LA CENSURA EN LA PRENSA - 1

Un amigo me escribe:

Querido Miramamolín:

Hace un cuarto de siglo era tan ingenuo que enviaba “cartas al director” de los periódicos, convencido de que podían servir para algo. Algunas me fueron publicadas. Pero otras no. También envié algún artículo de opinión que no me fue publicado, y alguno se me publicó como “carta”.

Revisando papeles he rescatado dos cuyos temas -me parece a mí- continúan de actualidad, pese al tiempo transcurrido: ¡tiene guasa!. Por eso te ruego que los publiques en tu blog, esperando que las ideas o reflexiones que hago sean útiles a quien las lea (sigo siendo un ingenuo, no hay duda). Ambos los envié a LA NOTICIA, efímero periódico choquero del que tuve una acción y aún así me censuraron, pese a que un alto cargo me había pedido colaboraciones.

Y si te parece bien, te enviaré también una “carta”, ya dirigida a un periódico digital que, aunque publicada, fue retocada, a mi modo de ver inneceseriamente.
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LA ENSEÑANZA PRIVADA: CARTA ABIERTA A …*

No nos han pesentado, Sr. M., y es la primera vez que veo su nombre escrito. Evidentemente, Vd. tampoco sabrá nada de mí; por tanto, me presento: soy un mero ciudadano de a pie, empleado, padre de familia numerosa; carezco de filiación política concreta y nunca he votado al PSOE, siendo así que por las trazas tampoco parece que lo vaya a hacer en lo futuro. A la Sra. S** la conocí hace unos diecisiete años y creo que desde entonces no la he vuelto a ver, e imagino que si nos cruzamos por la calle no nos reconoceremos, después de tanto tiempo. Lo más probable, incluso, es que ni ella recuerde mi nombre. Es más, indirectamente, en mi condición de miembro de la APA del Instituto A. S., he tenido un contencioso con la delegación.

Por otra parte, soy hijo de Maestra Nacional (Plan Profesional de la República) jubilada que, entre otras actividades, ha sido fundadora de escuelas católicas. Durante ocho años de mi infancia y adolescencia estudié en colegio de religiosos y, a título personal, no tengo la menor queja, antes bien, recuerdo aquellos años con especial agrado, tanto a condiscípulos como a los curas que me dieron clase.

Mis hijos han pasado por colegios privados y públicos. Sólo en el privado al que asistió la mayor -en preescolar- hubo un incidente que bastó para sacarla de allí en el acto: con dos años de edad le pegaron por hablar (curso 1970-71). Después, repito, sin problemas ni en el privado ni en el público en que han estado.

Pero … no estoy en absoluto de acuerdo con Vd. Y creo que le quedará claro que si intervengo en este asunto es por las sigientes razones:

1. tengo derecho a hacerlo, como padre y ciudadano;
2. este periódico es un foro público, por definición;
3. de mi reflexión es posible que algún conciudadano extraiga consecuencia -espero- positiva.

Queda descartado, por lo expuesto, que no me presento aquí para defender o atacar a nadie. Lo primero, porque Gobierno y PSOE se bastan y sobran para defenderse; lo segundo porque, en todo caso, prefiero un convencido a un vencido.

Mire, Sr. M., lo que queremos “las gentes de orden” es que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades y sean iguales ante la Ley. Por tanto, si proveer a la enseñanza es una obligación del Estado que se afronta con el dinero de los impuestos, es lo justo que sea única e igual para todos, y ello aunque unos paguen más impuestos que otros, ya que de lo que se trata es de re-distribuir.

¿Que sucede? Pues que algunos -no sé cuántos, ni importa ahora- quieren algo más para sus hijos. Nada que objetar por parte de “la gente de orden”, siempre y cuando se lo paguen ellos. He aquí un ejemplo: imagine un pueblo en el que todos van a la escuela pública, pero hay dos padres que quieren religión para sus hijos: rechazan sucesivamente las siguientes soluciones: a) enseñársela en casa con el ejemplo y la charla amistosa; b) organizar catequesis en la parroquia; c) enviarlos internos a un colegio religioso. Prefieren que los padres de los otros alumnos hagan una colecta para contratar a un cura que les dé religión a sus hijos. ¡Qué cara! ¿Verdad?. Pues a escala macroeconómica y nacional, eso, ni más ni menos, es lo que quieren Vds., lo que le señalo por si no se había dado cuenta, Sr. M. Insisto, pues: lo que queremos “las gentes de orden” es la misma enseñanza de partida para todos y que los lujos los paguen quienes los disfruten.

