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Perdonadme

http://elmundoincompleto.blogspot.com

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Perdonadme por ser un hombre y porque existan tantos hombres que sean unos machistas asesinos que piensan que las mujeres son objetos de su propiedad.
Perdonadme porque no escriba sobre el frío que hiela el cuerpo, la sangre y hasta el entendimiento de tantos indigentes como hay por doquier, dejados de la mano de los gobiernos que debieran asistirlos.
Perdonadme porque los medios audiovisuales y escritos no hablen de todas las guerras y de los inmigrantes que andan por ahí muriendo un poco más cada día, sin esperanza alguna, porque pasaron de moda y platicar de ellos no abre informativos ni sustancia las portadas de la prensa.
Perdonadme por lo realizado por tantos sinvergüenzas banqueros, gestores o tesoreros que esconden millones de euros en paraísos fiscales, a modo de pensión, cuando nuestros jubilados cobran lo que ya sabemos y encima mantienen a los hijos y a los nietos que están sin trabajo.
Perdonadme por no alzar la voz ante los míseros sueldos que cobran los trabajadores; por la precariedad de lo que se percibe si te despiden; por la ínfima retribución de las pensiones de viudedad; por el comportamiento vil de los sindicatos en esta materia, que no son capaces de sacar la gente a la calle y paralizar la actividad empresarial si hiciera falta; por la subida de la luz cuando más frío hace consentida por el gobierno; porque quieran privatizar la sanidad, la educación, la dependencia, la seguridad y otras tantas cosas.
Perdonadme porque los jóvenes españoles se hayan marchado o se tengan que ir, por no perder la dignidad después de haber realizado el esfuerzo de finalizar una o dos carreras universitarias.
Perdonadme por la derechización de la política a nivel mundial; por la pérdida de las libertades conseguidas por nuestros antepasados a base de sudor, sangre y muerte, y que ahora nos están recortando un cónclave de empresas y multinacionales.
Perdonadme por el lirismo que utilizo a veces, soñador como soy, y por la ceguera de nuestros gobernantes que no ven que el mundo se encuentra al borde de un colapso que nos puede llevar en poco tiempo a una guerra, primero comercial y luego de las de verdad, de esas que matan a millones de personas y que se está precocinando en los consejos de dirección de esos que van al Foro de Davos para concretar los detalles.
Por tantas cosas, por favor, perdonadme. Y usted, que me lee -pienso-, también debería inquirirse si está obrando adecuadamente ante tanta ignominia.

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Callar

http://ejemplosde.info

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El abate Dinouart escribió en París en 1.771 un ensayo titulado El arte de callar, que debiera ser una obra de lectura obligada, especialmente para los que ejercen el noble -este apelativo de noble ha tenido siempre sus detractores, hay que manifestar- arte de la política.
El libro es un opúsculo de una cincuentena de páginas pero de rotundas afirmaciones en los planteamientos: “El hombre se pierde en la palabra. La palabra es eso que escapa, ola, fluencia, herida abierta”.
Estoy cavilando el enviar a la Casa Blanca unos centenares de dicho librito para que su nuevo inquilino y sus asesores más cercanos, disfruten con la lectura del mismo, por ver, por intentar, por probar, vamos, si de dicha inquietud puramente literaria, que nadie se equivoque, se atemperan un poco los planteamientos tan poco ortodoxos -por no llamarlos de otra manera que pudiera resultar insultante, que los dioses todos me perdonen, y siempre a mi humilde entender, claro- como los que existen actualmente en ese sacrosanto recinto en donde se toman decisiones que afectan a la humanidad toda.
Pero, ¿es que nadie puede decirle a este señor, a este presidente de tan magna nación, que está mejor calladito, que en boca cerrada no entran moscas, y ponerle a estudiar un curso acelerado de diplomacia?
Pero claro, qué cosa puede saber un humilde gacetillero como quien firma esta columna, que, además, como se descuide en los gastos, pasa apuros para llegar a fin de mes, comparado con el grupo de multimillonarios y hombres de negocios variopintos, que ha plantado sus raíces por una legislatura, en el lugar en donde se toman las decisiones que afectan a toda la ciudadanía del planeta. Pues absolutamente nada, es obvio.
Baltasar Gracián en Oráculo manual y arte de prudencia dice que la lengua es “una rebelde apasionada e independiente, una bestia salvaje que es dificilísimo encadenar una vez que ha escapado”.
Sin embargo, al Sr. Trump, por lo que vemos a diario, lo que le gusta es rajar, y cuanto más mejor, aunque sea de cuestiones que debieran quedar encerradas en el silencio.
Un misterio, oiga.
Uno, que va por el mundo con su casa a cuestas, siempre alucinado como Don Quijote, que normalmente consiste en una decena de libros por leer, un cepillo de dientes y algo de ropa según temporada, qué puede saber de cómo se gobierna la nación más poderosa del mundo. Pues más bien poco, la verdad.
A Dinouart, dicho sea de paso, lo excomulgaron por no callarse.

