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BENDICE SEÑOR …

… estos alimentos, etc, etc…

Logros de la tecnología moderna: ¡quién me iba a decir que, aislado en los desiertos que habito desde hace algún tiempo, sólo rodeado por las músicas de Puccini, Wagner, Bizet y otros roqueros por el estilo, iba a asistir a un acto en el que se propuso a un ateo que bendijera una comida servida a una mayoría de creyentes! Pero mi turboturbante es único en su eficiencia.

Todo empezó porque me quise asomar a Garnatha y, muy especialmente, al lugar en que mi favorita y yo pasamos nuestra primera noche de casados hace ya unos 820 años. Pues bien, en aquel lugar, hoy denominado con celestial -para los creyentes- nombre, había una serie de hombres que se disponían a darse un banquete. Entre ellos había un cura católico y alguien próximo al llamado opus dei (minusculeo a propósito), además de, por lo menos, un ateo. El próximo al opus provocó al ateo preguntándole:

- Fulano, ¿bendices la mesa?

Pero el ateo no cayó en la provocación y dijo contundentemente que no, haciendo, además, alusión a una nueva religión que ninguno de los demás conocía. Todo esto me ha hecho reflexionar sobre el asunto, especialmente durante un desplazamiento de unos 400 Km. a lomo de camello (antigua tecnología). Veamos:

“Bendice señor estos alimentos …”

Si bendecir significa decir bien de algo (bene dicere), habría que preguntarse si el señor puede hacerlo sin comer tales alimentos; absurda la invocación, por tanto, si no anda por allí con las fauces abiertas. Del menú podrían hablar, bien o mal, quienes lo coman. Y si lo que se pretende con la invocación es que no produzcan diarreas, extreñimientos o intoxicaciones varias por patógenos variopintos, lo que hay que hacer es comer en lugares de higiene contrastada, cuyos cocineros sigan las normas de una correcta manipulación de alimentos.

Pero además ¿qué señor?, me pregunto: ¿se refieren a un amo o a un dios? Si a un amo, se reconoce siervo quien lo dice; lo de siempre: servidumbre voluntaria. Pues no, como dijo aquél, yo ni dios ni amo.

Y si es a un dios, ¿a cuál? Tengamos presente -y en mis más de 800 años de vida lo he constatado miles de veces- que HAY EN LA TIERRA TANTOS DIOSES COMO CREYENTES, porque cada uno se fabrica un dios a su medida, para acallar su conciencia y actuar según sus inclinaciones. Por ejemplo:

¿El dios de un musulmán (chiíta, sumnita, jarichí, wahhabí), un judío (de cualquiera de sus variantes), un cristiano (católico, mormón, ortodoxo, etceterísimaaaaa) es el mismo, siendo un invento del mismo e históricamente polirecauchutado libro?

¿Es el mismo dios de los incas, mayas, aztecas, japoneses - su emperador Hiro Hito-  hasta el final de la 2ª guerra mundial?

¿El mismo de los romanos o los egipcios, que consideraban dioses a sus césares o faraones?

¿El mismo dios del culto al cargo?

¿Estamos hablando del dios del showman Wojtyla que abrazaba a Pinochet por asesinar a trabajadores y abroncaba a Ernesto Cardenal por defenderlos? ¿El dios de Oscar Arnulfo Romero, Leonardo Boff o Ratzinger? ¿El de los kikos o el de los cristianos de base acosados por Rouco en los barrios? ¿El de Marcial Maciel, violador de niños, o el de la monja violada por su capellán en las misiones?

Hace quince años, el filósofo García Calvo demostró en su libro “De dios”, que sí, que existe y que es el dinero. Quizá en ediciones más actuales diría que “los mercados”. Y la cosa está clara, no hay más que ver la imagen de la llamada virgen del pilar cantando la célebre jota adaptada a los nuevos tiempos:

“La virgen del pilar dice
que no ama a ningún francés,
que le gusta el logotipo
del banco de Santande_er”.

Por lo que habría que invocar a Botín, que seguro que come la mar de bien.

Todo un absurdo, salvo que, tratándose de comida se recurra a la única -creo- religión que se basa en ella: el pastafarismo, la aludida por el ateo provocado, por lo que la oración a recitar debería ser algo así como:

¡Oh Monstruo Volador
de albóndigas dotado,
si te acercas al tenedor
te zampo de un bocado!

Y después, seguir su evangelio al pie de la letra.

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