Sobre las elecciones al Parlamento de Andalucía 2015

Prácticamente todos los medios que gozan, sí, que gozan, de cierta independencia están de acuerdo en que la mejor campaña para estas elecciones ha sido la del candidato de Izquierda Unida, Antonio Maíllo. En principio, yo podría estar de acuerdo. Al menos, lo estoy en el sentido de la mejor campaña visible: cadenas generalistas de radio y televisión y principales periódicos editados en papel. El ejemplo fue el último debate de Televisión Española. El espectáculo bochornoso de los candidatos del Partido Socialista Obrero Español, Susana Díaz, y del Partido Popular, Juan Manuel Moreno, solo pudo soportarse con las –escasas- intervenciones de Maíllo. Especialmente divertida fue aquella en la que dijo sentirse asombrado por esta especie de imitación de Pimpinela entre Díaz y Moreno. Si es así, ¿por qué IU ha sufrido el mayor descalabro electoral en Andalucía? ¿Es que no importa lo que se hace o se dice en campaña?

El caso de Moreno y el PP era la crónica de una muerte anunciada. De 50 escaños y ser la lista más votada en las elecciones de 2012, con el 40’67% de los votos, pasa a tener 33 escaños y bajar al 26’75% de los mismos solo tres años después. Pierden 503.309 votos y pasan a ser la segunda lista más votada. No pueden escudarse en el desgaste del gobierno, porque no han gobernado hasta el momento nunca en Andalucía. Aunque obviamente sí lo han hecho a nivel nacional y en casi todas las demás Comunidades Autónomas y Ayuntamientos de capitales de provincia. Se puede decir que el votante andaluz ha comprobado lo que ocurre cuando el PP gobierna y no lo ha aprobado. La gestión económica de la crisis que, según ellos, está siendo todo un éxito, ha dejado herida a las capas más bajas de la sociedad (no solo a las más bajas). La Reforma Laboral, la que siempre han querido imponer pero nunca se atrevieron, o pudieron, y que ahora escudados en la crisis y en su mayoría absoluta han llevado a cabo, no solo ha dejado sin empleo a millones de españoles, sino que ha empeorado la vida de la mayoría de los que trabajan, que saben que a partir de ahora solo podrán aspirar a ir sobreviviendo, si logran un empleo. El problema no es que la mayoría de los empleos sean temporales, sino que el empleo fijo es en sí mismo igual de temporal. Y lo que ellos llaman “mejor competitividad de las empresas españolas en el mundo”, se basa únicamente en eso, en bajar los costes de sueldos y despidos. No solo es eso, claro. El candidato Moreno, imagen de prepotencia, de estar al margen de todo, no mejoraba en nada lo que había.

Me han sorprendido las causas de los analistas profesionales al descalabro del PP: un “voto útil” del votante del PP al PSOE, frente a la previsible ascensión de Podemos; la intervención de Mariano Rajoy en campaña que ha restado votos por el desgaste del líder del partido. Es más fácil que todo eso. Muchos de los votos del PP en 2012 eran de desencantados del PSOE que se creyeron que José Luis Rodríguez Zapatero y su gobierno eran los culpables de la crisis que asola, en mayor o menor medida, a toda Europa. Probablemente hayan vuelto a votar al PSOE, pero estoy convencido de que el mayor receptor de esos votos de desencantados del PP ha sido Ciudadanos, que de la nada en Andalucía pasan a 9 escaños, un 9’28% y 368.988 votos. No sé lo que ocurrirá a nivel nacional, pero intuyo que los políticos del PP deben estar muy preocupados, y lo estarán también en Comunidades y Ayuntamientos.

