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Ni a Melchor, ni a Gaspar, ni a Don Baltasar, ni a su estrella fugaz.

Hoy y mañana libertarios, y siempre libres.

Yo iré el Sábado. El Viernes estaré alimentando al monstruo, dándole unos biberones de Equo.

Pero el Sábado, la masa verde se infla, se convierte en LIBERTARIO.

Un beso maoista a todos.

Allí nos vemos.

¡Por cierto! Enkantado de volver a verte, blogsito mío de mi arma. 

Ciao.

Comentarios sí, gracias ( by alargaor )

 

Una vez leido, como es mi costumbre, el post de la Plataforma Mesa de Izquierda Unida, que diga, Plataforma Mesa de la Ría, discúlpenme el lapsus anterior, http://nuestronombre.es/mesadelaria/2011/07/27/ecologistas-en-accion-pide-el-cierre-definitivo-del-vertedero-de-nerva/, comprobé que por ningún lado aparecía el enlace original del artículo original de la Asociación original, en este caso concreto, el de nuestros compañeros, intachablemente neutrales en el mundillo partidista, y mayores valuartes del movimiento ecologista de Huelva, ECOLOGISTAS EN ACCIÓN.

Pues bién,

Me puse yo también en acción, y me dió por redactarles un comentario a la sazón, a la Plataforma, y a la sinrazón, y esta última me recordó que muy probablemente volverian a ignorarlo (su aprobación, (O, NO) exige previa moderación). Y a mi, por lo que no se ve, me los suelen moderar lo suficiente como para que se vayan directamente a la cinta del film “El hombre que nunca existió”. O algo así. Y, claro, eso mosquea.

Y  para que uno, que soy yo, no haya perdido del todo ese tiempo que se tarda en escribir un comentario para que salga, donde menos, que salga aquí:  

Lo correcto es dejar el enlace original siempre que se copia y pega un artículo. Ya sean de particulares, como de otras asociaciones o colectivos que se han tomado el trabajo de elaborarlo. Se trata de simple cortesía, y de respetar la autoría, no sólo del fondo, también de el diseño de su propia página, sus accesos, demás artículos de posible interés, etc. Facilitando así la consulta de la web del autor.
Evidentemente, por anteriores actuaciones, mi comentario tampoco saldrá esta vez. Aceptar las críticas constructivas, no es precisamente vuestro fuerte, al menos en Huelva. En Extremadura no sé.

Al césar lo que es del césar, a la plataforma lo que es de la plataforma, a la asociación lo que es de la asociación, y a ECOLOGISTAS EN ACCIÓN lo que es de http://www.ecologistasenaccion.org/article21101.html
Salud, camaradas.”

PORQUÉ VOY (YO TAMBIEN) CON LA MESA DE LA RÍA DE HUELVA ( by alargaor, más “Doloso” que nunca )

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.Crónica y confesión de una profesora de Huelva, Dolo Vidosa, escritora,  poetisa,  y luchadora con ese entusiasmo vital que desprende como nadie, nuestra  CHELO BAREA,  Catedrática del pueblo. Con Dolo Vidosa, además de amistad, comparto entusiasmo, cultura en El Foro La Palabra de Trigueros, y compromiso político estos días con la candidatura MESA DE LA RÍA DE HUELVA.
=======   Este post puede quitarte la somnolencia del tirón.
=======  Manténganlo alejado de mafiosos químicos, sindicalistas vendidos, e incluso de eternos políticos de  izquierda a derecha, …un dos, tres.. 
======== No se consulta previamente con su médico.  Están en Huelva en otras cosas. 
========= Esta confesión debería leerse también en Farmacias. De gratis, claro.

     ... PORQUÉ VOY CON LA MESA DE LA RÍA DE HUELVA     by Dolo Vidosa 
Original en su blog personal http://gafasdecerca.blogspot.com/
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Nací en una ciudad bonita. Pequeña, pero bonita. Tranquila y limpia. Cerca del mar. En esta ciudad que es la tuya y la mía y se llama Huelva. A la que amo con sus muchos defectos y sus virtudes.
De pequeña iba a la Punta del Sebo con mis padres, en un autobús, al que yo llamaba “el coche de papá y mamá” porque en aquellos años mis padres aún no tenían coche. Tengo recuerdos muy remotos de todo eso, porque yo era muy pequeña. Pronto aparecieron los monstruos. Vinieron gente de fuera que nos debía de ver a los onubenses como personass de tercera categoría a juzgar por como nos trataron. Levantaron la Industrias Químicas y Básicas, con esas chimeneas que ya nunca pararían de echar humo. Destrozaron nuestra ría y nuestro entorno.

