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EL METAL DE LOS MUERTOS

el-metal-de-los-muertosConfieso que tenia un vago conocimiento de Concha Espina, aunque creo haber leído al final de mi adolescencia su novela “La esfinge maragata”, pero tengo mis dudas porque no veo el libro en mi biblioteca y he prestado muy pocos a lo largo de los años.

Pero, por casualidad, he descubierto EL METAL DE LOS MUERTOS, citado en un blog choquero. Lo cuento: en dicho blog, cuyo nombre no recuerdo, se postulaba que lo que queda del muelle del ferrocarril de la compañía de las minas de Tharsis se restaure y se considere un símbolo de Huelva. Alguien introdujo un comentario en contra de esa idea y otro alguien (o el mismo, porque ambos comentarios eran anónimos) reproducía este texto:

«Sobre el ancho paisaje fluvial, silencioso y cristalino, que convierte a Estuaria (Huelva, aclaro yo) en singularísima población lacustre, se levantan en el arcén de la ría unos muelles férreos y monstruosos donde empiezan a sumarse los millones de la gran empresa nordetana explotadora del país: cargueros con grúas de mandíbula y de imanes, transbordadores y viaductos, insisten en las marismas con formidables plataformas apoyadas en vigas de celosía y columnas de fundición. (Concha Espina. “El metal de los muertos”).

Me interesó y trasteé por los buscadores encontrando que es una de las mejores cien novelas del siglo XX y una de las primeras novelas sociales escritas en español, si no la primera.

He sabido que la autora, a sus 51 años (en 1920, no se olvide), acompañada de su hijo mayor, se plantó en la cuenca minera de Huelva para conocer in situ los problemas laborales, que vivió con los mineros y sindicalistas, recogiendo toda la informacion que le permitió publicar ese mismo año su novela, con gran éxito de crítica y público. Y naturalmente he leído la última edición, de 2009, cuya portada reproduzco arriba, realizada por los servicios de publicaciones de la Diputación y la Universidad de Huelva.

Me han llamado la atención los siguientes aspectos:

su prosa elegante de altísimo contenido lírico que, creo yo, elimina todo riesgo de barroquismo; la riqueza y dominio del vocabulario, que se manifiesta en sus descripciones del mundo de la mar, de la minería, de los paisajes tanto, que algunas veces hay que tirar de diccionario o adivinar el significado de las palabras por el contexto; la agilidad expositiva; la sabia mezcla de las vivencias personales y sociales de los personajes, entre los que cabe destacar el protagonismo y la fuerza de las mujeres, etc…

En suma, es un libro que se lee con avidez y en el que se reconoce la honradez de la autora al abordarlo, no como los autores de novelas “históricas” tan de moda ahora, que se permiten rehacer la historia de países y  lugares que no han visto en su vida.

Son muy interesantes las aportaciones que, sobre la autora, la época y su realidad social hacen los autores de la introducción y la edición, Antonio Garnica y Antonio Rioja.

Pero, con todo lo dicho, si me permito sugerir a quienes, ciudadanos de Huelva, me lean que no dejen de conocer EL METAL DE LOS MUERTOS, es para que esa caspa casticista que sepulta especialmente a los muy autóctonos de esta tierra sea sacudida y pueda verse que el colonialismo ha marcado al “onubensismo” de pandereta. Desde tiempos remotísimos hasta nuestros días.

Por ceñirnos a los dos últimos siglos ha de quedar muy claro que esto fue una colonia inglesa, que dichos colonizadores explotaron las riquezas y a las gentes de aquí o inmigrantes de otras zonas míseras de la península, que mandaban sobre las autoridades civiles y militares y que lo que dejaron fue el fútbol (el famoso decano lo fundaron ellos, dicen, y no las gentes de Huelva), el muelle que describe (ver arriba) doña Concha y el de Tharsis, también citado, que provocan un paisaje destrozado en la ría además del de la cuenca (en mis 40 años de vida laboral he pasado por allí continuamente y lo he visto cambiar muy a menudo), la barriada reina Victoria, el hotel Colón, y poco más.

