Presentación

miramamolin.jpg

Muhammad Miramamolín al Nasir (África, siglo XII ), Miramamolín el Moro, por diversos avatares históricos llegó a Al-Ándalus donde obtuvo grandes éxitos políticos y militares. Por eso se mosquearon el rey castellano Alfonso VIII, el papa de Roma y una caterva de reyes cristianos, de modo que se aliaron y lo derrotaron en Las Navas de Tolosa cuando corría el año 1212.

Pero Miramamolín el moro no murió allí, ni se refugió en África, ni nada parecido, como han dicho los casi siempre despistados historiadores (consecuencia del peloteo a los vencedores), sino que, al ver cómo su poderoso ejército era destrozado por los infieles se quedó helado y sentó así un precedente de la críohibernación moderna. Sus leales le trasladaron a la pequeña ciudad de Ghelbah, en el sudoeste de la península ibérica, y lo escondieron en una cueva de lo que andando los siglos se conocería como “túmulos del parque Moret”.

Por alguna razón aún no explicada científicamente, sus neuronas y neurotransmisores cerebrales no se congelaron y todos sus impulsos bioeléctricos continuaron activos, de modo que, al producirse el calentamiento global por efectos del cambio climático, producto de la contaminación, Miramamolín el Moro (a diferencia del célebre capitán Contreras) volvió a la vida activa habiendo asimilado los conocimientos modernos, ya que había pasado ocho siglos oyendo cotilleos desde su escondite y leyendo los cachos de periódicos, hojas de apuntes y libros que el viento foreño le metía en la cueva y le colocaba ante los ojos.

El tiempo dedicado a la reflexión que ha vivido le ha hecho sabio y, por tanto, libre de toda superstición y creencia no fundada en la razón, de modo que le parecen tan equivocados los islamistas como los evangelistas y los sionistas. Ahora se gana la vida como traductor de árabe para el CNI, trabajo para el que, como se sabe, hay una gran demanda de profesionales. Su empleo explica que oculte su penetrante mirada, evitando así que los de Al Qaeda y los periodistas de investigación le identifiquen.

Su obra literaria se divide en dos grandes bloques: la anterior a 1212, formada exclusivamente por arengas militares y leyes para sus territorios, que al lector moderno no le interesan un pito y ni él suscribiría hoy, y, por otra parte, los comentarios sobre la vida que observa actualmente, asistido por la alta tecnología que se esconde en su espectacular turbante, gorro que para sí quisieran los marines en Irak y el Sr. Bono, dios de los ejércitos. Irá publicando aquí esos comentarios, poco a poco, sin prisas, que la vida es larga…