, con su cordialidad. Sólo no nos pusimos de acuerdo en una cosa: estaba claro que no envidiaba en absoluto mi condición de ermitaño en Islantilla.

Yo, en cambio, soy feliz lejos del mundo civilizado. He sido un gran urbanita toda mi vida. Me encantaba la ciudad, el ruido, el tráfico, las galerí­as de arte a dos pasos, los bares, tirarme dos horas en mis librerí­as favoritas, los compromisos, las cenas, el tráfago de la redacción del periódico, las prisas. Hoy sólo echo de menos las librerí­as. Pasamos dí­as enteros sin ver a nadie. Vivimos al sol, echamos mano de nuestras reservas de libros, escribimos, vemos pelí­culas en DVD, no necesitamos vestirnos. Ahora bien, entiendo que mi idea del paraí­so es para otros su idea del infierno. No tengo nada en contra.

Pero yo querí­a hablar de Félix. No tenemos ocasión de vernos mucho pero nos ocurre eso que le ocurre a la gente afí­n: que nos encontramos y parece que nos habí­amos visto ayer. Intercambiamos confidencias, como dos adolescentes. Ambos tenemos el vicio de la vida.

Ese hombre amigo de brindar, ese hombre que lo ha leí­do todo, este Félix y su curiosidad portentosa por todo lo que se mueve. Me gusta ver exposiciones, me gusta leer libros, me gusta follar, me gusta escribir, dice. Le gusta comer, digo, le gusta beber. Le gusta todo lo bueno. Ahora va a aparecer su nuevo libro, “Amarillo”, y esa es una gran noticia para sus amigos y para sus lectores.

Y aunque vivamos enmedio de la nada, en una playa ermitaña, lejos de las librerí­as, a veces tenemos regalos, como véis. No estamos tan ausentes del mundo cuando se nos cuelan de vez en cuando personas tan maravillosas. Una suerte, ser amigo y lector de Félix Romeo.

Alberti, Dí­az de Castro y los negros

En los actos culturales he visto de todo. Menos gente. Pero hoy he visto algo que no habí­a visto nunca.
Hoy, en Huelva, estaba anunciada una conferencia del poeta Francisco Dí­az de Castro sobre Rafael Alberti. No conocí­a a Dí­az de Castro pero no he olvidado la reseña tan estupenda que escribió sobre “Autopsia” en El Cultural de El Mundo hace dos años, cuando apareció el libro. Y además soy un albertiano imperfecto, como dirí­a Mendiluce. Así­ que me pareció razonable vencer mi irresistible aversión por Huelva y acercarme hasta allí­ para oir a un poeta hablar de otro poeta.
Aparcar en Huelva siempre es problemático, a pesar de que existen ciertas calles llenas de yonquis aparcadores que te indican dónde hay una plaza. Di unas cuantas vueltas por la ciudad y al fin logré dejar el coche. Iba tarde.
Entro en la sala un poco avergonzado, como ocurre cuanda llegas tarde y el acto ha empezado ya, y lo primero que veo en un rápido vistazo, fugazmente, mientras busco un sitio fácil, tratando de no interrumpir… es que la sala está casi llena y ¡son todos negros!
Recapitulemos: me siento tratando de no llamar la atención (insisto: qué poca cosa nos sentimos llegando tarde a un acto empezado) y, una vez en mi plaza inexpugnable, echo un vistazo discreto a la sala. Efectivamente: hay como unos cuatro españoles y el resto, hasta veinte o veinticinco, son negros. Los tí­picos negros que te venden discos en la calle pero sin bolsas de discos. Están todos sentados tranquilamente, como pajaritos en un cable de alta tensión, atentos como si les fuera la vida en ello.
En la mesa, Francisco Dí­az de Castro habla con pasión e inteligencia de Alberti y su obra del exilio americano. El presentador, Paco Silvera, asiente y permanece. Yo no puedo evitar, de vez en cuando, lanzar una mirada furtiva a los muchos negros. La imaginación vuela y ya uno concibe un discurso hablando de los inmigrantes que ansí­an cultura y poesí­a. Discurso prontamente olvidado. Escenas kistch, las justas.
Un par de veces, en mitad de la conferencia, entra algún negro más. No hace una entrada vergonzosa como yo: saluda al conferenciante en voz alta -”Buenas noches”- y toma su asiento con una naturalidad que yo quisiera para mí­. El acto dura una hora y ellos no se mueven. Ni se les oye.
Termina la conferencia. Salva de aplausos. A los negros les ha gustao. Y al resto también.
Más tarde, Paco Silvera nos desvelará el misterio:
-Tengo una amiga que da clases de español para inmigrantes y parece ser que siempre están deseosos de ir a charlas donde se hable español, una cosa distinta de lo que oyen en el trabajo. Y, como hoy presentaba yo este acto, a mi amiga se le ocurrió decirles que asistieran.
Todo se entiende. O no.
Estos hombres viven en España malamente, trabajan como burros, algunos seguramente no tienen sus papeles en regla. A esas horas podí­an estar aprendiendo español en cualquier bar. Y, vale, no quiero embellecer nada: probablemente no han entendido gran cosa de lo que se ha dicho ni saben quién es Rafael Alberti ni les interesa. Pero pocas veces en mi vida he visto un público tan educado, tan atento, tan respetuoso.
Se me ocurrió una cosa: los emigrantes han venido para hacer los trabajos que los prósperos e infatuados españolitos, henchidos de orgullo de nueva clase media, olvidadizos de que nuestros padres y abuelos pasaban hambre y tení­an que emigrar a México y a Suiza, no queremos hacer. Ahora, muy pronto, ocuparán también los sitios libres que les dejamos en el ámbito de la cultura, de la empresa, de la educación… Y los ocuparán de forma natural porque nosotros no los ocupamos. Habí­a cuatro españoles contados en el acto. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que la escena de hoy, tan extraña, sea cotidiana? Lo queramos o no (y yo, particularmente, lo quiero) los inmigrantes irán haciéndose con espacios en nuestra sociedad: primero, los espacios que nosotros despreciamos; después, todos los demás. Hasta que seamos un paí­s mestizo, más rico, más bueno, más plural, menos cateto. Y quizá entonces apreciaremos lo que tenemos.
Ojalá que lo de hoy signifique algo. Y si no significa nada, a mí­ me da igual. Fue sencillamente reconfortante, precioso: una hermosa ilusión de un mundo menos hostil. No estamos para que nos sobren ilusiones.

