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Pacoooool, Al apuntador, ¿Lo matas tú, o lo mato yo?…
¡La Vígen zantísima, tengo hasta remordimiento ajeno, porque a mitad del loreo del loro-cotillo, vive dios que etaba deseando que algo o alguien se cargara al narrador narrado. Por cotillo compulsivo, machista cateto, y porque no lo conozco, (que si no, cualquiera sabe).
Porque, mira tú, si la Rogelia hubiera escondío bajo siete llaves los cartuchos, como ella mismo promulgaba a voz en grito, sin importale con quien ni en donde se hallaba, -más de una vez se la oyó proferir que tomaría esa medida, no dándose cuenta de la poca que tenía el hacerlo sin recato cuando todos estábamos a oscuras y en el más absoluto silencio visionando el Gatopardo en el cine Telón, esquina calle la palmas, porque no tiene aceras, bla, bla, bla,bla,bla,bla bla,bla,bla.
Bla, bla, blanco seco, malvasía, y más maravillas de éstas.
Qué muerte tan chunga la del Rogelio. Pero qué vida, amigo Paco, qué vida.
Abrazos.
Sin comentarios…genial…
Mientras reía divertida, crecía la tensión interior a causa de la incertidumbre. No sabía en qué momento llegaría el giro cruel de tu relato. Fabuloso, Paco.