Poetas muertos

Aunque prefiero no tener tiempo más que para trabajar, a veces me concedo leer o ver películas. Este fin de semana he visto unas cuantas, pero especialmente dos, maravillosas, que ya había visto cien veces antes. Hollywoodienses a más no parar, que es adjetivo a veces útil y otras sobrante: El Club de los Poetas Muertos, de Peter Weir, e Imitación a la vida, de Douglas Sirk.

En cuanto a la primera, recuerdo que cuando se estrenó fuimos a verla, como el que va a comulgar, Lorenzo Oliván, Javier Almuzara y yo. Teníamos 19 o 20 años pero seguíamos siendo adolescentes. Tras la película, nos pasamos varias horas discutiéndola apasionadamente en las escaleras de Sampedro, hasta las tantas. Almuzara no entendía el suicidio de Neil, o más bien sostenía que se había equivocado totalmente. Oliván y yo podíamos estar de acuerdo en lo segundo, comprendiendo lo primero. Yo creo que lo que le pasaba a Javier es que se identificaba con Neil. Oliván, en cambio, hubiera sido un buen Knox, el enamorado que desafía todos los obstáculos. Mi personaje preferido era indudable: Charlie Dalton, Nuwanda. Y también contábamos con nuestro particular profesor Keating…

No penséis que teníamos una noción romántica y angélica de la poesía. Los tres hemos sido con el tiempo ensayistas y críticos y traductores y todo lo teóricos que puede esperarse. Y los tres podríamos desmenuzar la película y señalar todos sus puntos flacos, todos los subterfugios por medio de los cuales se apela a la sentimentalidad más básica. Pero ¿por qué tendríamos que hacerlo? También se apela a sentimientos nobles y a la inteligencia de leer bien la poesía, lo cual, a menudo, aunque no siempre, está más al alcance de los adolescente que de los eruditos. Para mí, El Club de los Poetas Muertos, con todas sus sinuosidades “hollywoodienses”, ha expresado mejor lo que es la literatura que muchos pensadores posmodernos, con su inútil ironía y su bagaje intelectual. Hay una sentimentalidad inteligente. No hay inteligencia sin sentimentalidad.

Respecto a Imitación a la vida, aquí no caben sesudos análisis: es un melodrama en estado puro, excesivo, abusador. Siendo, como era, adelantada a su tiempo en el tratamiento del problema racial, es una de las películas más racistas que he visto en mi vida. Véase, si no, la relación entre la criada y la señora, la hija negra y la hija blanca; las cosas que se dan por hecho. Pero he dicho que no la analizaríamos. El final, con el desmesurado entierro de Annie, es fabuloso, estética pura. Pero, sobre todo, la película es formalmente de una sobriedad que no se ve en el cine de hoy. Recuerdo que Douglas Sirk decía que él nunca movía la cámara si el personaje no se movía, so pena de descubrir el artificio. Por eso, Imitación a la vida es tan sólida: pura afectación pero todo tan calculado que no se nota. Y hermoso.

(Mucho más miente en su cine, y casi nadie se atreve a decirlo, Lars Von Trier, ese sobredimensionado manipulador).

¡Ah!, tengo las emociones de los animalitos sin desbastar: lloré como una magdalena en las dos películas. Que nunca me falte mi sentimentalidad, tan básica. O estaré más muerto que un poeta muerto.

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7 comentarios en Poetas muertos

  • Alguien

    Jose tenemos que hablar. Un abrazo. Os quiero.

  • J. Jimenez

    Almuzara, Oliván y Piqueras, un club de poetas muy vivos. El profesor Keating sería el profesor JLGM, supongo.
    “Los poetas muertos”, gran película. A veces, cuando pierdo la fe en la poesía (si se puede decir de esta manera), no tengo más que volver verla y todo resuelto.

  • J. Jimenez

    Almuzara, Oliván y Piquero, quise decir!!!! Joder, se me cruzado un presentador de telediarios por ahí. Sorry!!!! Y un abrazo.

  • Anónimo: ¿Quién eres?
    Gracias, Jiménez. No serás Juan Ramón… Porque ya que hablamos de poetas muertos… ;-)

  • J. Jimenez

    Qué más quisiera yo (en lo poético, claro). No, tengo que conformarme con ser solamente Jesús.

  • Pues ya sé quién eres. Un placer verte por aquí. Un abrazo.

  • My

    ¡ Uyyy!!!! Pues me encanta que mi poeta vivo comparta sus emociones. Me has hecho recordar lo qué me pasó cuando vi por primera vez la peli del Club y lo que evoco de inmediato es la sensación física real y enorme de nudo en la garganta; porque me considero sensible, pero no sensiblera y en la sala me tragué las lágrimas ( no es que me importe llorar en público, pero me contengo). Por entonces acababa de leer a Whitman y vivía una serie de cosas que me reencontraban con la trama. Pero la que peor lo pasó fue mi madre, ya que me vio llegar a casa normalmente y después de saludarla, me pusé a llorar a moco tendido…¡ hasta con hipo! ( y ella sin saber lo que me pasaba y yo sin poder ni hablar) Desde entonces sé, que las cosas que te guardas, tarde o temprano, salen. Y ¡qué alivio!
    También me encanta la rebeldía de Nuwanda y lo tierno de Ethan Hawke.
    Pero ayer, en vez de llorar…lo pasamos chachi los amigos en el teatro Alkazar viendo a Nica cantando ( en un festival solidario ¡cómo no!) a lo Miguel Ríos: genial.
    Bssss poeta vivo…y tierno: sí, sí.
    My

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