Así crecí, así crecimos los de nuestra generación, tú lo sabes. No sé si te acuerdas que muchas tardes, cuando bajábamos la Vía Paisajista, volviendo del instituto, teníamos la sensación de estar chupando azufre. Era horrible.
Vivimos escapes que se silenciaron. Era el poder económico. Había llegado para quedarse, y el dinero es el dinero. Ya se sabe, se da una propinita y todos se callan la boca.
Crecimos cansados de vivir esa injusta situación en la que día a día respirábamos los humos tóxicos que salían por las chimeneas de las fábricas. Cansados del muro de hormigón y gases contaminantes que nos separaba de nuestra ría, que nos condenaba a ser una ciudad maldita, que nos impedía tener la idiosincracia marinera que nos correspondía. Cansados de abrir las ventanas por las mañanas para ventilar, y tener que cerrarlas porque nos daba miedo lo que entraba. Cansados de que los días de lluvia se “pasaran” más aún.
Se cometieron barbaridades. En los años sesenta, setenta, ochenta, no había la conciencia medioambiental que ahora hay, y fue terrible.
Luego, comenzamos a convivir con esa alucinante y surrealista balsa de fosfoyesos al lado, como un monstruo devorador que nunca se saciaba. Y siempre con la duda de por qué en Huelva había tantas enfermedades, y que nadie respondiera. Sí, hubo un médico que fue valiente: lo quitaron de enmedio.

Hemos estado desamparados, los políticos de Huelva no han hecho nada, pero nada nada, por salvarnos de tanta injusticia, se tapaban los oidos, se echaban las culpas unos a otros (ay, esa Junta de Andalucía…), ignoraban, desviaban la atención a temas menos importantes, decían que no había tanta contaminación, siempre han defendido lo indefendible. Tú sabes igual que yo que nadie nos ha defendido nunca. Por eso es tan “gracioso” oirlos ahora hablar de la ría, de los fosfoyesos, de hacer de Huelva una ciudad verde. Me da risa.
¿Te acuerdas de las manifestaciones? Siempre estábamos los mismos.
No estaban los que tenían intereses directos, ya fueran económicos, ya fueran políticos, ya fueran de influencia.

No estaban los conformistas, los que se quejan pero no hacen nada.

No estaban los ocupados, los de “me hubiera gustado ir, pero es que ese día….”.

No estaban los remilgados:”yo, mientras están los partidos políticos por enmedio…”.

En medio de tanta cobardía apareció Jose Pablo Vázquez Hierro y un grupito de valientes. Gente que no se han acobardado ante críticas despiadadas ni ante amenazas. Que han trabajado con un objetivo claro, inteligentemente, sin hacer ruido pero con mucha constancia y eficacia. Que han llevado nuestra situación a Europa. Que han conseguido cosas importantes (ya no se vierten fosfoyesos, y eso es gracias a ellos). Son incombustibles.

Por eso, cuando Jose Pablo me habló de la candidatura y me pidió que fuera con ellos, no podía decir que no. Lo admiro profundamente. Sabes que te he dicho muchas veces que es la persona que ha hecho por Huelva lo que no ha hecho nadie, aunque Huelva no lo sepa. Yo confío en que el tiempo le haga justicia.

Hoy vamos a la elecciones municipales con un programa electoral muy digno, realista, inteligente. Con propuestas no sólo medioambientales, sino de todos las áreas que afectan a una ciudad. Con un grupo de gente estupenda e ilusionada.

Es un orgullo para mí ir con ellos, lo confieso.

Cuando siento el apoyo de tantos onubenses tengo la sensación de que por fin nos estamos destapando, que algo está cambiando de dirección. Y me emociona enormemente. Sólo con eso, créeme, pase lo que pase en las urnas, ya habremos ganado.

