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No, no voy a escribir sobre propiedades o atributos de la excelente señora de “mi entorno” que así se llama. Es que me siento clásico y voy a escribir sobre la felicidad y me ha parecido molón titular esto como lo hacían in illo tempore.
Resulta que, tras haber publicado aquí unas notas sobre el pensamiento positivo, un mi amigo, asturiano él trasplantado a Extremadura y conrado a carta cabal, me cuenta que en la universidad gringolandesa de Harvard (que por cierto, últimamente está cayendo en mi valoración) hay un gurú llamado Tal Ben-Shahar dedicado a impartir cursos para ser felices a los que asisten 1400 alumnos por semestre (¡cuánta pasta, supongo!). Como no es cuestión de copiar aquí todo lo que se puede encontrar en la red voy a limitarme a esquematizar los 13 mandamientos que imparte con algún comentario mío, que de psicología no entiendo nada, quede claro, pero que alguna experiencia vital tengo, mirusté:
Hacer ejercicio, el mejor antídoto contra la tristeza y el estrés. Pues nanay del Paraguay: cuando uno camina solo hay veces que vuelve más triste aún que cuando salió, y eso sin contar con lesiones y demás. Mi amigo Miramamolín escribió sobre el asunto hace siete años.
Desayunar: glorioso descubrimiento, vive God: si alguien no desayuna será por pobreza, ergo infelicidad. ¿Todo el que desayuna es feliz?.
Agradece a la vida lo bueno que tienes. Haz una lista de las 10 cosas que te hacen feliz (y si tengo diez cosas que me hacen feliz, ¿para qué ir a ese curso?).
Sé asertivo, mejora tu autoestima. Sí, especialmente cuando no encuentras trabajo por mucho que lo busques.
Gasta tu dinero en experiencias, no en cosas. Y si no tengo o no me sobra dinero, ¿seré feliz? Esto me ha recordado un curso empresarial en el que se nos contaba que uno de esos motivadores gringos decía en un libro que para hacerse millonario en poco tiempo había que empezar … invirtiendo un millón de dólares en … De coña, ¿no?
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. ¡Otro descubrimiento! Me lo decían cuando era un crío sin cobrarme ni un céntimo. Naturalmente, si pagas hoy la multa sin recargo te sentirás felicísimo.
Recuerda lo bonito de tu vida: llena la nevera, el ordenata, el escritorio, el dormitorio, tu vida de recuerdos bonitos. Pues a ver cómo meto en la nevera a mis hijos, nietos, amigos, reuniones, etc … ¡Se van a resfriar, cognibus!
Sé amable con la gente, sólo el sonreir cambia el estado de ánimo. Aquí hay algo de cierto, pero cuando me sonríe algún vendedor, en general, no me da la impresión de que sea feliz, sino que le han enseñado a hacerlo en los módulos.
Usa zapatos cómodos. Tercer invento glorioso. Es que lo normal -y de ahí tanta infelicidad- es ver a la gente cojeando por las calles. El consejo se basa en un aserto del presidente de los ortopédicos usacos.
Cuida tu postura: anda derecho, con los hombros hacia atrás y la vista al frente. Como en la mili, que éramos superfelices, lo juro.
Escucha música, querrás cantar y bailar. O no, depende de la música que oigas o de si te gusta bailar, o cantar. Yo disfruto mucho oyendo el Requiem de Verdi y me horripila oír un rock.
Lo que comes tienen gran impacto en tu estado de ánimo. Claroooo …, entre un 5J y un puñado de moscas no hay comparación.
Ponte guapo. ¿Y quien, haga lo que haga, es feo sin remedio?
Hay otro aspecto de la felicidad que me ha llamado la atención en los últimos tiempos, y es la manía -o la jeta- de quienes ahora la enuncian con fórmulas matemáticas. Como otro gringo llamado Seligman, psicólogo de los positivistas que en el libro “Sonríe o muere” se cita y comenta una entrevista entre la autora y él, que os resumo. La fórmula que propone en su libro “Authentic Happiness” (de 2002) es:
H=S+C+V, siendo H el nivel de felicidad, S la situación de partida, C las circunstancias de tu vida y V los factores bajo control. Por tanto,
H=f(S,C,V), es decir que la felicidad está en función de S, C y V.