El primer disparate, Sr. M., lo cometió el “vivo” que inventó lo de las subvenciones a los colegios privados; y somos bastantes ciudadanos -tampoco sé cuántos- los que anhelamos que la supresión total de esas subvenciones llegue, porque no la consideramos justa.

Como presumo que Vd. es profesor le reconozco capacidad más que suficiente para comprender todo lo dicho, aunque mucho me temo, y Vd. perdone, que los prejuicios le cegarán como ocurre en su artículo de 29/11, en el que mezcla su disconformidad con la LODE, la gestión de la Sra. S.  y las ideas en la misma batidora, resultando al final un sabroso gazpacho del que se extrae una consecuencia: hay nervios porque peligra el negocio.

Sr. M., permítame que reflexione sobre algunas de sus afirmaciones, que no se sostienen:

a) que un gobierno, del color que sea, designe a los gestores de su política de entre técnicos de su confianza es tan normal que lo contrario sería patológico;
b) que la enseñanza privada, como Vd. la entiende, es aceptada por los padres es evidente, pero ¿por cuántos si tuvieran que pagarla? Recuerde que el programa del PSOE fue votado por más padres que otros programas, ergo
c) si Vd. admite que las ideologías impregnan los programas de los centros privados no tenga la desfachatez de recriminar a un político que respete o siga las directrices de un congreso de partido: no es ecuánime (a propósito: si un político desobedece a un congreso lo más que le pasa es que lo echan, pero si un católico desobedece al dogma le excomulgan y le condenan al fuego eterno, ¿puede, pues, decirme quién es menos libre por estar más condicionado?).
d) la libertad de enseñanza que Vds. preconizan, Sr. M., y vuelva a perdonarme, es una gran mentira. Han tenido siglos para realizarla y no lo han hecho. Veamos: con el modelo que propugnan, ¿puede un crío de cualquier pueblo elegir colegio? Es cierto que no, luego mienten.
e) Y es falso, además, que Vds. no persigan la rentabilidad pues si así fuese habrían montado colegios privados hasta en la última aldea; pero no: sus colegios están por lo general en las zonas donde vive la gente “de posibles”, bien lavadita y bien alimentada, o ¿le parece que le recuerde la “entrada para gratuitos”, el “recreo para gratuitos”, etc … de nuestros colegios religiosos?

En resumen, y porque hay que acabar alguna vez, Sr. M.. lo malo de la LODE es que no llega hasta el final, según pensamos muchos (no sé cuántos) y de esos muchos, algunos -como es mi caso- sin rencores ni nada de eso: sólo porque esperamos otra justicia, otro orden, otra sociedad: sin clases, sin jerarquías, autogestionada. Para que Vd. me comprenda: algo parecido, no al Vaticano sino a lo que se describe en los Hechos de los Apóstoles, pero con las diferencias propias para acomodarse al tiempo actual y futuro, claro.
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*   Omito el nombre porque ni entonces le conocía ni ahora tampoco, ni sé si era joven o viejo, si está en activo o si vive.
**  Me refiero a la delegada provincial de educación por entonces.
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NOTAS:

Visto con la perspectiva de 25 años, aunque en esencia todo sigue igual o peor, yo introduciría algunos matices, pero lo he dejado tal cual por aquéllo de la sinceridad.

¿Porqué no lo publicó “mi” periódico? ¿Porque decía que nunca había votado al PSOE o porque rebatía a un católico? No me lo explicaron.

Obviamente me equivocaba en algunas cosas y, desde luego, no soy profeta: el periódico resultó que no era un foro público, el negocio de los privados no peligraba con el PSOE, al contrario, la historia demuestra que está de maravilla, y, por último, señalar que tengo muy serias dudas de que los programas de los partidos los lea nadie, visto lo visto. Amén.



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