22-M: TOMA LA URNA ( manque sea tapándote la nariz con una pinza de la ropa) ( by Alargaor )

El tema estará en votar, o no votar, y la cuestión del próximo domingo 22,  si lo hago, ¿A cuálo? No hay más tutía: Adios, y hasta dentro de four years.

Si votas lo mismo, harán lo mismo, reza la brillante consigna de LA MESA DE LA RÍA DE HUELVA.

Fijáos que he puesto en mayúsculas a la mesa de la ría, -la mesa original-, siguiendo las pautas de conducta que aprendí divinamente de cierta webmaster, -por decir algo-, de esa otra peña antiFosfoYésica de Huelva. Me refiero a esa caduca, trasnochada, aburrida, y peñazo total que, delegando absurdamente en la máster inmisericorde, solía CENSURAR, no subir,  cada comentario que, por aqué entonces, tenía a bién enviarle a la plataforma de Izquierda Unida, y que acabó completamente con mi tolerancia hacia esa I.U. de Huelva Capital que, concientemente, lo, y la consiente…

Ni que decir tiene que, os lo juro, siempre, siempre, cada uno de mis comentarios, cómo no, contenian el más absoluto respeto en las formas, -incluso los aderezaba con dosis de humor sano- y, menosáún, duden de mi máxima consideración para con sus abnegadas luchas y palpable entrega. Casi me gustaría que no se entregara tanto, pero…

Pero, como yo solía criticar algunos errores de IU, - que todo hay que decirlo-, como lo de escribir (ella) a WILLY MEYER con mayúsculas. Sí, ya lo sé, es una auténtica tonteria, una ridiculez, pero una ridiculez  CON IMPORTANCIA.  Y mucha además. Hablo de censura. ¡Ojito con eso!.

Y como me censuró el comentario por esa insignificante crítica en el blog de la Plataforma, -el chiringuito seudoecológico de IU Huelva- , ahora yo, con mayúsculas, voy y digo tal ella, el nombre y el apellido de DAVID HAMMERSTEIN,  y además, lo vuelvo a hacer, con  MESA DE LA RÍA.

Me estoy vengando un poco, sí, y lo hago ahora que estamos fuertes, sí.

Lo siento en el alma ecológica y revolucionaria que llevo dentro, la que jamás vi en vosotros, queridos de IU de Huelva,  pero, es que además, por ningun lado, oigan. 

Mejoremos el post,  dejémonos ya de sectarismos y de antigüallas…

 La peñita guapa y modelna de verdad, la del  ¿Qué pasa, qué pasa, que no tenemos casa? nos está pidiendo también ”nolesvotes”, en base a que hay un “malestarorg”anizado por la banca que te cagas (en todos ellos, menos en Triodos Bank, que son de verdad solidarios,  y no invierten en armas ni en muerte).

Pues bién, con este panorama tan dispar, y dado el éxitazo de la spanish revolution del 15-M, y el de sus acampadas en las plazas,  incluida la del Ayuntamiento de Huelva, y si lo analizas desde su profundo desprecio a los políticos, y sabes de su clarísimo ANTIPARTIDISMO, (Por algo será, WILLY MEYER!), opino que no faltan para nada a la verdad quienes, como El Roto, los chavales rebeldes,y yo, nos quejamos de todos los casposos partidos políticos. Metiendo  en el saco,  no sólo a  los dos grandes del bipartidismo monárquico, también inmerso en él, se encuentra cierto, pero falsísimo y caducado, sindicalismo, ”izquierdismo”, y unitarismo en constante refundación abocada al abismo…

La izquierda válida e imaginativa son, hoy por hoy en Huelva,  la Asociación y la Candidatura Mesa de la Ría. Lo queráis vosotros, o no.

Y si no es así, háganme ustedes el favor, por  lo que más queráis, de demostrarme lo contrario. Entonces, y sólo entonces, os votaría seguro. Besos.

PD.- Perdón si acaso he herido susceptibilidades, pero nunca están de más las dosis mínimas de crítica y autocrítica, LIBREMENTE  y respetuosamente expresadas. Gracias otra vez. De nada.