El monstruo y los otros

“El último rey de Escocia” retrata a un monstruo, una de esas personas de las que podrí­a decirse que sin ellas el mundo hubiera sido mucho mejor. Pero la pelí­cula se queda corta, cortí­sima, a la hora de contar la vida y milagros de Idi Amin, un niño malvado, un bruto ignorante que se cargó a varias decenas de miles de compatriotas, que hundió a su paí­s en un abismo de pobreza y que, tras ser depuesto, pasó sus últimos años cómodamente instalado en un exilio de oro.

Pero los monstruos no nacen de la nada. El mundo civilizado se relame con las peripecias atroces de este caní­bal africano sin acordarse de quién le puso en el cargo que ocupó: Gran Bretaña, los Estados Unidos, Israel… Los mismos que más adelante tuvieron buenas ocasiones para lamentarlo. No me detendré en los detalles históricos, que cualquiera puede husmear por internet. La lista de los que occidente llama monstruos está llena de personajes creados y alimentados por las potencias europeas y Norteamérica, verdaderos expertos en cerrar los ojos ante cualquier desmán si quienes lo sufren son unos negritos. Hasta que les llega el turno a sus ciudadanos y a sus empresas o, simplemente, deja de convenirles el que antes era más que aceptable. Saddam Hussein serí­a otro buen ejemplo, y hay docenas.

Lo mejor de “El último rey de Escocia” es lo que no se ve, lo que no se cuenta, todo aquello sobre lo que la pelí­cula pasa de puntillas. Me quedo con la interpretación del gran Forest Whitaker. El resto, mejor buscarlo en la Historia y que cada uno saque sus conclusiones.

“Credo”, de Eva Vaz, en Sevilla

Hoy miércoles dí­a 5 y mañana jueves dí­a 6 (apurarse, como se dice aquí­) se podrá ver en la sala Zero de Sevilla la obra “Credo”, en sesión de 21 horas (quiero decir que la dan a las 9 de la noche, no que dure 21 horas. Jo, cada dí­a tengo menos gracia…).

Para explicarnos: se trata de un montaje de Isabel Pérez a partir de textos de Eva Vaz, con una única actriz sobre el escenario, Montse Torrent, que se come al público, lo juro, ñam ñam. Un largo monólogo que examina las relaciones de pareja, la identidad de la mujer y, en general, distintos conflictos de nuestra sociedad, en diversas claves: desde la emoción hasta el humor, y siempre con irreverencia y desde un punto de vista heterodoxo.

La obra anda itinerando por escenarios de toda Andalucí­a pero nunca se sabe dónde la programarán. Aprovechad si podéis.

Fragmento de unas memorias inéditas (I)

Yo pensé que estas cosas necesitaban cierta estrategia, aunque no fuera la primera vez que X. estaba con nosotros. Así­ que Z. y yo nos subimos a la buardilla y empezamos a follar. En cierto momento me asomé a la puerta y grité:
-¡Sube!
Ella subió, se asomó a la puerta y dijo:
-No, gracias.
Bueno, no pasaba nada. Pero yo esperaba algo. Aquello no habí­a terminado.
Efectivamente. No habí­a pasado un minuto cuando X. volvió a aparecer en la puerta, esta vez completamente desnuda. Sólo dijo:
-¡Sois unos cabrones!
Y se arrojó (es la palabra justa) sobre nosotros, en la cama…

Por qué no escribo poesí­a

Buena pregunta. Me la hacen a menudo mis amigos, mi editor, mi mujer, algunos lectores… En realidad sí­ la escribo -contesto- pero a mi propio ritmo. Ellos me recuerdan los cinco libros de X, los siete libros de Y, los quince de Z (estos últimos, en sólo tres años), frente a mis tres libros en dieciocho años. Yo ahí­ hago notar que son cuatro, si contamos como el cuarto mi poesí­a reunida.  OK, no cuela.

No tiene que colar. En realidad, escribo demasiado. La mayorí­a de mis compañeros escriben demasiado. Unos pocos han caí­do en la trampa del oficio y de la plantilla, que permite escribir sin lí­mite el mismo poema, con mí­nimas variantes, plagiándose a uno mismo, hasta la extenuación. Me pregunto si todos esos poemas eran necesarios. Otros escriben mucho o poco pero han eludido esa trampa. Y yo les necesito. Necesito sus poemas tanto o más que los mí­os.