Barbara Ehrenreich le preguntó que cuáles eran las unidades de medida y él le dijo que había que “poner factores”, por ejemplo C descompuesto en 20 factores; ella le preguntó qué cómo se reduce ese C a un solo número y él le responde que hay que “aplicar el coeficiente beta” (algo que se aplica en correlaciones estadísticas para hacer predicciones, lo que no es el caso para una simple ecuación). Doña Bárbara lo explica muy bien en las pgs. 188 y ss. de “Sonríe o muere” llegando a la conclusión de que es una tomadura de pelo, pero las fórmulas molan porque hacen que todo parezca muy científico.
Algo así hizo Punset en su libro “El viaje a la felicidad: Las nuevas claves científicas (2005)”, que me leí en su día. Su fórmula:
F = E*(M+B+P) /R+C
donde: E son las emociones implicadas en nuestras acciones.
M los recursos y el coste energético del mantenimiento de nuestro organismo B es la búsqueda de nuevos horizontes (intelectuales, emocionales, profesionales, etc.) P es el parámetro que define las relaciones interpersonales. R sería el símbolo que representaría los factores externos reductivos de la felicidad (religión) C sería el representante de los factores internos tales como: las mutaciones genéticas lesivas que producen enfermedades congénitas, el desgaste celular, etc…
El profesor Marmelada en la revista del grupo de investigación “Ciencia, razón y fe” de la universidad de Navarra hace un análisis en el que, entre otras cosas, dice que:
- recuerda al intento de Baruch Spinoza de demostrar los fundamentos de la ética al estilo de los geómetras (con axiomas, corolarios, etc…).
- se echa en falta en la ecuación las unidades de medición (como en la fórmula del gringo).
- la idea de que sólo la ciencia puede darnos las claves para ser verdaderamente felices es una idea trasnochada. En efecto, esta idea arranca, por lo menos, desde los tiempos de la Ilustración en el siglo XVIII y su ya caduca fe en el mito del progreso indefinido tecnológico, pasando por el mesianismo promisorio del positivismo cientificista decimonónico.
Puede verse el artículo completo aquí: http://www.unav.es/cryf/cienciayfelicidad.html, pero siempre teniendo en cuenta que el grupo de investigación y la universidad a la que pertenece pueden ser opusdeístas y, por tanto, mediatizado por la fe.
De todos modos, a mí la fórmula para la felicidad que más me convence es ésta, anónima:
S+D+C+F ..sexo, deporte, comer y fiestas
Ya puestos, recuerdo que se puede formular cualquier cosa, como yo mismo hice aquí:
En suma, todo esto huele a dinero, como dirían un gringo o un modelno: business is the business, o, dicho en español, la pela es la pela, y en la era del euro: el pelo es el pelo, pero puestos a que nos lo tomen, mejor en la peluquería que es más barato y se oyen conversaciones que hacen reir.
Hace unos meses mi amigo Fray Fossor publicó aquí unas irónicas líneas sobre la moda del pensar en positivo. Seis meses después conversaba telefónicamente con otro amigo, psiquiatra y psicoanalista y, no recuerdo a santo de qué, salió ese tema y me recomendó la lectura de este libro publicado hace un año en España:
Mientras lo leía, en uno de los blogs que visito con frecuencia volví a encontrarme con el concepto de la “positividad” hasta en el consomé. Bien, yo soy crítico con el asunto porque, sin saber de psicología prácticamente nada, algo sí voy sabiendo ya de la vida -no todo, ni mucho menos- como que nadie es infalible, que hay cosas que ocurren por mero azar, que volveré a cometer errores dado que desconozco la mayoría de las cuestiones que pueden influir en una toma de decisión, etc., etc …
Y he tenido una reacción de auténtica mala leche: compartir mis impresiones del libro con vosotros, valientes y osados lectores que sois.