Besos a todos, menos a una. ( o dos, o tres. No creo que tenga más “enemigos” en esa peña)

Sobre los dos últimos libros de Ramón Fernández Durán ( by Carlos Taibo )

 
 
07/05/2011 | Carlos Taibo | Capitalismo/mercado - Crisis |
www.carlostaibo.com (7 de mayo de 2011)
 
Texto de la intervención de Carlos Taibo. Madrid, 5 de abril de 2011Ramón Fernández Durán nos ofrece en estos dos libros una espléndida guía para movernos en esa genuina edad de las tinieblas en la que ya hemos entrado. Son cuatro las apreciaciones que se me ocurre realizar sobre esos dos textos.

1. Vaya la primera de ellas. Tengo la impresión de que en los circuitos en los que me muevo –que son, en sustancia, los circuitos en los que se mueve Ramón– cada vez hablamos menos de las amenazas que se ciernen sobre nosotros. Cada vez hablamos menos del cambio climático, del pico del petróleo, de la crisis demográfica, de la marginación y explotación de tantas mujeres o de la prosecución del expolio de los recursos humanos y materiales de los países pobres. Ello es así –supongo– porque damos por confirmado el vigor contemporáneo de todas esas amenazas.
Y, si no hablamos de eso, ¿de qué hablamos? Creo que la pregunta que más veces oigo repetir en los últimos tiempos es la relativa a por qué la gente apenas está reaccionando ante un escenario tan delicado como el que se nos echa encima. No es éste el momento ni el lugar para responder en detalle a esa pregunta. Bastará ahora con que subraye que en muchos casos damos por descontado que nuestros conciudadanos tienen una conciencia clara en lo que hace al relieve de problemas como los mencionados. Hay quien recordará, también, que en muchos casos lo que se aprecia es una respuesta del tipo ‘déjame tranquilo; ya tengo suficientes problemas en mi vida cotidiana para preocuparme de lo que pueda suceder dentro de diez o de veinte años’. No faltan, en fin, quienes parecen haber asumido la conducta de algunos pasajeros del Titanic que, conscientes de que el barco se iba a pique, prefirieron apurar las últimas copas de champán y siguieron bailando al son de un vals.
Parece razonable asumir, de cualquier modo, que buena parte de las percepciones populares en relación con estas cosas beben de lo que dicen los medios de incomunicación del sistema. Me importa, y mucho, subrayar que esos medios en los hechos han procurado asumir dos caminos diferentes. El primero, y el más común, consiste sin más en negar que haya problemas graves en el horizonte (para qué hablar, dicho sea de paso, del presente). Desde esa percepción discursos como el de Ramón se describen sin más como alarmistas y catastrofistas, al tiempo que se señala que la historia demuestra que la especie humana ha encontrado tecnologías que le han permitido salir del atolladero. No me interesa ahora replicar a argumentos tan livianos como ésos: mayor urgencia corresponde a la tarea de identificar un segundo discurso que se revela en los medios. Hablo de aquel que, llamativamente, empieza a retratar con saña la hondura de la catástrofe con un propósito, claro, bien perfilado: el de subrayar que la única manera de hacer frente a aquélla pasa por la instauración –a esto vamos– de una suerte de estado de excepción permanente. La catástrofe sirve entonces de pilar fundamental para imprimir una nueva vuelta de tuerca a tramadas estrategias de dominación y explotación.
No puedo sino constatar que lo que acabo de decir nos coloca ante una tarea difícil: si, por un lado, en modo alguno podemos renunciar a la obligación imperiosa de explicar lo que se nos viene encima, por el otro no podemos darle alas a los esfuerzos que el sistema que padecemos está realizando para sacar adelante un ambiciosísimo programa de militarizado darwinismo social.

