No se acuerdan las despedidas,
Ni la angustia viene avisando,
Ni llega la soledad llamando
A la puerta como un mensajero
Que saluda con las palabras precisas.
Todo es mucho más sutil y más improvisado,
Un día cualquiera despiertas
Y te sorprendes mirando fijamente
Las telarañas de las esquinas,
Y sólo hay eso:
Telarañas y esquinas. No están
Las manos, ni la espalda, ni los ojos,
Ni el cabello, ni la voz, ni el aliento,
Ni siquiera la sonrisa
Arrancada al gesto con clemencia.
Un batallón de moscas se aproxima,
Tienen hambre de mis tripas,
El cuerpo está abierto en canal
Y el alma está podrida.
Eso es todo.






…y solo hay eso: telarañas y esquinas.
Y en las telarañas: anoréxicas arañas que no arañan, más bién cosquillean. Y en las esquinas: la boca del Inem mordiéndose la cola. (Lo que provoca al segurata, al de información, y a la del “negociado” B-58. un desasosiego tremendo).
Bss y lucha.
Siempre atrayendo, enredando, llenando de luz y tinieblas… Siempre sorprendiendo…
Vino y besos.
No, no están. Pero queda su rastro atrapado en una sutil telaraña…