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sólo niños…

ha amanecido ensangrentado el trasfondo de los horizontes,
las palabras perdidas en este abismo de laberintos,
de cristales rotos, de libros incendiados.
amanecen los cielos púrpuras
con los vientos silenciosos y los soles apagados.
no repican las campanas,
de nada sirven los muros de las lamentaciones,
ya hasta los minaretes han enmudecido.
se han teñido de rojo los océanos,
un nuevo muro se vislumbra entre las sombras,
nuevas alambradas asfixian nuestras palabras.
no existen tierras prometidas
ni paraísos,
ni jardines llenos de vírgenes…
sólo niños
arrojados como piedras contra ejércitos de fantasmas,
sólo niños jugando en las calles entre armas y cadáveres,
entre fuegos y ruinas.
hoy amanece el día con los perfiles del cielo desgarrados
por el vuelo roto de los pájaros…

yo no sé

Yo no sé
si es así como se muere
o así como nos matan en el silencio y en el olvido.
Yo no sé si las palabras tienen vida propia
o somos nosotros los que les regalamos nuestro aliento.
Yo ya no sé hilvanar mis pensamientos
ni mis odios
ni siquiera dibujar metáforas en el frío marmol.
Yo no entiendo de plegarias
ni rezos ni alabanzas, ya dejé de arrodillarme
y de esconderme.
Yo no sé si éste es el aire de nuestro mundo
o es el veneno que nos gasean los asesinos.
Ya no sé qué es la palabra, qué las libertades, las esperanzas
o qué son las banderas.
Ya no sé qué es lo que hacemos aquí, cuál nuestro significado,
ni cuál será el salmo que cantarán en nuestro sepelio.
Yo no soy un poeta de esos que yacen en las cunetas
ni de los que se pudren en los calabozos,
no soy un disidente incendiario.
No soy de los que se dejan morir de hambre
ni por los hombre,
no me arrojo contra las alambradas
ni me voy a la deriva por los mares embotellado en un mensaje.
No sé si así es como se muere,
si ésta es la forma en que nos arrebatan la existencia.
No sé si este será mi último lecho
mi último vaso de vida,
si ésta será mi última palabra…

quiero ser

Yo solo quiero ser un recuerdo,
una sola palabra,
un suspiro recortado en el aire.
Yo solo quiero ser
ese leve hilo de vida que luchó por sobrevivir,
que sobrevivió
aún a costa de los golpes. Yo solo quiero ser ese mártir,
ese rebelde, disidente apátrida,
ese preso olvidado en las entrañas del odio.
Ese maldito desheredado
consumido en vida y en la muerte,
consumido por el hambre y por el hombre.
Yo solo quiero ser esa llama para incendiar el mundo,
para purificar este reseco jardín.
Solo quiero ser un grito,
una bocanada de aire,
el vuelo de los pájaros para revolotear los castillos del cielo.
Yo solo quiero ser la esperanza, la lucha, la libertad,
y cantar este réquiem por la humanidad.

disidente

te mataron,
maldito,
por atentar contra las armas,
contra el hambre contra el genocidio contra la esclavitud.
te mataron por ser negro,
por tus ideas blancas,
por ametrallar las barricadas con tus palabras.
te mataron
porque querías tan solo vivir
ser libre
por querer pertenecer al mundo.
te mataron por querer romper los barrotes,
por querer plantar un jardín de flores en medio de las alambradas.
te mataron
por ser hombre por ser humano por saber hablar.
te mataron porque te dejaste matar
para que con tu muerte señalaran al asesino.
te mató, Zapata, el hambre de libertad,
el hambre de justicia,
el hambre de un mundo libre y racional.
te mató aquél viejo, al borde de la muerte, al borde del infierno.
te mató el hambre
por querer comerte el mundo, por querer comerte al hombre,
por devorar la vida.
te mataron, estúpido disidente,
porque no supiste ahogar tus gritos,
porque no supiste manchar de sangre tu alma.
te mataron, maldito disidente, todos los hombres de este mundo,
la humanidad entera, hipócrita y sucia…
te mataron porque había que matarte,
porque necesitamos un martir,
porque necesitamos tu epitafio.
te mataron
negro disidente
por querer ser un hombre libre.

palabras deshilvanadas

…y rugen
en un monótono sin cesar
las olas y el mar
en este acantilado invisible
desmoronando sus murallas de espuma.
rugen
en mis sueños cada latido de la tierra,
cada suspiro
de todos los pájaros del mundo,
cada batir
de esos pájaros en su agonía.
rugen
mis pensamientos
mis palabras deshilvanadas
mi cuerpo descompuesto en jirones…
y rugen los cielos que se dividen
y los rios
y los mares que se resecan.
rugen
y rugen en un ahogado grito
los vivos
y los muertos que se olvidan
y las estrellas que se dispersan
y los amaneceres que se apagan…
rugen
en los vientos el eco de los sueños
el tic tac del tiempo que es un recuerdo.
y rugen los mares
en cada tormenta que emborrona el horizonte,
en cada sueño embotellado que atraviesa sus aguas.

millones de estrellas

Cerré los ojos

y millones de estrellas

soñé cómo viajaban, cómo caían

desde el mismísimo azul, desde el paraíso,

y las sentí como clavadas en mi pecho,

como ese puñal que te lleva al fin.