Permitidme la presunción: en veinte años de escritura he adquirido el oficio suficiente para haber publicado en la última década dos o tres libros correctos. Pero ¿por qué iba a hacerlo? Hay muy pocos poemas que necesite escribir, muy pocos. A veces pasan meses sin que ninguno de ellos se me imponga. Pero sólo quiero escribir precisamente esos. Ni siquiera digo que sean buenos. Pero tengo que necesitarlos, tiene que serme imprescindible escribirlos. Y si eso supone tardar diez años en publicar un libro, pues qué le vamos a hacer.

Vivir en poeta, si tal cosa existe, es algo que hago 365 dí­as al año, aunque sólo dedique unos pocos a escribir poemas. La escritura no es el hecho fí­sico, ni siquiera son sus resultados. La escritura es un proceso, una construcción que te impone sus propias normas. Una búsqueda a ciegas en la que cada uno encuentra lo que puede y escoge entre lo que encuentra. Y el resultado son veinte poemas, dos poemas, ninguno… Creo firmemente que lo más importante de la escritura es lo que sucede antes de sentarse a escribir y después, independientemente de las lí­neas que hayan quedado sobre el papel. La poesí­a es la mirada, la sensación, el hallazgo, no los versos.

Hoy, después de un mes de trabajo, he terminado un poema. La sensación es de vací­o y de zozobra. Ahora necesito olvidar lo que he escrito para poder volver a leerlo con ojos nuevos y que en el hallazgo (quizá sólo importante para mí­) siga encontrando cosas. Porque un poema no es un fin sino un medio. Son unas gafas para ver. Es una carta con el sobre cerrado, que aún no hemos leí­do, y sospechamos que su contenido nos va a trastornar. Y entonces lo tememos.

Me he escrito una carta. No sé lo que pone. Me inquieta…

La sombra de una duda

¿Qué es lo peor que puede ocurrir cuando uno está viendo una pelí­cula grabada? Que la cinta se acabe antes del final. Hoy no le ocurre a casi nadie, habida cuenta de que el DVD hace tiempo que ha sustituí­do al ví­deo de siempre. Pues a mí­ me ha ocurrido esta tarde viendo “La sombra de una duda”, que habí­a grabado en VHS hace un par de dí­as. Ha sido una putada pero lo he sentido sobre todo por Eva. Yo, como me sucede con casi todas mis pelí­culas favoritas, me la sabí­a de memoria.

¡Qué pelí­cula tan enfermiza! Pero hablando de la obra de Hitchcock, esto es casi una redundancia. No creo que haya habido un creador tan perverso y provocador en toda la historia del cine, aunque algunos, quizá debido a sus educadas maneras inglesas, a su aparente corrección de director de industria, no lo hayan percibido. Esto ocurre también en otros ámbitos, como la poesí­a: no se necesita acudir a la sangre fácil y a las palabras gruesas para poner en un puño al lector. Pero hay poetas que sí­ lo creen y entonces: colegui, mierda, putada, debuten… Angelitos.

Hitchcock era un gamberro irreverente, un auténtico anarquista que agitaba ante los buenos ciudadanos la moral burguesa como si fuera un paño, aireando las manchas. Anoto en la cuenta a los autores del guión de “La sombra de una duda”: Alma Reville, significativamente, la mujer de Hitchcock; su guionista habitual, Ben Hecht; y el inmenso Thornton Wilder, autor de la maravillosa “Nuestra ciudad”, otro fresco americano como lo es “La sombra de una duda”.

Porque uno de los protagonistas de la pelí­cula es ese pueblo de tipo medio, apacible, tranquilo, lleno de gentes pací­ficas y hogareñas que no se meten en lí­os, y en el que irrumpe, como una presencia maléfica, Joseph Cotten, un artista, un malvado, alguien capaz de conmover esa tranquila vida hasta sus cimientos. ¿Quién es el monstruo? ¿El asesino de viudas adineradas o los probos ciudadanos útiles y sensatos que viven su existencia monótona y aburrida? Todos son monstruos, quizá, en diferentes escalas.

Me he tomado la molestia de transcribir un diálogo entre Joseph Cotten, Charly en la pelí­cula, y su angélical sobrina, Teresa Wright, también llamada Charly. Creo que, de algún modo, “La sombra de una duda” constituye una metáfora del arte como medio de agitación, de rebeldí­a, en medio de las convenciones. Una metáfora perversa que sirve para explicar cómo el artista desafí­a a la sociedad y pone en duda sus valores, incluso para destruirlos. Aunque, finalmente, sea el artista quien, de manera simbólica o real, acaba siendo destruí­do, devorado. ¿Me estaré pasando de listo? Puede ser. Sí­, es lo más seguro.

Porque no estoy diciendo que Hitchcock fuera realmente un anarquista, un enemigo del sistema. Todo lo contrario: asumió como propios los valores burgueses, tuvo una vida amorosa ordenada y convencional y trabajó dentro de la industria. Pero siempre dejó que afloraran sus contradicciones. O mejor: nunca impidió que sus demonios internos se manifestaran, aunque tuviese la precaución de poner el discurso disidente en boca de los malos, los que al final de la pelí­cula serí­an castigados, para satisfacción del sistema, que le daba sus bendiciones. Como los dos amantes de “La soga” o como el tí­o Charly de “La sombra de una duda”.