La autora es Barbara Ehrenreich, doctora en biología, dedicada al activismo social, periodismo y autora de bastantes libros. Es un año más joven que yo, como podéis ver en la wiki y paseando por Google. Y creo que es valiente por atreverse a llevar la contraria a lo que predican santones de todo tipo en su país, Gringolandia. Cuando contrajo un cáncer, naturalmente le dijeron que era una magnífica oportunidad, como le dicen a quienes pierden su trabajo (recientemente alguien del nuevo gobierno hispánico ha dicho algo así como que trabajar siempre en lo mismo es aburrido y que ir al paro ofrece la oportunidad del cambio, “filosofía” ésta de la que da noticia doña Bárbara en su libro, predicada por allí hace décadas. Se ve que nuestro “gobernante” hizo un máster por aquellos lares). Hoy he leído también una entrevista a un cirujano católico que afirma que con la mente cambiamos el mundo o que concentrándonos en la respiración abdominal se van las preocupaciones del coco, porque se liberan endorfinas. Buenoooo … Ya sabes, si llevas tres años en paro, respira con la barriga y te sentirás feliz. Y luego a misa con el cirujano.
Con el libro de doña Bárbara he aprendido que el tingladillo positivo nace del calvinismo de los primeros usacos, por sus complejos de malosos pecadores, que dios quiere que seamos ricos, que si queremos vivir en una mansión espléndida sólo tenemos que recortar una foto de una revista, pegarla al espejo del cuarto de baño y la mansión vendrá a nosotros, y, como estas trocherías, muchas más.
Pero el asunto no queda ahí, sino que hay cientos de predicadores, predicadoras, “motivadores”, nuevas religiones que, en iglesias monumentales como antiguos estadios deportivos, con capacidad para miles de personas, se dedican a “predicar” el pensamiento “positivo”, a vender sus libros de autoayuda, sus pegatinas, recuerdos, deuvedés y demás chorradas que la gente compra gustosa y les hace millonarios en un periquete (en el cine hemos visto cosas de éstas alguna vez, pero yo, al menos, no podía imaginar que fuese de tal envergadura el asunto). Y están los coachs motivadores de las grandes empresas que montan sus circos para que el personal sea positivo aunque lo despidan al día siguiente. Esto ya ha llegado a Europa, claro, en las filiales de las empresas. Conozco a quien lo ha vivido en sus carnes.
Pero ninguno de esos predicadores sabe explicar que Gringolandia arroje en los estudios sobre felicidad resultados bastante malos y que sea el país en que se recetan más antidepresivos: nación prozac se llama desde hace décadas.
Naturalmente toda esa gens verborreica explica que si algo le va mal a alguien, es que se lo ha buscado por su actitud “negativa”. O si no, ¿porqué atropella un camión a un crío si no es porque eran negativos él o su parentela?
En este vídeo hace la autora un resumen del libro:
Concluye doña Bárbara su libro diciendo: “Nos enfrentamos a problemas reales, y sólo podremos afrontarlos si pensamos menos en nosotros mismos y nos ponemos manos a la obra en el mundo real. Habrá que construir diques, llevar comida a los hambrientos, encontrar remedios y dotar adecuadamente al personal de primeros auxilios. Quizá no todo nos salga bien, seguramente no todo salga bien a la primera, pero -si se me permite terminar confesando mi secreto personal de la felicidad- podemos pasarlo muy bien mientras lo intentamos.”
Yo lo firmo, y añado, dadas las circunstancias históricas que nos rodean: considera si puedes sumarte a las Asambleas Ciudadanas Constituyentes, porfa. Mañana, 20 de febrero a las 19 hs. nos reunimos los de Huelva en la Asoc. de Vecinos del Matadero (junto al rest. Las Meigas).
Hoy he comprado en Mercadona, junto al campus del Carmen, frente al streaker de Huelva, que puedes ver aquí:
y algo numerológico ha ocurrido que, como siempre que doy con una situación similar, dejo a los entendidos para que lo descifren.
