VICENTE QUIROGA: EN HUELVA INFORMACIÓN, DE JUEVES 4 DE JUNIO DE 2009.
En Huelva siempre estuvimos en La búsqueda de la identidad. Muchas veces perdida, derogada, deteriorada, extraviada irremisiblemente. Vestigios, raíces, muestras inequívocas de un pasado extraordinario y revelador de la legitimidad de otros tiempos, grandes o pequeños, pero todos válidos. Una especie de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, en la recuperación y conservación de lo que la inepcia, la indolencia, la ignorancia y las ambiciones bastardas estuvieron a punto de perder. Muchas se malograron definitivamente.
No es el caso de Paco Huelva, que, empeñado en abrirnos el caudal de su inspiración convertido en libros, nos ofrece en La búsqueda de la identidad el hallazgo revelador, como escribe en su prólogo Francisco José Martínez López, rector de la Universidad de Huelva, de lo que “es un canto a la creatividad, a la magia de la buena conversación, al deseo de conocer personajes con gran interés artístico y humano”. Efectivamente, este texto de Paco Huelva nos permite descubrir la personalidad, muchas veces desconocida, de cuantos protagonistas componen esta serie de interesantes capítulos.
Como nos promete el rector en su prólogo, “este libro te permite hacer grandes descubrimientos, como lo hace el propio autor”. El primero, Néstor Goyanes, que inicia esta galería de retratos literarios. Pintor, grabador, xilógrafo y litógrafo, es un artista argentino “con su mochila de fantasías -de añoranzas, de desarraigos y de saudades- … en busca de sus raíces y de su futuro”. Manuel Moya, un encuentro en su pueblo natal y todo un venero de revelaciones poéticas. Juan Manuel Seisdedos, “un coloso encerrado en un individuo cercano… amable… natural como la tierra misma”.
Hipólito González Navarro, narrador inagotable que reivindica a ese otro gran escritor que fue el gaditano Fernando Quiñones. Víctor Pulido, contrario a los monumentos decimonónicos. Odón Betanzos, de memoria imborrable. José Guevara, un pintor puebleño notable, inventor de “una técnica pictórica: el óleo por ignición”. Manuel Garrido Palacios, cineasta, escritor, poeta que “tiene la habilidad, cuando así lo cree oportuno, de abrir ante los ojos de los demás una pantalla hecha de palabras por donde circulan imágenes”.
Rafael Oliva, de quien Aníbal Álvarez dijo que “nos abre a la comunicación con imágenes que encuadran en la más alta filosofía del humanismo” y Paco Huelva reafirma sus más sinceras confesiones. Marcos Gualda, al que tanto deben poetas y escritores onubenses como editor independiente, pero que aún tiene tiempo para escribir y hacerlo bien…En fin, hay más retratos en este libro de Paco Huelva, pero no dispongo de más líneas. Sí las suficientes para recomendar esta publicación que viene a engrosar honorablemente su bibliografía, su trayectoria como autor y la exaltación que supone La búsqueda de la identidad al conocimiento de personajes de la mayor estima.
PRÓLOGO DEL LIBRO POR FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ (RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE HUELVA)
Hay libros que seducen desde el principio, que cautivan y te van enseñando sus párrafos a golpe de sorpresa, transmitiendo sabiduría. Este es uno de esos libros que te corteja hasta que lo has leído entero.
Como decía una de las personas citadas en este Libro, María Antonia Peña, “sólo leyendo las primeras páginas ya sé si un libro me va a gustar o no, y sólo sigo si me interesa, pues no está una ya para leerlo todo”. El desfile de personas y personajes que se van desnudando espiritualmente por este libro cumplen la premisa de María Antonia. Así que si Usted quiere sáltese este prólogo, pase sin más preámbulo y disfrute de la buena literatura.
Con este libro me ha pasado algo curioso y raro. Cuando lo empecé a leer, fui y le dije a Mercedes, mi esposa, “estoy leyendo un libro que me encanta, pues literariamente es magnífico, además estoy aprendiendo mucho y encima habla de muchos de nuestros amigos. No se puede pedir más”. Y eso que lo libros de entrevistas no me suelen gustar, pero este es diferente.
A veces, tienes la suerte de encontrarte con personas que rezuman arte e inspiración y que poseen una vida casi oculta dedicada al placer, incluso vicio, por la lectura y, ya cuando el cuerpo se lo pide, dan el paso hacia la escritura. Francisco Huelva es de esos espíritus libres que encuentran el contrapeso a sus agitadas vidas profesionales en el atormentado sosiego de la literatura.
Un buen día quedamos, casi como había hecho con los personajes de este libro, y me da la enorme sorpresa de permitirme que haga este prólogo, un honor y responsabilidad que viniendo de una persona a la que aprecio de forma especial me hace más difícil la tarea.
Y es que visualizar estos retratos con el fondo de “Huelva”, el de Paco, y en unos escenarios únicos de “Huelva”, la provincia, es una experiencia gratificante, máxime cuando se trata de un libro tan visual y sonoro. Letras, músicas y pinturas deambulan por las conversaciones de los personajes y el autor, que sabe conjugar su paleta de colores y escenarios para crear el ambiente propicio para entrar en las intimidades. De esta forma, el texto evoca encuentros en los que el lector está allí presente, hablando como uno más con Paco y el entrevistado.
En las conversaciones van apareciendo nombres que se resisten a estar en un único diálogo, saltando de un capítulo a otro, dando nexo de unión al libro y acercándolo a la novela. Juan Ramón, Juan Rulfo, Saramago, Bryce Echenique entre otros, se pasean por las páginas del libro y sirven de tamiz para conocer mejor a todos los que son entrevistados por Paco.
