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Dominique A

Foto: NT

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 Este francés jodidamente bueno acaba de sacar un nuevo álbum. Y he estado buscando videos y demás curiosidades. En el nuevo LP hay una canción con una letra impresionante. Los inmortales (gracias, Ra, por ponerme en la pista). El Piquero me ha traducido con su medio francés la canción-poema y, vi me pareció una especie de “La increíble historia del señor Summer” de Patrick Süskind. Aquí va el video: http://www.youtube.com/watch?v=w23I5aRnJK0

LES IMMORTELS

Nunca te lo había dicho

pero somos

inmortales.

¿Por qué te has ido

antes de que yo

te lo enseñara?

¿Ya lo sabías?

¿Habías adivinado

que los dioses se ocultan

bajo nuestros rostros

borrachos?

 

Todos los besos recibidos

¿sabías

que duraban,

que mordiendo la boca

su sabor volvía?

¿Y que debe haber sangre

que no se seque?

Tú me diste la mano

para beber de esa sangre.

 

Nunca te lo había dicho

pero somos

inmortales,

inmortales.

¿Has pensado alguna vez

que nada

termine?

¿Y que sea allí o no

sería lo mismo?

Y tú que ya no estás ahí

es como si fueras

más inmortal que yo

pero yo te sigo de cerca.

 

Nunca te lo había dicho

pero somos

inmortales,

inmortales.

 

José luis piensa que nunca vamos a morir y yo quiero creerle…

ESTA PROHIBIDO SER FEO

Me apetecía hablar de la medusa mediática que se ha instalado en nuestras vidas, como si Coppenaghe fuera el metro de platino iridiado de las emociones mundiales. Y, la verdad, me alegro mogollón por Río de Janeiro, Lula (espectacular) y nosotros, en fin, como ya lo teníamos todo hecho… Desde ayer se van a invertir mucha pasta en  Río: seguridad,  hoteles y demás servicios. Ingresos para  urbanizar ese entramado tan antiguo que son las Olimpiadas. Ya tocaba un poco de equilibrio.

Yo, como no quería escribir la columna con el atragantón de Chicago, Tokio y la final, escribí una columna que no pasa de moda mientras tengamos introyectadas una cultura de la imagen pobre, animal, insuficiente.

Hoy, en la contra del Odiel Información me relajo…

PROHIBIDA LA FEALDAD

SE PROHIBE LA FEALDAD

 

En este país (en realidad, en todo occidente) no se puede ser feo. No ser agraciado es como un insulto, casi un escándalo. Y salgo en defensa de las dos hijas de Zapatero. El mundo no se escandaliza ni se mofa porque el matrimonio se fotografíe con las hijas y los Obama (que son negros, pero guapos); se avergüenza, se ríe y las desprecia porque son feas y góticas. Nadie piensa que tienen que tener personalidad, las chicas, o que sus padres hacen muy bien en  permitir sus gustos estéticos. No, nadie elogia hoy las convicciones ni la toleracia, para qué, si son feas. Y nos inundan los ordenadores con fotografías retocadas en fhotoshoph para ridiculizarlas y destrozar la humanidad que esa foto desprende: una familia. ¿Nadie se ha mirado al espejo, antes de hablar de esas adolescentes, antes de despreciarlas?. Y es que son los más horribles los que siempre se ensañan con los feos que dan la cara en vez de esconderse en el más feo de los anonimatos: la gente, la burla.

DÓNDE HABITA EL OLVIDO

ESTE ES EL POEMA QUE RECITÉ EL VIERNES EN EL TEATRO DE ISLA. DESCRIBE BIEN LA CONTRADICCIÓN DE SENTIMIENTOS Y LA PAZ Y LA MUERTE TAN TEMIDA COMO NECESARIA. IRÉ COLGANDO ALGUNAS COLUMNAS, QUE TIENEN UN TONO MÁS CRÍTICO Y HUMORÍSTICO. QUE SI NO, CONVIERTO ESTE BLOG EN UN FUNERAL.

DONDE HABITA EL OLVIDO

 

La abuela se fue muriendo

de olvido.

Se olvidó de sobrevivir.