Mi compra ha sido una realidad demostrable porque tengo el tique y el cargo, tarjeta mediante, en una entidad bancaria, amén de que he encontrado allí a un matrimonio amigo con el que he departido de arte coquinario, recetas y ambrosías por el estilo. Mi realidad es, justamente, ésa: he comprado hoy en el lugar antedicho.
El importe total de la compra, alimentos y algo de droguería incluidos, ha sido de 61.69 €.
Y aquí entran en juego otras realidades que pueden asociarse a una o varias personas de mi círculo, expresión que prefiero a la de “mi entorno” acuñada por ciertos jueces. Así, el nº 61 se corresponde con la edad de un mi hermano -su realidad-, única persona de las citadas supra que la ha cumplido este año. Pero el nº 69 es otro cantar, o por mejor decir, otro soñar: secreto, clandestino, ¿vergonzante?, íntimísimo, ¿pecaminoso?, y cuantos calificativos se te ocurran a ti, lectora, lectore, lector, bien por propia iniciativa, bien por aleccionamiento de púlpitos y confesonarios.
¿Quienes, de las gentes que conozco y trato asiduamente, sueñan con el nº 69? ¿En qué contexto? ¿Jugando al bingo, la lotería o azares semejantes? ¿Jugando en una cama con alguien, soñador -que no somnoliento- del mismo juego? No recuerdo haber hablado de tal hipotético sueño con mis circulares personas, de modo que no aventuro ninguna respuesta. Ellas sabrán y, si quieren, dirán.
Pero además, si sumamos guarismos tendremos: 6+1+6+9=22; y 2+2=4. Del 22 algo se decía en las loterías infantiles pero, dada mi senilidad, no lo recuerdo bien, de modo que se me ocurre entrar aquí y veo lo de los dos patitos (lo que recordaba yo vagamente), que es un nº de locura, que la biblia termina en el capítulo 22, que Agustín el de Hipona escribió 22 libros, … de manera que hay mucha magia y superstición asociada al numerito en cuestión, afirmo.
El 4 me ha recordado mis tiempos de ejército, por lo de “uno, dos, tres, cuatro”, si bien los del caqui lo pronunciaban con más precisión matemática: “¡uhh, óhh, ehh, aro!”. Así conseguían que los zapatazos fuesen rítmicos y nos jiñásemos en sus difuntos todos los guripas al mismo compás. Pero mirando aquí se comprueba que el cuatro es un cúmulo de supersticiones milenarias que nunca se me habría ocurrido sospechar así enunciadas, aunque casi nada de lo que se cita me resulta novedoso.
Bien, pues aquí dejo mis elucubraciones, mas las preguntas siguen ahí:
¿qué puede significar ese importe de mi compra en Mercadona?
¿has soñado alguna vez con el nº 69?
¿quién era tu cómplice en el sueño?
¿se lo has contado a Freud?
¿has marcado el paso como yo?
Pues si te atreves, contéstalas y que todos aprendamos.
Esforzados lectores: hace varias semanas que mi amigo El Vate Orate me pasó, y yo colgué aquí, la primera entrega de sus haikus il-levelentes. He recibido toda clase de mensajes vuestros encareciéndome a que publicase el resto de la serie, pero no he podido localizar al Vate, lo que me ha llevado a un estado de ansiedad nada deseable. Y en ésas estoy, cuando recibo un comunicado de su agente literario, que os traslado:
“Estimado Sr. Barbonauta,
lamento tener que comunicarle que mi representado, y amigo suyo, don ….., más conocido como El Vate Orate, está que se sube por las paredes -y nos tememos que pronto ande colgado de los techos- porque se ha transformado en una Drosophila melanogaster, o sea en una mosca, lo que dicho en lenguaje de por ahí puede traducirse como que “se ha mosqueado” muchísimo.