Bien, ahí­ va el diálogo. Juzgue cada cual.

“Ella: ¿Cómo puedes haber hecho algo así­? Pensábamos que eras el hombre más maravilloso del mundo, el mejor hombre…

Él: ¿Crees que sabes algo, eh? ¿Crees que eres una chica muy lista, no es verdad? Hay tantas cosas que ignoras, ¡tantas! ¿Qué es lo que sabes? No eres más que un chica vulgar que vive en un pueblo vulgar. Cuando te despiertas por la mañana sabes perfectamente que no existe nada en el mundo que te perturbe. Vives tu pequeño dí­a vulgar y por la noche duermes tu tranquilo y repetido sueño vulgar, lleno de dulces y estúpidas ilusiones. Y yo te he provocado pesadillas, ¿no es cierto? ¿O sólo era una mentira de niños? Vives en un sueño. Eres como una sonámbula, como una ciega. ¡Qué sabes tú cómo es el mundo! ¿Sabes que el mundo no es más que una inmundicia? ¿Sabes que si derribaran las fachadas de las casas no encontrarí­an más que cerdos? El mundo es un infierno. ¡Qué importa lo que pase en él! Despierta. Emplea tu inteligencia. Aprende algo… “.

Un poema de Pablo Antón Marí­n Estrada

Per primer vegada (pero queda afitáu’l precedente) voi escribir estes llinies n’asturianu pa celebrar que’l mio amigu Pablo Antón Marí­n Estrada, ún de los meyores poetes nesa llingua, si non el meyor, ta acabante algamar el premiu “Xuan Marí­a Acebal” con un nuevu poemariu que pol momentu nun tien tí­tulu. Marí­n Estrada ye tamién narrador y dalgunos de los sos llibros tán tornaos al castellanu, pudiendo atopase nes llibrerí­es del restu d’España. Ye’l casu de “El amor de La Habana” (Debate).

Como homenaxe, ehí­ va un poema de só xunto cola correspondiente torna. Podéis lleer más nel so blog, que tengo apuntáu na columna de la derecha.

DESTRUCCIÓN

Esta nueche duermes
embaxo los escombrios,
ende nenguna lluz
t’algama, nenguna
resquiebra te xune
al otru llau de les ruines.

Arrodiada de cristales rotos,
tuberí­es restorcí­es, trabes
baltiaes, povisa, duermes
na serenidá de los que ya nada esperen.

Con argamasa afaragullao
y maera podre, con felpeyos
y colchones espanzurriaos
ficiste un llar,
después
trancaste la to alcoba
con peslleres de rencor
y de pena.

Esta nueche duermes tranquila
embaxo los escombrios,
el corazón frí­u, les venes
vacies, el piel que ya nun siente
mientres arriba, al otru llau,
les grues trabayen,
el balagar d’escombrios medra,
medra la destrucción.

DESTRUCCIÓN

Esta noche duermes
bajo los escombros,
donde ninguna luz
te alcanza, ninguna
grieta te une
al otro lado de las ruinas.

Rodeada de cristales rotos,
tuberí­as retorcidas, vigas
derribadas, ceniza, duermes
en la serenidad de los que ya nada esperan.

Con argamasa desmigajada
y madera podrida, con andrajos
y colchones destripados
hiciste un hogar,
después
cerraste tu alcoba
con cerraduras de rencor
y de pena.

Esta noche duermes tranquila
bajo los escombros,
el corazón frí­o, las venas
vací­as, la piel que ya no siente
mientras arriba, al otro lado,
las gruas trabajan,
el montón de escombros crece,
crece la destrucción.

Reencuentro con Aleixandre

Hací­a tiempo que no veí­a a Ignacio Elguero, casi tres años, desde que me dieron el Premio Ojo Crí­tico y coincidimos en el acto de entrega. Ayer participó en Huelva en una mesa redonda sobre Vicente Aleixandre que moderó Eva y tuvimos ocasión de ponernos al dí­a. Sigue teniendo ese aspecto eternamente juvenil, aunque Bousoño le dijera: “Estás envejeciendo, cabrón, cómo me alegro”. Nos regaló un ejemplar de su último libro, “Materia”, publicado por Hiperión.

El otro participante en la mesa redonda era el profesor y también poeta José Marí­a Barrera. Luego, charlando en la cena, nos enteramos de que somos casi vecinos. Su mujer y él tienen una casa en Islantilla y vienen casi todos los fines de semana. Quedamos en hacer por coincidir. Tenemos mucho en común, empezando por la poesí­a.

Nunca ha sido Aleixandre poeta de mi devoción. Al menos no como lo ha sido Cernuda, por ejemplo. Pero las palabras de Ignacio y José Marí­a Barrera me han despertado el gusanillo de releerlo. Nunca es tarde para redescubrir a un gran poeta.

Eva y yo, que salimos muy poco, aprovechamos para darnos un poco de noche onubense en compañí­a de Ignacio, Francis Vaz y otros amigos. La resaca de hoy me recuerda por qué salimos tan poco.