Y a su corazón se le olvidó

seguir latiendo

después del último latido.

 

A la abuela se le fue olvidando

el significado de las palabras

y hasta su propia voz olvidó

de qué forma salir.

Olvidó qué eran sus lágrimas o

como abrir sus ojos transparentes.

Se le olvidó el dolor que duele

el dolor

o dar un paso tras el último

paso dado.

 

Las cortezas de su cerebro

se hicieron blandas e inútiles.

 

Al principio, cuando aún

se acordaba de andar,

de cagarse encima

o llorar,

la abuela nos hacía mucho

daño sin querer.

En las retinas lo guardo todo.

 

Mi madre

murió antes que ella

y nos dejó huérfanos a todos.

Aunque mi madre

se moría un poco

cada vez que la reñía

por beberse una botella de lejía

o desnudarse en la calle

como un bebé vagabundo.

 

Y la abuela, la que tanto miedo

le hizo a mi vida

y tanto añoro,

la de la vida convulsa de hambres,

niños muertos

e hijos enfermos,

la de las palizas del abuelo,

que murió de un calambre

por alcohólico, fascista o pobre loco,

se fue muriendo en aquel sitio

al que nunca tuve el valor de ir.

 

Y sé que la abuela murió

de olvido

pero no olvidada.

Que sus huesos se plegaron

en posición fetal

como un recién nacido famélico

y listo para morir.

 

Hasta que se le olvidó de respirar

después de la última respiración.

 

Y ese día, todos respiramos.

 

Para seguir respirando.

 

 

Un blues para una de mis madres muertas

Abuela, yo fui tu primera cuidadora. Tenías la enfermedad como una crisálida, una pariposa de inquina. Ya hacías cosas raras, pero siempre cerraba los párpados y pensaba “mi abuela se confunde, debe ser algo relacionado con el sufrimiento”. Y te acompañaba a comprar porque un bote de tomate frito  con un 20% de descuento pensabas que valía 20 pesetas. Estaba hecho para eso, para confundir. Y tú, con tus ojos transparentes y tus niñas levemente coloreadas eras el blanco perfecto.

 

Nunca tuve la Bondad tan cerca.

 

Te cuidaba como una nieta que vigila y quiere. A veces me quedaba atónita con tus inconexiones. Y no sabía dónde preguntar o cómo responder.

 

Y luego fuiste a peor y teníamos que echar los pestillos que tú, dócilmente, permitías. Tu cuerpo fino y tu piel transparente eran un regalo que no podía someterse a las inclemencias de la enfermedad. Yo prefería que te quedaras en casa, o acompañarte mientras el pueblo hablaba en voz baja. Yo sí lo oía. Suerte que en tu limbo de inexactitudes los otros no tenían sitio alguno.

 

A mamá le contaba alguno de tus dislates, pero siempre hice uso del humor. Todos erramos.

 

Y lo que más me duele, lo que no puedo comprender es que una mujer tan buena como tú pudiese vivir una vida como tus neuronas te obligaron. No, no es justo. No, tú eras una superviviente, ¿y para qué? Como mamá. Como yo.

 

De tu enfermedad apenas se sabía nada. Las hipótesis no limpiaban el felpudo de la vecina. El nombre de un médico que dio con las raíces de la enfermedad no sabe cuántas puertas hay que cerrar ni cuánta paciencia debe tener una familia ante extraños artificios que dinamitan una vida regular. Y tú, tan indolente, tan ajena, tan de ti… desgraciando la vida sensata de una familia.

 

Ahora, muerta mi madre, muerta tú, ¿qué raiz me puede sostener en vertical? Estoy tocada por ese insecto de la memoria. Y por el sufrimiento.

 

Y ofrezco poemas en vez de cuidados, de los abrazos que nunca te di en tu última etapa. ¿Quién permitió que te cortaran el pelo? ¿Quién que éste se volviera blanco? ¿Quién permitió que se te cayera? Y los dientes y la verticalidad y el no despertar al bebé en posición fetal aquel día en que tu cuerpo-mente decidió que ya era hora de morir.

 

Y ahora no estais ni tú ni tu hija, mi madre, y me siento demasiado huérfana.