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En Doñana, no

Foto: wikimedia.org

Foto: wikimedia.org


Por cuestiones profesionales he recorrido muchas veces en los últimos treinta años parte del caudal de belleza y de naturaleza virgen existente tanto en el Parque Nacional como en el Parque Natural de Doñana.
Doñana es un paraíso incuestionable que ha de ser conservado en las condiciones en las que está por encima de cualquier otro planteamiento, ya sea este de índole económica, política e incluso de interés nacional (cuando la razón que se esgrime es hacer reservas de gas por si los tiempos vienen mal dados en materia de hidrocarburos).
El Estado español debería entender que Doñana es un territorio de interés nacional no por la razón aducida sino por su incomparable hermosura, por sus humedales, por sus dunas móviles, por sus matorrales, por sus pinares, por su flora, por sus aves acuáticas y terrestres, por sus peces, por sus reptiles, por sus anfibios, por sus mamíferos, por sus especiales climatología y orografía, por su historia, por las civilizaciones que por él han transitado, por su riqueza paisajística, porque es un ejemplo en el mundo entero de la buena interacción del hombre con el medio, porque tal como está Huelva, Andalucía, España, Europa y el mundo entero son más ricas, ¡sí, más rica, no todo ha de ser rentabilidad económica y estratégica a corto o medio plazo y que en definitiva sólo prima a intereses personales o corporativos!
Como lugareño nacido en Almonte, como onubense y como andaluz, espero que la Presidenta de la Junta y el Consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio defiendan con uñas y dientes si fuera menester esta agresión que el Gobierno de España pretende llevar a cabo en un territorio que es Reserva de la Biosfera y que está declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Doñana ha de ser intocable. No caben más desarrollos urbanísticos, tampoco mas agricultura en su entorno que no sea sostenible ni por supuesto proyectos industriales como del que estamos disertando. Experimentos con Doñana, no.
La agresión producida por la rotura de la presa de Aznalcóllar ya hizo temblar los cimientos de un ecosistema irrepetible que afortunadamente fue corregido con una ingente cantidad de dinero público. La posibilidad de un aumento de la sismicidad en el Golfo de Cádiz por la inyección de gas, tampoco es ajena a este proyecto que nada bueno aporta y sí, sin embargo, muchas incertidumbres. Doñana es más, mucho más que cualquier proyecto económico o estratégico, reitero.

