
Moriré una tarde de otoño,
De infarto de soledad o sobredosis
De paciencia.
Moriré a los pies de un cartel publicitario
Que anuncie vacaciones de saldo
Al paraiso, por ejemplo,
Mientras un perro vagabundo
Le ladra deudas a mis tobillos.
Moriré sobre un lecho de asfalto
Mientras los transeuntes desaceleran
Sus rutinas para ver el espectáculo,
Y crecerán las flores vertebradas
Donde se derramen mis humores
Castigados de olvido,
Y seré un número
En la cuenta de obitos repentinos,
O un sumando en la memoria selectiva
De algún funcionario oxidado
Del departamento de suicidios.
Morire cualquier tarde de otoño,
Sin leyenda ni orden,
Y pasarán por encima
De mi cadaver anónimo
Los taxis que transportan urgencias,
Los amantes que distraen caricias,
Y los cuerpos azules
De los resucitados sin nombre.






Me gusta. Me gusta mucho, Manolo.
Abrazos.
gracias, maestro
No sé de mejor estación para morir
Y si luego abonas flores, mejor, no?
Un abrazo, Poeta
Y a mi.
Sobretodo porque el otoño ya es agua pasada por agua.
Vesos,bersos,liVertad.
Y aún en esa muerte, resonarán siempre tus palabras llenas de vida.
Besiño, siempre Manueñ
Más de uno morirá con esa muerte lenta, humillada, arrastrando sobre el asfalto pétalos de una esperanza decepcionada.
Un beso, poeta
Morirás. Moriré. Morirán. Moriremos. Moriremos todos. Aun lo que pisen nuestros cadáveres, y rían, y amen sobre ellos. Qué verdad tan tremenda.
¿O a lo mejor no?
Escribes muy muy bien, me gusta mucho.
Gracias