 

Todos nos sentimos culpables. Todos miramos para otro lado, por necesidad. Y ahora expiamos nuestro sentido de culpa.  Aquella voz, aquel portazo. Aquella dirección a la que nunca fui: donde moriste tal y como habías nacido. Un bebé listo para morir. Si el limbo existe, allí tengo una casa, para cuidarte, para demostrarte todo mi amor hacia ti, para sentirme un poco más limpia. Pero creo que el limbo no me quiere: sólo quiere a los nobles.

 

(Éste fue mi particular homenaje a mi abuela el viernes pasado, en una gala sobre el alzheimer, en Isla Cristina (qué orgullo, actuar en el mismo escenario que Arcángel). Ya lloré lo suficiente y siempre será poco. Mi abuela era la Bondad pura).

 

Mi última columna ¿vale!

CRÓNICAS DEL SUDOR (IV)

 

Hoy toca criminalizar los atentados más sanguinarios al lenguaje, ese que nos hace inteligentes. El otro día, delante de una marisquería pijita y cool ponen una pizarra que reza:“HAY ARROZ CARDOZO”. Puede que sea otro tipo de arroz, pero no me atreví a preguntar por no pecar de tocacojones. Me tomo un café y el sobre tiene más faltas de ortografías que azúcar, dice: “El buen café tiene que ser Negro como el diablo; Caliente como el infierno; Puro; como un angel y Dulce como el amor”. El día que lo maquetaron tenían una oferta en puntos y comas y mayúsculas: cuenten las faltas (ocho). Pero lo que me exaspera hasta la rabia es la coletilla de moda cada vez que se abre la boca: ¡¿VALE?!. Sin el supuesto ¡vale! no hay sentencia, no tiene consistencia ningún argumento seguramente estúpido; sin el “vale” eres una piltrafilla parlante. Y escuchas a los catetos escupir varios “vales” en una oración de sujeto y predicado básicos. Yo, ¿vale?, digo, ¿vale?, que somos, ¿vale?, unos analfabetos, ¿vale? Y si pone cardozo, ¿vale?, es que es cardozo y no caldoso, ¿vale?.

Publicado en Odiel Información

Valencia

Ha sido una semana de vacaciones que JLP y yo necesitábamos tras las coces de la vida perra que se nos cuela sin ser solicitada. Necesitábamos aparcar los tótems axfixiantes del devenir. Desconectar. Charlar y discutir desde otros puntos de vista, con otro mar de fondo, un mar generoso en su temperatura y poderoso en la fuerza de sus mareas.
Josep Carles y Rosa María nos facilitaron la posibilidad y no nos lo pensamos. Dos lecturas en la playa de la Malvarosa, en la terraza de la casa museo de de Blasco Ibáñez, y una improvisada en El Dorado, una jam en la que aparecí descalza y con una voz agónica. Un momento hermoso entre el entusiasmo de los chicos de El Dorado y yo, superando el ralentizamiento de mi narcolepsia, leyendo como si viniese de oriente próximo.
Me encantó la evidencia de que Uberto Stábile sigue presente allí, como auténtico agitador cultural. Jóvenes y mayores lo respetan y admiran. Me gusta haber asistido a esa evidencia. Él me dio el espacio y la oportunidad de comenzar con mi poesía y siempre ha estado cerca de mis libros y mi vida.
Y hablamos, hablamos sin parar, desde sentencias tan aparentemente estúpidas como “es que yo me aburro meando” (ese calor sólo pedía beber, beber) o las razones divergentes sobre la decisión de la maternidad y paternidad. Laínez con su habitual desmesura y Rosa con su habitual mesura. Conociéndoles mejor, ni uno es tan impulsivo ni la otra tan serena. Tenían una tensión sexual que va mucho más lejos que el sexo mismo. Una pareja sólida y parrticular. Los dos, cada uno a su manera, viven con pasión la Literatura, la Filosofía y la Amistad. Yo necesito tener referentes fraternales en mi pequeño horizonte. Sigo siendo, en el fondo, otra romántica posmoderna.
Carmen (cuyo libro he de leer) se ofreció a abrazarme como lo hacen las madres de las huérfanas, una mujer joven, independiente, hermosa.
Ahora volvemos a la batalla, pero recién reseteados y con un cordón umbilical con Valencia y estos habitantes.
Muchas gracias, mis queridos.