El vencedor de las elecciones ha sido el PSOE y, con casi completa seguridad, Díaz será, de nuevo, la presidenta de la Comunidad. Veamos las cifras: han sacado 47 escaños, los mismos que en 2012, con un 35’43% de los votos, frente al 39’56% de 2012, esto es, han perdido 114.423 votos con respecto a las pasadas elecciones. Aun así se habla de victoria casi como si hubieran obtenido mayoría absoluta. ¿Cuáles eran las credenciales de Díaz? ¿Qué argumentan los otros candidatos? En realidad la legislatura anterior, la que se decidió en las elecciones de 2012 con el gobierno conjunto de PSOE e IU, ha sido, al igual que para todo el estado, un desastre y lo ha sido en todos los sentidos. Se puede decir que lo ha sido tanto casi como, para el país, el gobierno central. Paro, recortes en Sanidad y Educación, deterioro del nivel de vida de los andaluces, casos de corrupción al más alto nivel… Cuando el PP interpelaba al gobierno desde el Parlamento o los medios a su disposición, los motivos eran exactamente los mismos que usaba el PSOE, en el resto del estado contra el PP, y los mismos que ambos utilizaban en las comunidades gobernadas por otras fuerzas, nacionalistas. Una de las cuestiones que han puesto, desde el PP, sobre la mesa para explicar estos resultados es la “peculiar idiosincrasia de los andaluces”, en el sentido de ignorar la corrupción, pero eso podría aplicarse a Valencia o al resto del estado en el supuesto de que continúe ganando el PP. También se ha argumentado el clientelismo  político generado por tantos años, desde las primeras elecciones autonómicas en 1982, treinta y tres años, con gobiernos del PSOE. Todo esto habría que estudiarlo, pero el sistema que se sigue en España es este y, en este sentido no tengo nada que decir. Lo que sí observo es el casi magistral golpe sobre la mesa de Díaz, al adelantar las elecciones y celebrarlas antes de los otros comicios previstos para este año, en los que parece que todo indica que el PSOE va a sufrir un descalabro, y que Podemos sí va a estar en condiciones de dar batalla al PP: Además, así cogería, como de hecho ha ocurrido, a la emergente Podemos sin haber creado un aparato que no puede improvisarse de la noche a la mañana. Además, en Andalucía sí es cierto que Podemos aún no tenía suficiente estructura ni como partido ni como organización capaz de afrontar con éxito estas elecciones. Y no olvidemos: la próxima víctima de Podemos iba a ser el propio PSOE. Es más aún: la imagen de una Díaz, con un recientemente anunciado embarazo, luchando en cada mitin o comparecencia en los medios, le proporciona una imagen moderna que ha sido bien valorada por el electorado aún no suficientemente convencido de escorarse más a la izquierda.

Comencé escribiendo que la mejor campaña había sido la de Maíllo. Y lo fue en el sentido programático y de calidad, ¿pero en base a qué podemos valorar una campaña? Creo que estaremos de acuerdo en que los resultados son esenciales, y en ese sentido la de Díaz ha cumplido con creces sus expectativas. Aún la semana antes algunos conocidos me comentaban que Díaz había fracasado. Yo no lo tenía claro. Un resultado como el final era ya previsible y, siendo así, ¿cómo es posible hablar de fracaso? Las campañas se basan en los medios. Estos son los que proyectan lo que quieren de las campañas. La irrupción de internet aún no es tan decisiva: cada vez lo irá siendo más, pero aún no lo es. Los medios pertenecen al capital o al Estado, llámese de la nación, de la comunidad o del ayuntamiento. Y la imagen que estos dan de la campaña es la que previamente han decidido que quieren dar. Es muy difícil entrar en ellos. Un ejemplo: una parte importante del año solo veo TVE, la 1, Antena 3 y Canal Sur. Bien, pues en ninguno de estos medios se ha dado cobertura a las campañas de los partidos emergentes. Ni siquiera cuando se sabía que sus resultados podrían ser buenos. En las pasadas elecciones europeas casi no me enteré de que existía Podemos, y ya había leído algún libro de Pablo Iglesias. El citado debate final a tres excluyó a Teresa Rodríguez que, entonces, era la primera intención de voto en algunas encuestas. Y Canal Sur excluyó de su cobertura algunos mítines de Pablo Iglesias. Hay una entrevista que CS le hace a Teresa Rodríguez, donde esta se disculpa por haber puesto en duda la profesionalidad de los trabajadores de CS. Fue lamentable. Nadie pone en duda la profesionalidad de nadie, son los intereses de los de arriba los que excluyen a los partidos. Y todavía tengo que ver cómo periodistas dicen que nunca nadie les ha dado órdenes ni orientaciones en ese sentido: no hace falta. Todo el mundo sabe lo que tiene que hacer sin que se lo digan.

