Te asomas cada noche a la ventana
pensando –qué fantasía-
encontrar al que fuistes tras los cristales.
Reincides a sabiendas
de que tal agudeza no es posible.
Y te ahogas en el llanto
al observar, el reflejo de alguien a quien desconoces.
Esa otra entidad que te acompañó siempre.
Que, sin tu concurso, hizo de ti lo que eres.
Que ama por ti, que camina por ti,
que, incluso, llora por ti al observarte perdido
y sin consuelo posible,
asomado también, él –como tú-, al espejo
donde ambos, desde siempre, os miráis.







Me sorprendes tanto cuando te atreves con el verso que no sabría qué comentarte sin parecer un adulador… Bueno, y qué coño importa, si parezco un adulador, yo sé que tú sabrás disculparme, pero es que yo antes que ninguna otra cosa, siento una especial querencia por la poesía, así que a ver si te prodigas más con la poética, pichita, que apuntas alto.