2. En esos mismos circuitos de los que antes he hablado se manifiestan, a mi entender, dos posiciones distintas en lo que se refiere a lo que podemos y debemos hacer. La primera, crudamente realista, señala que no nos queda más remedio que aguardar que el colapso del sistema abra los ojos de mucha gente. Aunque en modo alguno faltan los motivos para asumir esa posición, hay que partir de la certeza de que el colapso es, por sí solo, una fuente ingente de problemas que a duras penas podríamos solventar.
La segunda de las propuestas, que es la mía, acarrea una demanda expresa de salir ya del capitalismo. Admito de buen grado que, habida cuenta de la precariedad de apoyos de la que disfruta esta opción, mucho tiene de voluntarista. Lo único sólido que se me ocurre decir en su provecho es que, de no trabajar para que este camino se haga realidad, las cosas serán innegablemente peores. Agregaré, eso sí, que de manera casi espontánea son muchas las personas que han empezado a buscar caminos que implican dejar atrás el capitalismo. Esos caminos pasan siempre por la generación de espacios de autonomía en los que se hagan valer reglas del juego diferentes de las que impone el sistema que padecemos, por la autogestión y por un franco recelo en lo que se refiere a las presuntas virtudes del crecimiento y del consumo. Da en el clavo al respecto el proverbio que Ramón cita en uno de los dos libros que hoy presentamos. Reza así: “Lo primero que hay que hacer para salir del pozo es dejar de cavar”.
Las cosas como fueren, éste es el momento de ratificar el buen sentido de una idea que Ramón maneja desde tiempo atrás: si la crisis ecológica ha sido durante mucho tiempo el hermano menor de tantos movimientos de emancipación, hoy, y en virtud de una notable paradoja, está en el origen de muchos de los más críticos discursos de contestación del capitalismo.

3. Si alguien me preguntase por un par de ideas que están presentes en estos libros de Ramón y que, a mi entender, iluminan de manera singular nuestro conocimiento de lo que va a ocurrir en los dos decenios venideros, no tendría mayores dudas.
La primera es la afortunadísima sugerencia de que no podemos olvidar en modo alguno que nuestros discursos son percibidos de manera a menudo diferente según las generaciones. Para entender lo que significan, sin ir más lejos, conceptos como los de ’sobriedad’ o ’sencillez voluntaria’ no es lo mismo haber nacido en 1930 que haberlo hecho en 1970 o tener hoy diez años, de la misma suerte que no es lo mismo ser mujer o ser varón. Hay que desterrar, en otras palabras, la intuición de que cuando alguien se dirige a un público, el mensaje transmitido es percibido en términos razonablemente similares por todos los integrantes de ese público. La certificación de que ello no es así nos obliga a trabajar sobre la acuciante necesidad de repensar formas de transmisión y comunicación que con frecuencia son muy problemáticas.
La segunda de esas días remite a algo que Ramón ha repetido incansable desde bastante tiempo atrás. En virtud, una vez más, de una excelsa paradoja, muchos de los desheredados del plantea –habitantes casi siempre de los países del Sur– se encuentran en mejor posición que nosotros para hacer frente al declive que se avecina. Viven en comunidades poco complejas, mantienen una activa vida social, han preservado una relación equilibrada con el medio natural y, más allá de todo lo anterior, son mucho menos dependientes que nosotros. Prefiero dejar hablar, en este caso, a Ramón: “La situación será particularmente delicada en los espacios altamente modernizados (’sobredesarrollados’), pues ellos serán los más afectados por el progresivo colapso de la civilización industrial, sobre todo los territorios altamente urbanizados e industrializados, donde se consumen más de las tres cuartas partes de la energía mundial, principalmente en los espacios centrales, pero también en las áreas más dinámicas de los grandes actores emergentes. Mientras que los espacios menos modernizados (’subdesarrollados’), más rurales, menos industrializados, menos tecnologizados, menos consumidores de recursos y en definitiva más autónomos, se encontrarán en mucha mejor posición de cara al largo declive. Estamos hablando nada más y nada menos que de unos dos mil millones de personas en los mundos campesinos y de unos cuatrocientos millones en los indígenas, que además ayudan a ‘enfriar el planeta’ y utilizan en general la biomasa como fuente energética. Por otro lado, estos mundos dejarán de tener la enorme presión que sobre ellos ejercen los mundos modernizados en su expansión hasta ahora irrefrenable (y probablemente hasta entonces), que no es sólo física e institucional sino también cultural”.