El otro gran derrotado de las elecciones ha sido IU, que baja de 12 a 5 diputados, logrando, eso sí, grupo parlamentario. Logra el 6’86% de los votos, cuando en 2012 obtuvo el 11’38% , perdiendo 163.518 votantes. Maíllo saca en conclusión que los andaluces le han castigado por apoyar al PSOE, hecho que no han sabido explicar conveniente. Y piensa, además, que era necesario actuar tal y como hicieron para evitar que el PP se hiciera con el gobierno entonces. Yo creo que se equivoca o se calla una parte, la más importante: sí, estoy de acuerdo en que había que apoyar el nombramiento de José María Griñán, aunque suene fatal escribirlo así, pero lo que tenían que haber evitado es formar parte de su gobierno. Eso sí hubiera sido mucho más fácilmente asumible. Porque estos años, IU ha gobernado en tres comunidades autonómas: Andalucía y Asturias, con el PSOE, y Extremadura, con el PP. No entiendo esa necesidad de ocupar carteras de gobierno en lugares en los que, ni se puede hacer nada sustancial, ni se va a sacar ningún rédito político. Lo de Extremadura es más complicado: conozco la situación y era muy difícil apoyar, una vez más, al PSOE. Pero la solución más sensata, y no vista desde ahora, sino ya entonces, era apoyar investiduras de “izquierdas” (las comillas, claro, son porque me cuesta considerar así al PSOE) y lograr acuerdos puntuales siempre que fueran posible, presionando cada vez al respectivo gobierno.  Sin embargo, prefirieron en los tres casos, en Andalucía Diego Valderas, formar parte de sus gobiernos a cambio de consejerías: esa ha sido la gran baza anti IU estas elecciones.

Desconozco si Maíllo ha asumido esa situación tal como le ha llegado o si hubiera hecho lo mismo si le hubiera tocado a é. Lo desconozco, pero sí le he oído defender lo que entonces se hizo. Si piensa así realmente, es posible que merezca estos resultados. Lo que pasa es que sé  que es, con mucha diferencia, el mejor de los candidatos que se presentaban.

Cuando Díaz convocó las elecciones sin apenas tiempo para prepararse a los demás, es probable que estuviera pensando en coger desprevenidos a Podemos. Las encuestas a nivel nacional colocaban a la formación nueva como sorprendente primera fuerza, junto al PP, y subiendo. Aunque en Andalucía seguían siendo una tercera fuerza muy próxima a las dos primeras, PSOE y PP, la tendencia era a la alza, mientras que el PSOE se desmoronaba en todo el país y, más lentamente, en Andalucía. A esto hay que sumar que aún no estaba claro ni siquiera qué modelo organizativo iban a seguir, aunque la apuesta por las primarias sí era claro, ni, desde luego, quiénes iban a ser sus cabezas visibles. Todo esto hizo que en dos meses tuvieran que dar forma a lo que aún no la tenía. Probablemente, Rodríguez sea una figura con fuerza política. No es ninguna novata, pero siempre se movió a menor escala. Y la campaña personal contra ella ha sido despiadada. No despiadada, en el sentido de lucha política, sino de argucias, trampas y delitos contra ella y sus compañeros y compañeras, en los medios afines al poder, casi todos por otra parte. Cada vez que salían, en un medio de los generalistas, era para imputarles un delito o un ataque. Ya sabía Pablo Iglesias que el camino no iba a ser fácil. Lo saben Errejón y Monedero, a los que se les achacan absolutas estupideces que quieren poner a la altura de los grandes casos del PP, del PSOE o de CIU. Lo sabe hasta Tania Sánchez, que está siendo maltratada por los medios también, no me cabe duda, por ser pareja de quien es. Lo sabe Teresa Rodríguez. Y también que saben que, a medida de que se acerquen más convocatorias electorales y que las expectativas de Podemos sean mayores, esos ataques más duros van a ser. Esto debe ser la Política.



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