No sé cómo demonios describir esta sensación,
Cómo ponerle palabras
A la orfandad de un papel en blanco y sin pronósticos
De curación a corto plazo.
Tanta levedad me hiere,
Tanta rabia disfrazada de inútil raciocinio
Está haciendo sangrar mis ideas,
Está asesinando la voluntad de
No salir volando a través de los remedios
Placebos del sueño.
Siento un millón de puños en el estómago
Apuntando a las paredes del verbo
Infecto de blasfemias,
Siento un ejército de gusanos
Devorándome los huesos.
Me como las uñas, le recito
Letanías a las moscas que invaden sin licencia
Mi hemorragia de fracasos,
Agito sin compasión la memoria
Del linaje de mis orgasmos,
Proyecto episodios improbables
De una vida pendiente de respuestas…
Y al fin me rindo,
Al fin sucumbo en un nicho
Arropado con sábanas de ausencia.






Quizá sea una contradicción, pero igual no: ante la impotencia, a veces, por mucho que pretendamos seguir batallando, no hay nada que hacer. No se trata de rendición, sino de derrota.
Abrazos.
Pues es lo que somos. Es una mierda, pero es así.
Supongo que solo queda equlibrarse con lo bueno de la vida para no darse el ostiazo en el suelo.
Un abrazo.
Agradezco a tu contradicción esas palabras que, como siempre, me llegan a lo más recóndito de mi mecanismo.
¡Gracias!
El raciocinio le corta las alas al desvario, cuando el vómito apremia hay que dejar que brote a pesar de los salpicones.
Muack besitos Manuel, te deseo lo mejor para el año que esta por llegar.
Estremecedor, suicida, perturbador pero, siempre hay un halo de esperanza en la contundente belleza de tus poemas.
Un saludo