Al vuelo de la página, de Juan Malpartida

 

LA DIFÍCIL DUDA

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Al vuelo de la página. Diario: 1990-2000
Juan Malpartida
Fórcola Ediciones
ISBN: 978.84-15174-15-8
462 páginas
Madrid, 2011

En muchas ocasiones he tratado de definir lo que intento hacer en estas páginas. Nacieron con vocación de diario, pero es cierto que es una labor muy complicada: causaría demasiado dolor a mi alrededor. Me refiero, claro, a un diario real, donde no mintiera demasiado, donde escribiera lo que me ha gustado o no, lo que me hace daño, lo que me parece bueno o correcto o no, y tratara de explicarlo como buenamente sé,. Por eso cuando comencé a leer este libro de Juan Malpartida vi el cielo abierto: parecía exactamente lo que yo quería hacer y no podía. Se trataba de conjugar la idea del diario personal con el ensayo, o así lo creí entonces, cuando leí: “Ensayar no es pensar menos sino dudar más. El verdadero ensayista es socrático: sabe que no sabe y por eso anda buscando entre las palabras.”

        El diario de Malpartida se desarrolla durante algo más de diez años completos: los diez últimos del siglo pasado y, de alguna manera, tratan de ser colofón a la historia de la literatura y el pensamiento españoles de una parte importante de ese siglo, no sólo en España, sino en el ámbito de la lengua española. Sería complicado afirmarlo tajantemente, pero es posible que las miras estén incluso puestas algo más allá: ¿toda la cultura occidental?, ¿incluso una cierta recepción de la cultura oriental? Hay dos factores que apuntan en esta dirección: por una parte, la labor del diarista como traductor y crítico de textos de otras lenguas y, por otra parte, la otra figura central de gran parte de estos diarios que es el poeta y ensayista, y quién sabe cuántas cosas más, Octavio Paz.

        Así tenemos casi quinientas páginas en las que el autor nos adelanta que nos va a ofrecer dudas y vueltas de tuerca sobre algunos de los temas que han ido llenando el pasado siglo XX, y su concreción en los campos de la Literatura y el Pensamiento, en las que no dejará de lado cualquier comentario que considere necesario sobre otras disciplinas más o menos culturales o existenciales. No es difícil sospechar que esta perspectiva, y más durante las primeras entradas del libro, me hicieron aparcar todo lo demás que estuviera leyendo durante unos días. Me atraía, muy especialmente, que no buscaba, o eso me parecía entonces, ser demasiado complaciente con nadie. Detesto los textos complacientes y los servilismos, aunque luego compruebe que esa connivencia sea real. Si lo es, la puedo soportar pero, aun así, casi siempre es aburrida la fascinación y buena parte de las complicidades e, insisto, sabemos que casi todas las veces es mentira.

        El primer choque con la realidad del libro fue una entrada en la que comentaba la irrupción en México, siempre muy presente en estas páginas, del EZLN. Más concretamente se trata de un manifiesto que firmaron algunos escritores, en el que respondían –o así parecía verlo el autor-, a un artículo previo de Octavio Paz. Claro que se puede estar en contra del EZLN, ahí está toda la derecha de hecho, pero los argumentos que daba el diarista me empezaron a parecer tremendos y el comentario final absurdo y manipulador, trayendo a colación, además, uno de los temas tabú de aquellos años y todavía ahora. Como El País había publicado un reportaje que titulaba Viva Zapata, se preguntaba: “qué será lo próximo que escriban: ¿que viva ETA?” Algunos de los firmantes del manifiesto defenestrados eran: Vázquez Montalbán, Haro Tecglen, Francisco Umbral y Manuel Vicent, y ya lanzó con infinito desprecio el término “comunista” contra ellos. Me llamaron la atención dos cosas: que de ellos sólo Vicent está aún vivo y que en algunos temas parecía que este Malpartida sabía mucho y dudaba muy poco. Tengo que aclarar que, hasta que empecé la lectura del libro, no sabía prácticamente nada del tal Malpartida, sólo que era articulista de ABC Cultural. Ni he leído su poesía ni sus otros textos. Aclaro esto, porque todo lo que iba leyendo me interesaba por igual. Algunos textos me fascinaban. De los primeros años, recuerdo además de su declaración de intenciones ya citada, algunos pasajes de su cotidianidad o la dificultad, aquí sí encontraba esa duda tan necesaria para no caer en el ridículo, de escribir el libro que él deseaba escribir. Ahí sí me podía sentir identificado. También en algunos encuentros o conversaciones con Paz y su mujer. En principio he de decir que me interesa la imagen de Paz que me ofrece este libro: la sensación de faro que alumbra su existencia literaria. Pero es que no todo es tan fascinante: aclaro que no me interesan nada los nacionalismos y menos aun tal y como los conocemos en España, pero de ahí a la opinión que sobre ellos muestra el autor hay un mundo. Es la sensación de estar siempre reclamando democracia al vecino y querer derribarlo por sus ideas. Vamos a ver: cuando un periodista de algunos medios en los que todos estamos pensando nos dice que el PNV hace constantemente apología del terrorismo o que usa los atentados de ETA en su beneficio, tenemos que pensar que estamos ante alguien a quien no hay que prestar demasiada atención o que trata de escandalizar o de sacar un beneficio convenciendo –ni siquiera convenciendo: halagando, escribiendo lo que su público quiere leer-, pero si quien lo da a entender es un escritor que presume de pensar y tratar de buscar la verdad o de satisfacer dudas, empezamos a ver que sus palabras, al menos estas, tienen poco valor. No deseo defender a nadie, y menos a algunos con los que no comulgo, pero estamos hablando de un sector de la sociedad que está plenamente integrado en las normas del sistema democrático como el que más, que incluso ha sufrido entre sus filas el azote del terror. ¿Somos o no somos demócratas? ¿O se trata de que hay que ser demócrata y, además, pensar como yo, o no tener determinadas ideas que yo detesto?