Con estos mimbres, el libro te engancha desde el principio ya que está escrito con gran maestría, a base de una prosa poética en la que los adjetivos precisos trazan imágenes y sensaciones en la mente del lector.
Además, este libro te permite hacer grandes descubrimientos, como lo hace el propio autor. Tras leer algunos capítulos uno queda en deuda y necesita buscar la obra de este escritor, hasta ahora desconocido, o ver más cosas de este pintor. En otros protagonistas del libro ocurre lo contrario, ya los conocemos personalmente, pero la habilidad de Francisco Huelva nos muestra una visión más interesante, pues encuentra motivos que los demás no habíamos apreciado.
Este libro, en suma, es un canto a la creatividad, a la magia de la buena conversación, al deseo de conocer personajes con gran interés artístico y humano y también nos deja entrever la reafirmación de un gran Escritor, con Mayúscula, como es Francisco Huelva.
MANUEL GARRIDO PALACIOS EN ODIEL INFORMACIÓN. (5 DE JULIO DE 2009)
5/07/09
Francisco Huelva ha regresado a lo de las guerras del Peroporeso y de L’Espanto no para acumular trienios, sino para buscar voces en el silencio creado. Ya que ambas terminaron con lágrimas para los mismos y medallas para los de siempre -¡malditas guerras, pasto de sangre para la Historia!-, su pacífico arsenal de armas lo componen un móvil, un cuaderno de rayas y un lápiz. No es de extrañar que alguien haga estas cosas; para raro, mister Náferez, que no llegó a entender el manejo del despertador. Lo de Francisco es distinto porque, aun inmerso en las virtuales batallas, intenta conocer los motivos del resto; por eso telefonea a islas desérticas, traza charlas con gente inquietante y lo amasa todo en el lenguaje de las entrevistas.
En su libro “La búsqueda de la identidad”, publicado por Editorial Onuba, dice que “las personas nos pasamos la vida buscándonos, queriendo saber de dónde venimos, hacia qué punto vamos, ya que no hay tierra, espacio ni lugar de encuentro con las raíces que nos dieron vida porque perdimos la señal del ancestro”.
En el camino se cruza con otros troteros que van, vienen o están en su línea de reflexión, y los escucha a ver si algún eco le da un norte, le mueve los dentros. El pintor Néstor Goyanes, ante su obra “De viajeros, inmigrantes y aventureros”, hombre “achaparrado, de cara amable, barba libertaria, gorra marinera”, le dice un mediodía que “el Sol es el poncho de los pobres”. El escritor Manuel Moya, junto a un par de heterónimos: Violeta Rangel y Li Song, le habla con mucha enjundia de su “tío Domingo, que soñó con una mina rentable en su finca y que dio con ella tras excavar a destajo porque la mina lo esperaba”.
Ante Juan Manuel Seisdedos, el autor confiesa que “pocas veces he tenido la impresión de ser tan pequeño como hoy. La magnitud del artista me ha cohibido y he llegado a pensar que he pasado los años sin hacer absolutamente nada”. Hipólito G. Navarro le comenta que “el relato tiene la medida justa. El personaje principal es el lenguaje. Se experimenta en un espacio que va desde dos a veinte páginas. El cuento exige lectores cómplices que se involucren en el texto. Los novelistas sueltan que escriben cuentos para descansar; y es al revés: lo más difícil es crear una obra en tres folios”. Victor Pulido le asegura que “andar la vida no es fácil: la existencia es frágil. Es imposible vivir sin estar desequilibrado. El problema es no saber que lo estás. A mí me salva de la locura mi propia locura”.
Del poeta Odón Betanzos dice que “su palabra siempre fue remanso, quietud, serenidad, calma. Aunque si el guión lo exigía, respondía a la ofensa con manifestaciones críticas, duras, claras, cortantes”. Con el pintor José Guevara platica de política, economía, literatura, teatro, pintura, escultura, de los marchantes y de los críticos de arte”. A Rafael Oliva lo enmarca con sus lienzos en Ayamonte, su “esquina de Andalucía”; espacio donde, desde el inicio de los tiempos, viene a morir el Guadiana. Al escritor Marcos Gualda lo ve “en todos sitios”. Raro el evento artístico sin su “figura inconclusa, grande como un oso, pelo largo, coleta, barba indefinida, gafas de intelectual, camiseta serigrafiada con algún esperpento reivindicativo y mirada para radiografiar como diciendo: ¿Tú de que vas?”.
A Juan Luis Galiardo le “gusta ser un actor terapéutico. Es necesario que haya productores con soluciones. Yo estuve sometido a psicoterapia para desbloquear el subconsciente; no se puede dialogar de continuo con el exterior sin saber hablar consigo mismo”. Conversa con Brice Echenique en La Rábida, donde el escritor le regala un disco en el que Rulfo lee cuentos de El llano en llamas. Elías Rodríguez confiesa que empezó como guitarrista flamenco: “me di cuenta de que ese camino no era el mío y que debía dedicarme a la escultura y a la imaginería”. En Luis Muñoz ve a una “persona tímida, recluida en sus cuitas, en sus sueños; único lugar apto para que habite un poeta”.
Francisco José Martínez, Rector de la Universidad de Huelva, prologa y valora el coro de voces como “libro que te corteja; uno queda en deuda para buscar la obra de ese escritor, de ese pintor”. Con sus palabras cierro: “Es un canto a la creatividad y a la magia de la buena conversación”.
© Manuel Garrido Palacios
http://manuelgarridopalacios.blogspot.com/2009/07/la-busqueda-de-la-identidad.html

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