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Dress code

Foto: oiltonpantherpress.com

Foto: oiltonpantherpress.com


Con este nombre se representó en Madrid hace años un espectáculo creado e interpretado por Guillermo Weickert y Mario Sáez -de la compañía de danza Erre que erre- en el teatro Cuarta Pared.
En ella se simbolizaba hasta el absurdo la necesidad de los seres humanos de apropiamos de las etiquetas, de las diferentes formas de vestir en cada momento y lugar; de exponernos a extraños signos externos con la única intención de epatar a los otros; de crearnos una especie de falsa identidad con el único objetivo de buscar relaciones que puedan depararnos expectativas de índole económica, política, sexual, etcétera.
Aderezados con algo que no se ajusta a nuestra forma de ser o de entender la vida y que es posible que ni nos guste ni nos sintamos cómodos con tal código en el vestir, nos forjamos la ilusión de estar con otras personas -que probablemente tampoco sean lo que aparentan- para, en definitiva, no dejar de estar solos. Es decir, pasamos de ser una quimera individual a una colectiva manifestación de soledades, embutidas en atavíos que están deseando soltar y colgar en la percha hasta nueva ocasión, en cuanto regresen a casa o se introduzcan en el coche.
De esta forma, aparte de ir perdiendo nuestra individualidad, la que nos diferencia como personas, nos igualamos en una invención -óptica y conductual- que nos convierte en seres vacíos, portadores de valores superfluos y estacionales.
Borges escribió en 1935, en el prólogo de Historia universal de la infamia, que “leer, es una actividad posterior a la de escribir”.
Estar, debería por tanto ser posterior a ser, pero eso nadie nos lo enseña. Bueno, sí, hay escritores que se pasaron la vida buscando el “centro indudable”, como es el caso de JRJ y algunos otros pocos escogidos por las diosas de las artes y las ciencias.
Pero con estos códigos, con estas modas, todas pasajeras, nos convertimos en personas de una lúcida idiotez universal aunque vayamos perfectamente etiquetados a la moda del lugar.
Bueno, pues tal como ocurre con la ropa que vestimos acontece con las ideas. Todas ellas, sin excepción, han sido elaboradas en un banco de doctrinas, de tendencias, de ideologías, de forma que nuestro parecer sobre esto u lo otro, es el diseñado por alguien que nos maneja como a un guiñol.
La única solución a este enigma planteado por los rectores de los medios audiovisuales, es volver a la lectura de los clásicos, y como decía Edgar Allan Poe: “déjenme, pues, recordar”.
Paco Huelva
nueve de enero de 2017

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Personas

Foto: cinereverso.org

Foto: cinereverso.org


Dos grados bajo cero. Madrid despierta el 31 de diciembre de 2016. Bajo un soportal, un carro de la compra de una cadena de supermercados cargado con bolsas variopintas de objetos que no identifico, pero imagino puedan ser ropa vieja y sucia, y quizás raída, extraída de los contenedores de basura.
Junto al carro, su propietario; un hombre de edad indefinible, con manos, uñas, rostro y pelos greñudos; tiznado y negro, que mira con ojos ausentes más allá de las personas, de los objetos y de todo cuanto le rodea.
Me paro, extraigo un billete (yo, tampoco dado a la beneficencia y defensor de la igualdad de derechos y oportunidades para todos) y se lo tiendo.
El hombre ausente sale de su soñolencia, me mira a los ojos, fijamente, como calibrando la intención con que hago la tal cosa, orgulloso de sí, de ser una persona a la que no se insulta ni se le menosprecia en su consentida o no soledad. Como al medio minuto, sin dejar de observarme, auscultando el por qué de mi acción, mueve un poco la cabeza, asintiendo, le devuelvo el gesto y me marcho.
Paco Huelva
31 de diciembre de 2016