Ausentes de Pravia

Estos dí­as Eva y yo debí­amos estar en Pravia (Asturies) participando en las VII Jornadas de Literatura. Pero por segundo año consecutivo no hemos podido ir y bien que lo lamentamos. Echaré de menos tomar un vino con todos los amigos que ahora mismo estarán allí­ (Fernando Beltrán, Miguel Rojo, Alejandra Sirvent, Guillermo del Pozo, Carlos Marzal, Javier Lasheras, Miguel Barrero, Elena Medel, Pelayo Fueyo, Jorge Ordaz, Toli Morilla, Ricardo Labra, Rubén D. Rodrí­guez, Manuel Garcí­a Rubio, Ignacio del Valle, Javier Villanueva, Pepe Monteserí­n, Toli Morilla y tantos otros). Bueno, al menos un par de vinos con cada uno. ¿No es mucho pedir, no?

Este año, el invitado especial es Gonzalo Suárez, del que se proyectan varias pelí­culas. Además, conciertos, mesas redondas, lecturas, teatro… Una villa pequeña como Pravia (una villa preciosa, por cierto) se convierte todos los años gracias a estos encuentros en el centro cultural de Asturies. Pero, aunque el programa es muy completo, lo más importante suele ser el encuentro de amigos: la conversación, el calor, la buena gente, la libertad de hablar. Me como las uñas hasta los muñones por perdérmelo y prometo asistir el año próximo.

De otras ediciones, recuerdo una noche en que Alejandra Sirvent y yo hablamos de todo lo divino y de lo humano, a excepción de la literatura; un paseo bajo la lluvia con Fernando Beltrán y Eva Vaz, los tres bajo el mismo paraguas, mojándonos sin que nos importara; a Manuel Herrero Montoto dándonos detalles (que nosotros le pedí­amos morbosamente) de sus operaciones (las que realiza como cirujano, me apresuro a explicar); la lectura ruidosa y llena de humo en el bar Finito, con mi tocayo Alberto Piquero repartiendo epí­tetos a medida que iba presentando a los impresentables poetas que leí­an; las miradas cómplices con mi añorado Mime Rojo (añorado por la distancia, que no por ningún motivo luctuoso); o los desayunos con Pelayo Fueyo y Gerardo Lombardero, con los ojos enrojecidos y felices.

Que lo paséis bien por nosotros, que habléis mucho, que comáis mejor que nunca y que bebáis hasta la extenuación, tí­os con suerte.

Ah, ahí­ va el programa, para los curiosos: Programa Encuentros de Pravia

Aportaciones al diccionario

Esto va camino de ser un gran diccionario. Anoto algunas aportaciones que me habéis sugerido y alguna más que se me ocurre sobre la marcha.

De expresiones tópicas: “marco incomparable”, “ciudad condal”, “las molestias tí­picas de su estado” (esto referido a los embarazos de Letizia).

De chely desfasao: “chely” (evidentemente, ¿no?), “calvorota”, “ordenata”, “carroza”.

De costumbres antiguas: “si Dios quiere”, “las doce y sereno”, “choca esos cinco”, “Dios mediante”.

De eufemismos ñoños: “jolines”. (Y si citábamos “culete”, ¿qué tal “pompis”? Ja ja ja!)

Algunas con las que no estoy de acuerdo: “cartapacio” (¿entonces cómo le llamamos a un cartapacio?), “mongol” (será polí­ticamente incorrecta pero, personalmente, encuentro que sigue teniendo fuerza).

Gracias a todos por la colaboración. Seguimos en ello.

Diccionario de expresiones ridí­culas, rancias o en desuso

Empezamos a recopilarlo Eva y yo hace meses. Un dí­a me encontré en un bar de Oviedo al poeta Fernando Menéndez, que iba con una chica a la que no me presentó. Estuvimos charlando un rato y luego cada uno se volvió a su mesa. A la hora de irnos alcé la mano y dije:
-¡Hasta luego, Fernando… y la compañí­a!
Nada más decirlo caí­ en la cuenta de la ranciedad del comentario. Era como decir “rediez” o “leñe”. Entonces Eva y yo nos pusimos a repasar expresiones en desuso, rancias, demodé, ñoñas, etc. que algunos utilizan todaví­a. Eva recordó una estupenda: “¡Adelante la chavalerí­a!”. Cierto amigo poeta de vocación marginal pero ya entrado en años aportó involuntariamente unas cuantas: “Dabuten”, “queli” (casa), “peluco” (reloj), “basca” (grupo de amigos), “colegui” y otras que hoy suenan a heavy envejecido.
Algunas no quedan mal en personas de edad pero rechinan cuando las dice alguien joven: presentar a la mujer como “mi señora” o añadir “que en paz descanse” cuando en la conversación se menciona a un muerto. Están también los eufemismos ñoños, como “culete” o “trasero”, o los tacos reticentes: “canastos”, “concho”, “recórcholis”.
En fin, un catálogo de horrores en el que cualquier aportación será bienvenida.

Gracias

Se supone que eso de dar el pésame está caduco. Seguramente. Pero alguien me ha dicho: si está en la memoria está vivo. Y parece mentira pero ayuda. Las palabras han hecho bien. Y yo las he transmitido a quien necesitaba leerlas pensando que hacen bien. Es verdad, tendrí­a que habérsenos ocurrido pero hace falta que alguien lo diga: está vivo en esa forma extraña de seguir vivo que es la memoria. Nada nuevo, no es ninguna revelación, pero alguien se ha molestado en escribirlo. Y decirlo por mí­, a quien cuesta tanto expresar lo que siente pero lo siento y aquellos en quienes pienso (Fini y Pepe Luis y Juan Y Marisa) lo saben. Estamos juntos en este dolor.
Estoy lejos pero muy cerca y creo que Manuel también. Y Carmen y Pablo.
Gracias, P. H. Y no hace falta decir nada más.

