Cosas perdurables

El viernes, en el ABC, en un artículo sobre blogs de escritores, mi amigo Manuel Vilas calificaba el mío como “erotizante”. Me encantó. Mejor erotizante que coñazo, meapilas, insufrible, facha, aburrido o cualquier otra lacra. Supongo que se refería a mis “Fragmentos de memorias inéditas” (ver columna de la derecha, con perdón), aunque un par de granos no hacen granero y no veo nada erotizante en este blog (qué mas quisiera). Pero si lo dice el gran Vilas, va a misa.

Yo diría más bien que mi blog trata de cosas anodinas, que sólo me interesan a mí, y que tiene mucho de autoparodia, de autorretrato burlesco, excepto cuando cuelgo poemas, como el reciente de Juan Manuel Macías, un gran poema. Si contara mis problemas, habría aquí materia para un drama doloroso. Si contara mis diversiones, no tendría fragmentos suficientes. No obstante, sólo cuento cosas fútiles. Ays…

Pero hoy puedo contar que he hecho algo excepcional, una obra perdurable: he enseñado a una niña a andar en bici. A Evi, por supuesto. Uno nunca olvida quién le ha enseñado a andar en bici, porque es un rito de iniciación. Y uno nunca olvida a quién ha enseñado a andar en bici, por lo mismo. Aunque lo cierto es que lo ha hecho ella misma, con su tesón. De mayor me gustaría parecerme a ella.

Por lo demás, he hecho cosas trancendentales para la salvación del mundo y la preservación de la especie, tales como asistir a la inauguración de la sede de Izquierda Unida en Lepe o apagar todas las luces durante una hora a las ocho y media. Lo primero lo hice sin esperanza y con convencimiento y lo segundo sin esperanza y sin convencimiento. Menos mal que nos juntamos tres patas para un banco (Eva, Evi y yo) y nos reimos un montón de la que salvábamos al mundo. Aproveché para contar un par de chistes que no fueron apreciados como se merecían (la envidia es muy mala) y ensayar sombras chinescas, que tampoco perduran.

Releo (Bioy) y leo (Roncagliolo). A este último lo presentaré este martes a las 8 en el Hotel París de Huelva. No me falte nadie. La buena literatura sí es perdurable.

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1 comentario en Cosas perdurables

  • Mi padre me enseñó a ir en bici, en el camping al que solíamos ir. Y lo hizo tan bien, que ahí iba yo solo dándole a los pedales, pero convencido de que me sujetaban por detrás. Final de la historia: choque frontal contra un enorme cubo de basura de plástico gris. Me has traído a mi padre joven a la memoria: gracias.

    Acabo de leer los fragmentos de tus memorias inéditas (no conocía su existencia, soy bastante nuevo en tu blog). Estoy fascinado. Y no se aparta de mí la imagen de las texturas de tres pieles, una junto a otra. Buen material.

    Un abrazo

    Ernesto

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