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Amor

Foto: revistahistorik.com

Foto: revistahistorik.com


Todos, alguna vez, nos hemos visto arrastrados por el amor. Esa pasión, ese desvelo, esa idea enquistada en el cerebro, ese aire necesario para respirar, ese dulce sentimiento sin parangón que nos hace vernos navegantes de un bajel que nos conducirá de por vida a la felicidad anhelada o a un instante supremo de dicha, en el cual estamos dispuestos a darnos por entero o a realizar los esfuerzos que fueran menester: en definitiva a transmutarnos.
Cuando las circunstancias se dan entre dos seres humanos (aquí no existe género) y la necesidad, además, aporta su alícuota parte biológica vemos en una otra persona esa suma de cualidades que nos completan para ser un todo deseado y deseante de otro, sin cuyo concurso pareciera que la vida no tiene sentido, o que nos vamos a morir de mal de ausencia sin su presencia constante a nuestro redor por el resto de los días que nos queden por caminar en este pedrusco que habitamos y que nos terminará convirtiendo en parte del mismo, en arena de cementerio, en cuanto nos despistemos o nos llegue la hora.
El amor es algo esencial en la vida de cualquier persona. ¡Ay de quien no haya amado alguna vez, de quienes no hayan sentido esa desazón en la boca del estómago y ese dejarse arrastrar por los vientos de una quimera alucinante que supone estar dispuesto a entregarse!
Sobre ello han escrito eminentes plumas: Platón, Petronio, Andreas Capellanus, Ficino, Mirandolla, Dante, Petrarca, Cervantes, Shakespeare, Luis Vives… y todas y cada una de las personas que han tratado aunque sea de pasada lo que denominamos la condición humana.
Pero, ahora que comienza un nuevo año, deseo hablar -por si a alguien interesa ponerlo en práctica- de lo que en el siglo XI, en Languedoc (Francia), se dio en llamar el amor cortés. Para ejercerlo hay que cumplir cuatro preceptos fundamentales; a saber: Humildad, Cortesía, Adulterio y Religión de Amor.
Espero que nadie me acuse de querer romper matrimonios en esta época de escasez de alianzas, sólo deseo constatar un hecho histórico. El amor cortés es un amor adúltero, donde el amante sólo puede ser salvado por Cupido, el Dios Amor, que es representado físicamente por el amado o la amada. Es evidente que este tipo de amor tiene sus riesgos y si lo ha prodigado mucho o poco, lo mejor, por si acaso, es que no hable de ello. No obstante, en este año que se inicia, quien firma, les desea que amen cuanto puedan, a destajo si es necesario: la vida es un suspiro.

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La ceguera de Dios

Foto: jus.com.mex

Foto: jus.com.mex


Nada de lo que posee es suyo. Todo cuanto tiene está al servicio de los demás. Es un hombre de fe: un creyente. Una persona que siguiendo los dictados de su corazón, la palabra de Dios y su sentido común, administra lo que obtiene en beneficio de los más desfavorecidos, de los desheredados, de los hambrientos, de todos aquellos que, errados en el camino de la vida, Dios le puso ante sí para que les aliviara el tránsito.
Hoy, aunque sigue haciendo lo mismo de siempre, cree que Dios se ha quedado ciego, y sordo, y amnésico…o, en su caso, Dios ha sido secuestrado. No puede ser de otra manera. Lo de dar de comer al hambriento, y de beber al sediento, y repartir las riquezas, y perdonar al prójimo, y evitar las guerras de religión, y predicar con el ejemplo…, y todo eso, ha sido olvidado por los que manejan los destinos de la Iglesia.
No puede entender que los pastores e imanes, los obispos y cardenales… vivan en palacios rodeados de lujo mientras millones de personas en el mundo duermen a la intemperie sin un techo donde guarecerse. No comprende cómo la jerarquía eclesial -la de todas las Iglesias- come en restaurantes de lujo, compra acciones bursátiles, dispone de Bancos que administran su dinero, de empresas propias dedicadas a las más variopintas tareas, mientras millones de personas fenecen de hambre y de desdicha.
Cada vez entiende menos a los dirigentes eclesiales. ¡Dios está secuestrado!, repite, ¡el demonio anda suelto!, continúa, ¡Lucifer está a punto de engañar al mismo Dios!
Las curias eclesiales de todo el planeta se han puesto de acuerdo y están dispuestas a vender sus servicios siempre que los compradores les permitan seguir viviendo de los demás, que les garanticen el poder y la influencia para mantener el nivel de vida que hasta ahora ostentan. Y es de vergüenza, se dice; pero, es así, concluye cabizbajo.
A veces se pregunta si esas personas creen en Dios. ¿Puede un Imán, un Obispo o un Cardenal… creer en Dios? Él ha llegado a la conclusión de que no, de que Lucifer viste sotana cardenalicia. ¡Lucifer anda suelto!, reitera. ¡Y lleva sotana de cardenal!, continúa, mientras ayuda a los inmigrantes, habla con las prostitutas, con los desheredados, con los que pasan hambre o con los drogodependientes. Él sigue pidiendo dinero a unos y a otros y suplicando a todos una ayuda para los que nada tienen.
Este hombre tiene todos mis respetos, el que no les profeso a sus dirigentes.