Poema para mi mejor amiga

La vida se ensaña con los ángeles. O la bondad de los ángeles le abre la puerta al dolor. Mi amiga es limpia como una verdad abierta: una puerta abierta al horror. En este momento me gustaría acariciarle el pelo y decirle que todo fue un mal sueño. Para Raquel

MÓNADA

El mundo es un sanatorio de canallas
en el que duelen tus ojos sin órbita,
tu llanto de venenos ajenos.
Olvida que la vida no es dulce,
eres frágil como la risa de un bebé,
blanca como el sexo de las ancianas:
demasiado verdad.

Sé que existe un mundo para ti:
el verdadero mundo soñado por los ángeles
el mejor de los mundos posibles
eres tú.

Eres una mónada y no lo sabes,
una madre que despioja a sus crías,
un soplo para todos nuestros sustos.

Ya no se estila el amar,
ven, déjate que te peine
y dime:
¿Cuántas piezas perdiste de tu mapa?
¿Cuántos tumbos diste entre duelo y duelo?
Encuéntrate y recoge las sobras.

Y no me hagas el daño de dañarte,
de vivir una vida minusválida.
Una de tus piernas quedose en la niñez,
tienes un pie rozando el limbo de la inocencia.

Sal del mundo, pequeño ruido,
esternón sin hueso,
abstente de la ley de la gravedad.
Te quiero.
Te quiero.
Y piensa que de ti se alimenta el mundo
de los vivos
y el mundo de los muertos.

La Poesía de los obreros

CALLEJEROS

 Señoras y señores: ¿Sabían que la poesía puede echarse a la calle y competir con un botellón o con el embrutecimiento discotequero? ¿Qué la poesía puede ser entretenida, conmovedora, chocante, estética y concienzuda? ¿Qué cualquiera puede acercarse a ella porque es generosa y no gasta melindres? Este sábado, de noche y hasta la madrugada, la poesía sale de los papeles y se re-cita en Trigueros. Depués de unas viandas y un pistoletazo de salida de Luis Eduardo Siles, pregonero de la ocasión, saldremos a una plaza a recitar y prometer atención y oído a quién se acerque, aunque sólo sea para vernos caras de marcianos. Una jamm sessión poética con los críos correteando cerca de los marcianos. Poesía divulgativa, un verdadero ejercicio de desinhibición y rescate de la lírica del guetto intelectual en el que está confinada. Paco Huelva, María Gómez, Manolo Rubiales, José Luis Piquero y yo misma, junto a todo el que quiera apuntarse, vamos a desnudar a la poesía para devolverla al mundo de la cotidianeidad. Estáis invitados…

Ya estoy de vuelta

Vuelvo a tener mi página. No sé si colgaré muchos posts. Más bien no. Pero podemos encontrarnos en el Libro de Visitas (ver pestañas parte superior), que es donde pasaré más tiempo y donde podéis dejar los comentarios que se os ocurran. Bienvenid@s.

Tanto café no sienta bien

Los socialistas no dan una a la hora de tomarse un café. Primero, a Zapatero (que lleva bien las cuentas de la conversión de las pesetas al euro) le cobran ochenta céntimos en el bareto al lado de la Moncloa, y después viene Solbes (que no controla la conversión de pesetas a euros) y se toma un café con Zapatero, se gasta dos euros y deja ¡un euro! de propina. Claro, así cómo queremos que vaya el país… ¡Inflacción! y a dejar el vicio de coleccionar casas, que en América se les cayó el chiringuito por vender casas a indigentes. Y mi padre que es pensionista y socialista me dice: “Pues no se equivocaba ZP; en el hogar del pensionista el café me cuesta sesenta y cinco céntimos”. Y yo digo: “Pues en el Brisamar a mí sólo me cuesta uno cincuenta el desayuno entero. Y no dejo propina”… ¿No será que los españoles, además de no valorar el euro, no hemos aprendido controlar los gastos? Menos números y más contención, señor Solbes…

(Publicado en Odiel Información el 17 de diciembre)