La unidad de psiquiatría que habitualmente le atiende, tras muchos esfuerzos y tests de Rorschach, ha podido colegir que su estado de sobreexcitación se debe a que de su escritorio han desaparecido los manuscritos que tenía preparados para ir publicándolos con un ritmo suficiente como para que sus lectores pudieran interpretar el alcance de cada serie. El trabajo de varias semanas de reflexión, concentración, inspiración, dulzura y cursilería ha volado del escritorio. ¿Causas? Se están barajando varias posibilidades, a saber:
. una corriente (col-liente diría él) de aire a la hora de la limpieza y ventilación;
. secuestro/robo/hurto por parte de una organización purista (pulista diría él) delhaiku, con la finalidad de escarmentar a quien ose no atenerse a las normas y delicadeza propias del género (génelo diría él);
. efecto Fukushima, aunque no se discierne aún si por activa (del mundo nipón llega el terrible (tel-lible …) castigo o por pasiva, séase, que donde las dan las toman;
. espionaje, porque poetizar sobre la naturaleza, hoy, es gravísimo, habida cuenta lo que el Poder u los Mercados le tienen preparado.
No puedo decirle más, salvo que haremos, los psiquiatras y yo, todo lo posible por tranquilizarle y tratar de que recuerde lo que tenía escrito para poder publicarlo. Cuando sepa algo más se lo comunicaré, no le quepa la menor duda.
Atentamente,
XXXXXXXXXXXX”(omito el nombre por cuestión de seguridad).
Salón de Actos de la Fundación Caja Rural del Sur, Calle Mora Claros (Boticas), 8
DOMINGO, 23 DE OCTUBRE, A LAS 20 hs.
Dos excelentes intérpretes, JOLÍS (tango) y Rosario Solano (fado), con la profesora
argentina Susana Giraudo, realizarán un recorrido por estos dos géneros que presentan claros paralelismos en su procedencia, influencias musicales y poéticas, temática y evolución.
El tipo siempre había oído decir que algo era “un pan como unas hostias”, referido a lo que salía mal o estaba mal hecho, dado que en los tiempos pasados de grandes hambrunas -y puede que en los venideros por la crisis neoliberal- un pan sin levadura se consideraba de mala calidad, lo que no deja de ser curioso si se considera que desde los púlpitos se enalten las hostias y no el pan normal. Otras versiones, suponía, más dietéticas e hipocalóricas, decían “como unas tortas”, considerando a éstas peores que el pan, probablemente, por su sabor azucarado.
Lo que nunca había oído era “atún como unas hostias” y, por más vueltas que le dio, no se hacía a la idea de la existencia de un atún sin levadura, cuando tampoco había leído que lo hubiese con ella. Con omega-3 sí, pero eso es bueno, según le decían su médico y los publicitarios de la leche, y no de mala calidad como las hostias. Mas no había contado con el azar y la ausencia de correctores léxicoauditivos, del tipo de los ortográficos que tienen los ordenatas.
Faltando a sus costumbres normales, y por mostrárselo a un invitado que tenía esos días, acudió al nuevo mercado municipal de la fastuosa ciudad de Villafuentes de Perico, en la que residía desde varias décadas atrás. El pretexto fue comprar unos calamaritos para añadirlos a una paella que se proponía cocinar.
Situados, su invitado y él, ante uno de los puestos de la pescadería, mientras la chavala lavaba y limpiaba los calamares, el joven y esquelético pescadero terminaba de rotular un cartel, a dos colores, que luego situó sobre un gran trozo de atún, predestinado a ser fileteado a demanda de los clientes. Decía el cartel: ATÚN DE LA COSTA, FRESCO Y NO CONGELADO COMO OTROS.
Filosofaron unas frases sobre la extendida costumbre de dar como fresco atún que ya había estado congelado, sin advertírselo a los clientes, lo que suponía un riesgo nutricional para éstos, cuando el pescadero vecino, también joven pero atlético, y al que el tipo le había comprado unos excelentes medallones de corvina días antes, vio el cartel y, situándose frente al puesto en que esperaban sus calamares el tipo y su invitado, increpó de modo agresivo al literato publicista:
-¡Eh, tú! ¿Qué “otros” son ésos?
Gesto de desprecio, hombros encogidos …
-¡No dirás que mi atún es congelado, ¿eh?!