A tribute

Allá lejos, en México, ha muerto, demasiado joven, Armando Valdés. El nombre no os dirá nada pero a mí­ me dice mucho y eso sí­ podréis comprenderlo. Él me contaba cosas de la Revolución cuando yo le preguntaba de pequeño por Carranza y por Zapata. Y eso que la cosa le quedaba muy lejos, tanto como a mí­ mismo. Aparecí­a, todos los años, con un amigo distinto o una novia distinta. Le rodeaba un exotismo que el aire de familia no lograba disipar y hablaba poco. Pero siempre volví­a. Era una costumbre de calor que se prolongaba de año en año. Dicen que nos parecí­amos fí­sicamente, que ambos tení­amos un “estilo Valdés”. Y ahora que ha muerto, y a pesar de la lejaní­a y de que las costumbres se iban difuminando, encuentro que lo siento, que me duele y que le echaré de menos. Y no seré el único, y esto es lo que me duele más. Soy también portavoz del dolor de los otros, de los mí­os.

Se queda, intacto en la memoria, para siempre.

40

8 de noviembre. Hoy cumplo 40 años. ¿Y bien? Deberí­a sentir algo especial. Si no, ¿a qué viene tanto tópico con los 40? La vida empieza a los 40, etc. etc.

Pero sólo se me ocurren más tópicos: qué pronto han llegado y cuánta agua ha pasado bajo el puente… Recuerdo un diálogo de “El cazador”:

-¿Pensabas que serí­an así­ las cosas?

-No.

Soñadores

Más cine. Hace algún tiempo leí­ una novela cuyo tí­tulo no recuerdo porque era francamente mala. Sin embargo, Bernardo Bertolucci hizo con esa novela una pelí­cula maravillosa, lo que demuestra (en contra de la opinión general) que de un libro pésimo puede surgir una gran pelí­cula (lo contrario ha quedado sobradamente establecido a lo largo de décadas de cine y literatura).

OK, el caso es que no habí­a visto “Soñadores” -a pesar de que todos me la recomendaban- precisamente por eso: porque la novela era espantosa. Ahora la he visto, esta tarde, y aún estoy emocionado. Mientras escribo esto, escucho a Charles Trenet, “La mer”, la canción fetiche de los dos hermanos de la pelí­cula. La chica se da cuenta de que está siendo castigada por traicionar los códigos no escritos de la relación entre ellos cuando su hermano la hace sonar mientras está con otra mujer.

Incesto. Qué palabra tan larga y tan fea para nombrar algo tan hermoso. Es como “coito”, “fornicación” o “gula”, palabras llenas de alambres que sustituyen a cosas maravillosas (amor, placer…); palabras que hemos heredado de la frí­a ciencia -en el mejor caso- y, en general, de las costumbres de opresión de lo mejor de nosotros. En “Soñadores”, hay un personaje completamente accesorio: ese americano rubio y pacato que es incapaz de ver la belleza de un amor que no se atreve a decir su nombre y que, sin embargo, los dos interesados viven como la pura razón de sus vidas.  Él se enamora convencionalmente (¿se enamora?) y no entiende que la verdadera pasión está del lado de los que no se plantean otra cosa que la vida con todas sus consecuencias o la muerte sin más. Y es que hay ví­nculos tan arcanos que el común de los mortales (quien no mira más allá de lo que le han enseñado) no puede penetrarlos.

Una pelí­cula tan intensa que su atmósfera no te abandona. Un relato de lo mejor del ser humano: aquello por lo que estamos dispuestos a morir. No, rectifico: aquello por lo que estamos dispuestos a vivir. ¿Hay otra cosa que valga la pena?

Devoradores de palomitas

Me encanta el cine, sobre todo el cine clásico, entendiendo por tal el cine de los 80 para atrás. Luego he sido incapaz de ver todo lo que se ha rodado. Podrí­a decirse que mi caso es el de un estudioso de cierto periodo de la literatura y no de otro. Una de las que yo llamo “mis habilidades inútiles” consiste en decir el tí­tulo, actores, director, etc. de cualquier pelí­cula de la que sólo me enseñen un fotograma o unos pocos segundos de proyección. Dejemos esto bien sentado: me gusta mucho el cine.

Ahora bien, prefiero verlo en casa. Los puristas pondrán el grito en el cielo: ¿qué tiene que ver una pelí­cula en ví­deo con la gran pantalla, etc.? Pero tengo mis razones. Ayer fui al cine a ver “El orfanato” y recordé por qué prefiero ver las pelí­culas en casa.

No se trataba sólo del hecho de que la gente entrara con la proyección empezada o que deambulara por la sala en mitad de la pelí­cula, con toda la pachorra del mundo, yendo y viniendo a reabastecerse de palomitas. Eran, sobre todo, los escandalosos cujidos de las palomitas, las patatas y sus respectivas bolsas de cartón o de plástico. Eran los continuos comentarios en voz alta. Eran las conversaciones, sí­: conversaciones. No me refiero a comentar una cosa puntual sino a pasarse la pelí­cula charlando en voz alta. Era la señora que cada vez que alguien llamaba al niño de la pelí­cula: “Simón”, ella tení­a a bien añadir: “Y Garfunkel”. Era que cuando el niño llamaba: “¡Mamá!”, se hací­a obligatorio contestar desde el patio de butacas, con ingenio inimitable: “¡Qué!”.

