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Eucaliptos

encina


Tenaz creció la encina en los confines


Del páramo esquilmado por los hombres;



Su afán era existir, ser fruto y sombra;



Pasó por lustros de salitre, escarcha;


Vivió dos guerras; subsistió al incendio,


La oruga, el rayo, al frío campesino.



Acogió al herrerillo en su regazo,


Mitigó los sudores del labriego


Y amparó en su corteza las promesas


De amores pubescentes sin recato.



Creció adusta la encina a manotazos


Y se hizo emblema, símbolo inequívoco


Del pulso que alimenta a la utopía,


De un sueño que despierta y se hace carne,


De savia que se agita en primavera.



De súbito un bulldozer un día aciago


Taló las esperanzas de la tierra.



MANUEL RUBIALES REQUEJO
MANUEL RUBIALES REQUEJO dice:
05/10/2009 21:57

Amigo mío, hoy te toco el dedo de Garcilaso, y tú modelaste la inyección acorde con estos jodidos tiempos.
Un abrazo.

PACO HUELVA CALA
PACO HUELVA CALA dice:
07/10/2009 09:07

Ente el buldozer y la seca, entre la oruga y el hombre, entre el pasado y el presente... mal futuro tiene la encina, mal futuro.