CULPABILIDAD

La humanidad tiene la memoria breve. Estoy cansado de repetirlo. Pero de nada vale. Sirva como ejemplo lo que algunos judíos hacen con los palestinos, para pensar cómo y por qué razones han olvidado ya lo que idearon y llevaron a cabo con ellos, con muchos de los nacidos dentro del “pueblo” de Israel, el nazismo de Hitler. O el ya manido infierno que han de pasar los que se mueren de hambre en los países denominados del tercer mundo, para, al final, venir a enterrar sus huesos en una mar que se los traga y luego deja sus despojos en la orilla de una desconocida playa. O en los que mueren de SIDA sin posibilidad de mejora, atragantados de dolor y sufrimiento porque las multinacionales farmacéuticas disponen de los avances tecnológicos como negocio, y no como remedio para los males de la humanidad. O esos indeseables, por muy legitimados por las urnas que estén, o no, que usan la guerra y la muerte de inocentes como único antídoto para gobernar el mundo y mantenerse en el poder. O… Parece que el humanismo que debiera presidir nuestros actos ha sido sustituido, sin posibilidad de retorno alguno, por una concepción del Estado vinculada más a la rentabilidad económica, que al impulso de medidas que rompan la cada vez más desigual diferencia existente entre los pueblos. Uno ha de preguntarse de forma inevitable, ante esta perspectiva, para qué sirve la Declaración Universal de los Derechos Humanos; o cuál es el papel, de verdad, que realiza un organismo como las Naciones Unidas; o por qué consentimos que se degrade el medio ambiente, hasta los límites de poder destrozar la vida futura en esta pelota en que vivimos y que se llama planeta Tierra…, entre otras muchas cuestiones que están en la mente de todos. Para colmo de los infortunios, el único motor que desata la conciencia de algunos dirigentes, si es que la tienen y sirve para algo en estos casos, es cuando la tragedia, el horror y el espanto son tan evidentes, que se ven obligados a simular medidas paliativas, que no decisivas, para salvar una próxima campaña política o para intentar que el Sistema económico que nos tiene sumido en tales circunstancias, no naufrague, y que los países ricos sigan siendo más ricos, y los que nacieron pobres, pues, a joderse, que es lo que toca. La lógica, la razón, el diálogo o la convivencia en paz y libertad no son argumentos válidos en un mundo dominado no por cuestiones éticas, sino exclusivamente por el elixir de los negocios. Luego, también, a nivel individual, andamos instalados en la desidia: cada cual por las razones que quiera esgrimir. Es menester que pase algo en nuestras vidas que nos conmocione, para empezar a pensar que debemos comprometernos. Posteriormente, y una vez concienciados de que debemos romper la pasividad y movilizarnos, desde ahí hasta que lleguemos a un acuerdo, habremos de observar muchas desgracias insalvables, infinidad de lamentos ajenos o en su caso propios. Y entonces, cuando todo es ya inevitable, buscaremos el consenso -cargados de rabia, de amargura o de dolor- que permita ponerle solución a las cosas. Siempre andamos por la superficie de la vida. No ahondamos en los problemas hasta que la presión nos obliga a ello. Eso sí, tanto nosotros como nuestros representantes políticos, estamos, las más de las veces -como si con ello consiguiéramos algo fructuoso-, enredados con el sentido de las palabras, con los matices, con las interpretaciones. Las cosas son como son y no como quieran vendérnosla. Nos lanzamos rehiletes y vituperios continuamente hasta que a todos nos sorprende -de golpe, como una aparición- la crueldad y el ensañamiento que traen consigo la realidad de los hechos. Así nos va. De lo que ocurre a nuestro redor  no somos inocentes, todos somos culpables: usted y yo, también.

3 comentarios a “CULPABILIDAD”


  1. 1 calle.quimera@gmail.com 2/Abr/2009 a las 20:26 horas

    Tienes toda la razón del mundo. Todos somos culpables, esa es la verdad. Solo algo muy especial puede cambiar el rumbo que hemos tomado. Un abrazo y SALUD¡¡

  2. 2 Khumeia 3/Abr/2009 a las 17:38 horas

    Hola Paco. No te abandono. Si por períodos me ausento, es pura y exclusivamente a causa de mi trabajo. ¡Pero aquí estoy! Mientras escribas, estaré leyéndote.

    En lo que respecta a este post, absolutamente de acuerdo: todos somos responsables del mundo en que vivimos con su más cruel realidad porque nosotros la contruímos día a día, mal que nos pese. Aunque no creo que sean los pueblos quienes carecen de memoria. En pos de la eficacia de la maquinaria capitalista, son nuestros dirigentes quienes solapadamente, deciden hacer caso omiso de ella. Sí, sí, me dirás que tenemos los dirigentes que nos merecemos y en eso también tendrás la razón.

    ¡Un abrazo!

  3. 3 MANUEL RUBIALES REQUEJO 4/Abr/2009 a las 9:27 horas

    LA primera frase del artículo ya es un cañonazo, y nos merecemos tantos que acabaríamos destripándonos la conciencia, aunque bien pensado tal vez sea justo lo que nos hace falta.
    un abrazo

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