Estrellas como triángulos entrelazados,

multicolores geometrías, estrellas

con nombre propio.

Cerré los ojos, dejé de respirar,

de gritar, dejó de palpitar mi corazón,

y vi entre mis sueños el final de este viaje,

el comienzo de esa nueva vida sin vida,

ese abrazo que te oprime, que te lleva

y te retiene en el fondo de tu lecho.

Cerré los ojos, como un juego de niños,

y me imaginé en un tren recorriendo

los raíles de todo el mundo, las estaciones

sin vida que pasan de largo,

aquel jefe de estación, centinela,

guardando los pórticos sin retorno

del infierno.

Cerré los ojos, el alma,

y miré por la ventanilla de mis noches,

busqué las huellas deshechas de mis sueños,

las piedras del camino,

aquellas palabras

perdidas en la sombra de mi memoria.

el tiempo

Se paró el reloj

en una hora inexistente,

en un momento del tiempo

que no existió,

en una hora que acabó con el tiempo.

Se paró el reloj en el momento

del olvido, en el tiempo de la resurrección.

 

El tiempo se paró, congelado en el frío de la muerte,

en el mordisco del hambre,

en la sombra del sueño…

Se paró el tiempo de nuestra vida

enterrada en el aire,

en la fosa cavada en la tierra…

 

Se paró el tiempo,

dibujado en cada arruga de cada mirada,

en la mirada del centinela que juega con nuestras almas.

Se paró el tiempo,

en las hojas del otoño,

en la nieve de ceniza,

en el paraíso que nos robaron.

El tiempo del tiempo, que rebrota entre las piedras,

que se desdibuja en nuestras manos…

 

Ya estamos cerca, perdidos,

sin posibilidad de mirar atrás,

en un paseo sin retorno, inclinados en el aire,

con nuestros cuerpos como un cuerpo

horadando nuestro lecho, en el aire,

en el espacio, en nuestro dolor,

mientras oscila el péndulo de la vida

entre el siempre y el jamás.

Y se para el tiempo,

amasado con tierra y lodo,

bendiciendo nuestro polvo…

BERLIN MAUER 1961 - 1989

 

yo vi ese hombre perdido,
yo vi, respiré, ese aire,
aquella atmósfera asesina,
impoluta,
aquella muerte alicatada de blanco,
aquellos barracones,
literas como ataúdes…
yo me sentí como ese hombre perdido
buscando el foso donde resucitar,
donde contar los casquillos
de tantas vidas arrebatadas.
anduve las mismas huellas,
la misma calle del infierno,
el mismo pórtico sin retorno…
yo vi ese hombre perdido
reflejado en el suelo congelado del tiempo,
en la gélida prisión de la locura.
ese hombre perdido, con la mirada ciega,
con el alma aterida de frío…
yo fuí el caminar perdido, la mirada absorta,
la curiosidad exaltada, ese hombre perdido
pisoteando el recuerdo del muro, fotografiando
la historia impresa en el suelo…
yo fuí ese hombre perdido
consumido por las llamas del exterminio…

yo soy ese hombre perdido
que busca ese Dios que no creo que exista,
esa razón que no existió,
esos bloques de hormigón que dividió el mundo…
yo busco a ese hombre perdido,
al superviviente que habita en cada lápida,
que escribe su nombre
en cada adoquín que adorna las calles.
ese hombre sin nombre, sin patria, sin alma
que dibujó el mapa del mundo, que cinceló
con su vida su epitafio…
yo imaginé ser ese hombre perdido,
uno más de los casi 14 millones,
un número más tatuado en el muro de la verguenza,
uno más, perdido en el recuerdo…

marionetas

Se ve tranquilo el mar

allá a lo lejos,

casi al borde del horizonte,

mientras se desmoronan en la orilla las piezas

de este castillo de ensoñaciones.

Está tranquilo el mar,

ondulado en su reflejo,

ensombrecido por las nubes del olvido.

 

Se ve tranquilo, el mar,

despojado de tantos sueños

embarcados a la deriva,

de tantas sombras sin rostro,

devorando vidas y muertes deseadas.