4. En los últimos tiempos no damos a basto. Cuando empezábamos a dominar –o eso creíamos– las claves de las crisis que nos atenazan, nos ha llegado la revuelta árabe, que plantea problemas de interpretación muy agudos. Y cuando apenas salíamos de la sorpresa de esa revuelta se ha hecho valer el efecto ingente de las secuelas del tsunami japonés.
En esta vorágine de hechos relevantes que se suceden no hay por qué descartar la posibilidad de que nos empiecen a llegar –la revuelta árabe algo tiene de premonición al respecto– noticias saludables. Hace unos días uno de los chavales que hace Diagonal formulaba una idea que bebe de lo anterior: cuando se produzca nuestra revuelta –¿cuál será, por cierto, la plaza Tahrir madrileña?– alguien recordará que buena parte de las claves de comprensión al respecto estarán, en las hemerotecas, en los números de una meritoria publicación quincenal. Yo, por mi parte, me limitaré a rescatar el contenido de un artículo que leí años atrás –he olvidado, a decir verdad, el nombre del autor y el lugar en el que fue publicado– y que se asienta en la misma percepción. El texto en cuestión empezaba enunciando una obviedad: los pronósticos que Marx y Engels formularon, en la segunda mitad del siglo XIX, en lo que se refiere a la presunta conducta del proletariado de la Europa occidental demostraron ser equivocados. Permitidme al respecto una ironía: el proletariado entró en un supermercado para comprar una barra de pan y decidió quedarse dentro del supermercado. No vaya a ser, sin embargo –proseguía el autor–, que un siglo y medio después, cuando el proletariado como clase va desapareciendo en la mayor parte del planeta, mientras se acumula con una fuerza gigantesca en las grandes ciudades de la costa china del Pacífico, en condiciones que recuerdan poderosamente a las de la Europa de la segunda mitad del XIX –la plusvalía absoluta, la explotación más extrema, la ausencia más dramática de derechos sindicales y laborales–, el proletariado chino acabe por hacer lo que Marx y Engels intuyeron que iban a hacer, un siglo y medio atrás, los proletariados alemán, francés e inglés.
No se me mal interprete: no estoy afirmando de manera taxativa que va a ocurrir lo que anuncia el autor del texto que acabo de glosar. Me limitaré a certificar que una opinión de esa naturaleza publicada hace un decenio hubiera suscitado las más de las veces una sonrisa conmiserativa. Hoy, por el contrario, no vemos en la obligación de escuchar lo que se nos cuenta y, en la zozobra en la que estamos instalados, en modo alguno nos atrevemos a descartar horizontes como el retratado…

Termino, y lo hago con lo que, con mucho, es hoy lo más importante. El año pasado publiqué en Galicia un libro de ensayos sobre la vida, sobre las vidas, de Fernando Pessoa, el poeta portugués. En el prólogo de esa obra me hago eco de una discusión que ha hecho correr mucha tinta: la relativa a por qué la vida y la obra de Fernando Pessoa producen tanta fascinación entre nosotros. Luego de examinar diferentes argumentos vertidos al respecto, me acojo a dos ideas manejadas por Robert Bréchon, el biógrafo francés del poeta. Bréchon cuenta que hace muchos años acudió a un congreso de estudios pessoanos que se celebraba en la universidad de Nashville, en Estados Unidos. En su transcurso escuchó, en un inglés que le costaba trabajo seguir, una intervención de un profesor negro norteamericano que dijo sucintamente lo que sigue: “Aquí estamos nosotros, luego de atravesar océanos y continentes, unidos por nuestro vínculo con un hombre que nunca salió de su tierra, y que perdió su vida para que la nuestra fuese más hermosa. Las palabras que intercambiamos carecen de importancia; son un ritual para instituir entre nosotros su presencia. Hacemos esto en su memoria”. Aun sin descartar que Ramón haya permitido que nuestra vida fuese más hermosa, parece fuera de duda que la ha hecho más consciente, más díscola y más solidaria. No es poco. Bréchon echa mano, en fin, de un brevísimo trecho de un texto en el que el novelista Henry James evoca al poeta Aspern. En inglés dice, escuetamente, así: “He is a part of the light by which we walk”. “Es parte de la luz por la que nosotros nos movemos”. Esa luz –puedo garantizárselo a Ramón– no se apagará nunca en esta edad de las tinieblas en la que nos adentramos.

Esto se está convirtiendo en una plaga que sólo afecta a la gente guapa de corazón. Acabo de leer esto en Facebook, y no hace ni 24 hs. que flipé con Carlos Taibo refiriéndose a su amigo Ramón.

