Si existe un idioma gatuno yo lo hablo. O al menos lo entiendo. Sé distinguir perfectamente el maullido de mi gata Nana cuando me dice “Hola” o “Cuánto habéis tardado” o “Quiero comer” o “Vamos a jugar a algo”. No es lenguaje articulado pero no es menos complejo ni menos emocional. No tengo que añadir [...]
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