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UN SUSURRO

Todo fluye, todo cambia, contenido y continente en sempiterna transformación. Mutación de energí­a y forma, sólo eso.

Pasa la vida, pasan los hombres, todo pasa mientras late la tierra hambrienta y devora insaciable a sus hijos. Sacos de alimento, bocados exquisitos, insustituibles, inigualables, únicos. Polvo y cenizas, sólo eso.

 Fluidos que se derraman y filtran en las renovadoras entrañas de la pachamama. Respirar su aire, sentir su pulso y su corazón por mil siglos, despojarme de mis vestiduras y robarle el tiempo a la muerte.

Meros ingredientes de la receta de la vida y sustrato de los tiempos venideros. Esencia esbozada por una fuerza arrolladora, en posesión de un contrato de tiempo indeterminado e finito, al que fuimos comprometidos sin consentimiento.

Diminutas partí­culas arrastradas con mayor o menor consciencia, con más o menos fortuna por la corriente de un ingobernable torrente. Sólo seré otro confidente - uno más- en la liberación de la tensión creadora del cosmos, en la fusión que representa la ausencia del Ser y el silencio de una dilatada noche infinita.

CENTRO DE GRAVEDAD

Amanece, un nuevo dí­a, uno más. No sé de fechas ni de noticias del mundo-esas que me eran imprescindibles antes-, ya no contesto a teléfonos ni abro puertas. Ya no sé quién soy o he dejado de ser, ni tan siquiera si seré. No me importa. Vivo en un estadio de aislamiento provocado por no sé qué caprichoso director del destino. Envuelto en un oscuro halo asfixiante y pegajoso que me impide respirar, que no me permite liberar mi voz extinta. Un desierto alojado en mi garganta-sin aquiescencia- sólo regularmente bañado por lágrimas. Ya no sé llorar, lo he hecho tantas veces desde que te fuiste. Ya no sé pensar, solo sentir, irracionalidad, dolor.

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SESENTA SEGUNDOS

El semáforo se puso en verde y la mujer cruzó la calle. Podrí­a ser la avenida de cualquier gran ciudad. Caminaba absorta, sobre un rayo de luz –brillando- como una criatura insólita amada por el sol. Su taconeo marcaba un ritmo de golpes armónicos y rimados como los de un buen poema. Su paso vibrante cincelaba el negro asfalto con la decisión de quien conoce su destino. Sus hermosos cabellos jugueteaban saltarines con el travieso y cálido viento primaveral. Sus alegres carnaciones le habí­an pedido a la naturaleza sus colores y los matices al campo florido. Graciosa y lozana contoneaba su torso semidesnudo, dulce y fértil, que parecí­a hubiera sido tejido por un velo de suspiros. Sabí­a que era el centro de las miradas, que conquistaba la atención con su armonioso avance: se sentí­a segura de sí­ y de su entorno. Difuminada, al fondo, en un escaparate, su silueta desdibujada se confundí­a borrosa con los maniquí­es y la ropa de saldo de una tienda de tejidos. De repente, en una imperfección del asfalto, uno de sus tacones carmesí­ se quebró, haciéndola tambalear al tiempo que intentaba aferrarse como podí­a -casi por instinto- a un extraño que en esos momentos cruzaba por su lado, lo que no impidió que diera con su hermosura en el negro suelo. El desconocido, de unos cincuenta años, trajeado y de aspecto fornido, ni se inmutó. Se situó de nuevo su americana y con un gesto brusco del brazo prosiguió impasible su camino, apartándola; e incluso acelerando el paso. La mujer ajada, dolida, maldecí­a al indiferente viandante mientras probaba, inútilmente, a afianzarse en el suelo. El roto de una de sus rodillas comenzó a tintar sus hasta ahora relucientes medias y a tomar un color morado nada apropiado.

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Translaciones, por Ale Huelva.

Pisaba Javier el umbral de la adolescencia e iba a dejar la casa donde hasta entonces había vivido. Se trasladaba a una gran ciudad, la capital, donde su padre ascendido a director gerente, regiría la filial de una empresa extranjera. Continuar leyendo Translaciones, por Ale Huelva.

Injusticia social, por Ale Huelva

Hoy, al entrar en el autobús que me lleva a casa, presencié un hecho que desgraciadamente cada día es más frecuente. Continuar leyendo Injusticia social, por Ale Huelva

Contra el fanatismo

El fanatismo es un comportamiento que va  más allá de las ideologí­as, de los gobiernos y de las religiones. Fanatismo ha existido en todas las épocas y en todos los regí­menes. Tiene más que ver con lo que sienten las personas, con la capacidad de actuar de las mismas en función de su espacio social y polí­tico que con corrientes más o menos consensuadas. Viene al hilo lo del fanatismo porque no hace mucho, sólo unos dí­as, determinados partidos polí­ticos han puesto el grito en el cielo por un documento que se ha editado en Almonte con el nombre de “La represión de la dictadura franquista en Almonte”. Dicho documento presentado como una “guí­a de trabajo” ha sido recogido como caldo de cultivo por los fanáticos de hoy para buscar una “guerra” mediática. Habrí­a que decirle a los denostadores de dicho documento, que porqué en España se permitió por más de cuarenta años, que fueron los que gobernó el general Franco, rehacer la historia de nuestro paí­s desde la visión exclusiva de los vencedores, ayudados y apoyados por la Iglesia, garante principal de lo que se dio en llamar el nacionalcatolicismo. Sin embargo al PP y al PA no se le han escuchado en sus crí­ticas a este documento hablar de esa gran mentira. Esa mentira en la que varias generaciones de españoles hemos crecido sin posibilidad de conocer la realidad que nos hizo ser como somos. Las nuevas generaciones de españoles, es cierto, las que han nacido en la democracia, no tienen ese obstáculo que tuvieron y a la que estuvieron sometidos sus padres.

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