En la mañana del martes 10 de mayo de 2011 nos ha dejado nuestro compañero Ramón Fernández Durán.

Para todas aquellas personas que nos queráis acompañar, el velatorio tendrá lugar esta tarde en el local de Ecologistas en Acción (C/ Marques de Leganés 12, bajo).

Nos quedamos con el más cariñoso recuerdo hacia un ser humano excepcional y un referente del movimiento ecologista.

 D.E.P. , y mil gracias por tu legado , compañero. 

EL 15 DE MAYO YA ESTÁ EN LA CALLES

Cuando las paredes hablan, la gente calla ( by Si los medios son del Capital, las paredes son del pueblo )

Found in transition ( By Mígue Jiménez y Fabio Lo Presto )

————–>   http://vimeo.com/14242311

Realismo informado ( by Nacho Martín )

.Parece que vivimos en un mundo que pensara que un cierto pesimismo es un problema, una deficiencia, un defecto en vez de una situación natural que sucede de vez en cuando.
El entramado social parece que nos obligara a ser felices y optimistas. No se considera la tristeza como algo normal en el sube y baja de la vida, sino como algo anómalo, que debe ser vencido, derrotado. Se ha impuesto un estado de optimismo dogmático, donde todos tenemos que tener pensamientos positivos y ser felices. Continuamente se nos bombardea con que sólo las personas positivas y felices logran sus objetivos. No ser positivo, nos dicen, es ser un perdedor, un paria.
¿Por qué esta imposición social del optimismo? La solución es simple, sólo de esta forma se puede lograr transformar una situación normal en una excusa para vendernos algo, para colarnos algún producto innecesario o inútil. Mentalicemos primero a todos de que hay que ser felices y positivos, creemos después una realidad virtual en forma de películas y anuncios de televisión donde todo parece perfecto para que así, cuando nos enfrentemos al mundo real, sintamos la necesidad compulsiva de escapar de él, de no aceptarlo. Y esta necesidad es fácilmente manipulada para que adquiramos toda serie de terapias, libros y objetos que no necesitamos. Mediante la creación de una necesidad inexistente, la necesidad de ser siempre feliz, se puede movilizar un inmenso capital humano para que realice la que parece ser su mayor aspiración universal: comprar.

 

El positivismo exagerado tiene también otra función. Estigmatizando, llamando alarmista o negativo a quien se atreva a ofrecer una visión menos rosa de la realidad, logramos que las formas alternativas de ver lo que está pasando desaparezcan y sólo quede la visión oficial. Se ha logrado que las noticias que no interesan no se lean. La excusa no es que no sean ciertas, es que son deprimentes. ¿A quién le importa en este mundo de felicidad en bote que se extingan los bancos de peces, se destruya la selva, se contaminen los acuíferos o se pierda la fertilidad de los campos? No importa a nadie porque, aunque sea verdad, es deprimente, y ser infeliz es, según el dogma imperante, malvado y perverso. Aceptar lo negativo no vende. No ayuda a que la gente vaya al psicológo, ni a las rebajas.
La gota que colma el vaso es la creencia irracional de que el optimismo puede cambiar el mundo. Es cierto que una persona positiva tiene una actitud que le hace intentar hacer cosas, y que sólo intentando algo se puede empezar a caminar, pero ello no explica la sobrevaloración del llamado “poder del pensamiento positivo”. No hay pensamiento que valga que logre que llueva en un desierto, que cambien las mareas o que llegue antes el verano.
El pensamiento positivo es, de hecho, bastante más peligroso que el realismo. Nos hace filtrar lo que no nos gusta, fingir que no existe o que ya lo solucionará alguien mágicamente. Nos hace creer que no habrá calentamiento global, que el petróleo durará siempre, que los árboles talados rebrotarán milagrosamente y la economía crecerá por siempre en un mundo rosa, luminoso y feliz.
El realismo es el primer paso para solucionar los problemas. El pesimismo el segundo: un pesimista no es más que un realista informado. Y, en cuestión de medio ambiente y ecología quizás falte realismo, pero información sobra.
Publicado en La Oferta, San José, California