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ALGUNOS HOMBRES BUENOS. Poema a una pintura de Manuel Enrique Ramírez Vega

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Se cruza entre nosotros la médula de un tiempo sin afanes.

Se hace de noche. Se hace de noche en este astro malsano

Donde sólo habitamos el centro del conformismo

Porque la vida ya no tiene sabor, ni tampoco la lucha.


Nos han devorado el alma con tenebrosos sue√Īos

Y es in√ļtil tentar a la suerte de ser libres dentro de esta jaula

Donde hemos canjeado todo el viento por un pu√Īado de ra√≠ces.

Nos queda, eso sí, mantenernos unidos, unidos pero de espaldas,


Como el bebedor a la botella, como la prostituta al chulo,

Como la v√≠ctima al verdugo, como el gusano a la carro√Īa

En esta maldita esclavitud de √ļltimo dise√Īo,

con tus ojos en el vacío, con los míos en la sombra.


MUJER DETR√ĀS DEL MARCO

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Pintura de Afredo Sincleir

Ahora sólo quiero este espacio

Contra todo tipo de soledad,

Acurrucarme  en esta sombra abierta

Sin ojos para ver tanto mundo ebrio.


Ahora sólo quiero ser cabeza

Sin manos que desprendan mariposas,

Detr√°s de un marco de madera negra,

Haciendo la guerra mirando rosas.

MUJER DE ESPALDAS AL MUNDO

El t√≠tulo del poema es el que da nombre a esta obra pict√≥rica perteneciente a Basurerodetinta de la web “Mi sonrrisa sangra”.

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Siempre esperando

Desde aquella adolescencia temprana

Cuando a√ļn el sentimiento era puro,

Fresco, como la esperanza m√°s verde.

Siempre girando

Entre tantas preguntas sin respuestas,

Con respuestas cubriendo sólo el hambre,

Sin verdad descubierta, sin fe ciega.


Con la falta de suelo,

Con la falta de aire,

Con la sobra de rejas.


Siempre con el amor convaleciente.

Siempre por los besos arrodillada.


Ahora sé que no fui por una senda

Equivocada,

Que esto no es como el mar,

Que no existe otra orilla

Donde yacen los bienes que se pierden.

Ahora ya no busco, sé que no existes.


NEGRO ACEITUNA

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Estuve junto a un mar que cambió de azul

A negro aceituna,

Que se agitaba y respiraba

Y se volvía a calmar.

No entiendo nada de  ondas marítimas

Pero el contexto me insinuaba

Su pretensión de que evocara

Las rastras de la desidia,

Porque también odio mi poesía.

Más  mi alma tuvo el deseo de no pensar.

Preferí  estarme quieta. Cerré los ojos.

Me dijo de una mujer en mi sitio

De extra√Īos cabellos blancos

Que escribía poemas

Cuando apenas articulaba dos palabras.

Ahora que lo recuerdo, estuvo bien

Que al menos por unos minutos

Ese mar me callara.

TILA Y CAF√Č

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Sonó el teléfono a eso de las tres.

Aquí no vive esa mujer, dudé,

Colgué, volvió a llamar algo después.

No insista más. Qué noche, vaya mes.

(Tomé una tila)

Me encuentro un cigarro buscando el sue√Īo,

Fumar de nuevo, moriré de cáncer.

No llego a vieja, ya tengo mareos.

¬ŅMi amor querr√° cuidarme? y ¬Ņsi √©l muere antes?

(Tomé un café)

La vida me mandó muchas desdichas,

Trabajo, casa, ni√Īos. Qu√© cansada.

Borracho estaba el tal que me llamaba.

Faltaron muchas cosas en mi vida.

(Otro cigarro, otro café)

Sonó el despertador y no dormía.

Por fin se acaba esta pesadilla.

Llamó otra vez y otra vez con el día.

Tembl√≥ mi cuerpo. Descolgu√©…Risas.