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Contrapunto


No creo que puedan existir hipócritas conscientes. No puede sostenerse un papel falso constantemente, excepto en casos muy excepcionales. Esto es lo que afirmaba Aldous Huxley, el afamado autor de Un mundo feliz en una novela de poco éxito pero que quizá sea su obra maestra, a mi entender, y que se denomina Contrapunto.
Contrapunto es un apasionado y lúcido examen de la condición humana en el mundo contemporáneo; en el nuestro, en el de ahora; y quizás en el de siempre con retoques de usos, costumbres y vestuario; una exposición de ideas, emociones, deseos y esperanzas que las más de las veces se ven truncadas; un cuadro fiel de una sociedad que se desintegra en contradicciones irresolubles; un retrato de unos mandatarios que legislan una cosa pero siempre terminan haciendo otra; unas organizaciones nacionales movidas por los intereses financieros de turno; unas estructuras internacionales que dicen velar por el interés general, por el bienestar de la ciudadanía del mundo o por la existencia de derechos inalienables que luego se quedan en agua de borrajas porque cinco países del orbe tienen derecho a veto en el Consejo General de Naciones Unidas; que manifiestan, qué risa, estar encargados de mantener la paz y la seguridad en el mundo. ¡La paz y la seguridad! Qué mentira más atroz, como tantas otras. El veto de Rusia y de China para que se produzca un receso en la guerra de Siria es un ejemplo de lo absurdo de muchas instituciones de la Organización de Naciones Unidas y todas sus cartas de derechos fundamentales.
Pero, en esta novela llena de musicalidad, lo que resaltan por encima de todo son dos cualidades humanas: la hipocresía y la desesperanza.
El mundo es un escenario. Hay guionistas que escriben un incesante libreto, unos directores que lo afinan, unos actores (políticos) que hacen la interpretación más brillante posible y, unos espectadores, que, como en La Caverna de Platón, están amarrados a sus asientos (a sus circunstancias) sin poder hacer otra cosa que soportar la obra tal como nos la sirven. Punto. Contrapunto.
Está claro que la desesperanza siempre cae en manos de los engañados, utilizados, manipulados, manejados… espectadores. Mientras que la hipocresía queda en poder -por cuestiones de reparto- de los dirigentes, manifiesten estos ser de izquierdas, de derechas, del norte, del sur, de Oriente o de Occidente.
Pero pudiera ser que Huxley estuviera equivocado y el que esto escribe también.

