Guardar la casa y cerrar la boca, de Clara Janés

MUJER Y LITERATURA

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Guardar la casa y cerrar la boca
Clara Janés
Siruela
ISBN: 978-84-16280-51-3
185 pág.
Madrid, 2005
16,95 euros

La obra de Clara Janés es difícil de abarcar. Podemos hablar de narrativa breve, de ensayo, de diversas maneras de ensayo, y. claro, especialmente de poesía.  Pero todos sus libros tienen algo en común y en parte contradictorio: la reflexión, próxima al misticismo, y el estar en el mundo. Podíamos pensar, aunque sería simplificar mucho las cosas, que su lado más reflexivo se da en la poesía, mientras que la mujer combativa está más en la prosa.
En este nuevo libro, se encuentran las dos caras: la poesía y la prosa. No parece que en principio se trate de poesía, sino más bien de literatura. Aunque la mayoría de las autoras citadas son poetas, eso es simplemente porque el objeto de estudio se centra en tiempos y lugares en los que la prosa aún no se consideraba una muestra de quehacer literario. Pero, ¿cuál es el objeto de estudio de este libro? En el título se adivina con claridad que es la mujer y, muy pronto, vemos que se va a centrar en hacer referencia a mujeres que han sido escritoras, o literatas, incluso tratándose de literatura oral a lo largo de toda la Historia y las distintas culturas. El título se refiere a una cita de Fray Luis de León que bien podría haber sido de miles de escritores (hombres) a lo largo de los tiempos, muy probablemente de la mayoría de ellos. También de muchas mujeres, pero no de todas. Porque lo que viene a tratar de mostrar Clara Janés es que siempre ha habido un mundo subterráneo, o no, de mujeres que han tenido algún poder en la Literatura y en la Historia. Todo parte de una frase de Rosa Chacel, sobre El segundo sexo de Simone de Beauvoir, en la que cuestiona que lo femenino sea lo Otro. Se pregunta en base a qué es lo femenino lo Otro. La cita de Fray Luis es: “Porque así como la naturaleza (…) hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca.” Desde luego es poco afortunada, y ni siquiera se le puede decir que es producto de su tiempo; sí de su ideología. Está claro que el cristianismo ha sido el gran cómplice del estado, en occidente, para mantener a las mujeres en “su sitio”.
Es interesante  comentar la cita, ya que adjudica el hecho a la naturaleza. Creo que una de las motivaciones de Clara Janés es mostrar que, en modo alguno, ese lugar en el que ha quedado relegada la mujer  sea producto de su naturaleza, sino de una maquinaria ideológica que la ha apartado de la educación y de la cultura y, por tanto, del poder. La idea de “guardar la casa”, tampoco es correcta, al menos en el sentido que le damos hoy día a “guardar”. No, quien guarda la casa y a quienes la habitan es el hombre, en las figuras de marido, padre, hermano o cualquier otro familiar varón. La mujer lo que ha tenido en muchas épocas es el valor de “lo que hay que guardar”: la mujer y la hija principalmente. De hecho todavía es así hoy en casi todo el mundo. Por encima, incluso, de la vida de la mujer, está su castidad o su inaccesibilidad sexual, que es motivo, aún hoy, insisto, de mayores castigos que el asesinato. Yo, de haber sido Fray Luis, habría escrito algo como limpiar o lustrar la casa. Verbos como guardar o cuidar han sido y son aún más actividades propias del hombre.
El libro se ocupa más de la segunda idea del título: ese “cerrar la boca” da plenamente en el clavo. Las mujeres han tenido que cerrar la boca, si no por ley, sí por costumbre o miedo al rechazo, durante casi toda la Historia y, por ende, en la Historia de la Literatura. Lo que nos ofrece Clara Janés en este libro son los momentos en que no lo ha hecho, tratando de indagar en por qué no lo han hecho y sus consecuencias al no hacerlo. “Cerrar la boca” en el sentido literal, de no mostrar sus opiniones y, más aún, en el de no escribir o hacer literatura.
Si repasamos el canon de autores de todos los tiempos y países, nos encontramos con que no hay mujeres hasta, prácticamente el siglo XIX y el XX. Y tampoco son los nombres que más abundan en las enumeraciones habituales. ¿Por qué no está Safo, en la poesía griega indiscutiblemente? ¿Y Murasaki Shikibu o Shei Shonagon, en la japonesa? ¿Y Ling Quingzhao, en la china? Bueno, lo cierto es que estos nombres están, pero no con la rotundidad que otros autores hombres.
Yo no sabía que el primer autor del que teníamos noticia era la sacerdotisa acadia Enheduanna y, desde luego, no había leído nada suyo. Hablamos de más de 3000 años adC., pero se descubrió en 1926. Una fecha cercana a la del descubrimiento de los primeros estudios de poesía hispano-árabe, que no solo fueron los primeros textos escritos en una lengua próxima al castellano, sino que estaban muy por encima en interés y modernidad, de todo lo que se escribió durante varios siglos después.

A lo largo de los capítulos del libro se van comentando y citando textos escritos por mujeres que no cerraron la boca ni aun a costa de sus vidas. Y se van comentando causas que permitieron que ellas se decidieran a escribir. Los nombres son muchos, e interesantísimos, pero cierto es que pocos en relación con el de escritores hombres. Las razones no tienen nada que ver con la naturaleza de las mujeres, al menos no en primera instancia, sino con ese papel que el poder se ha ido encargando de darles a estas. Es necesario replantearse el canon y, especialmente, no renegar de lo personal que pueda tener la escritura de cada uno.

Lo que en el siglo XIX ocurrió en algunos países, una llegada, más o menos, libre de la mujer a la escritura, ocurrió en España a partir del primer tercio de siglo. Las obras de algunos historiadores de la tradición hispano-árabe y la de algunos poetas de la generación del 27, han sido el germen de la literatura que se viene haciendo en nuestro país desde mediados de siglo. Y, ¿quién lo duda?, aunque muy poco ha cambiado realmente en sus vidas, la literatura escrita por mujeres mira de tú a tú a la masculina.

El final del libro, lo dedica Clara Janés, a los países árabes en la actualidad y viene a decir que están pasando por situaciones parecidas a las que hemos vivido en muchas otras zonas del mundo, en otras épocas. Habría mucho que hablar sobre este y todos los demás apartados de Guardar la casa y cerrar la boca, de Clara Janés (Siruela, 2015). Pero es cierto que el libro es necesario, ayuda a aclarar dudas y a plantearse otras y da a conocer fragmentos, una breve pero maravillosa antología, de la literatura hecha por mujeres a lo largo de todos los tiempos. En definitiva, un libro necesario.



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