        Por el libro desfilan decenas de nombres decisivos no sólo en los diez años a los que se refiere. Para el lector ávido de opiniones “heterodoxas”, no demasiado frecuentes en la cultura, es una factoría de sueños, aunque, eso sí, se duda poco. El pobre Montaigne se estará preguntando en su tumba por qué no le dejan en paz.

        ¿Qué es lo peor que se puede ser, según Juan Malpartida? Hay cuatro pecados que no perdona: dos ideológicos y dos, por así decirlo, literarios. Los dos pecados ideológicos ya están citados: ser comunista y ser nacionalista. No voy a extenderme más en ellos. Soy un hombre de izquierdas, de izquierdas de verdad, y me aburre soberanamente que me vengan con Stalin, ni con el telón de acero, ni siquiera con Cuba. Me parece tan lamentable como cuando a un cristiano le echan en cara la Inquisición, o el apoyo del clero a Franco o a Mussolini, ni siquiera los abusos de algunos sacerdotes a menores. Si lo desean, hablamos sobre el tema, pero en serio, por favor.

        Los pecados literarios son también graves: haber firmado un documento en el que se rechazaba el cese de Félix Grande como director de la revista Cuadernos Hispanoamericanos y cuestionar a Octavio Paz como la figura más importante de la Poesía en español del pasado siglo XX. ¿Quiénes son los poetas y críticos más a tener en cuenta en este momento? Valente podría haberlo sido, pero al final deja claras sus desavenencias: demasiado egoísta, demasiado gruñón y además cuestiona a Octavio Paz, eso sí, tras no sentirse demasiado valorado por él. ¿Quién queda? Gamoneda, Sánchez Robayna, Jordi Doce y él mismo. Es curioso: sus amigos.

        ¿Puede un libro así resultar muy interesante? La respuesta es sí. Juan Malpartida sabe Literatura, vive Literatura. Más de la mitad de las páginas de este libro son para subrayar. No sólo las literarias: las páginas que dedica a su familia, a sus padres, a sus hijos a los que vemos crecer a su lado. La amistad y la admiración que siente por Octavio Paz, los viajes, la dificultad para escribir lo que deseamos. ¡Ah, esa dificultad! Sabemos que ha recibido recientemente el premio Fray Luis de León. Quizás sea una buena oportunidad para conocer su Poesía.