-¿Que no? ¡Mira, mira aquí…!
el flaco se inclinó sobre el atún del vecino, levantó la parte frontal del corte y señaló el borde inferior, que se apreciaba algo reseco; y ahí terminó su gesto, porque ante el asombro de cuantos esperaban ante los puestos, pendientes de las voces que se daban los vecinos, el atlético le arreó un puñetazo -¿o sería una hostia?- en la boca al famélico que, acto seguido, le respondió con otro -¿otra hostia?- igual. Sólo los separaba el mostrador.
La muchacha seguía limpiando los calamares, seriecita ella, sí, y unos tipos de camisetas amarillas sujetaron al atlético, mientras un grupo de hombres lo rodeaba; sus ojos estaban desencajados, la mandíbula prominente, como dispuesta a morder o a recibir un bastonazo y gritó varias veces, mientras forcejeaba:
-¡Sal, maricóooon, que te mato, sal que te mato, que te matooo … !
El escuálido quitó una de las cajas de pescado (la de las sardinas) del mostrador como disponiéndose a saltar, pero ya había más gente dispuesta a impedirlo.
La joven, con los calamares.
Llegó un vigilante jurado -no la policía- y con la ayuda de los que sujetaban al desencajado, lo arrastraron lejos de allí, flotando entre los comentarios de asombro, placer y morbo de cuantos había y de los que, atraídos por el follón, se iban acercando desde otros puntos del mercado.
Entonces apareció un pescadero mayor, algo bajito, seguido del arrastrado atlético y una especie de corte que lo rodeaba, y se dirigió al cartelista:
-¡Estamos hasta los cojones de tus gilipolleces! ¡Como sigas así te vas a enterar! - Y el otro:
-¡Que lo mato, que lo mato!
Los clientes pagaron los calamares limpios (7,00 €, medio kilo) a la pescadera, seria y algo pálida que, profesional ella, no había interrumpido su labor, y se marcharon.
Terraza de cafetería en la acera de enfrente y a ella se dirigieron para reponerse del susto y tomar un cafelito con churros. El jaleo seguía, y la corte del atlético lo sacó a la calle y lo sujetaba en la esquina frente a los cafés, los churros y sus comilones. El camarero se interesó por lo ocurrido, se lo contaron, y él comentó:
-¡Ah, eso …! Eso pasa todos los días: cuando no son dos pescaderos, son dos verduleros o dos charcuteros, o lo que sea.
Entonces comprendieron que nadie hubiese llamado a la policía, entretenidilla ella con los del 15M, los laicos y otros criminales parecidos, y se conformasen con el de seguridad: era parte del paisaje.
Terminaban su café, sus churros y eructaban a placer cuando el atlético y otro recalaron dos mesas más allá. El acompañante le aconsejaba que no se complicara la vida, que matar al de la competencia, aunque lógico y natural, un jurado no lo comprendería y, menos aún, si le compraban los calamares al famélico, o las sardinas, o las caballas.
El tipo y su invitado pagaron, tragaron un buche de agua y se levantaron. Al pasar junto al atlético, el tipo, de semblante inocente, le preguntó:
-Oiga, por favor: la corvina que le compré hace unos días, ¿era congelada?
No pudo oir la respuesta porque el atlético, presa de convulsiones y con los ojos en blanco cayó al suelo y la diñó. Entonces, el tipo comprendió que había sucumbido ante un episodio de atún CON unas hostias, cuadro, aún no admitido por la OMS, que no admite cuidados paliativos. Es fulminante.
Y aprendió la importancia que tiene distinguir una preposición de un adverbio.
Una vez más me declaro inexperto en algo: no sé una papa de psicología, psicoańalisis ni sucedáneos más o menos kármicos (¿se dice así?), pero, además de enterrar, vivo y he vivido.
Y de un tiempo a esta parte, vengo oyendo la expresión “hay que pensar en positivo” casi a cada momento:
¿que llegas a un cruce de calles y ves que no hay paso de peatones ni nada parecido, lo que te obliga a desviarte 100 m de tu camino, y rajes del ayuntamiento? Te dirán: piensa en positivo, que así haces más ejercicio (aunque renquees por la reuma o similares);
¿que estás en el paro, se te han acabado todas las ayudas, etc…? Piensa en positivo: estás vivo (aunque ya no puedas comer);
¿que no encuentras aparcamiento y llegas tarde a una gestión muy importante, que te puede costar un buen dinero o un buen disgusto? Piensa en positivo: tienes coche;
Y así sucesivamente: aplique cada cual sus experiencias.