El mar está tranquilo,

desde mi ventana,

azotando mis huellas,

resecándose en esta isla,

en este borde del mundo,

invisible, mísero,

en el mismo fin del mar.

 

Como este mundo, lejano,

ajeno, tan intangible…

Devorado por el dolor, por el miedo,

Por el espejo de esas miradas que se pierden,

por el grito del moribundo, por el polvo

de las ruinas…

Está tranquilo el mar, ese desierto infinito

que se desgrana con los aullidos del viento,

que se ahoga en el dolor de sus heridas.

 

Y grita, en cada romper de sus olas,

en cada mensaje que arriba al puerto soñado,

en cada mensaje repleto de esperanzas.

 

Y llora, arrodillado,

depositando coronas de espinas,

ramos de flores descoloridas

de tantos muertos, de tanto superviviente

que resucita de entre los escombros,

de entre los despojos del tiempo.

Y llora este mundo, el hombre,

como marioneta sin hilos,

como soldado sin batalla,

como el niño sin juguete que dibuja

en la arena las murallas de su castillo.

 

 

 

brotan las palabras

Palabras que brotan
entre amaneceres,
en los atardeceres,
entre marismas que se inundan.

Entre el ir y venir de las mareas
brotan las palabras desde el barro,
desde las raíces, desde el mar que rompe.

Las palabras brotan, dibujando castillos
de arena, sobre cimas de espuma
del mar que rompe…
Se dibujan las palabras,
se escriben los sonidos
en el silencio del aire,
en el vuelo del aire…

Brotan las palabras,
desde el centro del ser,
removiendo los cimientos,
resquebrajando los silencios…

Las palabras brotan,
infinitas,
construyendo laberintos
infinitos, hilvanando paisajes infinitos.
Se construyen sueños, mundos,
se hondean las banderas con las palabras
que brotan desde el silencio,
desde el rumor que enmudece…

…Palabras, gritos, silencios
que dibujan esperanzas,
que reverdecen de entre el olvido,
que recuerdan los nombres
en el reverso de las palabras.

laberintos V

de qué sirven tantas palabras…
esas imágenes rebuscadas
en la sombra de mis ojos…
de qué el eco de los llantos,
el retumbar de las muertes…
de qué, si no sirven
mas que para cubrir de ascuas
las almas que se consumen…
para qué tantas palabras
emborronadas en el aire,
en el lienzo de un suspiro,
sino para dibujar con un grito
el nombre del dolor,
de la muerte,
el nombre de los enterrados
en la cuneta del tiempo…
de qué sirve mirar
através de esa ventana,
de este cristal opaco que nos aparta
de este mundo, de este lugar que solo sobrevive
en el laberinto de nuestro olvido…
para qué ese rezo podrido, el humillarse
ante tu espejo, suplicar a ese Dios
en el que siquiera creemos,
tantas plegarias sin sentido…
de qué sirve quitarnos la vida,
aniquilarnos
con el puñal de nuestros pensamientos,
para qué este maldito epitáfio,
tantas notas de despedida,
para qué querer desentrañar
el significado de nuestra locura.

laberintos IV

De qué sirven tantas palabras,
tantos laberintos sin salidas.
De qué sirven tantos puños levantados,
tantas banderas blancas
extendidas al viento.
De qué tantos cadáveres anónimos, tantas lápidas emborronadas,
tantas víctimas reunidas en el olvido…

laberintos (III)

se amontonan tantas palabras
como reflejos,
en las interminables paredes de mi mente,
entre los laberintos de neuronas,
como cables,
como destellos de inconexas realidades.
miles, millones, un infinito de sensaciones
como reflejos,
de una cordura olvidada,
como la simiente de esa locura
que al final vomitamos.
miles de palabras, sílabas, sonidos como gritos
que se ahogan en mi silencio.
palabras, imágenes borrosas difuminadas
como reflejos
en cada esquina, en cada rincón, en cada espacio
ínfimo
de mi boca deshecha en alaridos.
palabras que sólo son un dolor
en las entrañas, aferrado en el centro del ser,
en cada desgarro del cuerpo.
tantas palabras,
como un soplo de vida,
tanto silencio…

laberintos (y II)