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3 comentarios en Al vuelo de la página, de Juan Malpartida

  • juan malpartida

    Estimado amigo:
    Gracias por el entusiasmo y la generosidad en su lectura de mi libro; también por algunas de las reticencias: Las diferencias de ideas y de sensibilidad deben de formar parte de las expectativas intelectuales de uno, ¿no le parece? Un abrazo de su amigo: Juan

  • Yo, como siempre, disiento contigo en muchas cosas y estoy de acuerdo en muchas otras. Pero son aquellas en las que disentimos las que me interesan más. No voy a discutir el libro de Malpartida, que no he leído, sino cosas que dices en tu reseña.
    Sí, el PNV ha obtenido rédito político de los atentados de ETA durante muchísimos años. Incluso cuando el mismo PNV (o más bien algunos de sus militantes) se convirtieron en objetivos de ETA. El trasfondo político está muy estudiado en dos libros de Jon Juaristi, “El bucle melancólico” y “Sacra Nemesis”. Ahora me dirás que Juaristi no es una fuente fiable. Pero es que lo que argumenta yo lo he visto cada vez que el PNV tomaba la palabra. Y Juaristi ES una fuente fiable: estaba allí, lo vio, lo reflexionó, se hizo las preguntas adecuadas. Nadie discute (o quizá sí) el expediente democrático del PNV. Es un partido taimado, experto en nadar y guardar la ropa. Representan lo peor dentro del sistema democrático. El oportunismo, la falsedad, la mendacidad… Dentro, insisto. No son ETA. No han matado a nadie. Han callado cuando les convenía, han hablado cuando les convenía. Se puede respetar la ley y ser mezquino y cutre y hasta cómplice por omisión, por templar gaitas, por buscar el propio beneficio, porque interesa… Y cuando lo que has… (no diré defendido, eso no)… tolerado, disculpado, comprendido, soportado… no sé… se vuelve realmente contra ti y te araña y te mata y te hace daño, entonces enarbolas la bandera del victimismo. Cuando antes de eso las víctimas eran para ti poco menos que nada: fascistas, basura, enemigos del pueblo vasco, torturadores. Eso es el PNV, una de las formas más perversas de hacer política EN DEMOCRACIA que se hayan dado en este país.
    Desde el PNV no se ha matado a nadie y siempre han condenado la violencia. Pero nadie ha obtenido más beneficios políticos de la violencia que el PNV y nadie ha sido más experto en sacar todo el partido posible a esa situación anómala y detestable.
    En cuanto a ser de izquierdas y que te saquen a Stalin, apechuga con ello, como yo, que fui miembro del Partido Comunista y sigo en su órbita. Sí, a la Iglesia hay que sacarle los colores con su historia (y no hace falta remontarse a la inquisición) y con sus pederastas y a la izquierda hay que sacárselos ya no con Stalin sino con Cuba y con más cosas. Igual que para hablar de los crímenes del franquismos hay que recordar los asesinatos de los anarquistas y los comunistas durante la guerra civil. Yo soy de izquierdas porque el mundo me ha hecho así. Pero… bien, ya sabes qué. Para mí una vileza es una vileza, la cometa quien la cometa. Y tengo muy claro lo que defiendo y dónde estoy.
    Abrazos entrañables.

  • Juan:

    realmente es que su libro me ha entusiasmado, especialmente en lo que se refiere a Literatura, Poesía y a toda una serie de vivencias. Las reticencias están ahí pero, por mi parte al menos, nunca se confundirán con ese amor e interés que sentimos por la Poesía, por la Literatura… en definitiva: con la Belleza.

    Un abrazo y ya sabe usted que cuenta con un amigo y un lector más.

    José Luis:

    ya intuía yo que ibas a tener algo que decir en esta entrada. Partamos de una base: yo sí discuto el, a ver cómo lo llamas, “expediente democrático del PNV”. Y lo discuto en el PNV y en la mayoría de los partidos políticos. Ya lo sabes. Para mí esta democracia es de risa. Creo que todos los partidos principales han sacado rédito con la violencia terrorista. Algunos dentro de Euskadi; otros en el resto de España. Lo que ocurre es que lo que todos hacen, de una manera u otra, con mayor o menor riesgo por su parte, y no me resulta censurable en uno solamente. No me parece demasiado digno. Juaristi ha estudiado el tema desde la perspectiva del nacionalismo español. En fin, no quiero entrar en ese tema. NO QUIERO.

    Por otra parte, si tú crees que optar por un partido, unas siglas o una ideología concreta, sea a nivel político o a nivel religioso, significa asumir una cota de responsabilidad por todo lo que ellos han hecho a lo largo de la historia, o por todo lo que se hace con esas siglas o parecidas en el resto del mundo, eres libre de asumirlo. Yo no asumo ni el 90% de las cosas que dicen o hacen los representantes de esas siglas en Sevilla… así que ya me contarás.

    En fin… un abrazo y a ver si nos vemos.

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