El caminar constante es lo que nos define.
Cambiamos de piel
–otrora lozana y ahora ajada-
si envejecemos.
Igualmente… también de mirada.
No vemos igual con el paso del tiempo:
Ni a las personas
ni a las cosas
ni a todo lo que nos rodea
o a aquello en lo que nos encontramos inmersos.
Un pequeñísimo globo en la burbuja que nos contiene,
eso somos.
No es cierto, aunque se empeñen,
que el estatismo sea la norma,
que seguir las reglas,
las leyes,
sea estar en lo cierto.
Por eso ¡muévete, anda!,
interacciona conmigo,
sigamos juntos el curso del universo.
¿Qué cosa, si no, nos queda?







No cambio ni una sola de tus “huelverías” por ningún tratado de filosofía. Será por que te conozco y a menudo sospecho que puedo leer por detrás de tus letras, no sé, no sé, no sé.