EL RONQUIDO DE ROUCO

¡Qué afortunado me siento por no profesar religión alguna a mis casi 830 años de edad! Cada vez que el pitorro electriconapalizante de mi turboturbante capta lo que dicen los magos de las religiones se me eriza mi escaso cabello, con el peligro que ello conlleva para el gorro milagroso que me protege del sol en estos desiertos.

Hoy me ha tocado leer lo que un tétrico personaje, al parecer ronco, apellidado Rouco -al que ya me he referido alguna vez- ha declarado no sé si por ignorancia, por mala fe, por ansia de poder -¿no hemos quedado en que los ensotanados no pueden sentir eróticas ansias?- o porque la mitra que exhibe en sus actos de humildad le comprime las neuronas haciendo que expulsen sandeces que, si no fuese por lo que la historia de su secta nos muestra, harían reir.

Prestad atención a parte de su perorata:

«Estatalizar la escuela va en contra de los derechos fundamentales de las personas y de las familias. La Iglesia ha sido la educadora de Europa a lo largo de siglos, antes de que el Estado entrara en el terreno de la formación. Con todas las ventajas que tiene la universalización de la enseñanza, y hay que reconocer que ahí se ha hecho una gran labor, el Estado no es el dueño de la escuela».

La Iglesia ha ofrecido en sus propias palabras «una gran riqueza al sistema educativo, y lo lógico es que en un Estado libre, democrático y de derecho se facilite, se abra a la posibilidad de la Escuela concertada y lo lógico dentro del régimen constitucional español en este momento».

Así que el derecho a una educación, derecho fundamental de todo ser humano, no corresponde al estado, sino a la iglesia católica porque él lo dice y ya está. No sorprende que diga esto un “príncipe” de una teocracia, el Vaticano, que no ha reconocido la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aunque tramposamente los invoque en su declaración. Y claro, las familias tienen que plegarse a lo que su secta diga, sin más, porque las familias no pueden autogestionarse, sino recibir órdenes de los sectarios vaticanos.

Que la su secta ha “educado” a Europa durante siglos es obvio: guerras continuas incluso entre católicos por ambición económica,  genocidios “con la ayuda de su dios”, “la cruz y la espada” que ensalzaban las crónicas, alianzas con el nazismo, fascismo y franquismo, etcétera. Y analfabetismo, especialmente en los países más dominados por ellos. Un ejemplillo nada más, ya que habla un español:

En España, las tasas de analfabetismo han evolucionado del siguiente modo, según puede comprobar cualquiera que se de un garbeo por Google y vea lo que cuentan distintos especialistas universitarios en el asunto:

- en 1877, según que autores, era del 72% o el 66,3%
- en 1930, el 32%
- en 1981, el 6%
- y en la actualidad, el 2.12%

Es decir que cuando ellos “educaban” el analfabetismo era escalofriante, incluso cuando ya la Ilustración había hecho acto de presencia en otros países. Natural, ya que su misión es apacentar borregos, no formar ciudadanos, según sus libros sagrados.

Es tras la “transición” cuando el número de analfabetos ha descendido notablemente, pero mucho me temo que si continúan gobernando quienes ahora lo hacen haya una regresión, especialmente si van del bracete de roucos silvestres.

Pero que el sujeto en cuestión aduzca que se libere la concertación de la escuela en un estado libre, democrático y de derecho es un sarcasmo de un cinismo apabullante como ya explicó aquí un amigo mío.

Otra defecación verbal del individuo es eso de que “el Estado no es dueño de la escuela”, lo que demuestra que, como a otra serie de edificios, también se las quieren quedar … y no pagar el IBI. Pero vamos a ver, si las escuelas se construyen con los impuestos de quienes los pagan, ¿de quien van a ser, sino de quienes las han costeado? Es puro latrocinio lo que pretende el mafioso del báculo. Y lo democrático es que sea la ciudadanía quien disponga lo que se hace o enseña en ellas y no una secta, por mucho que la actual constitución beneficie a la suya de modo tramposo.

Precisamente una de las grandes pifias de los gobernantes post-transición ha sido inventar el concierto, porque, como decía mi amigo citado arriba, quien quiera lujos, que se los pague él, no el común de la ciudadanía.

Yo abogo por una separación radical de las religiones y el Estado y por que se considere a sus organizaciones como a cualquier asociación, con sus obligaciones tributarias normales. Esa fuente de corrupción, incluso económica, como va saliendo a la luz continuamente, debe acabar en España.



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