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Asesino de poemas

I

Como verso el alarido


Hoy, amor, lo he decidido:
¡Ya no quiero ser poeta!
Se endureció el corazón
En los años sin sentido
Y lo erosionó la niebla.

Y los trocitos de arena,
Latidos coagulados
Y mordidos de gangrena,
Danzan un baile alocado
Entre versos sin poema.

Ya lo tengo decidido:
Las lágrimas por estrofa
Gemidos sin sinalefa
Como verso el alarido
Y por título: la pena.

Ya lo tengo decidido
¡Adiós adiós musas mías!
Sed un desierto de arena
Muerto indolente y sin vida
Arañándome en mi entrega.

Ya lo tengo decidido
Nunca ya seré poeta
Sólo un veneno podrido
Disgregado por las olas
Y arrastrado en la marea.

II

Papel de estiércol


Adiós, adiós,
Musas mías.
Adiós,
Sentidos poemas;
Puede que en paz,
Os dejo
(A ti ¡No!
Soneto de cielo falso
Que me cerraste tus puertas).


¡No!, ¡ya no!
Ya no me alivias, poesía,
Tan rendido por mis guerras.

Puede ser que me decida
Por emular a Argensola
Sólo que será en privado
Para no servir de escarnio.

O quién sabe si tan sólo
Os deje en lenta agonía
Muriéndoos de amarillo
De nauseas odio de pena
Rencor venganza desprecio
¡Bilis!
¡Bilis bilis y más bilis!
Sustituyendo a la tinta,
Y en el lugar del papel
Un océano de estiércol.