Acabo de llegar de la piscina pública. Parecía un perol lleno de humanos-legumbres haciendo un caldo sudoroso y espeso.
Las calles del pueblo, solitarias, parecen vomitar entre sus adoquines postales desde el infierno. Todo quema. Las tejas se me antojan como parrillas donde los gorriones se asan. Vuelta y vuelta. Huele a pluma quemada. Solo las moscas parecen felices bajo este sol hiriente.
Las agujas de la temperatura de mi coche rozan el límite de la factura del taller; al acabar el trayecto me da la impresión que los neumáticos pueden estar esparcidos por el asfalto licuados como indefensos helados de caucho. Al doblar la última esquina creo que se me ha derretido la antena y se ha soldado al techo de mi utilitario, debe ser por eso que ya no puedo oir las noticias por la radio, justo cuando una sofocada locutora auguraba la permanencia sobre la península de esta despiadada ola de calor.
En el interior de la casa todo está pegajoso, temo sentarme en mi butacón favorito por miedo a que mis muslos se queden adheridos a él cuando decida incorporarme. Más moscas.
Un millón de moscas, sonrientes y glotonas, con ansias de comerse las celulas muertas de mi epidermis.
En el patio mi perro saca una lengua interminable con aspecto de filete de ternera lechal. Me mira resignado diciéndome con los ojos que dentro de poco empezará a oler a estofado de cánido. Yo ya huelo a diablo, (me justifico), con la cara metida en el congelador y el trasero apuntando a un ventilador que escupe serpentinas invisibles con aliento de magma.
Si esto es el anunciado cambio climático hoy me acaba de coger de lleno. Me ha dado en el centro de la diana. Me estoy asando. Me estoy derritiendo sobre las teclas mientras escribo esto. Mañana mi mujer recogerá un charco maloliente bajo el teclado y denunciará mi extraña desaparición a las acaloradas autoridades competentes, mientras yo, en mi desgracia, ya habré pasado al estado gaseoso. Seré lluvia el próximo otoño. Caeré insidiosa sobre la tierra reseca, sobre las plumas torradas de los gorriones en las tejas, sobre las negras alas de las putas moscas, sobre los adoquines incendiarios, para vengarme con malicia de tanta calor insoportable.
Ya va llegando la oscuridad de sauna que trae la noche. Sé que no pegaré ojo, dare seis docenas de vueltas sobre la cama buscando la esquina más fresca de las sábanas, buscando el milagro, cubierto por una pelicula fina y adhesiva que espanta cualquier amago de intención sexual. A mi señora no le apetece sudar más de lo necesario.
Como no concilio ni consumo salgo a la calle a tirar una bolsa de basura atestada de botes de refresco, latas de cerveza y toallitas humedas resecas. Al final de la calle un vecino del pueblo, añoso y ajado, descamisado y en pantalón corto, duerme sobre una amaca bajo el porche de su casa. A su lado un botijo y bajo el asiento un gato espantando moscas con el rabo. Este si que sabe, pienso, y no yo, con tantos sofocos.






Qué te puedo decir…
Cubitos de hielo y abanicos de colores (abrazos no, qué caló)
!Vamos que con la temperatura que tenemos y ahora este comentario, todavía tengo más calor!.Je, je, je
En los pueblos todavía existe la tradición de “sentarse al fresco”, que de fresco nada de nada. Por aquí todavía se ven a media tarde bueno llegando a las 8 así, las poquitas personas que quedamos, se nos vé en la entrada de la casa conversando con todo bicho viviente que pasa en esos momentos.
Mucha agua, por dentro y por fuera (aunque estemos con los ojos puesto en la dichosa sequía), para combatir esta ola de calor. Y una cervecita o tinto de vez en cuando, para tomar energías……..
Un beso .
Pues, no sé chic@s cómo pasáis ese calor innecesario y malvado para vuestro cutis. Yo aquí, en mi súper yate mega lujo, tengo instalado aire acondicionado por todas partes. Uy, y es una pasada, fijaros que hasta en los sofás, en las camas, en las ropas, en las gafas de sol…hasta en el ordenador. Osea, que es la pera. Nada que ver con eso qué decís ahí afuera. Tenéis que hacer algo pronto o nunca brillaréis en sociedad. Aunque también os entiendo, yo estoy en un hiper nivel, soy una niña de bien, me salgo de onda, ¿sabes? Lo vuestro es nefasto, ahí, pasando calor. De verdad no os veo para nada, estáis derretidos y me llegan tufillos…
Vaya, lo siento, me tengo que ir, me reclaman para inaugurar el aperitivo.
¡CHAITO!
Bueno Rafa, por lo que sé te retiras unos días en busca de sombra y fresco, así que, si puedes, tráete un par de botes de fresquito serrano y comparte con tus compis.
Ana, la sabiduría popular tiene muchas de sus enciclopedias escritas en los pueblos, y el que más y el que menos se busca la vida y sabe de remedios ancestrales para no torrarse. La sombrita, el botijo, el abanico… Qué arte.
Oño Victoria…! Qué aires chiquilla. Ya sabes que el miserable populacho no puede gozar de esos lujos, pero,COHONE, a ver si te enrollas y nos invitas a tu cayuco de mega lujo para darnos unos baños en alta mar y poner las cachas encima de esos sillones refrigerados.
Cervecita muy fría y también los besos.
ay madre si es que estamos todos igual de acaloraos…
Consuelte al menos que tú si que puedes ir a la piscina a refrescarte, jejejjeje
yo estoy confinada a pasar el verano en el horno que tengo como piso!!!
Un besote
Ayer, por motivos extraordinarios, si no, ni muerta, tuve que salir de casa a las 4 de la tarde. El termomentro del coche marcaba 48 grados… Y de la noche ya te puedes imaginar…
Odio el verano. Siempre digo que el verano es para los ricos. Los ricos que s epueden permitir viajar alugares más frescos y quedarse allí hasta que remita el calor…
Un abrazo y, un soplo de brisa fresca de poniente
Trebol la piscina siempre es un remedio pasajero, un oasis temporal atestado de humanoides derritiéndose.
Trini, estoy contigo, contra el verano, sino tienes pasta, solo nos queda la paciencia
Vaya, vengo de colocar un poema en mi blog y veo que el calor nos inspira, me hiciste reir.
Por aquí estamos “asaos”
Besos.
Manolo, te garantizo que no tenía -antes de abrir tu post- ni puñetera gana de reirme de nada ni de nadie. Estaba porque mi compi, que es galena, me trajese a casa una botella de oxígeno helado tamaño hospital, para que refrigerase las llamaradas que ingresan en mis pulmones. Pero, al leer tu escrito, he comprobado que esto no es nada particular sino que la canícula ataca en pueblos tan perdidos como Trigueros ¡Que ya es decir!.
CREMA FRIA DE CALABACÍN
SURTIDO SERRANO
Y MUCHA AGUA DE MANANTIAL
Mamen, siempre se ha dicho eso de que al mal tiempo buena cara, pues al buen tiempo pondremos también una jeta agradable, aunque sólo nos queden apetencias para no poner la faz de bochorno. me alegra despertar tu sonrisa.
Paco, jomío, cuando tengas a mano ese botellón de oxígeno helado pégame un toque y nos hacemos unas rondas, joé, pisha, qué peaso de caló mas grande. Estaba pensando reengancharme a la Armada a ver si me destinan al Espérides… Bueno, no, igual me lo pienso mejor…
Agüita de botijo a la sombra y taquitos de melón piel de sapo. Ea.