Me pasé toda la pelí­cula haciendo chsssss a un lado y a otro, con poca fortuna, porque cuando le pides silencio a un troglodita masticador de palomitas éste tiene a gala ser más chulo que nadie e intensificar los ruidos, los gruñidos y demás manifestaciones de su naturaleza simiesca. Mientras tanto, supongo que uno queda como un tiquismiquis rompegüevos que, cosa extraña e insólita, quiere ver la pelí­cula.

Mientras estas cosas ocurran (y seguirán ocurriendo porque a los dueños de las salas, una vez cobrada su entrada, se la sopla que en las butacas se hayan sentado espectadores o animales sin desbastar), yo seguiré prefiriendo ver las pelí­culas en casa, aunque me pierda algo.

PS: “El orfanato”, hasta donde me dejaron apreciarla, es una buena pelí­cula con un final decepcionante, en el que no han sabido resolver todo lo bueno que habí­an planteado. Pero da su miedo (yo soy de los que paso miedo) y visualmente es preciosa. Abunda desvergonzadamente en todos los tópicos del género y no se remonta por encima de sus modelos. ¿Vale la pena verla? Creo que sí­, por pasar el rato (salvo el mal rato de la compañí­a) y por Belén Rueda, que es una actriz extraordinaria. ¿Para cuándo el papelón que está pidiendo a gritos? Last, but not least, se rodó en Asturies y los paisajes son inigualables. Además de que mi amigo Lluí­s Antón González hací­a un papelito.

Reencuentro

Anteayer me acerqué a Huelva para asistir a la lectura de Luis Muñoz. Fue emocionante volver a escuchar poemas que hací­a tiempo que no leí­a (tengo algo más recientes los de su último libro, Querido silencio) y, sobre todo, poder darle un abrazo. No tenemos muchas ocasiones de encontrarnos.

Conocí­ a Luis hará unos quince años en Granada y simpatizamos desde el principio. Luego nos hemos encontrado aquí­ y allá (Madrid, Oviedo…) y hemos coincidido en varias antologí­as, lo que también une a la gente, ¿por qué no? Recuerdo noches estupendas bebiendo copas hasta las tantas y hablando incansablemente de cualquier cosa y puedo asegurar que no hay muchos poetas con quienes me guste hacerlo.

Luis es un tipo dulce, inteligente, culto y un gran poeta, uno de los mejores de mi generación. Desde aquí­ recomiendo su poesí­a completa, publicada en Visor con el tí­tulo de “Limpiar pescado”, y su último libro, el ya citado “Querido silencio” (Tusquets), en el que su voz se hace más esencial que nunca, más necesaria e indagadora. No os arrepentiréis.

Lástima, no pude quedarme a cenar con él y con Paco Silvera (que sigue al pie del cañón juanramoniano con esto del Trienio). Pero habrá otras ocasiones. Mientras tanto, espero leer pronto el reportaje-entrevista sobre Luis que Paco Huelva está a punto de publicar en el Odiel.

La confiterí­a de Albacete

Sobrevivimos a los 600 kilómetros de Albacete y volvimos muy felices (me habí­an ofrecido ir en tren o avión pero yo, todo chulo, dije que irí­a en coche porque me encanta conducir, cosa que es cierta). La ciudad, para ser sinceros, no es nada bonita. De hecho es tan fea como Huelva capital, que ya es decir. En cambio, la compañí­a fue estupenda. En Albacete existe un grupo de poetas, autodeminados Los Confiteros por el nombre del café en el que se reuní­an, con algunos de los cuales pudimos compartir lectura y mantel. Muchas gracias a Arturo Tendero, Ángel Aguilar y los demás por su compañí­a y acogida. Volveremos a Albacete si hay ocasión, más por ellos que por Albacete, y eso que nos abandonaron a la hora de la copa post-cena. No importa: encontramos un bar donde nos dieron cariño y amol. Os copio la reseña que Arturo escribió para el diario La Verdad. (Lamento el ejercicio de autobombo. Estuve pensando si hacerlo o no y decidí­ finalmente que hubiera sido desagradecido, más que inmodesto, no colgarlo aquí­): jl-piquerooct07.doc

Página web de Eva Vaz

Ya se puede visitar la nueva página web de Eva Vaz. La dirección aparece a la derecha, entre mis links, pero os la copio: http://minombre.es/evavaz . Buen provecho.

