Toda ciudad tiene sus corazones y gracias a ellos vive y respira. Puede tratarse de un edificio singular o un bar con encanto o incluso un personaje. O simplemente una idea.
La semana pasada estuvimos en Los Cuartelillos, después de mucho tiempo sin ir. Y nos enteramos de que intentan cerrarlo debido a las protestas de algunos vecinos: demasiada gente, demasiado ruido, demasiado trasiego de coches. Todo lo cual no es culpa del bar en absoluto.
Si cierran Los Cuartelillos se perderá uno de los corazones de Huelva, un bar tan característico de la ciudad como la Plaza de las Monjas o el Mercado (que este sí, cerrará muy pronto). No tiene nada de especial: es sólo un bar. Pero sin el ambiente de Los Cuartelillos, sin su terraza soleada, sin su sabor, sin ese punto de encuentro, Huelva ya no sería igual.
Ojalá ese corazón siga latiendo.







Yo siempre fui más de otra tasca otrora famosa del centro. Del centro penitenciario, se entiende, pero ya no me acuerdo…
Sidras y birras, que suenan casi lo mismo.
Ya. Yo de la vida me acuerdo pero qué más da…
hay bares que deberían ser nombrados patrimonio cultural de las ciudades, y en todas existen, cierto, esos puntos telúricos donde arribamos los tarambanas buscando… quéséyoquécosas, y que con el paso de los años nos damos cuenta de que aquello que andábamos buscando era tan sencillo como unas birras, unas risas y unos besos. Es lo que tiene la madurez, que nos da lucidez, supongo.
Cada vez que cierran un bar de birras, besos y risas, una estrellita se apaga en el cielo. Como cuando se licencia un abogado o abren una nueva sucursal bancaria.
Nuestros hijos van a heredar una noche completamente a oscuras.
Ag.
Me alegra que vieras lo de pagina 2. Un abrazo, MV.