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Resentimiento

Foto: Jean Jacques Terreur

Foto: Jean Jacques Terreur


El príncipe de Lampedusa recomendaba a sus pares que todo cambie un poco para que todo siga exactamente igual. Esta frase, políticamente muy asumida, es un canon irrenunciable en muchos partidos. La libertad para ejercer la política puede surgir de la necesidad individual de intervenir en el conflicto social existente en un territorio, de una ambición personal o de ambas cosas. De estas tres posibilidades, parece, sin duda, que la éticamente más aceptable es sólo la primera.
Pero cuando los pensamientos de cada cual han de incluirse en una estrategia grupal, la generalidad se impone y es ahí donde comienzan los problemas entre lo que uno piensa y lo que al grupo le interesa. Pero, esto es inevitable, es el juego de la democracia y, mientras las decisiones se adopten por mayoría, nada hay que reprocharle al sistema.
Lo malo es cuando la participación de todos se manosea por los órganos del poder somático del mismo, acallando las voces disonantes que no interesan, utilizando métodos coercitivos y estrategias de intervención y manipulación, coartando así a los componentes del mismo que, en buena lid, participan en los asuntos de lo público -rondando a veces y afectando, claro está, a los ámbitos personales, laborales, familiares o, lo que es más grave, al descrédito social de la persona o personas que se desean quitar de en medio: que estorban, vamos-.
La legislatura pasada, si obviamos los diez meses de interregno, el PP a mi entender y visto en la distancia del paso de los días, realizó una política que yo llamaría “del resentimiento”. Y me explico. Aplicando el rodillo de su mayoría absoluta, dedicó su tiempo de ejercicio en el cargo a desmontar las políticas sociales que el PSOE y otros partidos políticos del arco parlamentario, habían armado para favorecer un estado de bienestar social. Es decir, mayores cotas de igualdad, equidad y reparto de bienes en función de los ingresos de cada cual. Es cierto que usó el truco de “que viene el lobo” impuesto por los países boyantes de la Unión Europea, pero eso de nada le exime, la derecha y el liberalismo es así. Nada hay que objetar.
Pero las cosas han cambiado. Vamos a comprobar cómo el mismo partido político que generó tantas frustraciones a la ciudadanía, que recortó derechos esenciales en sanidad, en empleo o en educación, va a cambiar sus políticas. No le queda otra dada la configuración del parlamento. Y será curioso, muy curioso ver cómo lo explican.

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Ni solidaridad

Foto: www.bbc.com

Foto: www.bbc.com


La pérdida en valores es una de las peores enfermedades que puede padecer la sociedad. Si encima el virus se generaliza, estamos ante una pandemia global de difícil solución, a menos que los llamados a resolverla, los Gobiernos, se pongan de acuerdo para elaborar tantas vacunas como fueran menester para este mal tan viejo como el mundo. Pero no seamos ilusos, eso no ocurrirá. El dinero, el negocio, el capital en definitiva, no permitirá tal cosa por muchas personas que mueran a diario en este orbe cruel e insolidario.
El cinco de diciembre de 2015 a las nueve de la mañana llegaron a la isla de Lesbos (Grecia) un grupo de profesionales españoles, de forma voluntaria, con objeto de ayudar en lo que se necesitara, dada la tragedia humanitaria que se vive en dicho lugar y en otras partes del mundo.
Desde ese día han atendido a más de 50.000 personas dando seguridad marítima en la travesía y en el momento del desembarco; han rescatado a más de 1000 personas que se encontraban a la deriva en el mar Egeo a temperaturas por debajo de cero grados; han dado formación a niños y mayores en el campamento de Pikpa… en fin, se han vaciado física y mentalmente por dar seguridad y cariño a otros seres humanos de ese éxodo imparable que huye del horror, la muerte, el hambre, el frío, la guerra… del colmo de todas las desdichas, vamos.
En estos momentos PROEM-AID, que así se denomina esta ONG (www.proemaid.es), dispone en toda España de quince equipos dispuestos a trabajar en la zona en los que intervienen bomberos, socorristas, buceadores, traductores, sanitarios, periodistas o expertos en logística, entre otras especialidades.
El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados ha premiado su labor en la zona, reconocimiento que también les ha sido otorgado por otras instituciones.
Pero, los voluntarios han tenido que dejar sus acciones en la zona por falta de financiación. Siempre hay un “pero” en esta mísera vida que nunca es azaroso; lo que ocurre siempre tiene una génesis, un motivo, y en este caso es denigrante y atroz: en Europa no se quieren a los inmigrantes. Punto.
Y me pregunto, ¿queda algo de humanidad en los Gobiernos de Europa? ¿Queda algo de solidaridad en las grandes empresas, en las instituciones, en las sociedades que conformamos todos? No queda. No. ¿Triste, verdad? Pues esa es la realidad. Entren en su página si les queda algo de conciencia y ayuden si pueden, aunque sea dando aliento.

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