Una librerí­a en el paraí­so

Vivo en el paraí­so. No pretendo poner los dientes largos a nadie. Ni siquiera pienso que mi idea del paraí­so tenga que coincidir con la que tienen los demás. Yo vivo en “mi” paraí­so diez meses al año, trabajando en lo que me gusta sin moverme de mi propia casa, tostándome al sol y bañándome en el mar (cuando escribo esto, la tarde del 29 de octubre, acabo de subir de la playa: kilómetros de playa desierta sólo para nosotros).
Naturalmente, todo paraí­so tiene su reverso. También aquí­ hace frí­o a veces, en el invierno, y ese frí­o y esa lluvia son tanto más tristes cuando ocurren en un lugar creado para el sol. He intentado explicarlo en un poema que pronto colgaré en la web.
Otra desventaja es que vivimos lejos de todo y para ir a una librerí­a competente hay que acercarse a Huelva o a Sevilla. Últimamente han abierto una pequeña librerí­a en un centro comercial a un par de minutos de coche de nuestra casa. No tiene mucho fondo pero sí­ algunas novedades de Anagrama, Planeta y demás. Para un apuro sirve. Como suelo hacer acopio en Huelva y además no me gusta el centro comercial, no la frecuento. Esta mañana, sin embargo, he pasado por allí­, más que nada por hacer tiempo. En cuanto me he acercado a las estanterí­as, el dueño ha caí­do sobre mi indefensa persona (los clientes deben de ser escasos y trata de agarrarlos en cuanto aparecen) y ha tenido lugar un pequeño sainete.
-¿Puedo ayudarle? -dice.
-No, no, sólo estoy mirando.
Él no quiere soltar su presa e insiste:
-Puedo recomendarle algún libro. Por ejemplo, este: “El lector”, de Bernhard Schlink.
-Ya lo he leí­do.
-Bueno, aquí­ tengo este otro: “Seda”.
-Ya lo he leí­do, gracias. Sólo estaba mirando…
-O un autor español: Eduardo Mendoza, “Sin noticias de Gurb”.
-Verá… También lo he leí­do.
-Y John Steinbeck…
-Soy el traductor de Steinbeck al castellano.
Lo reconozco: ha sido una vacilada. Es verdad que estoy traduciendo “Tortilla Flat”, pero eso dista mucho de poder calificarme como “el traductor de Steinbeck al castellano”. Lo que ocurre es que el hombre ya empezaba a fastidiarme. Mano de santo: ha debido pensar que le estoy tomando el pelo, que sólo he venido a curiosear y que me estoy cachondeando de él. Y me ha dejado en paz.
Finalmente me voy sin comprar nada. Ya me las arreglaré con algunas provisiones que me quedan en casa.
A veces es muy duro vivir en el paraí­so.

(NOTA: El poema del que hablaba -”Islantilla, otoño”- ya está colgado en la sección poética, al menos temporalmente. Es sólo un borrador).

Lecturas de Eva Vaz y JLP en Cortegana y Albacete

Este miércoles dí­a 24, en la Biblioteca de Cortegana, a las 18 horas, Eva Vaz dará una lectura de sus poemas. Al dí­a siguiente, a las 20 horas, seré yo quien lea en la Universidad de Castilla-La Mancha en Albacete. Si a alguien le apetece pasarse por un sitiu u otro (o los dos; total, Cortegana y Albacete están a tiro de piedra, como quien dice), pues ya sabe, nos tomaremos un vino.

Traducciones de Twain y Steinbeck

De todos los trabajos mercenarios con los que me gano la vida (todos ellos relacionados con la escritura) el que prefiero es la traducción. Alguien dijo que traducir nos otorga el privilegio de reescribir, mano a mano con sus autores, los grandes libros de la literatura. ¡Menuda escuela para un escritor, hacer prácticas con Eliot, con Melville, con Joyce! Sin embargo, el trabajo del traductor es bastante sombrí­o y está muy poco valorado. Hasta hace poco su nombre aparecí­a sólo en letra pequeña, cuando aparecí­a, y tradicionalmente se le ha pagado mal. Las cosas van cambiando poco a poco.

Personalmente, me siento casi tan orgulloso de mis traducciones como de mi obra original y sólo he lamentado que traducir al asturiano sea una labor doblemente oscura: mucho me temo que muy pocos han leí­do a Dickens en mi versión, aunque puse en ella cuanto sé de ambos idiomas y cuanto sé del oficio de escribir. Por eso, cuando me ha surgido la oportunidad de traducir al castellano, no la he dejado pasar. He empezado a colaborar con la editorial catalana Navona y estos dí­as he entregado mi primer trabajo: la versión española de “El pretendiente americano”, de Mark Twain. Ahora me dispongo a traducir “Tortilla Flat”, una de las primeras novelas del inmenso John Steinbeck (sé que mi amigo Xabel Vegas se alegrará con la noticia). Iré avisando de las fechas de publicación, porque no serán difí­ciles de encontrar en las librerí­as y realmente son libros que valen la pena. Y los que vendrán.

Programa del Salón del Libro de Huelva

Aquí­ queda colgado el programa completo del Salón del Libro de Huelva, que empieza este martes 16 y dura tres dí­as (hay que esperar unos segundos mientras se abre el archivo de PDF): Leer Programa del Salón del Libro de Huelva

JLP y Eva Vaz en el Salón del Libro de Huelva

Este martes dí­a 16 se inaugura el Salón del Libro de Huelva. A las 19:30 Eva Vaz participará en una mesa redonda titulada “Lectores: aventura y resistencia”, junto a Juan Antonio Garcí­a Villadeamigo y Antonio Gómez, con Lauro Anaya como moderador. El lugar, el Centro Cultural Caja Rural del Sur. Por la noche, a las 23 horas, en el Bar 1900 (C/ Garci Fernández, 10), leeré mis poemas junto a Francis Vaz, Manuel González Mairena y Marí­a Gómez.


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