Nada de realismo. Si eres realista, te dicen que eres pesimista y si eres mujer, te dirán que gastes más en afeites, vayas al gimnasio y pases por la cirugía plástica. Si eres hombre no sé que les dicen ahora, aunque creo que algo parecido, porque, aun siendo guapo, desde que me hice fraile fosor nadie me da consejos en ese sentido.
Y si hombre o mujer, te dirán que te compres algún libro de autoayuda, claro. Hace un par de años tomaba café, entre nicho y fosa, con un editor muy conocido (ninguno de los que se citan aquí) y me dijo que la venta de libros de autoayuda se había disparado, incluso más que la de las novelas “históricas”.
Pues cómo de estrafalaria será la cosa que ¡por una vez! coincido en algo con un filósofo trasnochado.
Esta, a mi modo de ver, chorrada de autoengaño me ha hecho recordar un famoso tango, alegre para variar, que se cantaba en mi ya olvidada juventud, cuya letra os dejo para reflexionar. Y quien encuentre el consejo de pensar en positivo que suscite su lectura, que me lo diga, que yo le prometo un responso “ayudante” y “positivo” llegado el momento:
EL TANGO ALEGRE
Era un pobre hombre
q’estaba manco,
q’estaba ciego
y era jorobao,
que no tenia dinero
y la tuberculosis
lo habia minao.
Su madre disoluta
Su padre era un perdido,
su mujer lo engañaba
con su único amigooooo.
Cuatro hijos que tenía
la lepra los mató…
y a su única hijita
la atropelló un camión.
Un dia, que a la iglesia
fue a dar gracias al cielo,
un cacho de cornisa
sobre él se desplomóooo,
y estando en la agonía
una blasfemia echó…
Fue su único pecado,
murió y se condenó.
Cuando llegó al infierno
se le oyó decir:
¡Esto es vida, esto es viviiiiiir!
(Las versiones encontradas en youtube no son buenas, pero la más cachonda es ésta, aunque la letra difiere algo).
Rima con París, y no anda descaminada la cosa, aunque de Casablanca no va el asunto, pero sí de chanson y canciones en otras lenguas de las que emigraron a América en el siglo XIX, lo que le vendría bien recordar a ciertos “ideólogos” de hoy, cuando se lanzan como salvajes hambrientos sobre los inmigrantes que nos llegan ahora.
Como Arcadi Oliveres y muchos otros autores nos recuerdan, “los argentinos descienden de los barcos”, no de los mayas, aztecas y demás autóctonos de aquel continente; pero Jolís descendió de un avión el verano pasado y se presentó en el teatro San Martín de Buenos Aires, cantó su repertorio francés, alguna canción italiana, samba brasileña con letra de Saramago y, ¡hasta tangos! El recital se grabó en directo y hace poco ha presentado el disco en Granada:
que puedes leer pinchando en dicho título. Bueno, ahora lo que muchos nos preguntamos es ¿cuándo podrá venir por Güerva (Villafuentes de Perico, ya sabes), quizá la única ciudad del sur en que no ha actuado, tras unos 40 años de carrera musical?
Lo que sí tenemos es el barrunto de que pronto se podrán compar los discos en su web (no se venden en tiendas; hasta ahora sólo en los conciertos). Al loro, pues.
...ante los casos de tortura, denunciados por Amnistía Internacional y la ONU, así como el deterioro de los derechos cívicos -casos "El Jueves" y otros- que se están dando cada vez más en la llamada Españeta (Carlos Rojas dixit):Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio porque yo no era comunista; cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio porque yo no era socialdemócrata; cuando vinieron a buscar a los sindicalistas no protesté porque yo no era sindicalista; cuando vinieron a buscar a los judíos no protesté porque yo no era judío; cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar. (Martin Niemoeller (1892-1984), pastor luterano alemán).
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