Alumnas de una escuela de peluquería

Quisiera saber todo de sus vidas.

No del novio con moto.
No de la madre débil y el hermano que estudia.

De breves pies descalzos sobre la arena fría del sintasol.
De sombras en un cuarto.
Del verano del mundo.

Quisiera verlo todo, mientras crecen las plantas, invisibles e inútiles.
En tu casa hubo noches de fumar a escondidas
y la vida era poco para quien está sola.

Ver el desnudo práctico que nadie contempló,
casual como el volumen de la gente en la calle.

Y también el desnudo minucioso
mientras soy el que finges que te mira cuando no te das cuenta
y sientes que se muere de tu propio deseo.

(Sabes poco de libros pero eso sí lo sabes).

Quiero estar en las tardes y en las playas
y escuchar las canciones que alguien silba entre dientes.
Viviría escondido entre la ropa,
con los ojos abiertos. ¿Quién llora en el pasillo? Se ha apagado la luz.
La sombra de Papá se hace más y más grande.

Yo sí recordaría qué dijiste en la fiesta,
borracha como un piojo, pero luego
adornaría el mundo tal como a ti te gusta, con secretos, canciones
y esa solemnidad conmovedora
de los adolescentes cada vez que están solos.

Nunca te tocaría. Tú no sabrás que existo.
Furtivo en el unánime transcurrir de las cosas,
yo seré el que sonríe mientras lo tienes todo
y tu único testigo cuando ya no seas nada.

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