(Tomé una tila)

LA ROSA DE LOS EXCESOS

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Donde naufragan las bolsas de pl√°stico,

Oyendo a lo lejos otros siseos

De otras serpientes en celos

En contiguas fiestas del desespero

Lava la puta su sexo.

Florita, la rosa de los excesos,

La que tenía un espacio

Donde guardaba los sue√Īos,

Se le ha ido haciendo m√°s y m√°s peque√Īo

Poniéndole precio a su sexo.

√öltimamente la puta anda mala,

Dicen que tienen ojeras sus tangas

De aquel marido infiel que iba a buscarla,

De aquel joven que la dej√≥ pre√Īada

De los muchos que la ‚Äúamaban‚ÄĚ.

Florita ha envejecido mientras tanto,

Hoy se estrellar√° contra el horizonte

Ma√Īana nadie se acordar√° de ella

Cambiar√° hasta la √ļltima calderilla

Que le dejo su entrepierna

Para dejarse ir hacia la noche.

MUJER DE PIE, EN ROJO

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Quiero pensar que solo a veces cae

El horizonte gris sobre nosotros

Tras la¬† extra√Īa sensaci√≥n de abandono

Y  con acuse a ausencia insobornable.


Quiero creer que es tirano el almanaque

Y no eres t√ļ quien matas los relojes

All√≠ donde los vientos me se√Īalan

Necesaria tormenta de tus voces.


Quiero que pasen veloces mis noches

Bajo las lunas despiertas de insomnios.

Quiero agarrar por la nuca tu cuerpo,

Posar mi voz en tus anhelos de hombre.


Sé que podré salir de esta tortura,

Saltarme a tu encuentro, pero ¬Ņy el miedo

A que desistas, a seguir de pie

Sin tus caricias, sin mis manos,  muda?

MUJER EN SU CUEVA

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Ya no me ahogo en un vaso de agua
Ni destilo mis sentimientos
Por los juegos poéticos,
Ya aprobé las oposiciones
De las espinas y los pétalos.

Ya no siento el calvario de los versos
Cuando mis venas se quedan sin ellos,
Puede ser que lo √ļnico que ahora me asuste
Sea olvidarme de ti,
Aunque hace mucho tiempo que caí
Y ya no sé salir, no quiero salir.
Se me ha olvidado cómo hacerlo.

Una brevedad de dieciocho meses

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Est√° bien que a veces te aparezcas entre los versos guardados

Envuelto por una bruma densa,

No como la provocada por la contaminación de las ciudades,

Sino como una alegre nube de relente.

Est√° bien que al encontrarte me invada la ternura

Y me a√≠sle a los peque√Īos momentos que pasamos juntos.

En aquel tiempo las visicitudes¬†a√ļn me parec√≠an ¬†indiferentes,

Los desastres inofensivos y  la brevedad aparente…

Una brevedad de dieciocho meses.

Ahora no me queda m√°s que un pu√Īado de presencias

M√°s tristes que alegres en lucha constante

Por seguir existiendo dentro de mi memoria,

Amenazantes con perder la fuerza que los empuje adelante,

Se  disgregan las imágenes, demasiadas las que se caen.

Est√° bien que al menos te quedes guardado entre mis versos,

Como una impalpable gotita de rocío.

Yo sabré que aquí está el edificio enorme de tu recuerdo,

Donde desde que te fuiste, me hice mortal, contingente y mediocre…

 

Tan real que me pareces fingido

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Tu ausencia me niega me borra me olvida

Me presta su cuerpo para dormir contigo.

Tu ausencia de besos me hace compa√Ī√≠a

Me roba de los cajones los recuerdos

Con las sonrisas carcomidas de otro tiempo.

Tu ausencia es una feria de reproches proscritos

Un lento caer de melancolías sobre el viento.

Todo es sobrevivir en una soledad disfrazada

Y absolutamente recta frente a los objetos

Con¬†su filo pu√Īal cortante de todo lo que alcanza.

Yo me siento absoluta de ese mutismo, de ese adentro

A la espera de mutar en serpiente, de abandonar esta piel

Y quedar como una pieza descubierta y a la venta.