A GOLPE DE CORNETA

Ya ha sonado el toque de retreta y las calles céntricas se quedan casi vacías, o vuelven a la normalidad de otros meses. Las masas vuelven a sus hogares, a comprobar los gastos, reducir el consumo de alimentos, reflexionar sobre lo que les espera, arrepentirse de excesos y mirar con desconfianza a quienes se cruzan por las calles, importándoles un rábano si son felices o no, que el mundo está organizado para competir entre iguales.

El pitorro de mi turboturbante me hace ver esto desde mi duna y, una vez más, me reafirmo en mi opinión: la vocación de recluta, de borrego, de masa impregna de tal modo a los seres humanos que, incluso los más escépticos y menos supersticiosos, sucumben a la corneta y obedecen, ciegos, lo que el poder les ordena. Se justifican, si alguien les pregunta, con bobadas del tipo “la tradición” (tiemblo cada vez que oigo esa palabra), “la paz doméstica” y similares. Pero el hecho es que marcan el paso.

Más de 300 años después de mi congelación me llegaron noticias al túmulo, procedentes de Gharnata, sobre algo, al parecer, acaecido en aquel reino: cuando los reyes cristianos que lo invadieron y tomaron decidieron que se celebrasen allí fiestas con motivo de lo que los católicos llaman “el corpus”, según se cuenta, ordenaron que en tales fechas “los granadinos tienen que divertirse como locos”, es decir que tenían que divertirse en la fecha que los reyes marcaran. Y así ocurre en todas partes: quienes mandan dicen cuándo hay que divertirse y cuándo no, sea cual sea el estado de ánimo de cada cual.

Siempre hay locos de verdad, no borregos, que se salen de la norma, claro. Así, mi amigo El Vate Orate, gharnatí de nacimiento y crianza, desobedece por sistema dicha orden real e incluso me tiene dicho que el mes del año que menos dinero gasta es el de diciembre. Loco, claro, a la vista del común.

Porque el común, así en general, se deja llevar por toda clase de consignas que logren sofocar los atisbos de rebelión frente a los poderosos explotadores, que se valen de cualquier medio para lograr su objetivo de dominación, desde las religiones a los planes de enseñanza, pasando por los llamados espectáculos deportivos y las fiestas “populares”. ¡Cuántos ejemplos de las desgracias que acarrea el pensar nos deja la historia!

¿Se hará el silencio?

ACTUALIZACIÓN el 11 de enero/2013: una de las características “esenciales” de toda clase de festejos, al menos en la península ibérica, es el ruido, el vocinglerío, la risotada; la gente “normal” no concibe que alguien se divierta de otro modo y miran con desconfianza a quien dice que lo hace. Pues bien, cotilleando, o bicheando que se dice ahora, con el pitorro de mi turboturbante he descubierto esta reflexión de un personaje de la obra “Mucho ruido y pocas nueces” de Shakespeare:

“El silencio es el mejor heraldo de la alegría. Fuera bien poca mi felicidad si pudiera decir cuánta es”.



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