
Veo alambradas
Por todas partes, enredaderas
De metal y sangre, hambrientos
Horizontes de concertina.
No veo la uz, pero el sol me hiere
Como el foco inquisidor
De una sala de interrogatorio.
El hada del deseo fallece sin abrigo
Pariendo rabos de demonio,
No hay donde cobijarse en este día
Sin futuro,
El cielo llora cristales puntiagudos
Y anuncia el parte meteorológico
Que se nos ha instalado el invierno
Entre los dedos.
Hace meses, ya lo sé,
Que no me emocionan los verbos,
El tiempo es un páramo sin vida
Y mi vida un reloj sin piernas.
Hoy sólo duermo, hoy sólo muero,
Puede que mañana, por fin,
Sea el día en que me crezcan alas.




Estás condenado, ya lo sabes,