Después vinieron las industrias del polo, cuyos dueños eran y son gentes del entorno franquista o empresas extranjeras. Otros colonizadores con las consecuencias ambientales que se conocen sobradamente.

Pues pese a ello, aún se oyen voces clamando porque sigan viniendo colonizadores a “salvarnos”, que no se vayan los contaminantes, etc…, voces que demonizan a quienes defienden la salud de la ciudadania choquera. Esto me recuerda el culto al “cargo” que el antropólogo Marvin Harris expusiera en su célebre obra “Vacas, cerdos, guerras y brujas”.

Y, puestos a recordar, me pregunto -y traslado la pregunta- ¿existiría el Mondragón de hoy si sus gentes hubiesen tenido la misma vocación de colonizados que los aborígenes güervíes?

Bien, ¿cuándo, en Huelva, nos vamos a sacudir la vocación de ser colonia de capitalistas de por ahí? ¿Cuándo vamos a tomar nuestras propias iniciativas con nuestros propios, muchos o pocos, capitales para no estar pendientes de que nos llegue el “cargo” salvador?.

Libros como el que aquí he comentado quizá ayuden a sacudirse la caspa. Esperémoslo.
———————————————–
(Mientras tanto, y por aquéllo de no olvidar lo negativo para evitar la recaída, se podrían ir desmontando los muelles de mineral que hay en la ría y reconstruirlos en esa inmensa mole de dañina caspa que son las balsas de fosfoyesos, tarea que deberian realizar todos los defensores de su inocuidad, ya que a ellos no les daría miedo hacerlo, se supone. Quedaría constituido, así, un yerto símbolo de Huelva que podría hacer reflexionar a todas las generaciones, en lugar de sacudirles panderetas populistas como hasta ahora se ha venido haciendo).




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5 comentarios en EL METAL DE LOS MUERTOS

  • Estimado Manuel:
    Hace unos ocho años aproximadamente tuve el placer de toparme con el libro de Concha Espina que citas. Había oído hablar de él y lo pedí prestado en la biblioteca de Huelva. Desde entonces tengo la certeza de que todo lo que se ha narrado, versado, filmado… sobre la Cuenca Minera de Huelva, con calidad o sin ella, en los ultimos tiempos, está en deuda con esa novela. A pesar de lo que algunos piensen, Espina fue la primera en denunciar, en airear… los acontecimientos que otros, luego, han tomado como propios. Y, aunque las letras no tienen dueño, las ideas debieran tenerlo, debieran…
    UN ABRAZO

  • De acuerdo. Yo tengo noticia de un libro de F. Cuenca Benet titulado “Biblioteca de Autores Andaluces Contemporáneos” (La Habana, Cuba 1925), en el que se cita otro de Manuel R. Capilla y Rogelio Buendía, titulado “El corazón de la tierra”, consistente en una colección de relatos, uno de los cuales da título a la obra, pero no me consta si es anterior o posterior al de Dª Concha que es de 1920.

    Salud.

  • CARLOS

    Yo creo que Concha Espina donde en realidad fraguó el sentir de su novela EL METAL DE LOS MUERTOS fué en ASTURIAS, en Ujo, donde sintió el cambio de su estatus personal y vivenció la vida de u n pueblo minero, pero añado, a mi siempre me han dado lástima los hijos de los ingenieros , encerrados en los jardines de sus pabellones.

  • jose romero degado

    Conocozco “El metal de los muertos”, de oidas, desde niño y ya ampliado cundo ennovié. mi padre y mi suegra, hablaban de peronajes reales que trasuntados aparecen en la novela. Tengo esa edición muy valiosa, y ahora la utilizaré en un trabajo de investigación que llevo a cabo, sin más, por ahora. pepe romero

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