…y los senderos se deshacen
y se abren grietas como autopistas
que resquebrajan los cimientos,
que desdibujan los laberintos sin límites,
y se borran las metas
y los horizontes

y cuando se nubla el día
y los amaneceres se apagan
y los sueños no son sino recuerdos

y cuando enmudecemos todos
y la visión del mundo se derrite
y se nos derrama entre las manos descarnadas
y los ensordecedores gritos de los vivos
y de los muertos
y de los recien nacidos resecan los rios
y los oceanos
y la tierra

y cuando hierven los cielos
y cuando las estrellas se dispersan
y cuando las aguas se confunden en los mares

y cuando el tiempo no es sino un deseo
y no podemos ni atraparlo ni matarlo
y enloquecemos en su tic tac…

laberintos

me deshago
mirando por ese haz de luz
que pasa por la cerradura de esta puerta…
me diluyo
en el eter de este calor,
en la resaca de la depresión.
ya no sé cómo se hace para recuperar los sueños,
para que el sueño se apiade de mí.
ya no sé cómo vestirme con mi piel
ni cómo abotonarme con tus dedos.
recuerdo una mirada ciega,
esa sonrisa muda que te robé,
aquella carícia manca con que me deleitaste,
y me siento desnudo, desgarrado en mil lamentos,
mientras te consumes en la opacidad de la noche.
te espiaba através de los espejos
por la única rendija que encontré en tus ojos,
y dejé que me violaras, embriagada, narcotizada,
marioneta de tus delirios…
te busqué por la mirilla de todas las puertas,
por los laberintos infinitos de la cordura…
en cada llanto escondido que me ahogaba.

esos susurros
corróen la raiz de los barrotes,
arráncan las espinas de las alambradas.
hacen que griten los mudos,
los ciegos,
y apagan el silencio de la noche.
susurros
desintegrados como el faro del horizonte
devorado en tempestades,
velado en la bruma del silencio.
tic tac deforme en el espacio,
en el tiempo,
en las manos derretidas de tanto soñar.

MAR

se pintó
la noche con la tonalidad de los versos,
con el color de las flores,
coloreámos las palabras con la fragancia del MAR,
con el frescor de sus olas,
con el blanco de su espuma.
pintámos
las sombras con el vivo color de la vida,
con la luz de la noche,
con la risa de los niños.
se dibujó el recuerdo
con el grito ahogado del poeta,
con la sangre del vino,
con el rojo de los apasionados.
dibujámos los versos
con la gracia de las manos ausentes,
con la mirada de la melancolía.
dibujamos el grito de la ausencia
de los desheredados.

gritámos el silencio de lo etéreo
de lo efímero
de lo imperdurable
con el tic tac del tiempo que se para,
con la huella que deja la lluvia en las cicatrices
del dolor,
arrancamos el color del día,
el sol de la noche,
el llorar de las estrellas,
y nos arrojamos al ingrávido MAR

susurros

dejarémos
que nos atrapen las palabras
que nos embriaguen las sensaciones
que nos desvélen los sueños el tintineo de las estrellas
dejarémos que los corazones nos ahoguen los sentidos
y que la piel se nos desgarre en abrázos invisibles
dejarémos que nuestros cuerpos floten
extasiados
en esa bruma narcótica
poética
melancólica
nos disfrazarémos con las miradas del mundo
con el canto de la noche nos maquillarémos…
dejarémos que fluyan los versos
que nos sangre la voz
que los espíritus nos envuelvan
dejarémos que emerjan de entre la tierra
que resuciten de la nada
excavarémos las cunetas del recuerdo
e intoxicarémos el aire con el humo de sus poemas
dejarémos
que la poesía se vuelva rancia
que las letras nos corróan los dedos
que las huidizas metáforas se nos enréden en los ojos
dejarémos de ser
quizás de estar
y nos hagamos susurro.

En un grano de arena

En un grano de arena
escribí todas los sonidos de tu nombre,
todos los recuerdos que me dejaste,
todas las lágrimas que nutren los mares,
y en toda esta orilla voy grabando
las huellas que tu paso dejó en mi ser.
Voy soñando puertos y horizontes en cada ola,
en cada caracola huérfana que me trae tu voz.
A ti vuelvo,
de mis soledades regreso en el rumor del viento,
en el mar que rompe,
en cada silencio y espera que naufragan.
A tus soledades vuelvo,
a tus gritos de amor,
a tus voces de esperanzas…
De mi soledad regreso, al reclamo de tu cuerpo,
dibujada en el reverso preciso de la noche.

 

Quiero

Quiero dibujarte
transparente y etérea,
desnuda de todo lo que te envuelve,
hacerte aire
y luz,
moldear tus relieves
y eternizarte en mis recuerdos.
Quiero arrancarme esta herida,
desnudarte de esta piel
que me ciega,
de esta mirada de tu rostro velado.
Quiero deshacerme de mis manos
y no tocar tu cuerpo que hierve,
ni tu pelo que enreda mis sentidos.
No quiero que la noche regrese,
que el sueño vuelva
y que mis sueños se desvelen
en el ahogo del sexo,
en ese ciego baile
de nuestros cuerpos entrelazados…
Quiero arrancarme estas heridas,
curarme estas cicatrices
con tu fluir,
con tu respirar,
con el grito de tu gemir.
Quiero parar el devenir del tiempo
y consumirme
en el abrazo de tu cuerpo…