Olvidaré el color de la flor
nieve de almendro al sol del mediodía;
su dulce fragancia,
delatora y densa,
anegando a borbotones
la acidez marmórea del pasillo;
la efímera textura de sus pétalos,
de sedoso anhelo,
y de tus manos intactas;
su mensaje azul en el silencio palpable
y el regusto evanescente del beso imaginado,
apenas
mero insustancial en la vigilia.








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